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28 MARZO 2017
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Horizonte Mujica

Alver Metalli | 0 comentarios valoración: 3  50 votos
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No está dicho que no vuelva a intentarlo en 2020, cuando Tabaré Vázquez termine el mandato que heredó de sus manos en 2015. Hay tiempo, y mientras tanto “el presidente más pobre del mundo”, como lo llamó por primera vez un diario estadounidense experto en construir y derribar iconos, el presidente que dona una buena parte de su sueldo para beneficencia y que circula en un Volkswagen de museo, no rechaza las invitaciones que le llegan de todo el mundo. Para hablar de sí mismo, de su país, Uruguay, de cómo ve la vida desde sus ochenta y un años, de la América Latina “por construir”.

“Los latinoamericanos hemos logrado nuestros estados pero todavía tenemos que construir la nación”, afirma en tono tranquilo. “Una nación es algo que va más allá de nuestras fronteras políticas, que nos necesita a todos, porque en un mundo que se está achicando y apretando cada vez más, para existir tenemos que unirnos, tenemos que acentuar nuestra interdependencia para conservar nuestra independencia”. Más dependencia para una mayor independencia: el juego de palabras requiere algunas aclaraciones, que Mujica saca de una mochila de conocimientos históricos mucho más amplia de lo que parece. “Insisto mucho en los fundamentos sobre los que nos apoyamos, las dos raíces de nuestro ADN: la lengua y la tradición de la Iglesia católica. Con la primera pensamos, soñamos, proyectamos, escribimos poesías y hacemos matemática; con la segunda introducimos en este circuito los significados propios de la herencia religiosa que hemos recibido”.

¿Qué significa construir la nación?

No quiere decir borrar la frontera o la bandera. Eso es secundario. Es construir un alero que nos proteja, donde todos tengan reparo y sombra. Europa lleva muchos años tratando de alcanzar una integración. En su historia hubo guerras, enfrentamientos, divisiones, y llegó un momento en que un puñado de gobernantes tuvieron la sabiduría y la audacia de decir: dejemos de matarnos y construyamos una casa común.

Este tema de la integración de América Latina era muy importante para Alberto Methol Ferré, un compatriota suyo muy apreciado por el Papa Francisco, como usted pudo comprobar en su viaje a Roma, cuando le regaló el libro “La América Latina del siglo XXI”.

Claro, por eso Methol Ferré era mi amigo. Yo pienso en clave metholiana, y el Papa también. Methol era un personaje heterodoxo con una libertad de pensamiento fenomenal, un tipo de una tremenda audacia intelectual, cosa difícil de encontrar en el clima de dogmatismo intelectual contemporáneo.

Methol Ferré consideraba que la integración era una necesidad histórica de América Latina para no caer en lo que él llamaba “el coro de la historia” y poder tener protagonismo en un mundo de estados continentales…

No se puede hacer por una imposición militar o política, porque nunca realiza una verdadera integración. Debe ser el convencimiento de las mutuas conveniencias lo que acerca y da origen a proyectos comunes. Los latinoamericanos debemos aprender que para no pertenecer al coro de la historia y ser verdaderamente independientes debemos depender cada vez más los unos de los otros. Allí está China, cada vez más dentro de nuestro horizonte latinoamericano. El imperio más viejo de la tierra, con una tradición milenaria y un conjunto de culturas, acostumbradas a ser chinas, pero que son muchas. Al lado está la India, un estado multinacional de proporciones enormes. Y Europa, que está construyendo una gigantesca unidad, que tendrá contradicciones y retrocesos, pero sigue avanzando en la dirección correcta. ¿Qué hacemos nosotros en un mundo así? ¿Nos balcanizamos? Tenemos que pensar mucho y a fondo en estas cosas, ver lo que tenemos en común. Me siento un francotirador de esta lucha.

¿Cómo se ve el nuevo presidente de Estados Unidos desde el sur de América?

