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14 AGOSTO 2018
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Hermanos musulmanes, gas y fútbol. Los "pecados" de Doha

Caleb J. Wulff | 0 comentarios valoración: 3  328 votos
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La maniobra de cerco a Qatar guiada por Bahrein y Arabia Saudita ha sido definida por gran parte de la prensa como “improvisada pero no inesperada”, puesto que las tensiones con los países árabes de la zona ya son de hace tiempo y llevaron a una ruptura de relaciones diplomáticas en 2014. Entonces la causa fue el apoyo de Qatar a las primaveras árabes y concretamente a los Hermanos Musulmanes, un apoyo que sigue siendo una de las razones que mantienen el conflicto abierto.

Bastante distinta resulta la motivación de la financiación y colusión de Qatar con el Isis, Al Qaeda y demás movimientos extremistas con una acusación que viene de Arabia Saudita, que en esta materia puede dar lecciones. Esta vez no se trata de una interrupción en las relaciones diplomáticas durante unos meses, como en 2014, sino de un auténtico asilamiento de Qatar, tanto diplomático como geográfico, con la expulsión no solo de sus diplomáticos sino también de todos sus ciudadanos presentes en los países partícipes, la interrupción de los vuelos con origen o destino en Qatar y el bloqueo de fronteras.

Habrá que preguntarse por las verdaderas razones de esta decisión y por qué justo ahora. Un motivo de fondo que une al menos a algunos de los estados, Arabia Saudita y Bahrein principalmente, son las buenas relaciones de Doha con Teherán, debido al aprovechamiento común de un enorme yacimiento de gas natural que hace de Qatar el tercer productor mundial de gas natural y el primer exportador de gas natural licuado. Los sauditas están comprometidos con una sangrienta guerra en Yemen contra los rebeldes Houthi, chiitas y apoyados por Irán, que está provocando una catástrofe humanitaria silenciada probablemente por la participación de Estados Unidos, y esperan problemas a causa de su consistente minoría chiita. A su vez, Bahrein está gobernado por una dinastía sunita que se siente amenazada por una revuelta de la población, de mayoría chiita y apoyada por Irán.

Los aspectos anti-iranís explican, según muchos, por qué la iniciativa se ha tomado justo ahora, interpretando como una suerte de vía libre la visita de Trump a Riad y su ataque al acuerdo nuclear con Teherán. La participación de Egipto podría derivar sobre todo del ya citado apoyo de Doha a los Hermanos Musulmanes y a Hamás. Junto al Isis, la Hermandad representa el mayor peligro para el régimen militar de El Cairo.

Da la impresión de que Arabia Saudita está acelerando la definición de las relaciones de fuerza apoyada en la claridad, para bien y para mal, de la política de Trump, en comparación con la opacidad e incertidumbre de Obama. Resulta significativa la prudente respuesta del principal acusado, Irán, al menos por parte del reelegido moderado presidente Rohani, con la invitación a llegar a un acuerdo entre los diversos contendientes. Una invitación parecida ha llegado de Turquía, en buenas relaciones con los Hermanos Musulmanes y preocupada por tomar posiciones sauditas en la maraña siria que puedan ser “incómodas” para Ankara. Los países del Golfo se han alineado con los sauditas y ahora piden rudamente a Qatar que decida de qué parte está, saliendo de su tradicional posición de jugador a varias bandas gracias a sus considerables recursos financieros.

Qatar es un pequeño país de menos de tres millones de habitantes, de los que solo algo más del 10% son locales, siendo el resto trabajadores extranjeros. Las inversiones financieras en el extranjero son notables y proceden del negocio inmobiliario, la distribución, la moda y la banca. Algunos ejemplos que hemos visto en Europa son la participación en Deutsche Bank, Credit Suisse, Barclays, Volkswagen, Tiffany, la cadena inglesa Sainsbury o la petrolera rusa Rosneft. Sin olvidar al equipo de fútbol francés Paris Saint-Germain. El fútbol también juega un papel importante en esta historia pues el campeonato mundial de 2022 será en Qatar, que tiene previsto un gasto de más de doscientos mil millones de dólares. La FIFA todavía no se ha posicionado, pero si el bloqueo se prolongara podría empezar a pensar en cambiar de sitio, lo que supondría un daño enorme para Qatar.

En esta situación, no hay que sorprenderse porque en Doha estén intentando tranquilizar a la coalición enemiga y, quién sabe, quizás la clave esté justamente en el balón.

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