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30 NOVIEMBRE 2020
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La paz y la guerra en el Vaticano

Nello Scavo | 0 comentarios valoración: 3  428 votos
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“Es un gran honor en mi vida encontrarme con Su Santidad el Papa Francisco. Dejo el Vaticano más determinado que nunca a buscar la paz para nuestro mundo”. Ese fue el texto del tuit que escribió el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, después de su encuentro con Francisco. “Durante las cordiales conversaciones –informa un comunicado del Vaticano– se ha expresado la satisfacción por las buenas relaciones bilaterales existentes entre la Santa Sede y los Estados Unidos de América, así como por el compromiso común en favor de la vida y de la libertad religiosa y de conciencia. Se ha manifestado el deseo de una colaboración serena entre el Estado y la Iglesia Católica en los Estados Unidos, comprometida en el servicio a la población en los campos de la salud, la educación y la asistencia a los inmigrantes”.

En realidad, los 30 minutos que duró el encuentro (la mitad, si consideramos el tiempo que requieren las traducciones) no fueron suficientes para encarar a fondo todos estos temas pero, según lo trascendido, Francisco se propuso escuchar al presidente buscando puntos de contacto en vez de afrontar argumentos conflictivos. Los aspectos políticamente más importantes, en efecto, se trataron en los 50 minutos de diálogo de Trump con el cardenal secretario de Estado, Pietro Parolin.

Desde el muro en la frontera con México (“una persona que piensa sólo en hacer muros, sea donde sea, y no hacer puentes, no es cristiano”, había dicho el Papa en el vuelo de regreso de México, respondiendo una pregunta sobre Trump) hasta el intento de expulsar a todos los islámicos de Estados Unidos, pasando por la contrarreforma del Sistema de Salud para desmantelar el Obamacare y la proverbial antipatía de Donald Trump por la lucha contra el cambio climático (“el concepto de calentamiento global fue inventado por y para los chinos, para lograr que la industria norteamericana dejara de ser competitiva”, según sus propias palabras). Son muchos los temas sobre los que la Santa Sede y Washington se encuentran en veredas opuestas.

“Las conversaciones también han permitido un intercambio de puntos de vista sobre algunos temas relacionados con la actualidad internacional y con la promoción de la paz en el mundo a través de la negociación política y el diálogo interreligioso, con especial referencia a la situación en Oriente Medio y a la tutela de las comunidades cristianas”.

Pero Francisco no dejó de subrayar algunas cosas en el momento de los regalos, entregándole a Trump –como hace con todos los jefes de estado– sus tres documentos magisteriales, Evangelii Gaudium, Amoris Laetitia y la encíclica Laudato Sì “sobre el cuidado de la casa común”. No antes de realizar un gesto inédito e imprevisto: entregarle su último mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, dedicada este año al tema de la “no violencia”. A propósito de la encíclica sobre la creación, Trump afirmó: “Voy a leerla”. Señal de que probablemente no conocía a fondo el pensamiento del pontífice y de la Iglesia sobre ese tema. “No olvidaré lo que usted me ha dicho”, agregó el presidente, quien, por su parte, le regaló al Papa algunos libros de Martin Luther King, personalidad que Francisco conoce muy bien y citó con ocasión de su visita al Congreso de Estados Unidos.

Poco después llegó de EEUU una declaración referida a la manera en que Trump se propone “buscar la paz para nuestro mundo”. La propuesta de reducir las contribuciones a las Naciones Unidas haría “sencillamente imposible para la ONU continuar con su trabajo esencial para la promoción de la paz, el desarrollo, los derechos humanos y la ayuda humanitaria”, señaló el portavoz del Palacio de Cristal, Stephane Dujarric. Los fondos que aporta Estados Unidos para la promoción de la paz internacional disminuirían cerca de mil quinientos millones de dólares, casi un 50% menos. En compensación, antes de aterrizar en Roma, Trump ya había firmado contratos para la exportación de armas estadounidenses a los sauditas por un valor de 110 mil millones de dólares. Por eso, no debe ser ninguna casualidad que Jorge Mario Bergoglio haya querido regalarle su mensaje que llama a la no violencia.

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