Es un florecimiento del ultranacionalismo dominador. El nacionalismo es una fuerza importante para perpetuar la identidad de los pequeños países, el hipernacionalismo de los grandes países, en cambio, es una herramienta imperial peligrosísima porque tiende a desequilibrar el mundo y a crear conflictos. Lo que más me duele es que anunció que piensa aumentar hasta 4.000 millones de dólares el presupuesto militar. Inmediatamente tuvo la respuesta del parlamento chino, que decidió aumentar 7 puntos el suyo. ¡Estamos locos! ¿Estamos gastando 2 millones de dólares por minuto en el mundo en presupuestos militares y queremos aumentarlo todavía más? Estamos locos. El hombre nunca tuvo tantos recursos como hoy para enfrentar los fantasmas del hambre y la desnutrición, de la falta de agua y de las enfermedades, pero los está malgastando. El hombre puede crear ríos nuevos, hace treinta años que existen proyectos de ese tipo, puede comunicar, a través del Sahara, el Océano Índico con el Atlántico y crear una sucesión de mares interiores que aumenten la eco-transpiración, contribuyan a mitigar el clima y aumentar el nivel pluviométrico del África Subsahariana; el hombre puede cuidar la meseta del Tíbet, donde nacen los cuatro ríos principales que sostienen a la humanidad, puede hacerlo, tiene los recursos y tiene la ciencia, pero no se pone de acuerdo, malgasta, tira el dinero. Prefiere rechazar a los pobres, a los emigrantes, que se ahoguen en el Mediterráneo, en vez de emplear recursos para generar desarrollo en África para que la gente no tenga que emigrar. Ésa es la lucha del Papa.

Usted dijo en las Naciones Unidas, en septiembre de 2013, pocos meses después de la elección de Bergoglio, que “nuestra época es portentosamente revolucionaria, como no ha conocido la historia de la humanidad, pero no tiene conducción consciente, política, tiene una conducción simplemente instintiva”.

Lo confirmo. Nos está dirigiendo el mercado, los negocios…

¿En este sentido se puede decir que esta conducción consciente la está marcando el Papa?

En el sentido de que está marcando una línea, la línea de la responsabilidad colectiva. Todavía estamos razonando y reaccionando como países, pero en este momento tenemos la obligación de pensar como especie. Hay que empezar a cuidar el barco con el que navegamos en el universo: la tierra. Es una responsabilidad global. La globalización existe pero para lo financiero, para el negocio, para el mercado; no hay globalidad para las decisiones que tienen que ver con el equilibrio y la necesidad de preservar la tierra y la vida. También tenemos responsabilidad sobre todas las vidas no conscientes. El universo, o Dios, nos han dado la conciencia para interpretar los fenómenos de la vida; tenemos la responsabilidad de hacerlo, como hermanos mayores; tenemos que cuidar la vida, la vida en el sentido más genérico del término. Y sin embargo la estamos depredando. Aunque sabemos cada vez mejor lo que hay que hacer, o habría que hacer. Hace treinta años que los hombres de ciencia nos dijeron lo que está pasando y lo que va a pasar. Y no pudimos corregirnos.

Usted recomendó la lectura de la encíclica Laudato Si’ poco después de que fuera publicada por el Papa, precisamente por la manera como trata estos temas…

Exacto. Por eso me siento amigo y compañero del Papa y de su lucha en estos frentes.

Los mexicanos y los centroamericanos se sienten agredidos por Trump, por su política antimigratoria. Tienen buenas razones para sentirse amenazados; sus economías dependen enormemente de su poderoso vecino. ¿Pero esto no podría ser también una oportunidad? Quiero decir, México, que en cierto sentido es la frontera de Estados Unidos con América del Sur, y la misma América Central se verán obligados a integrarse más con el resto de América Latina, como ocurrió con Venezuela, a mirar más hacia el sur, a intensificar las relaciones con esa parte del continente de la que progresivamente se fueron alejando.

Sí, sí, sí… Probablemente aprenderemos más del dolor que de la bonanza. Y probablemente pagaremos un alto precio por este proceso. Nosotros tenemos que estar más cerca de México y de América Central. Y ellos de nosotros. Nuestros gestos en defensa de México hasta este momento han sido demasiado débiles. El problema de México es un problema de todos nosotros. La agresión no termina en la frontera, empieza en la frontera. Y tenemos que acercarnos a África. Tenemos una idea estereotipada de África. La aristocracia de Nigeria consume carne inglesa y quesos franceses. Es un disparate. Es como besar la mano del amo. Tenemos que acercarnos mucho más al dolor del sur y acercarnos los latinoamericanos entre nosotros.

