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25 MARZO 2019
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>Entrevista a Julián Carrón (I)

«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

John L. Allen Jr. e Inés San Martín | 0 comentarios valoración: 3  267 votos
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Don Julián Carrón, sucesor del carismático sacerdote italiano don Luigi Giussani al frente del influyente movimiento de Comunión y Liberación, cuya base natural es la del mundo católico más conservador, ha entendido, probablemente mejor que muchos otros, que el papa Francisco puede suponer una sacudida para el sistema.

Por eso es un firme defensor de Francisco e insiste en afirmar que si no creemos que este Papa es el remedio es porque no comprendemos la naturaleza de la enfermedad que tenemos que afrontar en el mundo secularizado de la posmodernidad.

«A veces no comprendemos ciertos gestos del Papa porque no comprendemos hasta el fondo las implicaciones de lo que él define como un “cambio de época”», ha dicho Carrón a Crux el lunes pasado.

«Es como considerar un tumor como un simple caso de gripe, de modo que la idea de hacer un tratamiento con quimioterapia podría parecer demasiado drástica», ha añadido. «Pero una vez que hemos comprendido la naturaleza de la enfermedad, nos damos cuenta de que no seremos capaces de acabar con ella con una aspirina».

En su casa de Milán, entre otros temas, Carrón ha hablado con Crux de la edición en lengua inglesa de su libro La belleza desarmada (Disarming Beauty), que habla sobre la naturaleza del «acontecimiento» cristiano.

«Los cambios que estamos atravesando son tan radicales, tan sin precedentes, que entiendo que muchas personas no comprendan todavía lo que está sucediendo, o los gestos del Papa Francisco», ha afirmado. «Pero si no comprendemos estos gestos ahora, los comprenderemos cuando nos demos cuenta de las consecuencias que están produciendo».

Carrón sostiene que lo que ha sucedido en la modernidad es que la gente ha perdido de vista qué significa ser hombres. La crisis es mucho más profunda que un simple rechazo de este o aquel precepto moral, y lo que se necesita hoy en día no son reclamos morales o argumentos teológicos, sino el poder de atracción que tiene una vida cristiana vivida plenamente.

«Me doy cuenta de que muchas personas están confundidas y desconcertadas con el Papa, igual que lo estaba la gente con Jesús en su tiempo –y en especial, recordémoslo, las personas más “religiosas”», declara. «Por ejemplo los fariseos que, al no percibir el drama de la situación de los hombres que tenían delante, querían un predicador que dijese sin más a los hombres lo que tenían que hacer, imponiéndoles fardos pesados».

«Todo esto no bastaba para despertar su humanidad. Pero luego vino Jesús, que entró en casa de Zaqueo sin llamarle ladrón y pecador, lo cual habría podido parecer una debilidad. En cambio, nadie desafió a Zaqueo como lo hizo Jesús», ha dicho Carrón.

«Todos los que habían condenado su conducta no le habían movido ni un milímetro de su posición. Fue aquel gesto totalmente gratuito de Jesús lo que triunfó donde otros habían fracasado», ha declarado.

Fundado por Giussani en 1954, Comunión y Liberación es un movimiento eclesial laico de la Iglesia católica. Está especialmente extendido en Italia, y hoy en día está presente en cerca de ochenta países del mundo. A lo largo de los años ha habido personajes ilustres que han mostrado su estima por el movimiento, entre otros el papa emérito Benedicto XVI, que celebró las exequias de Giussani y que tiene como colaboradoras en su casa a algunas mujeres del grupo de CL de los Memores Domini.

Nacido en España y durante mucho tiempo estrecho colaborador de Giussani, Carrón asumió la guía de Comunión y Liberación en 2005, después de la muerte del fundador.

Lejos de percibir una fractura entre Francisco y sus predecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI, Carrón insiste en afirmar que Francisco encarna hoy la «radicalización» de Benedicto.

«Dice las mismas cosas, pero de una forma que llega a cualquiera a través de sus gestos, sin reducir por ello en modo alguno la profundidad de lo que había dicho Benedicto», ha afirmado.

