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19 OCTUBRE 2017
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La Cenicienta Chacón

Raquel Martín

Hasta el momento, sin lugar a dudas, se trataba de una de las ministras más profesionales del Gobierno de Zapatero. Un Ejecutivo que dio la vuelta al mundo cuando nombró tantas mujeres en el Consejo de Ministros. Se argumentó en su día que no sólo era cuestión de cuota femenina, sino que el Gobierno quería hacer "pedagogía social" con este efecto.

Y la protagonista de este proyecto de Zapatero era su "niña": Carme Chacón. La primera mujer ministra de Defensa, la primera ministra de un Gobierno en España embarazada. Y en estado de gestación de 6 meses se recorre todas las misiones de nuestros soldados en los puntos calientes del planeta, claro con equipo médico y ginecólogo incluido en el avión.

Se "libró" de la foto de sus compañeras posando para Vogue en la primera etapa de Zapatero porque el presidente prefirió que madurara un poco más en la Mesa del Congreso, donde fue vicepresidenta. Sin embargo, la armó con su famoso esmoquin de Purificación García en la última Pascua Militar. Consiguió, como no había sucedido nunca, un mayor protagonismo que el mismísimo Rey de España.

A pesar de reconocer toda una obra del marketing político a su servicio para consolidar su imagen, no me pareció mal su foto embarazada pasando revista a las tropas. Y aplaudí que se tomara 42 días de baja maternal para cuidar a su hijo. También es verdad que en el mundo de la empresa, del capitalismo más salvaje, hay muchas mujeres que con anterioridad han demostrado que se puede ser mujer, madre y buena profesional de manera muy discreta. Que ella, Carme, no inventó la difícil, por no decir casi imposible, conciliación de la vida laboral y profesional.

Me enterneció en la campaña de las pasadas elecciones generales cuando se presentó a una entrevista en la radio con una chuleta escrita en la mano, cual universitaria, y me conmovió profundamente cuando la vi llorar totalmente desconsolada cuando falleció el popular Gabriel Cisneros. Ambos se hicieron amigos durante las largas reuniones de la Mesa del Congreso. Chacón llegó a superar las ideologías partidistas y siempre valoró la gran humanidad de Cisneros, algo que estaba a la vista de todos.

También me sorprendió cuando durante una reciente visita a Afganistán manifestó ante decenas de periodistas que nuestros soldados allí desplegados estaban combatiendo el terrorismo internacional. Dijo, por fin, una verdad sin tapujos, tantas veces disfrazada y maquillada por Zapatero. Nos devolvió un orgullo olvidado por todas nuestras tropas.

En poco tiempo destronó a la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, como el miembro del Ejecutivo mejor valorado por los españoles. De la Vega había ocupado ese primer puesto durante más de cuatro años. A la vez, Chacón batía también otro récord: por primera vez una persona catalana subía a ese escalón del podio demoscópico.

La fama de Chacón traspasaba fronteras: el diario norteamericano The Wall Street Journal incluía en su informe anual "Women to Watch" a una política española entre las mujeres más influyentes y con más proyección del mundo.

La prensa europea la llegó a calificar la "zapatera española" y es un secreto a voces que Zapatero quería que sustituyera en la próxima remodelación de su Gobierno a De la Vega en la vicepresidencia y portavocía.

Puede parecer que el sueño de la "Cenicienta Chacón" se haya roto con el asunto de la retirada de las tropas de Kosovo. Pero es mentira. Chacón encarna los rescoldos de la izquierda europea de mayo del 68. Bajo los eslóganes y latiguillos más rancios de la progresía, las ideologías han desaparecido. Se puede ser pacifista y al día siguiente convertirse en ministra de Defensa. Carme Chacón es "hija", heredera, de Zapatero. Es de otra generación. Al menos Zapatero fue aprendiz de diputado cuando gobernaba Felipe González. Pero ella no, aunque diga que es la "niña de Felipe", Carme Chacón representa como nadie la nueva generación socialista criada bajo los pechos de José Luis Rodríguez Zapatero.

Da igual los principios, el ideal, hasta la utopía. Se puede pasar por encima de aliados, en casa o en cualquier esfera internacional si la táctica política me dicta un cambio de rumbo, un ascenso en las encuestas. Se puede anunciar una cosa y la contraria. Pedir a gritos el ingreso en el G-20, movilizar a toda la diplomacia española para intentar una mejora en las relaciones con la nueva Administración estadounidense y, contemporáneamente, tomar una decisión como la salida de Kosovo. Y lo peor de todo, impartiendo lecciones de principios al mundo entero. Todo vale porque nada vale. Se equivocan los que creen que este resbalón puede costar a Chacón su carrera meteórica ascendente.

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