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28 MARZO 2017
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Un viento del Este

José Luis Restán | 0 comentarios valoración: 3  64 votos
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Me viene la tentación de decir que eran de otra pasta. Pero seguramente no es así, estaban hechos de la misma carne y de la misma sangre que nosotros, y profesaron la misma fe de los apóstoles. Sucedió que una circunstancia dramática, una situación límite, puso a prueba los quilates de su fe y permitió que todos contempláramos el espectáculo de su paradójica victoria. Poco a poco van saliendo de escena, apenas si queda ya alguno entre nosotros. Pero su vida ha fecundado la tierra de la Iglesia y muchos nos sentimos hoy en deuda.

El pasado sábado ha fallecido el cardenal Miloslav Vlk, arzobispo emérito de Praga, tras una dura enfermedad que atravesó como todas las demás circunstancias de su agitada vida, como una ocasión para mostrar que todo es diferente cuando has sido alcanzado por el amor de Jesús. Una sociedad aparentemente dura e impermeable frente al testimonio de la fe, como puede parecer a veces la sociedad checa, se ha conmovido acompañando los últimos meses de uno de sus mejores hijos, un hombre que resume en su biografía toda la pasión y las esperanzas de este pueblo.

El año 2005 pude saludarle en un hotel de Praga, donde fue anfitrión de la asamblea de la Conferencia Europea de Radios Cristianas. Pero en realidad yo le conocía tiempo atrás, desde la época en que, junto a otros amigos, rastreaba todas las noticias que llegaban del otro lado del Telón de Acero, encontrando en las historias de aquellos cristianos alimento y acicate para nuestra propia aventura. Eran los años ochenta, los primeros de un Papa llegado del Este que nos reveló la potencia y riqueza de aquellos testimonios para nosotros escondidos. Y entre todos los países comunistas, Checoslovaquia se llevaba la palma a la hora de reprimir cualquier presencia significativa de los cristianos en la plaza, especialmente tras la corta primavera de 1968, cuando pareció que todo podía cambiar.

Aclaremos que la región de Bohemia, en la que nació Miloslav, incuba un resentimiento histórico hacia la Iglesia Católica debido a la forma en que fue combatida la herejía de Jan Hus. No obstante, la primavera de Praga permitió descubrir a gran parte de la población que la Iglesia era un baluarte en la lucha por la libertad. En 1971 la policía ya había fichado al cura Vlk y había calibrado su potencial peligrosidad. Primero le enviaron a una parroquia perdida en las montañas bohemias, hasta retirarle después, en 1978, el permiso para ejercer el sacerdocio. Por ese motivo “el ciudadano Miloslav Vlk” hubo de trasladarse a Praga, donde trabajaba como limpiacristales mientras por la noche ejercía su ministerio clandestinamente, reuniéndose con pequeños grupos de laicos en sus propias casas.

Por aquellos años se produjo el giro clamoroso del gran cardenal Tomasek, que gracias al impulso de Juan Pablo II pasó de una posición acomodaticia a convertirse en el campeón de la libertad, capaz de arrastrar a creyentes y agnósticos en la misma lucha. Sólo en 1989, cuando ya eran evidentes las grietas en el edificio del régimen comunista, se concedió a Miloslav Vlk ejercer de nuevo el ministerio sacerdotal. A partir de ese momento todo se precipitó en la vida de este curtido sacerdote: en 1990, tras la victoria de la Revolución de Terciopelo, Juan Pablo II le nombra obispo de České Budějovice, su diócesis natal, y apenas un año después le pide hacer de nuevo las maletas para suceder al “Roble de Bohemia”, al anciano cardenal de Praga Francisek Tomasek, convertido ya en héroe de la nación.