En sustancia, el libro de Carrón es una síntesis de la visión de la vida cristiana propuesta por Giussani, tal como ha sido enfatizada por cada uno de los tres últimos Pontífices. La idea clave es que el cristianismo es una «belleza desarmada», es decir, un modo de vivir que no se impone mediante poder alguno, sino por el atractivo que encierra en sí mismo.

«Quería mostrar que el poder de la fe consiste en su belleza, en su atractivo. No necesita ningún otro poder, ningún otro instrumento o circunstancias especiales para resplandecer, del mismo modo que las montañas no necesitan nada para dejarnos llenos de asombro».

A continuación, la primera parte de la conversación de Crux con Carrón. La segunda se publicará en breve

El título Desarming Beauty, ¿es una respuesta explícita al terrorismo y a la violencia de matriz religiosa?

Es una respuesta explícita a un modo de ver la fe que parte de lo que la hace única. San Pablo definió una vez lo que realizó Dios al hacerse hombre como un «despojarse» de su divinidad, de su poder divino. Jesús apareció en la historia despojado de cualquier tipo de poder, únicamente con el esplendor de la verdad que emanaba de su persona, de su modo de actuar, de mirar, de entrar en relación con los demás, de su misericordia, de su capacidad de abrazar a la gente y de compartir su vida, de compartir las heridas de los demás. Todo el poder de su amor por nosotros pasó a través de su «humanidad desarmada».

Uno de los capítulos del libro es una carta escrita por usted inmediatamente después del ataque a Charlie Hebdo en París. En ella usted afirma que el desafío es crear un espacio en el que se pueda dar «un encuentro real entre diferentes propuestas de significado, por dispares y múltiples que sean». ¿Puede explicarnos a qué se refiere?

Muchísimas personas buscan un significado para su vida, una razón para ir a trabajar, para crear una familia, para afrontar la realidad, y como a menudo no la encuentran, tratan de huir de distintas formas. La cuestión fundamental es esta: en un momento en el que el valor absoluto para nosotros, modernos, es la libertad, la única posibilidad de no caer en el uso de la fuerza para limitar la libertad de los demás es que exista un espacio en el que las personas puedan encontrarse libremente para compartir el significado de la vida, es decir, aquello que cada uno piensa que significa vivir plenamente. Si esto no se produce, entonces el vacío que queda termina generando conflictos.

La gente no puede vivir sin un significado, y si se mantiene el vacío terminaremos generando personas que antes o después sufrirán la tentación de la violencia… en casa, en el trabajo, y en algunos casos acabarán en el terrorismo. El problema es cómo responder a la falta de significado que con frecuencia vemos hoy en nuestra sociedad. Solo podremos escapar a esta falta de significado en una sociedad libre, en un espacio libre en el que las personas puedan encontrarse y medirse con respecto a la forma de vida que elige cada uno y a la posibilidad de decidir entre distintas opciones.

Usted dice que estamos experimentando una «profunda crisis de lo humano». ¿Cree que el Papa Francisco tiene también la misma percepción? ¿Cómo cree usted que está tratando de responder a ella?

El Papa es profundamente consciente de que la primera cuestión tiene que ver con la naturaleza de la crisis, que es considerada, de forma reducida, como una crisis económica sin más, o como un problema de valores, mientras que es algo mucho más profundo. Tiene que ver con lo que nos hace hombres, con la pasividad que vemos en muchos jóvenes que parecen no tener siquiera una motivación para salir de casa…

Es lo que Giussani llamaba «efecto Chernóbil», ¿no? Es como si una especie de radiación hubiera vaciado a las personas de significado.

