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14 DICIEMBRE 2018
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>Entrevista a Antonio Spadaro

Francisco y Trump, ¿dos visiones opuestas de la paz?

I.S. | 0 comentarios valoración: 3  377 votos
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Al principio las expresiones del rostro eran un poco tirantes, pero al terminar la nota de la Santa Sede definió el encuentro como “cordial”. El Papa Francisco y Donald Trump estuvieron media hora cara a cara, hablando de “compromiso común en favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia”, de la paz en el mundo que hay que buscar mediante “la negociación política y el diálogo interreligioso”, sobre todo por lo que respecta a Oriente Medio y a las comunidades cristianas. “Mirar a los ojos” a Trump y “dar mensajes sencillos pero claros”, sin guiños al poder. Eso es lo que quería el Papa Francisco, y así lo hizo, según cuenta el padre Antonio Spadaro, director de Civiltà Cattolica.

¿Qué impresión le causa que algunos medios estadounidenses los hayan definido como “odd couple” (extraña pareja)?

Era un encuentro importante y en cierto modo necesario. La visita del presidente norteamericano durante su viaje a Italia por el G7 implicaba naturalmente un encuentro con el Papa. Pero es verdad que era un encuentro potencialmente imprevisible respecto a otros, en el sentido de que el Papa no tenía que conseguir nada del presidente sino mirarle a los ojos y darle mensajes sencillos pero claros. Me parece que ha sido un encuentro muy franco.

Por un lado el Papa de los últimos, por otro el multimillonario más poderoso, símbolo del “America first”.

Sí, estamos delante de dos opciones de vida muy diferentes. Pero creo que hay que distinguir bien entre el Trump candidato y el Trump presidente. Dejando al margen juicios y valoraciones, vemos que en muchos frentes Trump está utilizando otro enfoque, o al menos otros términos. También lo hemos visto en Arabia Saudí con su consideración hacia el mundo islámico. Tendremos que verificar intenciones y resultados.

¿Y en el encuentro con Francisco?

Francisco se mueve guiado por una valoración no ideológica. No divide el mundo en buenos y malos, no tiene una visión hollywoodiense de la realidad, sabe perfectamente que en los grandes contextos internacionales los verdaderos protagonistas son los intereses, y por eso habla con todos. Esta vez ha sido igual. Pero sin entrar en redes ni alianzas. Lo ha hecho manteniendo la relación adecuada entre dimensión política y valores espirituales.

Trump ha regalado al pontífice una selección de textos de Martin Luther King. Los regalos no se eligen casualmente, ¿a qué se debe este?

Estados Unidos es sin duda portador de grandes valores como la libertad, la identidad, la igualdad, valores que vive de una manera muy tensa, incluso a veces contradictoria. Pero son valores a los que el Papa también se refiere constantemente, y se ha visto claramente durante su visita. Con su regalo, Trump ha certificado este acento. Recordemos además que cuando se inauguró oficialmente el mandato presidencial, el Papa Francisco envió al presidente un telegrama donde destacaba la importancia de estos valores, algunos de los cuales parecen estar en contradicción con la línea del excandidato Trump.

Mientras, el Papa le ha correspondido con la Laudato Si', la Evangelii Gaudium y la Amoris Laetitia, más el mensaje por la Jornada Mundial de la Paz.

Regalos formales, pero que contienen mensajes muy fuertes. Especialmente dos: la paz tal como la entiende Francisco, fundada en la justicia social; y el de la creación de la Laudato Si', que implica toda una serie de compromisos que hoy corren el riesgo de ponerse en discusión, también por parte de la administración estadounidense.

Cuando el Papa Francisco habla de paz, ¿qué quiere decir? ¿Su mensaje también es político?

Paz, para Bergoglio, significa actuar en los contextos más delicados de la política internacional en nombre de los “descartados”, de los más débiles. La paz debe ir siempre ligada a la inclusión social de los pobres. Los conflictos armados tienen su raíz en los temas sociales. Para este Papa, como para sus predecesores, exhortar la paz significa continuar el camino indicado por Juan XXIII con su mensaje del 62: hablar con todos los jefes de estado y con todas las personas que tengan influencia para promover, favorecer, instaurar el diálogo a todos los niveles, como regla de sabiduría y prudencia, en vista de una realidad más respetuosa con los hombres, y por tanto más justa. Es una invitación, en este caso al presidente Trump, a prestar mucha atención a cómo nos movemos. Por ejemplo, una ingente venta de armas puede exhibirse como una medida para ayudar a la paz, pero es evidente que estamos muy lejos de lo que el Papa quiere decir.

¿Una venta como la que acaban de firmar Estados Unidos y Arabia Saudí?

Exactamente. Cuando el comunicado habla de promoción de la paz en el mundo, cita también las vías maestras para conseguirlo, como son “la negociación política y el diálogo interreligioso”. Donde negociación y diálogo son términos abiertos, unidos pero distintos. Pero, por ejemplo, será difícil llevar a cabo el diálogo y la negociación en Oriente Medio excluyendo totalmente y demonizando al Irán del presidente Rouhani, quien hay que recordar que ha sido recibido por el Papa igual que Trump.

Con “unidos pero distintos”, ¿qué quiere decir?

Quiero decir que el elemento religioso no hay que confundirlo nunca con el político, cayendo en una suerte de pan-constantinismo. Hay quien cree que Trump, al visitar primero a los jefes de estado de Arabia Saudí e Israel, ha hablado a los jefes de las otras dos grandes religiones monoteístas, islam y judaísmo. En cambio, se ha reunido con dos jefes de estado. Confundir poder espiritual con poder temporal significa someter el primero al segundo. El Papa huye de esta lógica constantiniana.

¿Quién está hoy más expuesto a este posible malentendido? ¿Los católicos, el establishment político americano?

Yo diría que lo de proyectar la divinidad en el poder político que se reviste para conseguir sus propios fines es una tentación transversal. También en zonas del mundo católico retorna a veces la tentación constantiniana, pero la fe no necesita una orilla en el poder. Siguiendo este camino, al final la religión se acaba convirtiendo en una garantía para las clases dominantes. Justo lo que Francisco teme y no quiere. León III coronó a Carlomagno emperador. Francisco separa completamente “sacerdotium” de “imperium”, reinventando su relación.

El Papa se ha medido con dos presidencias americanas, primero Obama y ahora Trump. ¿A cuál está más cercano?

El Papa no elige entre administraciones legítimamente elegidas ni levanta muros, lo ha dicho muchas veces. Tomar una opción significaría en cierto modo entrar a priori en contradicción con esta apertura. Es el mismo método que aplicó durante su ministerio episcopal en Buenos Aires. Con ocasión de la conmemoración fúnebre de Néstor Kirchner, pidió a sus conciudadanos que rezaran por él porque ellos fueron quienes lo eligieron, y todos conocemos la distancia que había entre el entonces cardenal Bergoglio y el expresidente argentino. El Papa Francisco sabe que su tarea no es expresar preferencias. Siempre respeta la autoridad constituida. Claramente, luego se confronta sobre las decisiones tomadas, sobre las que su juicio nunca ha faltado. Tampoco ahora.

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