Colombia. Otra guerrilla que deja las armas, la última si excluimos el ELN en fase de negociación. El balance histórico es de tres guerrillas derrotadas militarmente, los montoneros en Argentina en los años ’80, los tupamaros en Uruguay y Sendero Luminoso en Perú en los años ’90, dos que triunfaron y tomaron el poder, la cubana en 1959 en plena guerra fría, y la sandinista en 1979. Y por último tres guerrillas que por medio de la negociación embocaron el camino de la política y la participación social, la salvadoreña del Frente Farabundo Martí, en 1992, la guatemalteca de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca en 1996 y el Movimiento Zapatista de Liberación Nacional de México en 1996. Y ahora las Farc en Colombia…

Transformar un conflicto que se trata de resolver con las balas, en lucha política es un gran negocio. Es muy dolorosa la historia de Colombia. Por eso la solución no termina con los acuerdos con la Farc. Es más hondo el problema. La construcción de la paz en Colombia es un proceso que empieza con las Farc pero después significa eliminar el paramilitarismo, significa llevar la civilización a la selva, significa recordar 12 millones de campesinos pobres, cuya única alternativa hasta ahora es plantar coca porque los otros productos no los pueden vender, significa reconocer que el 60% de la propiedad rural no tiene títulos, que hay 21, 22 millones de trabajadores de los cuales solo se podrá jubilar un millón. Y si todo eso no se resuelve, son gérmenes de violencia que pasan al futuro. Pero si no se empieza por la paz, todo lo demás es imposible. La paz es importante, un paso sin el cual no se pueden dar los otros, pero hay que ser conscientes de que es apenas el primer capítulo. Porque hay un enorme problema de injusticia social. La guerra empezó por una falta de equidad, no lo olvidemos, y sobre todo por la intolerancia entre liberales y conservadores. Al principio las Farc eran pequeñas zonas donde se refugiaban liberales perseguidos por los conservadores, hasta que fueron aplastados militarmente y llegaron a la conclusión de que debían transformarse en ejército. En ese momento empezó la historia de las Farc. Yo hablé tres o cuatro veces en Cuba con la dirección de las Farc sobre estas cosas y hablé con el presidente Santos. Tenemos que agradecerle al Papa lo que hizo.

A propósito, ¿escuchó que irá a Colombia en septiembre?

Sí. Hace bien. Muy bien.

Otro frente de la diplomacia de Francisco es Venezuela. Pero las cosas no están yendo bien, al contrario. Parece una especie de Vietnam donde ningún mediador logra alcanzar ningún resultado… ¿Cómo ve el futuro de Venezuela?

Venezuela está pagando el precio de una deformación histórica. Paradójicamente a Venezuela la está matando el petróleo, su principal riqueza. Hace muchos años que Venezuela se transformó en un país importador de comida y de trabajo, y vendedor de petróleo. Abandonó el campo –que se empobreció– y se fue a vivir a las ciudades y a la costa. Venezuela se quedó prácticamente sin campesinos. Tiene una tierra prodigiosa, tiene ríos y aguas extraordinarias, una energía extraordinaria, pero la masa del pueblo se acostumbró a vivir directa o indirectamente de la renta petrolera. Más allá de los fenómenos políticos actuales, éste es el problema de fondo. La comida hay que producirla cerca de la cocina. E incluso lo que se acopia en la despensa hay que ponerlo no lejos de la cocina. Vivir importando alimentos y vendiendo petróleo es una distorsión y un peligro. Se puede importar un poco, pero el grueso de los alimentos hay que producirlos en casa. Para hacer eso hay que tener políticas agrarias, comprometerse con el campo, con la tierra. Un país rentista tarde o temprano se derrumba. Yo me puse a ayudar a la lechería de Venezuela. Les llevé personalmente vacas lecheras, unas princesas. Pero ordeñan las vacas una vez al día, cuando con la misma vaca podrían obtener el doble de leche. Hay lugares donde se corta el pasto con un machete, ¡ni siquiera llegó la guadaña! ¡Por favor!

¿Puede imaginar Cuba sin los Castro, visto que para Raúl se acerca el momento de jubilarse?