Efectivamente, se trata de un vaciamiento de la humanidad que deja a las personas incapaces de experimentar un interés verdadero por algo. Es un problema que hunde su raíz en la indiferencia, en la apatía. Con demasiada frecuencia tratamos de responder a él con reglas, con métodos, para tratar por lo menos de delimitar la violencia que nace con frecuencia de esta indiferencia. Pero todo eso responde a las consecuencias, no va a la raíz del problema. Mientras no respondamos a las necesidades reales de las personas, despertando su capacidad de encontrar un significado que haga vivible la vida, no responderemos a la naturaleza real de la crisis, cuyas raíces se hallan en esta reducción de lo que significa ser hombres.

Este es el motivo de mi optimismo, porque estoy convencido de que el cristianismo puede ofrecer su mayor contribución justamente en esta situación. Cristo comenzó todo con personas que, mirándole a él, se sorprendieron diciendo: «Nunca hemos visto nada igual», y le siguieron. No había alternativa a su presencia, y ese encuentro dio comienzo a la mayor revolución de la historia. La única cuestión es si somos conscientes de la increíble gracia que tenemos como cristianos.

En su opinión, ¿cómo desarrolla el Papa Francisco esta idea de la fe como una experiencia que hunde sus raíces en un encuentro?

Él es capaz de presentarla del modo más sencillo, a través de los gestos que realiza, de su atención a la gente, de su modo de hablar con cualquiera. Ayuda a la gente a comprender del modo más sencillo, con los gestos, al igual que Jesús, que se hacía entender a través de los gestos.

Es difícil ayudar a la gente a comprender todas las dimensiones de fenómenos como la inmigración, por ejemplo, pero cuando el Papa fue a Lampedusa, puso de manifiesto su actitud en un momento, era imposible no comprender lo que estaba diciendo. Hizo que sintiéramos el deseo de comprender de dónde venía todo aquello. Lo mismo sucede cuando se acerca a alguien que tiene problemas en el trabajo, o que necesita perdón. Es como Jesús, que se hallaba frente a las heridas de su tiempo y respondía a ellas.

Y sin embargo, parece que algunas personas no entienden al Papa o quizá no están de acuerdo con él. Ha citado usted Lampedusa… El alcalde de esa localidad, que era famoso en todo el mundo por su trabajo de acogida a los refugiados, acaba de ser derrotado en las elecciones, quedando en tercer puesto.

Los cambios que estamos atravesando son tan radicales, tan sin precedentes, que comprendo por qué muchas personas no entienden todavía lo que está sucediendo, o los gestos del Papa Francisco. Pero si no comprendemos estos gestos ahora, los entenderemos cuando nos demos cuenta de las consecuencias que están produciendo.

Cuando empecemos de verdad a tomarnos en serio el problema de la inmigración, el problema de la pobreza, las dificultades de muchísimas personas heridas, solas, necesitadas de misericordia, esto nos llevará a un determinado clima social, y entonces veremos las consecuencias de un modo que ni siquiera imaginamos. Por ejemplo, cuando el Papa usa el término «muros», se refiere a situaciones que habrían sido inimaginables hace tan solo diez o quince años. Quiero decir, ¿un muro en el corazón de Europa veintitantos años después de la caída del Muro de Berlín?

Nuestra capacidad de comprender [al Papa] depende de nuestra capacidad de comprender la naturaleza del desafío que tenemos ante nosotros. A veces no comprendemos ciertos gestos del Papa porque no entendemos hasta el fondo las implicaciones de lo que él define como un «cambio de época». Es como considerar un tumor como un simple caso de gripe, de modo que la idea de hacer un tratamiento con quimioterapia podría parecer demasiado drástica. Pero una vez que hemos comprendido la naturaleza de la enfermedad, nos damos cuenta de que no seremos capaces de acabar con ella con una aspirina.

En el libro usted hace referencia a Juan Pablo II, a Benedicto y a Francisco, citando a unos y a otros con desenvoltura. Con frecuencia se ha contrapuesto a estos Papas entre ellos, pero usted parece ver una gran continuidad en sus pontificados.

