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16 AGOSTO 2018
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Una cumbre decepcionante

Carl Larky | 0 comentarios valoración: 3  398 votos
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En las reuniones internacionales la cordialidad, aunque disimulada, y las buenas maneras caracterizan un comportamiento que no en vano se define como diplomático también en el lenguaje común, orientado a esconder tras la suavidad de los tonos una realidad a menudo conflictiva. La reciente cumbre de la OTAN parece representar una excepción en este sentido, debido a la “aspereza” de Donald Trump, que ha proporcionado un sabroso material mediático. Como el video en que da un empujón al primer ministro de Montenegro para colocarse en primera fila, o el famoso apretón de manos con el francés Macron, al que también vemos en otro video evitando a Trump para ir a saludar calurosamente a Angela Merkel.

Donald también ha facilitado mucho el trabajo de los medios al preguntarse provocadoramente cuánto costaba la nueva sede de la OTAN, pero sobre todo cuando, según Der Spiegel, ha dicho en un encuentro con Jean-Claude Juncker y Donald Tusk que los alemanes “son malos, realmente malos”, porque exportan millones de coches a los USA. Una afirmación ante los líderes de la UE pocas horas antes de encontrarse con Merkel en la cumbre de la OTAN.

En este contexto no precisamente idílico se insertaron los discursos propiamente políticos. El encuentro estuvo precedido por unas declaraciones a la prensa por parte del secretario general Jens Stoltenberg, que planteó como temas principales de la cumbre la lucha contra el terrorismo y un reparto más equitativo de los costes de la Alianza. Después de definir como éxito la intervención de la OTAN en Afganistán, Stoltenberg señaló como uno de los principales proyectos de futuro la constitución de una nueva célula de inteligencia antiterrorista. Luego declaró que la OTAN se sumará a la coalición anti-Isis, apoyando a varios estados miembros que ya forman parte de ella.

Algunas preguntas de los periodistas mostraron su perplejidad ante el proclamado éxito de la OTAN en Afganistán, así como sobre la eficacia de las operaciones en Iraq mencionadas por el secretario. Sobre la adhesión a la coalición contra el Isis, Stoltenberg declaró que no implicará ninguna intervención militar, pero sí “un fuerte mensaje político”. Respecto a la cuestión de la inteligencia, un par de periodistas se refirieron al contraste entre Estados Unidos y Reino Unido por la filtración de noticias sobre el atentado de Manchester, que demostraría las dificultades para conseguir una acción común. Stoltenberg lo resolvió diciendo que se trataba de un asunto “bilateral” en el que no quería entrar.

Sin embargo, fue muy claro sobre Rusia, al declarar que siempre ha estado en la agenda de la OTAN “con un mensaje fuerte y claro, que hace falta una disuasión creíble, con capacidad de defensa y diálogo”. En este sentido, citó el despliegue de fuerzas de la OTAN en los países de Europa oriental, con militares canadienses en Letonia. También afirmó que la Alianza apoya las sanciones contra Rusia, pero dejando claro que son la UE y EE.UU quienes deciden.

Trump, en cambio, no habló de la cuestión rusa, atribuyendo a la OTAN como futuras tareas prioritarias la lucha contra el terrorismo y los problemas de la inmigración, que considera evidentemente relacionadas. Su intervención recibió críticas por no haber declarado explícitamente la adhesión de su gobierno al artículo 5 del tratado, que prevé la obligación de intervenir en ayuda de un aliado que sufra un ataque, omisión considerada como una señal positiva por para Putin. Pero Trump sí habló de la única intervención realizada en virtud de dicho artículo, en Afganistán después del 11 de septiembre, y desde la Casa Blanca se ha dejado ver que la adhesión al tratado prevé el respeto a todos sus artículos, aunque sin mencionarlos explícitamente.

Los tonos más ásperos los usó Trump para referirse a la participación en el compromiso financiero. “Veintitrés de los veintiocho miembros aún no están pagando lo que deberían por su defensa. Esto no es correcto ante el pueblo y los contribuyentes de Estados Unidos”. Una afirmación que ha sido acogida con visible irritación por muchos de los demás jefes de estado, y considerada por muchos como un mensaje dirigido a sus votantes.

Lo cual por otra parte es cierto, pero también es cierto que esta divergencia viene a sumarse a toda una serie de problemas y conflictos internos en la Alianza. La OTAN parece tener dificultades para definir su papel en un mundo muy distinto del de 1949, año de su fundación. Por lo que hemos visto en la rueda de prensa de Stoltenberg al plantear dos objetivos tan distantes como la contención de Rusia, considerando la amenaza de una nueva Unión Soviética, y la lucha contra el terrorismo, donde por el contrario se prevé una colaboración con Moscú. Los decepcionantes resultados de la cumbre de Taormina muestran que la OTAN, el G7, la UE, la ONU, etcétera corren el riesgo de convertirse en siglas vacías, útiles tan solo para un día de cotilleos mediáticos.

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