Sí me la imagino. Es una apuesta difícil, pero es un partido que hay que jugar. Los dirigentes de la revolución apuestan al nivel moral e ideológico del pueblo cubano. Tienen un punto a su favor que yo he comprobado. Los cubanos han exportado médicos a todas partes del mundo. Son poquísimos los que desertaron. Los médicos cubanos de las misiones en el exterior cobran su sueldo y mandan una parte del dinero a su familia en Cuba. Es uno de los principales ingresos de la isla. Sin duda tendrán que liberalizar las relaciones, la participación política, y tendrán que hacer cambios. El cubano hoy es el pueblo más cultivado de América Latina. Mucho más que todos los demás. Yo tengo fe en que la revolución cubana vaya madurando y ampliando el horizonte. Se puede estar de acuerdo con algunas cosas y en desacuerdo con otras, pero hay una regla de oro: nunca imponer algo desde fuera. Hay que apostar por que la gente vaya cambiando y transformando sus cosas. Todas las experiencias de producir cambios provocándolos desde fuera terminaron en desastres colosales. Así ocurrió en Libia, Afganistán, Iraq, Siria… No olvidemos que en la vida también se puede cambiar para peor; entonces, cuidado con meterse desde fuera.

¿Ha sabido que algunos miembros de la Comisión por la Memoria de la provincia de Buenos Aires viajan a las Malvinas?

No tengo dudas de que históricamente las Malvinas son argentinas. Casi diría que son uruguayas. La marina española del Atlántico Sur funcionaba en Montevideo y era la que atendía a las Malvinas, y hasta llevaron indios charrúas, está registrado en la documentación. Su majestad británica siempre se caracterizó por apropiarse de los mejores puntos marítimos para sus necesidades navieras y de comercio, y un día, aprovechando las contradicciones se adueñó del archipiélago declarándolo territorio de ultramar. Ahora en las Malvinas hay un pueblo de tradición inglesa. Yo creo que Argentina cometió un error táctico cuando pretendió conquistar manu militari algo que puede pertenecerle. No tuvo la sabiduría de los pueblos viejos. Hubo una época en que los mongoles conquistaron China, se instalaron y fueron emperadores. Pero era tan fuerte la civilización china que terminó absorbiéndolos, los convirtió en chinos. Fue una cuestión de tiempo. Argentina, en vez de batallones militares debió haber mandado equipos de fútbol, hospitales… en fin, apuntar a una asimilación civilizadora. Tenía todas las ventajas. Si no se conquistan los corazones no se conquista realmente nada.

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Islam: una ignorancia injustificada

Fernando de Haro

Khalid Masood, el terrorista del atentado de Westminster, había cumplido ya los 50. Algo atípico para un yihadista. Los radicales europeos suelen tener otro perfil. Son jóvenes o adolescentes. Pero, por lo demás, la biografía de Masood se parece mucho a la del terrorista de Orly de hace unos días, a la de los responsables de los ataques de París de 2015 y de Bruselas de 2016. Se trata de personas nacidas en Europa, delincuentes comunes que en un momento determinado encuentran en el terrorismo islamista un sentido a su vida. Parece que Masood se radicalizó en una estancia en Arabia Saudí.

Aunque la realidad se empeña en demostrarnos de forma testaruda que la amenaza yihadista viene de dentro, no de fuera, cada vez que se produce un atentado nos volvemos hacia los refugiados y hacia los extranjeros. Esta respuesta poco racional viene acompañada también, habitualmente, de un discurso fácil y perezoso sobre el islam. Es fácil, para responder a la inquietud que nos provoca el terror, recurrir a ciertas simplificaciones. Como si el islam fuera un fenómeno de otras tierras, como si fuera algo estático, como si los pasajes del Corán que hablan de muerte y destrucción permitieran sostener, sin detenerse mucho, que la religión de Mahoma es necesariamente violenta.

La importante comunidad musulmana que vive en España y en Europa nos invita a no aceptar ni leyendas negras ni leyendas rosas. Nos invita a adentrarnos en un mundo complejo con el que, de hecho, ya convivimos.

El yihadismo que sufrimos es un fenómeno relativamente reciente y está relacionado, posiblemente desde sus orígenes, con Europa. Es una de las reacciones que provoca el tercer o cuarto choque de la modernidad con el islam. Hay una primera modernidad islámica, a mitad del XIX, de raíz egipcia, protagonizada por Mehmet Ali. Entonces se acepta sin censura el progreso que viene de occidente. Durante buena parte del siglo XX, sobre todo hasta finales de los años 70, buena parte del islam de Oriente Próximo está vinculado al socialismo árabe. Una experiencia que en Iraq y en Siria, hasta comienzos del siglo XXI, consigue una relativa paz y una relativa libertad.

Solo a raíz de la revolución iraní de 1979, el chiismo abandona su vertiente más pacífica y espiritual. También en ese momento toma fuerza un sunismo de ruptura. Cuando se rastrean las raíces del islamismo revolucionario, político y violento, tanto en el chiismo como en el sunismo, aparece la pista europea.

El chiismo político fue desarrollado por Ali Shariati (1933-1977), un hombre que estudió en la Sorbona. Deseoso de ofrecer una alternativa a la occidentalización del Estado y a los grupos de oposición comunista, utilizó las categorías del marxismo para crear una nueva ideología. Una impresión semejante deja bucear en la historia de los Hermanos Musulmanes, inspiradores de un proyecto hegemónico de carácter político en terreno suní, que con el tiempo deriva en una forma violenta. El fundador de los Hermanos Musulmanes, Al Banna, comparte con Shariati la influencia marxista. Seguramente los yihadistas del siglo XXI pueden usar pasajes del Corán para justificar su violencia porque sus mentores ideológicos leyeron el texto sagrado con categorías políticas: las aprendidas de los maestros europeos de la revolución.

Islam: una ignorancia injustificada

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  24 votos
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El errante error holandés

Fernando de Haro

Respiramos aliviados, con razón, por el resultado de las elecciones de la pasada semana. Pero nos cuesta trabajo reconocer que la derrota de la xenofobia es muy relativa. La agenda de Wilders se ha convertido en un fenómeno transversal en una Holanda próspera. En la nación de los tulipanes hay casi pleno empleo y los musulmanes suman un tercio de lo que los holandeses se imaginan. Los problemas de integración no vienen de fuera. Lo que ocurre en Holanda es el síntoma de una Europa que no sabe reconocer la realidad, perseguida por sus propios fantasmas. Desorientada se empeña en construir una ciudadanía si identidad. Prueba de ello es el pronunciamiento, también esta semana, del Tribunal Europeo de Justicia que ha confirmado la prohibición de usar el velo en el trabajo.

Las encuestas se equivocaron esta vez para bien. La primera de las tres citas electorales del año en Europa (después vendrán Francia y Alemania) no suma puntos a la xenofobia y al antieuropeísmo. Wilders no ha ganado las elecciones, pero ha vencido al determinar la agenda política holandesa. Con solo un 14 por ciento de los votos, el Partido por la Libertad ha impuesto un discurso duro contra la inmigración y una práctica de europeísmo tibio o problemático. Influencia que afecta a casi todas las formaciones y de la que solo se libran los verdes.

Ha cundido la desafortunada especie de que para frenar a Wilders había que ser como Wilders, pero más moderado. Seamos menos buenistas, más firmes con la inmigración porque algo de razón llevan los xenófobos –se argumenta–. Holanda, junto con el Reino Unido, ha sido el socio más problemático de la Unión Europea. El que nunca quería aprobar los rescates de Grecia (nos hubiéramos ahorrado muchos problemas con una condonación de la deuda a tiempo), el que ha dicho no a la asociación con Ucrania.

No hay ni ha habido una crisis en Holanda que justifique su rebelión contra Bruselas y contra sus propias instituciones. La tasa de paro está en torno al 5 por ciento: pleno empleo. Casi la mitad de los trabajadores tienen jornada a tiempo parcial por decisión propia. La renta per cápita es de 39.000 euros anuales. El gran superávit comercial es otro indicador de su prosperidad. Los holandeses gozan de servicios públicos de calidad, con un gran nivel de subsidiariedad, de buena educación. Es el enfado, la rebeldía de los satisfechos. De donde se deduce que la satisfacción cívica no puede ser solo económica.

La apreciación de los holandeses respecto a la inmigración y la comunidad musulmana no se ajusta a la realidad. Ni por asomo están sufriendo una invasión. Hace unos días la consultora Ipsos Mori ha hecho público el resultado de una encuesta en la que preguntaba cuántos musulmanes cree el público que hay en los diferentes países europeos. Después comparaba los resultados del sondeo con la realidad. Los holandeses creen que en su país la población musulmana representa el 19 por ciento, cuando en realidad asciende a un 6 por ciento del total. Porcentaje, sin duda, significativo pero que se compadece poco con el fantasma de una invasión.

El errante error holandés

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La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  396 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  360 votos

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  620 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  1715 votos

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