Al arzobispo Vlk le correspondió guiar el tiempo nublado de la transición a la libertad. Él mismo comentaba con ironía la paradoja del nuevo escenario, en el que se habían hecho realidad muchas aspiraciones del pueblo y de la propia Iglesia, pero en el que había que aprender a moverse de un modo distinto. Antes, el adversario tenía un rostro bien definido; ahora los riesgos eran más difusos y planteaban desafíos para los que la Iglesia no estaba preparada. Al abrirse el oxidado cerrojo comunista, los vientos de la cultura agnóstica, siempre recelosa de la Iglesia en el país de los checos, soplaron de nuevo con fuerza, y de poco servían ya los galardones de la lucha por la libertad, algo que Vlk comprendió rápidamente y sin quejas. Era necesario un nuevo diálogo misionero, y en ese terreno había mucho por hacer.

Su larga experiencia acompañando a las comunidades de laicos en la clandestinidad, su conocimiento de primera mano de la dura experiencia del trabajo, y también su sensibilidad cultural abierta e inquieta, dieron a su episcopado una personalidad muy singular, que fue reconocida por sus hermanos de todo el continente al nombrarle presidente del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa. Para entender su figura hay que reseñar también su vínculo de profunda amistad con el movimiento de los Focolares, fundado por Chiara Lubich. El cardenal Vlk siempre entendió que los dones jerárquicos y carismáticos eran coesenciales en la Iglesia, y valoró el protagonismo de los nuevos movimientos laicales para la evangelización de una Europa en la que algunos muros se habían derrumbado mientras otros comenzaban a insinuarse poco a poco.

Al decirle adiós con gratitud uno contempla su propia vida al compás de la vida entera de la Iglesia, y entiende mejor la necesidad de hacer memoria, de salir de los propios esquemas, de ir siempre más allá, de la mano de Uno que nos hace atravesar tormentas pero que nunca nos deja solos.

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Islam: una ignorancia injustificada

Fernando de Haro

Khalid Masood, el terrorista del atentado de Westminster, había cumplido ya los 50. Algo atípico para un yihadista. Los radicales europeos suelen tener otro perfil. Son jóvenes o adolescentes. Pero, por lo demás, la biografía de Masood se parece mucho a la del terrorista de Orly de hace unos días, a la de los responsables de los ataques de París de 2015 y de Bruselas de 2016. Se trata de personas nacidas en Europa, delincuentes comunes que en un momento determinado encuentran en el terrorismo islamista un sentido a su vida. Parece que Masood se radicalizó en una estancia en Arabia Saudí.

Aunque la realidad se empeña en demostrarnos de forma testaruda que la amenaza yihadista viene de dentro, no de fuera, cada vez que se produce un atentado nos volvemos hacia los refugiados y hacia los extranjeros. Esta respuesta poco racional viene acompañada también, habitualmente, de un discurso fácil y perezoso sobre el islam. Es fácil, para responder a la inquietud que nos provoca el terror, recurrir a ciertas simplificaciones. Como si el islam fuera un fenómeno de otras tierras, como si fuera algo estático, como si los pasajes del Corán que hablan de muerte y destrucción permitieran sostener, sin detenerse mucho, que la religión de Mahoma es necesariamente violenta.

La importante comunidad musulmana que vive en España y en Europa nos invita a no aceptar ni leyendas negras ni leyendas rosas. Nos invita a adentrarnos en un mundo complejo con el que, de hecho, ya convivimos.

El yihadismo que sufrimos es un fenómeno relativamente reciente y está relacionado, posiblemente desde sus orígenes, con Europa. Es una de las reacciones que provoca el tercer o cuarto choque de la modernidad con el islam. Hay una primera modernidad islámica, a mitad del XIX, de raíz egipcia, protagonizada por Mehmet Ali. Entonces se acepta sin censura el progreso que viene de occidente. Durante buena parte del siglo XX, sobre todo hasta finales de los años 70, buena parte del islam de Oriente Próximo está vinculado al socialismo árabe. Una experiencia que en Iraq y en Siria, hasta comienzos del siglo XXI, consigue una relativa paz y una relativa libertad.

Solo a raíz de la revolución iraní de 1979, el chiismo abandona su vertiente más pacífica y espiritual. También en ese momento toma fuerza un sunismo de ruptura. Cuando se rastrean las raíces del islamismo revolucionario, político y violento, tanto en el chiismo como en el sunismo, aparece la pista europea.