Veo una gran armonía, aunque cada uno de ellos ha tenido que afrontar tiempos distintos. Es lo que siempre ha hecho el cristianismo. Cada uno ha afrontado un conjunto de condiciones históricas en las que la vida cristiana estaba llamada a desarrollarse, y cada época lleva consigo un conjunto distinto de desafíos a los que el cristianismo está llamado a responder de forma concreta. Juan Pablo II asombró a todos por su capacidad para comunicar. Parecía difícil encontrar otro como él, y entonces llegó Benedicto, que impresionó a todos por su inteligencia, su capacidad de discernimiento y de arrojar luz sobre ciertos temas de una forma que nadie podría haber hecho.

Después de Benedicto parecía nuevamente que no podría haber nadie como él. Y en cambio llegó un Papa que en mi opinión es la radicalización de Benedicto. Dice las mismas cosas pero de una forma que llega a cualquiera a través de sus gestos, sin reducir por ello en modo alguno la profundidad de lo que había dicho Benedicto. Me parece que los tres han ido a la raíz de las cosas, no se han quedado en la superficie, han ido al corazón de lo que estaba sucediendo de forma concreta en su tiempo.

En este sentido, existe una armonía que sorprende incluso a muchos laicos, y es la capacidad que parece tener la Iglesia de ofrecer una contribución nueva y original para afrontar los nuevos desafíos que tiene ante sí. En estos tres Papas tenemos un clarísimo ejemplo de ello: cada uno, en su momento histórico, ha sabido responder a los desafíos de ese preciso momento.

A usted no le gustan las etiquetas políticas, pero sabe perfectamente que Comunión y Liberación tiene una gran reputación en la Iglesia, especialmente entre los católicos más «conservadores». Algunos de estos están preocupados hoy con respecto al Papa Francisco, creen que está de algún modo «reduciendo» las cosas, dejando a un lado o minimizando la doctrina tradicional. ¿Qué les diría para tranquilizarlos?

Lo primero que diría es que el punto de partida es reconocer la naturaleza real del desafío que tenemos frente a nosotros. No podremos comprender plenamente la acción del Papa Francisco si no comprendemos la naturaleza de lo que está sucediendo, de este «cambio de época». Si nuestro diagnóstico no tiene esto en cuenta, no podremos captar la importancia de ciertos gestos de este Papa. En cambio, si empezamos a comprender la profundidad de la crisis, ensancharemos nuestros horizontes y empezaremos a ver ciertos gestos como una respuesta profética a esta nueva situación.

Me doy cuenta de que muchas personas están confundidas y desconcertadas con el Papa, igual que lo estaba la gente con Jesús en su tiempo –y en especial, recordémoslo, las personas más «religiosas». Por ejemplo los fariseos que, al no percibir el drama la situación de los hombres que tenían delante, querían un predicador que dijese sin más a los hombres lo que tenían que hacer, imponiéndoles fardos pesados. Todo esto no bastaba para despertar su humanidad. Pero luego vino Jesús, que entró en casa de Zaqueo sin llamarle ladrón y pecador, lo cual habría podido parecer una debilidad. En cambio, nadie desafió a Zaqueo como lo hizo Jesús por el mero hecho de entrar en su casa. Todos los que habían condenado su conducta en la vida no le había movido ni un milímetro de su posición. Fue aquel gesto totalmente gratuito de Jesús lo que triunfó donde otros habían fracasado.

¿Qué se necesita para cambiar una sociedad como la nuestra? El método usado por Jesús con Zaqueo. [Con el Papa Francisco] tenemos que recordar el modo con el que muchas personas decentes, sinceramente religiosas, reaccionaron ante Jesús. Para ellos el modo de obrar de Jesús era una especie de escándalo en el sentido más fuerte del término, un obstáculo para creer.

¿Está usted diciendo que esos fieles católicos que critican al Papa Francisco, por ejemplo con respecto a la Amoris Laetitia, no han comprendido lo que está en juego en la cultura actual?

