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22 JULIO 2018
>EL YUNQUE ENTRE NOSOTROS

El Yunque y los católicos (II)

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Recientemente, Santiago Mata, en su blog Limpia por dentro (http://limpia.centroeu.com/)  publicaba una interesante entrada en relación al deseo, por parte de muchos católicos, de que se produjese una toma de postura episcopal en relación al problema del Yunque. Pues bien, parece que nuestros obispos en España habrían decidido no pronunciarse sobre el Yunque, a pesar de la claridad meridiana con que Mons. Joaquín López de Andújar, Mons. José Rico Pavés y Mons. Braulio Rodríguez Plaza (cabría añadir al arzobispo de Madrid)- han hablado acerca de esta sociedad secreta anticristiana.

 

De ser así, ciertamente resulta un auténtico jarro de agua fría para todos. Porque supone desandar un camino hecho y que, en las presentes circunstancias, hubiese hecho posible desinfectar la tremenda herida que llevamos arrastrando desde hace décadas. Desde luego, no se trata de una  buena noticia en estos tiempos que corren.

Por eso, ante esta falta de reacción, de sacar a la luz y difundir la verdadera realidad que había detrás de esta mascarada de los valores, no cabe reprochar sino comprender el desánimo que está cundiendo en muchos que se han negado a seguir el juego a esta gran mentira social que representa y encarna el Yunque. Bien mirado, en el fondo estos junkers (en este caso, yunquers) o "aristócratas del espíritu" que representan tanto los orgánicos como los no juramentados del Yunque, no son sino el espejo del miedo que tienen muchos católicos de arriesgar, de tomarse la molestia de convivir fuera de nuestros ghettos y trabajar codo con codo con nuestros conciudadanos. Y es que no estamos aún libres de la mentalidad del cacique -trabajar poco, ganar mucho dinero, vivir del cuento y mandar- que aún está muy arraigada en la sociedad española.

El Yunque ha conseguido su objetivo: que la mayoría del laicado ni se preocupe en conocer las implicaciones de la Doctrina Social de la Iglesia. Ha conseguido que nos olvidemos de nuestras responsabilidades y que nuestro testimonio se base en un conjunto de doctrina y no nazca de la experiencia de la Encarnación.

En este sentido, no creo estar exagerando si digo que nuestra situación en España –como presencia pública- es reflejo de nuestro estado espiritual. El afán de conseguir espacios para nuestros colegios concertados, universidades, asociaciones, ONG´s, sin asumir que somos también miembros de la sociedad y sujetos a la responsabilidad de servir a todos, es el resultado de mirarnos hacia dentro y evidencia esa pereza que también puede verse en muchos de los diarios digitales de información religiosa, en los que se traduce una concepción de la fe reducida al hecho privado –y entregada a la agenda yunquera-; y tantas cosas más.

Éste es el gran problema: que el Yunque tiene gran arraigo entre los católicos lo muestra la normalidad con que estos sujetos se mueven en la vida diaria de las parroquias y los movimientos; porque –no lo olvidemos- los miembros del Yunque –juramentados y no juramentados- están entre nosotros, viven entre nosotros, yendo a misa, participando en las celebraciones de la comunidad cristiana; celebrando la Pascua y, mientras tanto,…captando a más incautos. Y, mientras, la nube de opacidad, la falta de contundencia, el miedo al qué dirán, y la indiferencia que reina en nuestra comunidad eclesial hace que el problema se enquiste cada vez más.

Por eso, a muchos de nosotros no nos basta el silencio: los hechos hay que mirarlos a la cara, aunque duelan. Y, hoy por hoy, falta ese coraje. Hasta que el problema estalle.

He de confesar que acuso el cansancio. En los últimos meses –lo reconozco- he ido siguiendo de cerca el tema del Yunque y todos sus gestos histriónicos y teatrales. He visto a dónde llevan y de dónde vienen. He visto, asimismo, el daño enorme –afectivo y espiritual- que están causando en muchos católicos; y la división que están generando. Y, lo que es peor, tiene rostro; porque un servidor conoce a muchos de ellos –la llamada segunda generación del Yunque (como señala Santiago Mata en su libro El Yunque en España. La sociedad secreta que divide a los católicos http://centroeu.com/yunque/)- y sus familias y aún siguen activos, con el apoyo y la adulación de muchos católicos que parecen creerse cualquier cosa. Ciertamente resulta desesperanzador constatarlo.

Hay otros muchos católicos que han conocido los zarpazos del Yunque y se preguntan cuándo llegará el día y la hora de que esta corrupción del espíritu acabe. A día de hoy, y con este miedo a poner nombre y remedio a esta epidemia, no veo visos de una solución inmediata. Quizá tenga que estallar algún escándalo gordo a nivel público en el que el Yunque y sus tontos útiles estén implicados y salpique a la comunidad católica en España –que es lo que creo que va a suceder- de tal modo que nada vuelva a ser igual que antes. No resulta nada descartable.

En todo caso, hay que asumir que es una utopía pensar en un cristianismo puro, alejado de la Encarnación, y separado de la Historia de los hombres.  Es muy tentador pensar en la utopía de una Iglesia sin el Yunque, pero es una ilusión que consume las propias fuerzas. Frente a la tarea de avisar, explicar, difundir, publicar, hablar...que muchos han hecho, siempre ha parecido premiarse la "labor" de HazteOír;CitizenGo, Profesionales por la Ética, MásLibres, Españoles de a pie, Enraizados y tantas otras plataformas. Sobre esta hidra de mil cabezas, parece haberse producido un pacto de silencio.


Mientras, sobre los críticos con esta forma de pensar, moverse y actuar han recaído la incomprensión, la acusación de formulación de calumnias contra gente "que se atreve a hacer lo que los demás católicos no se han atrevido a hacer", el premio y el soborno a catedráticos, políticos, altos cargos, periodistas, y demás para constituirse en el monopolio de la representación de los católicos. Además de intentar hacernos comulgar con ruedas de molino con su defensa a ultranza de Donald Trump.

No cabe duda de que los católicos tenemos un problema serio de conciencia y responsabilidad social. Sin embargo, siendo que esta mentira -difuminada como una nebulosa- se ha asentado entre nosotros, acabar con el Yunque empieza a ser una tarea que excede de nuestras fuerzas. Ante esto, y dado que cuento con que no habrá una postura de los obispos sobre el tema, queda rezar pacientemente por la sanación de esta enfermedad espiritual cuanto antes, y trabajar desde donde uno está. Estoy convencido de que "sólo la verdad triunfa", como dice el lema de la República Checa. Y se impondrá por la fuerza de los hechos. Me parece que, sobre este tema, ya está dicho todo lo que quería. Por eso, prefiero que sea la verdad la que hable con la fuerza de los hechos.  

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LarryFap
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