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17 DICIEMBRE 2017
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>Entrevista a Víctor Pérez Díaz

"Tenemos un déficit cívico crónico desde hace mucho tiempo"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  262 votos
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El sociólogo Víctor Pérez Díaz acaba de publicar hace unas semanas, “La voz de la sociedad ante la crisis”, una radiografía del momento que vive España. Hablamos con él de sus conclusiones.

Una de las conclusiones del libro es que existe convergencia entre los que se sienten más cercanos al liberalismo y a la socialdemocracia en una zona de moderación. ¿Es esa la sensibilidad de la mayoría de los españoles?

Yo más que convergencia diría que hay un terreno híbrido en el que se puede conversar, escucharse unos a otros, rectificar, cambiar posiciones. Se puede estar en un terreno en gran parte compartido, con diferencias de opinión continuas. No es la congruencia a la que llamamos consenso, en sentido estricto, sino una conversación que puede ser explorada. Unas veces se va en una dirección, y a la vista de los resultados, los adversarios se convencen de que la cosa ha ido bien, o bien sale todo fatal y hay una rectificación. Es un terreno de encuentros y desencuentros, con algunas reglas prácticas de convivencia. Hay un terreno común desde el punto de vista económico y social: la economía de mercado, regulada más o menos, con un sistema de bienestar amplio y más o menos complejo. Ese es un terreno de encuentro que está avalado por tres o cuatro generaciones que funciona funcionando bien ciertos países y regular en otros. En torno a esa idea, está un 60-70% de país. Si bien a la expectativa de experiencias diversas.

Eso significa una gran mayoría y apunta a que la imagen de polarización del país es un poco espejismo.

No es espejismo. Es un melodrama, en parte construido a partir de unas ciertas malquerencias que existen dentro del mundo mediático y político, y de los expertos a su servicio, que muchas veces exageran la intensidad de los sentimientos y la rigidez de las ideas. Lo hacen en parte porque hay una deriva hacia el dramatismo y también porque se dejan llevar poco del espíritu cainita: porque imaginan que la política es un mundo de amigos-enemigos. Por eso hay esa tendencia a buscar culpables y a hacer descargar el rayo celestial o infernal sobre algunos culpables a los que hay que castigar. Entonces, esa es una forma muy simple de resolver problemas complicados.

Es interesante que esto de la polarización sea algo artificial.

Relativamente artificial. Siempre hay segmentos intensamente polarizados en un sentido u otro pero en general no existe esa polarización. Por ejemplo en Estados Unidos, donde parece que todo está muy radicalizado, hay un 70-80% del país que no está tan polarizado.

Otra conclusión interesante es que en el imaginario de los españoles la referencia es la comunidad política española. ¿Eso significa que hay menos identificación con Europa o con las Comunidades Autónomas?

Eso significa que desde hace siglos, no digo días, ni décadas, ni desde la Transición, sino desde hace siglos hay un pelearse dentro de un territorio común. Incluso hay un cierto solipsismo en le modo de mirarnos a nosotros mismos mirarse al ombligo pensando que se es el centro del mundo. Todo eso son virtudes y vicios compartidos por un conjunto, que además si salieran de ese conjunto perderían sentido de orientación en el mundo. Dejando aparte la idea de cómo organizamos la complejidad de todo esto por dentro, que puede ser enorme, aquí hay algo así como una comunidad política de referencia, que incluye tanto al conjunto como a las regiones o Comunidades Autónomas subyacentes.

O sea que hay conciencia de nación.

Hay territorio común, que se está continuamente recorriendo, y una referencia continua casi obsesiva. Incluso en la protesta es obsesiva.

El estudio habla de la debilidad del impulso cívico ¿Por qué es débil el impulso cívico en España? Se apuntan factores como falta de conocimiento, desconfianza…

Ahí se apunta a factores de tipo sociocultural la debilidad tiene que ver con unas narrativas históricas muy simples. El país se ha quedado un poco amnésico, fijado en los últimos 30-40 años. Tiene una lectura que tiende a ser un poco melodramática de Guerra Civil, que fue terrible pero al mismo tiempo también muy complicada. En ese terreno se pierden un poco las referencias históricas. Luego hay desconfianza hacia nosotros mismos. Una desconfianza que tiene que ver con una sensación de que no te puedes fiar mucho de los demás, se piensa que el trabajo no se hace muy bien, solo se hace por cumplir… en fin, ese tipo de estereotipos que están bastante arraigados. Hay falta de generosidad, exceso de envidia… Son cosas que a primera vista parecen pequeñas, pero que en el fondo son muy importantes para generar bases sobre las cuales construir acciones comunes o colectivas. Hace falta reunirnos bastantes para hacer algo en común en una dirección, y saber jugar lealmente tanto en la competición como en la cooperación. Todo esto requiere una educación moral, cívica, desde la infancia, familia, adolescencia y un conjunto de medios de socialización que pongan muchos recursos en movimiento en esa dirección. Y en eso hay un déficit crónico desde hace mucho tiempo.

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