Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
16 AGOSTO 2017
Búsqueda en los contenidos de la web

Los refugiados como factor actual de la vocación cristiana

Jorge Martínez Lucena | 0 comentarios valoración: 3  156 votos
Vota 1 2 3 4 5
Resultado 3  156 votos

El número de personas que mueren en el Mediterráneo sigue incrementándose drásticamente. Las noticias se suceden. El 17 de enero de 2017 Europa Press decía: “Las muertes en el Mediterráneo se duplican en 2017, con 219 inmigrantes fallecidos”, solo en 17 días. A mediados del año pasado, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, afirmaba que desde 2014 habían muerto ya 10000 personas en este mare nostrum convertido en cementerio. El Papa ha estado en Lampedusa y en Lesbos, rezando por los difuntos y pidiendo ayuda para los que han conseguido llegar y malviven en condiciones denigrantes, sometidos a las inclemencias meteorológicas y a una espera sin sentido ni final previsible. Incluso las portadas han apelado a nuestra conciencia a través de fotografías de niños muertos en las playas, como la de Aylan Kurdi, que no conseguiremos olvidar, en 2015.

El problema no es el silencio mediático. Las noticias no dejan de llegar, aunque pierden notoriedad rápidamente, porque la gente no las elige, no las lee, ni las retuitea o comparte en Facebook. Porque de lo que se trata, no lo olvidemos, es de ser feliz en la medida de nuestras pequeñas posibilidades, y ver la desgracia de nuestros hermanos los inmigrantes y refugiados no ayuda demasiado al buen rollito.

Mientras tanto, nos llenamos la boca de lo importante que es la educación de nuestros hijos, de que el proyecto ilustrado ha fracasado (aunque por suerte a algunos nos queda el cristianismo), de que sólo es posible transmitir los propios valores a través del testimonio de vida, etc. Tenemos clarísimo lo fundamental de transmitir la tradición cristiana a nuestros hijos.

Sin embargo, a uno se le hace un poco cuesta arriba la contradicción entre los alarmantes datos de los refugiados, sus condiciones de vida paupérrimas y en confinamiento, y la irreverente falta de hospitalidad de Europa, que nos convierte en una sociedad post-cristiana de pleno derecho. Algo especialmente sorprendente en países de tradición católica incuestionable como España, donde hace pocos años teníamos marchas por la vida y la familia con casi un millón de manifestantes en las calles de Madrid.

Es verdad que en Barcelona se reunieron 200.000 personas bajo el lema “Nuestra casa, vuestra casa” este febrero y que este mayo hemos visto a 100.000 personas en Milán marchando y coreando el “Juntos sin muros”, encabezados por 200 refugiados portando una lancha neumática. Pero son marchas menos numerosas que la antes mencionada y mucho más plurales y transversales ideológicamente. Lo cual, en dos sentidos, es muy positivo: primero, porque estas manifestaciones se convierten en ocasiones de cohesión social en el contexto de una causa común justa; y segundo, porque una de las razones de la falta de concurrencia católica en dichas manifestaciones es que los obispos no han llamado a filas, lo cual está muy bien, porque así no se substituye la conciencia y la libertad de los feligreses, y podemos tomarle el pulso a nuestro grado de somnolencia real.

El lado negativo o por pulir es la falta de implicación de los católicos en estas manifestaciones públicas. Las razones pueden ser diversas: quizás está pendiente de ampliación el contenido semántico de la palabra vida en nuestras cabezas, quizás la participación de antaño era engañosa, porque era más bien mecánica o ideológica que pasada por el tamiz de la experiencia personal, etc.

El Padre Peio, rector de la Parroquia de Santa Anna en Barcelona (España), contaba el pasado 13 de mayo en el PuntBCN algo que le había ocurrido un día, estando a punto de celebrar misa. Mn. Peio estaba ya revestido en el altar cuando se oyeron gritos de auxilio desde la puerta de la parroquia. Un anciano se había caído y se había abierto la cabeza. La petición se repitió sin que ni uno solo de los fieles que se habían congregado para asistir a la misa dominical se moviese de sus bancos. Finalmente tuvo que ser el mismo sacerdote quien saliese a asistir al padre descalabrado en la misma puerta de la parroquia, manchando su alba de sangre.

Esta historia describe bastante bien lo que podría estar pasando actualmente en la Iglesia. Los refugiados llaman a nuestras puertas y pocos son los que se mueven. Seguimos defendiendo el statu quo, las formas y las normas, incluso al precio de considerar invisibles a todas esas personas y familias, niños incluidos, repito, muchos niños incluidos, que llaman a nuestras puertas. Pese a que el Papa se significa una u otra vez al respecto y mancha sus ropajes sin temer a una Iglesia accidentada, son muchos los católicos que juegan todavía a tener más sentido común que el santo Padre, y se dedican a alargar, como Sheherezade, consideraciones acerca de los peligros sociales que implicaría una mayor acogida de estos expatriados pobres, a los que no queremos básicamente porque amenazan nuestro bienestar, hoy en día el bien más preciado en nuestras latitudes, incluso intramuros de la Iglesia.

Dicho todo esto, volvamos a la educación. Quizás no nos demos cuenta, pero nuestros hijos no nos quitan ojo. Y ellos perciben la inconsistencia de nuestras posturas, a las que con demasiado desparpajo llamamos fe. Nos preocupamos de los no-nacidos y nos desentendemos de los nacidos. Quizás, pensarán, es porque al bebé lo va a mantener su madre y no nos va a afectar demasiado en nuestra economía doméstica. Hacemos bellos discursos sobre cómo en la Iglesia se descubre que la verdadera libertad está en la obediencia, pero cuando calculamos que lo que la autoridad sugiere es demasiado arriesgado y no es obligatorio preferimos recogernos en soluciones más conservadoras, que suelen ser menos accidentadas.

Cuando nuestros hijos se encierran en su mundo virtual, donde la realidad se muestra más acolchada y manejable, le echamos la culpa a la tecnología y a la sociedad relativista y desnortada en la que vivimos. Sin embargo, quizás están imitando a Papá y a Mamá, o a esos señores tan serios, inteligentes y poderosos que nos protegen del dilema moral que encarnan los extranjeros pobres y diferentes, gestionándolos adecuadamente, subcontratando a países periféricos para que los administren en los correspondientes purgatorios ad hoc.

No nos damos cuenta de algo que dice Fabrice Hadjadj en su libro “Puesto que todo está en vías destrucción”. En él nos habla del mundo virtual de los padres cristianos frente a la aficiones virtuales de sus hijos: “(…) el padre se queja de que su hijo esté siempre con los videojuegos; pero él, el padre, siempre está con los libros de historia, en su nostalgia quejosa y, así, aun a su pesar, anima a su hijo a vivir en lo virtual, puesto que él mismo le sugiere que el mundo actual es una desgracia y no es apto para vivir: ‘¡Ah! Si estuviéramos en una sociedad cristiana, en un mundo con Jesús, entonces veríais como daría yo testimonio de Cristo. Pero en ésta, comprendedlo, los cristianos somos incomprendidos, los cristianos somos perseguidos, etc’. Según el padre, que es cristiano, este mundo ya no es el de la aventura cristiana; entonces es normal que el mundo vaya a buscar la aventura en otra parte. Si su padre le hubiera dicho: ‘Ven, hijo mío, vayámonos a China a predicar o morir por Cristo’, o incluso ‘Ven, hijo mío, invitemos a todas las prostitutas del barrio a nuestra mesa’, sin duda, el hijo, sin acabar su partida, habría abandonado la pantalla” (p. 75).

Así pues, el problema ya no es solo la progresiva invisibilidad de los refugiados y de los inmigrantes y el consiguiente y nocivo impacto que este ninguneo al que les sometemos tenga en sus respectivas vidas. El problema es que la fe es un afecto por uno mismo que parte de nuestra experiencia personal de la misericordia: la misma que tuvieron Zaqueo, la Magdalena, Mateo, la samaritana, etc. Y una vivencia de este tipo no te deja igual, sino que te pone en movimiento, en búsqueda de esa mirada que un día te hizo más humano. El método no ha cambiado. Juan y Andrés, nada más conocer a Cristo, le preguntaron dónde vivía. Y al día siguiente estaban allí, como un clavo.

Por eso mismo el Papa Francisco no deja de recordarnos que la crisis de los refugiados es otra de esas ocasiones que nos regala la providencia para reencontrar a Jesús. No es activismo de izquierdas, como dirían algunos, sino una simple oportunidad: la gracia que se cruza en nuestro camino a través de la circunstancia histórica que todos los europeos estamos viviendo, aunque estemos muy ocupados garantizando el bienestar de los nuestros. Porque, como decía el sacerdote, ya venerable, Luigi Giussani: “Las circunstancias por las que Dios nos hace pasar constituyen un factor esencial de nuestra vocación, de la misión a la que Él nos llama; no son un factor secundario”.

Quizás lo que nos parece una amenaza para Europa pueda resultar en un inesperado renacimiento. Sería cuestión de probarlo, cada uno en la medida de sus posibilidades, claro.

>Comentar

Sólo los usuarios registrados pueden insertar comentarios. Identifíquese.

0Comentarios

<< volver

>Columna izquierda

>Editorial

vista rápida >
>Editorial

El loco, las pastillas y la geoestrategia

Fernando de Haro

La época de la Guerra Fría desarrolló fórmulas diplomáticas mucho más complejas de las que se usan en estos tiempos. En plena tensión con el bloque comunista, la administración estadounidense creó la llamada “teoría del loco” como instrumento disuasivo. La utilizó el equipo de Nixon para intentar forzar a los vietnamitas a negociar. Kissinger tuvo mucho que ver en el desarrollo de un recurso que consistía en hacer creer a los soviéticos, o a cualquier potencial adversario, que en el Despacho Oval había sentado un presidente al que no se podía controlar, dispuesto a cualquier cosa.

Quizás la “teoría del loco” se haya sofisticado. Quizás las amenazas volcadas durante los últimos días por Trump contra Corea del Norte (también contra Venezuela) sean parte de una complicada operación de disuasión. Aunque es difícil creer que todo esté planificado. El presidente de Estados Unidos ha hablado de responder con “furia y fuego”, ha asegurado que está dispuesto a disparar y a provocar algo “que no se ha visto nunca”. El Secretario de Estado, Rex Tillerson, se ha ocupado, como en otras ocasiones, de hacer de “policía bueno” y de rebajar las amenazas. Ya ha sucedido en otros incendios de los muchos que ha provocado Trump.

Más que una sofisticada operación de simulación parece que estamos ante un nuevo error, consecuencia del gusto o de la necesidad de alimentar la imagen de la “fortaleza asediada”. A Trump no le importa tener unos índices de popularidad muy bajos, pero necesita que su suelo no descienda del 36 por ciento de aprobación. Y para ese fin es necesario mantener la imagen de un gran peligro del que hay que defenderse con firmeza y de forma elemental, algo más urgente para Trump que las victorias en política internacional.

El presidente, de hecho, al enzarzarse en una polémica con Kim Jong-un ha perdido buena parte de la ventaja que consiguió hace unos días su embajadora en Naciones Unidas. Nikki Haley arrancó una interesante resolución del Consejo de Seguridad para aumentar las sanciones. El veto a las exportaciones de carbón, hierro, plomo y marisco, al que no se opuso China, supuso una gran conquista. En lugar de quedarse callado, después de semejante avance, Trump ha incumplido una de las reglas fundamentales en cualquier conflicto: no polemices, no discutas con quien está en una posición inferior. Es el mismo error que ha cometido con Venezuela. Nada le puede venir mejor a Maduro que un presidente de los Estados Unidos amenazándole con una intervención armada.

La primera advertencia de “furia y fuego” se producía curiosamente después de que Trump participara en una reunión para afrontar la grave epidemia por el consumo de opiáceos que afecta al país. La cuestión es seria y refleja el profundo “estado de infelicidad” de un importante segmento de la población estadounidense. Por mucho que algunos pretendan restarle relevancia, recordando que ya hubo unas epidemias similares por el consumo de los derivados del opio en el siglo XIX, los datos son contundentes.

El loco, las pastillas y la geoestrategia

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
vista rápida >
>Editorial

Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro

La palabra dictadura ha dejado de ser una metáfora para describir lo que sucede en Venezuela. El inicio de los trabajos de la falsa Constituyente, la destitución de la fiscal general Luisa Ortega -una de las pocas voces libres del chavismo que se alzaba todavía contra Maduro-, el modo en el que los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma han ido y vuelto desde sus casas a la prisión de Ramo Verde son todos ellos indicios más que suficientes. La decisión del Vaticano de reclamar la suspensión de la Asamblea, elegida de forma fraudulenta para redactar una nueva Constitución, supone la constatación de que el presidente venezolano ha volado todos los puentes.

La Secretaría de Estado está convencida de que en este momento no hay diálogo posible. Roma apuró hasta el final las posibilidades de un entendimiento, apuesta que muchos no entendieron. Es lógico que la Iglesia hablara con una voz a través de los obispos locales y con otra desde el Vaticano. Es una fórmula tradicional. Las críticas que ahora se formulan desde la Sede de Pedro pueden ser un buen ejemplo para Zapatero. El expresidente español intentó también una negociación que se ha visto frustrada por un régimen que no tiene ninguna voluntad de encontrar una salida a la situación. Ahora convendría que hablara.

Algunos exiliados cubanos encuentran muchas similitudes entre lo que está sucediendo este verano en Venezuela y lo que ocurrió en Cuba en enero de 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder. No hay que exagerar los parecidos. No estamos ante un golpe sino ante un autogolpe de Estado. A diferencia de lo que ocurrió hace casi 60 años, en este caso hay un sólido bloque opositor que está resistiendo heroicamente al tirano, ahora no hay una Comunidad Internacional confundida (Estados Unidos reconoció el primer Gobierno de Fidel). Pero sí existe una alta posibilidad de que fragüe una dictadura sostenida por el ejército y por el negocio del narcotráfico de algunos de sus líderes. Una dictadura que, paradójicamente, no puede presentarse como la solución a la miseria del pueblo, al clima de terror y de violencia sino como una prolongación de una postración que dura ya demasiado tiempo.

Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  67 votos
vista rápida >
>Editorial

Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro

Las conclusiones de la cumbre del G20 celebrada en Hamburgo han incorporado una aportación española para que sean reconocidas y apoyadas las víctimas del terrorismo. España, después de haber sufrido durante años el terrorismo de ETA, se ha convertido en una experta en víctimas. Tiene mucho que decir en este campo ahora que la lacra del asesinato político e ideológico se extiende por todo el mundo.

La aportación llega cuando se cumplen 20 años del asesinato de ETA que cambió radicalmente las cosas: el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Hasta bien entrada la década de los 90 había todavía una ambigüedad sobre la banda terrorista. Se condenaban los atentados. Pero perduraba la duda sobre la posible legitimidad no de los medios, pero sí de alguno de sus fines. Contribuía a ello que hubiera empezado a utilizar la violencia bajo la dictadura de Franco y la cantinela de que en el País Vasco había un conflicto político. El asesinato de Blanco en el 97 abrió los ojos, proporcionó una dolorosa claridad moral y permitió deshacerse de ciertos complejos propios de una democracia demasiado joven. A partir de ese momento fue evidente que los asesinos no podían seguir haciendo política.

Las víctimas, que durante muchos años habían sufrido no solo la violencia sino una perversa transferencia de culpa de los victimarios, empezaron a ser reconocidas política y socialmente. Se acuñó entonces el lema “memoria, dignidad y justicia”. Una fórmula que quería escribir en mármol el agradecimiento de la sociedad española a los más débiles, a los que más han sufrido y a los que han sido siempre leales al Estado de Derecho. Ahora que la violencia va quedando atrás y que es necesario construir el relato de lo ocurrido, el recuerdo de los asesinados, torturados, humillados, secuestrados, mutilados es esencial. Lo han puesto de manifiesto dos recientes novelas: Patria y Ojos que no ven.

Hasta el momento, la obstinación de una banda terrorista que se resiste a disolverse y la pretensión de sus sucesores políticos de imponer la mentira sobre lo sucedido han hecho difícil abrir una posibilidad que en casos similares ha servido para reparar muchas vidas y reconciliar algunas sociedades. Estamos hablando de la posibilidad de que las víctimas que lo deseen den un paso más allá de su gran sufrimiento. Gestos como el que ha hecho el alcalde de Rentería, de Bildu (partido sucesor de ETA), pidiendo perdón a dos víctimas facilitan las cosas.

Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  122 votos

>CINE

vista rápida >

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  1011 votos

>Columna derecha

>CULTURA

vista rápida >

Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  1278 votos
vista rápida >

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2374 votos

>SÍGUENOS EN

El otro es un bien, también en política

Marcados con la N de nazareno

Persecución en Kaduna

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

Ministerio de educación y cultura

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja

>DESCARGA NUESTRA APP