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25 MAYO 2017
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>Entrevista a Lluís Bou, presidente del PuntBCN

'Nos interesa el otro: no necesitamos discursos sino testigos'

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Del 12 al 14 de mayo se celebra la segunda edición del PuntBCN bajo el lema "El diálogo es la relación con el otro, sea quien sea, sea como sea". Se trata de un evento cultural que pretende fomentar el diálogo y la comunicación entre personas con ideas, creencias, culturas y tradiciones diferentes. Hablamos con su presidente.

En su presentación PuntBCN dice que es un acontecimiento cultural que pone en el corazón de Barcelona un espacio de diálogo y de comunicación de experiencias, creencias y culturas diferentes. ¿Estamos ante un encuentro multicultural? ¿Cuál es su especificidad?

PuntBCN es un lugar de encuentro en el que deseamos abordar abiertamente los retos que desafían a la convivencia. Estamos asistiendo al auge de los populismos, está en duda el proyecto europeo común, no sabemos qué hacer con la crisis de los refugiados, el debate político parece imposible, la radicalización ideológica cristaliza en formas de terrorismo y, entre otras, sufrimos una crisis educativa de fondo. Si atendemos a la situación que estamos viviendo en Europa, y no en menor medida en España, parece que la mayor contribución que se puede hacer al bien común es favorecer y propiciar espacios donde los hombres estén dispuestos a construir con el otro. Un evento como PuntBCN puede ofrecer un testimonio valioso y pertinente, puede dar alguna sugerencia de método para afrontar el momento actual, poniendo de relieve qué sucede cuando se acoge al otro en su diversidad. Si cada vez es más frágil el marco de referencias común, el diálogo se presenta como algo decisivo. Es necesario para descubrir lo que Francisco no se cansa de testimoniar, y que ha vuelto a repetir en su visita histórica a Egipto: “la única alternativa a la barbarie del conflicto es la cultura del encuentro”.

¿Falta diálogo en Cataluña? ¿Qué tipo de diálogo puede ser algo más que un eslogan?

La desconfianza y la inseguridad nos hacen percibir a quien piensa diferente como una amenaza. Es en ese sentido que afirmamos que el auténtico diálogo es una relación. La mera exposición de ideas o la dialéctica arrogante no se traducen en factor decisivo de acogida. El otro continúa siendo un extraño. Si no estamos disponibles a dejarnos afectar por la presencia del otro, quedamos enjaulados en una pobre percepción egoísta de la nuestra. El encuentro con el otro es arriesgado, es un reto. Y no hay que ser ingenuos, conlleva dificultad e inconvenientes. De ahí que la única condición para que se desarrolle un diálogo auténtico es partir de la certeza de que el otro, sea quien sea, es un bien para la propia vida. Lo entendí hace algunos años, cenando con un amigo, cuando empezamos a discutir sobre algunos de los temas más delicados, aquellos en los que reluce lo que más amas. Empezamos a gritarnos y parecía que ya no quedaba nada por compartir. Sin embargo, antes de que la ruptura fuese irreparable, nos ayudamos a mirar lo más importante: la relación que ya se había dado y la estima que cada uno tenía por la vida del otro. Aún hoy es un gran amigo. Cuando nos encontramos nos explicamos cómo nos va todo desde una excepcional sinceridad. ¡Y continuamos abordando los temas más delicados! Cuando estoy con él, se me hace más evidente el valor que tiene el otro para mi vida. Cuando las ideas cristalizan en ideología y llegan a definir nuestra relación con la realidad, cuando llegan a ser más poderosas que la experiencia, es uno mismo quien sale perdiendo.

En su manifiesto hablan de que la identidad son los otros. ¿Por qué la identidad no es el nosotros?

Porque también en el nosotros está contenida la alteridad. La fragilidad de los vínculos es cada vez mayor, hasta poner en duda cualquier pertenencia que pueda identificar un nosotros. En cualquier caso, a lo largo de todo el desarrollo vital, necesitamos del otro para vivir. La necesidad del otro es una dimensión constitutiva del yo. Es esta dependencia del otro la que tenemos que volver a descubrir una y otra vez. La vida se enriquece cuando acoge la diversidad. Sin lo que viene de fuera mi vida no crece. Esta posición de apertura sin límite solo es posible si desvela algún acento de mi identidad. A este respecto reconozco, a diferencia de lo que a menudo se piensa, que la experiencia cristiana me ha permitido ir adquiriendo una posición de apertura sorprendente incluso para mí mismo. Desde que me convertí, me ha sorprendido ver que mis miedos van desapareciendo. El cristianismo es un acontecimiento: el misterio de Dios se hace carne, se hace cercano al hombre. De ahí que la experiencia de la compañía incondicional de Cristo libera del propio error. Precisamente porque reconozco mi fragilidad no tengo necesidad de defenderme ni de convencer o imponer nada a nadie. Cristo me permite vivir el instante como el lugar privilegiado de su misericordia. Si construyo muros, me cierro a la posibilidad del misterio y me pierdo la experiencia increíble de su novedad.

En el programa de este año figura una presentación de La Belleza Desarmada, con su autor, Julián Carrón, un sacerdote, y Pilar Rahola, una exponente de la cultura laica catalana. ¿Por qué estos invitados?

En PuntBCN queremos derribar los muros, vivir expuestos, fuera del baluarte existencial, para disfrutar, siguiendo la fórmula lúcida y viva expresada por Julián Carrón, del encuentro “bello y desarmado” entre hombres. Creemos que Julián ha captado perfectamente los signos de nuestra época y que comunica un modo decisivo de estar ante los desafíos de nuestro tiempo. Por otro lado, en Pilar Rahola hemos encontrado una interlocutora espléndida para demostrar la validez del método del diálogo desarmado. Con un posicionamiento político transparente, Pilar no se cierra en absoluto al problema humano. En sus artículos traslucen los interrogantes de quien se toma en serio a sí mismo. Es en ese terreno donde creemos que puede fructificar el diálogo entre personas con ideas y creencias diferentes.

¿Por qué han querido invitar a una mesa redonda a judíos, cristianos y musulmanes?

El método es siempre el mismo: la envidia que transmite alguien que hace una experiencia deseable. La idea de organizar un desayuno de este tipo surgió a raíz de la amistad con Enric Vendrell, el director general de Asuntos Religiosos de la Generalitat de Catalunya, una entidad que solo existe en Catalunya. En una cena él nos explicaba su labor, que desarrolla pacientemente intentando generar diálogo entre las diversas comunidades religiosas. En un momento dado expresó que la responsabilidad que ha asumido a lo largo de estos años, por la que ha tenido que ir al encuentro del otro, le ha transformado. En su modo de decirlo se percibía con claridad que aludía a un cambio significativo, bello y positivo, en su percepción de la realidad. En ese momento nació en mí el deseo de vivir lo mismo. A partir de ahí, he tenido la posibilidad de conocer a Mohamed El Amrani, Moriah Ferrús y Anna Almuni. Me impresiona descubrir que la amistad con un musulmán o una judía depende exclusivamente de la seriedad con mi propio deseo. Me interesa conocer al otro. No pensamos igual, pero deseo compartir su vida, porque así crece la mía. La presencia del otro me ayuda a crecer. El diálogo depende ante todo de la estima por la propia vida. No necesitamos discursos, sino testigos. Quien no esté dispuesto a vivir la aventura del conocimiento, quizá se ahorra el esfuerzo, pero se pierde lo mejor. Quien renuncia al enamoramiento porque no lo puede controlar o porque se siente frágil o indefenso, se pierde la riqueza de la experiencia. Es necesario testimoniar el atractivo de una experiencia vencedora que pueda afrontar todos los aspectos de la cotidianidad. Como dice mi amigo Mohamed El Amrani: “es necesario generar referentes positivos”.

¿Es posible el diálogo sobre la situación que vive Catalunya?

En aquellos temas en los que está más implicado el afecto, lo más querido, los que coinciden con la afirmación de la propia identidad, el miedo a perder lo que se ama es mayor. Los términos en los que se desarrolla el diálogo son más delicados. El miedo a perder lo que me define, lo que concierne a mi identidad, a lo que no quiero renunciar porque está implicada mi felicidad, genera recelo y hace que se perciba al otro como una amenaza. La situación catalana exigirá que pongamos a prueba el método del diálogo desarmado.

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La derecha (y la izquierda) sin pueblo

Fernando de Haro

Todo iba o va razonablemente bien en España. El Gobierno en minoría de Rajoy sufre derrotas en el Parlamento, pero goza de estabilidad y va a sacar adelante los presupuestos. La economía, según Bruselas, va a ser la que más crezca en la zona euro: un 2,8 por ciento. El déficit está controlado y el problema del desempleo, si no solucionado, en vías de ir mejorando. Sin populismo de derechas, sin xenofobia y con un populismo de izquierdas (Podemos) estancado en 5 millones de votos (las últimas encuestas oficiales del CIS reflejan un descenso en intención de voto del partido morado de dos puntos en los últimos 7 meses) puede parecer un paraíso en la agitada Europa. Por lo demás, el referéndum secesionista catalán no se va a celebrar y los partidos independentistas van a hibernar un cierto tiempo para intentar resolver sus contradicciones internas.

Todo iba o va razonablemente en España, si no fuera porque el partido de Gobierno se desayuna casi todas las mañanas con una nueva revelación de los muchos casos de corrupción que se le investigan (Gürtel, Púnica, Lezo, Auditorio…). El propio Rajoy va a testificar a finales de julio en la segunda parte del juicio de la trama de Correa. Son casos de presunta financiación ilegal, de presunto y bochornoso enriquecimiento personal de líderes del PP (sobre todo en Madrid). Todo iba o va bien, menos el estado de preocupación por la corrupción, disparado hasta el 45 por ciento entre el público. Esa preocupación alimenta, a largo plazo, el populismo y la polarización entre los que consideran inaceptable a un PP no renovado (responsable de un pasado de suciedad) y los que, por miedo a lo que pueda venir, están dispuestos a mirar para otro lado en nombre de la estabilidad. La corriente avanza de forma silenciosa, sacando a los españoles de su estado natural de moderación y reduciendo las opciones de la socialdemocracia clásica. El resultado de las primarias en el PSOE es buena prueba de ello.

El PP no puede considerarse víctima ni de un sistema judicial desequilibrado ni de jueces estrella. Más bien es víctima de sí mismo, de sus años en el poder, de la antropología muy deficiente de algunos de sus líderes y de un modelo de partido alejado de la sociedad y de la experiencia popular. El PP, como la mayoría de los partidos españoles y europeos del momento, son organizaciones absolutamente verticales, con poco contenido ideal, focalizados casi exclusivamente en la ocupación del mayor espacio posible dentro y fuera de las administraciones y con un contacto directo con los votantes (cada vez mayores) a través del marketing electoral, que no deja entrada al aire de la sociedad civil.

La derecha (y la izquierda) sin pueblo

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  24 votos
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Coptos: mártires por un fracaso

Fernando de Haro

Francisco viaja a finales de abril a un Egipto en el que el yihadismo de última generación, liderado por el Daesh, ha reconocido su fracaso. Las televisiones que emitirán las imágenes del Papa recorriendo las calles de El Cairo son las mismas televisiones que desde hace años se han convertido en el mejor altavoz de intelectuales y líderes de opinión que claman por un islam abierto a la modernidad. Por un islam dispuesto a aceptar una “muwatana” (ciudadanía) que de algún modo separe lo religioso de lo político. Egipto, que se ha convertido más que nunca en la tierra de los mártires coptos, lo es porque el ISIS se ha visto frustrado en su intento por extender la violencia sectaria.

Los atentados del Domingo de Ramos, los del pasado mes de diciembre y la limpieza étnica que el Daesh ha llevado a cabo en la Península del Sinaí (han expulsado de sus casas a 150 familias) forman parte de una nueva fase bien diferente en la persecución de los coptos. Los muertos entre diciembre (25) y abril (44) son muchos más que los provocados en las masacres precedentes: 28 muertos en Maspero (octubre de 2011) y los 22 de Alquidisim (enero de 2011). Pero el cambio no está solo en las cifras.

Hasta los años 80 del pasado siglo la situación de los coptos en Egipto era de una tranquilidad relativa, dentro de un régimen de libertad restringida. El giro de Sadat hacia el islamismo cambia las cosas. Y a partir de 2000 se empiezan a producir ataques frecuentes. El último Mubarak deja a los Hermanos Musulmanes el control de muchas mezquitas y de la educación, lo que populariza la violencia sectaria. Esa penetración en una parte de la sociedad es decisiva cuando llega la revolución de 2011. Los Hermanos Musulmanes tienen prisa en hacerse con la revolución que no han protagonizado. Y tienen que atacar un objetivo fácil (cristianos) cuando las masivas manifestaciones los echan del poder. Pero, a pesar de que la persecución se incrementa, no consigue destruir lo que Mokhtar Awad, investigador de la Georgetown University, llama la “relativa cohesión de la sociedad egipcia”.

Los coptos siguen haciendo política, siguen haciendo negocios, siguen manteniendo unas relaciones normales con una parte importante de la población musulmana. Su presencia anima a Al Sisi a pedir a Al Azhar que reforme el islam. Es difícil pensar que, sin los coptos en Egipto, Al Azhar, la gran mezquita de referencia para el mundo suní, hubiese celebrado en el mes de febrero un encuentro con una delegación del Vaticano y luego una conferencia sobre “libertad, ciudadanía, diversidad e integración”. Conferencia que ha terminado con una declaración sobre la coexistencia islámico-cristiana. Ha sido un escalón más en un proceso que dura ya años y que, con todas sus limitaciones, supone una importante apertura.

Coptos: mártires por un fracaso

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  213 votos
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La Venezuela que ya es libre

Fernando de Haro

Error de cálculo, nerviosismo por el miedo a perder el poder. En los próximos días se irá aclarando por qué el chavismo protagonizó la semana pasada un autogolpe de Estado y después intentó dar marcha atrás. Todo indica que estamos ante una guerra civil dentro del propio chavismo. Maduro no controla todos los hilos.

Los hilos de las decisiones del Tribunal Superior de Justicia, que actúa como Tribunal Constitucional, los controla el Ejecutivo. Y el Ejecutivo, en principio, lo controla Maduro. Pero hay indicios de que las sentencias 155 y 156, que vaciaron de competencias a la Asamblea Nacional, son obra del ala extremista del chavismo liderada por Diosdado Cabello. Una decisión a la que se habría opuesto el propio Maduro. Eso explicaría las críticas de la fiscal general del Estado, Luisa Ortega Díaz, mujer que ha prestado grandes servicios al régimen. Sorprendieron sus declaraciones críticas con el Supremo y la descalificación del autogolpe que hizo el Consejo de Defensa Nacional, un organismo a medida del presidente.

El golpe de la semana pasada, impulsado por el sector radical, llegaba en el momento más inoportuno. Cuando la Organización de Estados Americanos (OE), después de años de dudas, estaba estudiando la aplicación de la Carta Interamericana a Venezuela. Esa carta supone en la práctica extender un certificado de dictadura o semidictadura. Privar al parlamento de sus poderes ha dado al resto de los países de la región motivos para su decisión.

El golpe podía ser inoportuno para quien quería mantener todavía una cierta apariencia de democracia. Pero no para los más extremistas, para esa facción del ejército con negocios de blanqueo y narcotráfico, dispuestos a que no haya más elecciones.

En realidad, el golpe en Venezuela ha sido un golpe a cámara lenta. Primero fue el encarcelamiento de muchos opositores (113 presos políticos), entre los que está Leopoldo López. Luego llegó el bloqueo permanente de la Asamblea, la utilización del Tribunal Supremo para validar un decreto de emergencia alimentaria que había rechazado la oposición, las trabas al referéndum revocatorio y su posterior suspensión, así como la eliminación de las elecciones locales. Y lo último había sido el complejo mecanismo, de cumplimiento obligatorio e imposible, para que los partidos de la oposición se inscribieran, de nuevo, en el Consejo Electoral Nacional. Decisión que, en realidad, suponía que las elecciones presidenciales de 2018 fueran elecciones de partido único.

A lo peor Diosdado Cabello y el ala radical del chavismo no han errado el cálculo y simplemente han buscado subir un grado más la polarización, con violencia en las calles, para justificar la cubanización definitiva del régimen.

La Venezuela que ya es libre

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>CINE

La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 2  686 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  649 votos

>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  909 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2004 votos

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