Creo que sí. Me parece que lo que falta hoy es una comprensión profunda del desafío que tenemos que afrontar en el plano humano. A veces a los críticos les gustaría que el Papa repitiese ciertas frases, ciertos conceptos, pero estos están vacíos para muchas personas, y lo están desde hace mucho tiempo. O bien querrían unas reglas que seguir, como si eso pudiese curar a la persona, o pudiese llevar a alguien a «verificar» la fe en la propia experiencia. El problema que todos tenemos, incluidos nosotros, es que con frecuencia no somos capaces de transmitir la confianza en el futuro a nuestros compañeros de trabajo, a nuestros amigos. Solo si somos valientes a la hora de reconocer la situación, sin sentir siempre la necesidad de defendernos, podremos quizá aprender algo.

Está claro que lo que preocupa a ciertas personas es que cuando Jesús se encontró con Zaqueo, la cuestión era conducirle al cambio de su corazón. A algunas personas les parece que actualmente el Papa, y con él algunos sacerdotes y obispos, se empeñan en un «encuentro» sin la misma expectativa de que se produzca una conversión de los errores.

La conversión no depende del gesto, depende de nosotros. Cuando vamos a encontrarnos con un ladrón, nos llevamos a nosotros mismos a ese encuentro. Jesús no tuvo ningún problema en ir a casa de Zaqueo, no tuvo necesidad de explicarle toda su teología o las reglas morales. Fue porque la verdad se encarnaba en su persona. El problema es este: ¿con qué tipo de persona se encuentra quien se encuentra con nosotros? Si lo que encuentran en nosotros es simplemente un manual de las cosas que hay que hacer, eso ya lo conocen, y no son capaces de ponerlo en práctica. Pero si se encuentran frente a una persona que les ofrece amor, empezarán a desear ir detrás de esa persona y ser como ella, que es lo que sucedió con Jesús.

Creo que muchas personas estarían de acuerdo en que no es necesario partir de las reglas, pero lo que le preocupa a la gente es si alguna vez llegaremos a ellas.

Si una persona se enamora, en un momento dado esto se produce de forma natural. Cuando uno se casa, y está realmente enamorado, es natural desear limpiar la casa, cocinar una buena comida, etc. Hoy en día el problema es que a la gente no le resulta fácil conocer a alguien para el que tenga sentido comprometerse hasta ese punto. Un código ético no es un encuentro de este tipo.

En concreto, hay muchísimas personas que, inspirándose en el Papa Francisco, afirman hoy que la Iglesia debe acompañar al mundo LGBT, por ejemplo, o a los fieles divorciados que se han vuelto a casar civilmente, y nosotros lo hacemos regularmente. Pero lo que dicen los críticos es: todo esto, ¿no debería llevar a decirles que su conducta debe cambiar?

Responderé con un ejemplo. Con demasiada frecuencia creemos que la alternativa es no decir nada o ser ambiguos. He conocido a un grupo de parejas, de familias, unas dieciocho o veinte familias; ninguna de estas parejas estaba casada por distintas razones, a veces incluso comprensibles. Algunas familias pertenecientes a Comunión y Liberación empezaron a pasar tiempo con ellas, sin decir nada con respecto a su situación «irregular». Con el paso del tiempo, ¡se han casado todas! Se han encontrado con personas que vivían la vida familiar de un modo que no podía dejarles indiferentes. Al final todas se han casado, no porque alguien les explicara las reglas o la doctrina cristiana sobre el matrimonio, sino porque no querían perderse lo que veían que vivían esas otras familias.

En el cristianismo la verdad se ha hecho carne. El único modo que tenemos para comprender hasta el fondo esta verdad hecha carne es conociendo y mirando a un testigo. Toda la liturgia de la Navidad tiene que ver con la plenitud de Dios que se hace visible. Si no se hubiese hecho visible, nunca la habríamos entendido… Este es el gran desafío.

Es inútil preguntar a los demás si son todo aquello que deberían ser. La verdadera cuestión es si nosotros somos testigos convencidos de la fe. ¿Creemos todavía en la belleza desarmada de la fe? Una persona enamorada sabe lo que tiene que hacer, y uno se enamora cuando conoce a alguien. