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26 FEBRERO 2018
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El papel de Al-Azhar en la lucha contra el fanatismo

Muhyī al-Din `Afīfī Ahmad | 0 comentarios valoración: 3  375 votos
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El extremismo nace debido a varias causas. Veamos algunas.

1. Escaso conocimiento de la religión

Algunas personas se atreven a emitir normas jurídicas, sobre todo en referencia a cuestiones doctrinales, partiendo de un análisis superficial de ciertos versos coránicos y afirmaciones del profeta, pero sin conocimiento alguno de otros textos ligados al martirio y sus fundamentos, considerando pasajes alegóricos del Corán y dejando fuera otros más explícitos, o tomando aspectos particulares a expensas de las reglas generales. Los que emiten las fatwa, sobre todo en referencia al ámbito doctrinal, deberían cumplir unos requisitos científicos necesarios para predicar a la gente presentando su propia visión islámica de la vida. Esto confirma la importancia de dedicarse con celo al estudio de la religión y poseer una preparación específica. Quien actúa sin conocimiento corre el riesgo de causar más mal que bien.

2. Imitación ciega

La imitación ciega nace del fanatismo y de la confianza en la guía que se toma como modelo, en su metodología y en su enfoque interpretativo. No obstante, por lo que se refiere a las cuestiones jurídicas, el taqlid es una necesidad legal, pues no podemos pretender que todos se formen una interpretación personal de la ley. Si se abren las puertas de la interpretación a los que carecen de preparación científica, caeremos en infinitos errores que nos alejarán completamente de la religión. Como dijo un sabio de manera admirable, “no seguir un madhhab [escuela jurídica] es la puerta de la irreligión”.

3. Replegarse en sí mismo

Los fanáticos parten de su comprensión particular y de su reflexión. Por vía de su fanatismo, no se dejan persuadir por la opinión de otros ni llegan a persuadir a otros. Cada uno de ellos considera que sus propias ideas y su propio punto de vista coinciden con la religión, y que todos los demás puntos de vista son errores manifiestos. Con el paso del tiempo, el individuo se repliega sobre sí mismo, cerrando la puerta del diálogo y de la comprensión mutua.

La mayor parte de los fanáticos se concentra en una única idea y se limita a leer ciertas páginas específicas de determinados libros, pensando que no hay nada más allá de eso. Esto, junto a muchos otros factores, conduce a replegarse en sí mismos y al aislamiento doctrinal que les impide gozar de los frutos producidos por generaciones de juristas, intelectuales e investigadores.

4. No consideración del nexo de causalidad

Entre las causas del fanatismo, están la ausencia de una mentalidad científica y metodológicamente formada que respete las leyes del movimiento histórico, la ausencia de la idea de causalidad, la destrucción de los criterios necesarios para la corrección, la crítica y la revisión, la eliminación de las finalidades de la acción humana y la proclamación de eslóganes desviados revestidos de una pátina religiosa según los cuales estamos llamados a actuar pero no a considerar las consecuencias de nuestras acciones. Estos factores llevan a la confusión conceptual y al retroceso, alimentando el aislamiento y el inmovilismo intelectual respecto a las leyes que regulan la vida.

Los valores del noble Corán y de la Sunna del Profeta confirman el vínculo entre premisas y consecuencias, causas y efectos, y hacen de ellos las ecuaciones sociales dotadas de precisión y rigor, muy similares a las ecuaciones matemáticas, hasta el punto de convertirlas en una filosofía de vida, una guía para la acción y un método para proceder.

Frente al fanatismo: gestionar la diversidad

Para poner remedio al fanatismo, en todas sus formas, es necesario saber gestionar la diversidad. Debemos educar a la persona para aceptarla y reconocer en ella un derecho humano, incluso un derecho y un deber islámico. Debemos aprender cómo no estar de acuerdo, que no es menos importante que aprender cómo estar de acuerdo, y cómo llegar a la fase del reconocimiento del otro, que tiene todos el derecho a tener su propia opinión, igual que nosotros tenemos la nuestra. La diversidad es una de las leyes humanas más nobles y el grado más elevado de la ética, mientras que la cerrazón y el fanatismo corresponden a una fase adolescente y juvenil de la humanidad.

Reconocer la realidad del otro y su pensamiento no significa en absoluto confirmar su posición ni darle la razón. Es suficiente con recordar que se trata de una opción suya, de su opinión y de su responsabilidad. Y estas opiniones y convicciones merecen respeto.

Si aprendemos a gestionar bien la diversidad y sus reglas, esta se transformará en variedad, complementariedad, colaboración mutua y desarrollo, llegando a ser un signo de salud y enriquecimiento.

No es exagerado afirmar que nuestra tradición jurídica e intelectual, nuestras escuelas interpretativas, nuestras interpretaciones histórico-políticas, incluso dentro de la propia escuela de pensamiento –empezando por los esfuerzos interpretativos de los Compañeros [del Profeta] y sus divergencias (y eso que eran la mejor de las generaciones), pasando por las escuelas jurídicas y doctrinales– constituye una prueba del grado de libertad de pensamiento que establece el islam, lejos del terrorismo ideológico o del fanatismo doctrinal, y de los intentos de poner de nuestro lado la opinión de los demás. Si se verifican casos de extremismo y fanatismo, puede decirse que se trata de excepciones que confirman la regla.

Al-Azhar ha afirmado que la pluralidad y la diversidad entre seres humanos son un hecho natural reconocido por el noble Corán y regulado por la ley que en el islam rige las relaciones internacionales. Lo que nuestro mundo contemporáneo necesita para salir de las crisis sofocantes en que está sumido es el conocimiento mutuo, que implica necesariamente el principio del diálogo, tanto con lo que estamos de acuerdo como con los que estamos en desacuerdo. Por eso es difícil para un musulmán imaginar que las personas, las comunidades y los pueblos puedan confluir en una única religión y en una única cultura porque Dios, en su voluntad, ha creado a los seres humanos diferentes entre sí, incluso en sus huellas digitales. El Corán recita: “si tú, Señor, hubieras querido, habrías hecho de todos los hombres una sola nación; pero ellos seguirían con sus discordias” (11,118).

Fragmentos de la intervención de Muhyī al-Din ‘Afīfī Ahmad, secretario general de la Academia de Investigaciones Islámicas de Al-Azhar, en el seminario del comité conjunto para el diálogo entre el Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso y Al-Azhar.

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