El chiismo político fue desarrollado por Ali Shariati (1933-1977), un hombre que estudió en la Sorbona. Deseoso de ofrecer una alternativa a la occidentalización del Estado y a los grupos de oposición comunista, utilizó las categorías del marxismo para crear una nueva ideología. Una impresión semejante deja bucear en la historia de los Hermanos Musulmanes, inspiradores de un proyecto hegemónico de carácter político en terreno suní, que con el tiempo deriva en una forma violenta. El fundador de los Hermanos Musulmanes, Al Banna, comparte con Shariati la influencia marxista. Seguramente los yihadistas del siglo XXI pueden usar pasajes del Corán para justificar su violencia porque sus mentores ideológicos leyeron el texto sagrado con categorías políticas: las aprendidas de los maestros europeos de la revolución.

Islam: una ignorancia injustificada

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  24 votos
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El errante error holandés

Fernando de Haro

Respiramos aliviados, con razón, por el resultado de las elecciones de la pasada semana. Pero nos cuesta trabajo reconocer que la derrota de la xenofobia es muy relativa. La agenda de Wilders se ha convertido en un fenómeno transversal en una Holanda próspera. En la nación de los tulipanes hay casi pleno empleo y los musulmanes suman un tercio de lo que los holandeses se imaginan. Los problemas de integración no vienen de fuera. Lo que ocurre en Holanda es el síntoma de una Europa que no sabe reconocer la realidad, perseguida por sus propios fantasmas. Desorientada se empeña en construir una ciudadanía si identidad. Prueba de ello es el pronunciamiento, también esta semana, del Tribunal Europeo de Justicia que ha confirmado la prohibición de usar el velo en el trabajo.

Las encuestas se equivocaron esta vez para bien. La primera de las tres citas electorales del año en Europa (después vendrán Francia y Alemania) no suma puntos a la xenofobia y al antieuropeísmo. Wilders no ha ganado las elecciones, pero ha vencido al determinar la agenda política holandesa. Con solo un 14 por ciento de los votos, el Partido por la Libertad ha impuesto un discurso duro contra la inmigración y una práctica de europeísmo tibio o problemático. Influencia que afecta a casi todas las formaciones y de la que solo se libran los verdes.

Ha cundido la desafortunada especie de que para frenar a Wilders había que ser como Wilders, pero más moderado. Seamos menos buenistas, más firmes con la inmigración porque algo de razón llevan los xenófobos –se argumenta–. Holanda, junto con el Reino Unido, ha sido el socio más problemático de la Unión Europea. El que nunca quería aprobar los rescates de Grecia (nos hubiéramos ahorrado muchos problemas con una condonación de la deuda a tiempo), el que ha dicho no a la asociación con Ucrania.

No hay ni ha habido una crisis en Holanda que justifique su rebelión contra Bruselas y contra sus propias instituciones. La tasa de paro está en torno al 5 por ciento: pleno empleo. Casi la mitad de los trabajadores tienen jornada a tiempo parcial por decisión propia. La renta per cápita es de 39.000 euros anuales. El gran superávit comercial es otro indicador de su prosperidad. Los holandeses gozan de servicios públicos de calidad, con un gran nivel de subsidiariedad, de buena educación. Es el enfado, la rebeldía de los satisfechos. De donde se deduce que la satisfacción cívica no puede ser solo económica.

La apreciación de los holandeses respecto a la inmigración y la comunidad musulmana no se ajusta a la realidad. Ni por asomo están sufriendo una invasión. Hace unos días la consultora Ipsos Mori ha hecho público el resultado de una encuesta en la que preguntaba cuántos musulmanes cree el público que hay en los diferentes países europeos. Después comparaba los resultados del sondeo con la realidad. Los holandeses creen que en su país la población musulmana representa el 19 por ciento, cuando en realidad asciende a un 6 por ciento del total. Porcentaje, sin duda, significativo pero que se compadece poco con el fantasma de una invasión.

El errante error holandés

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  60 votos

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La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  396 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  360 votos

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  620 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  1715 votos

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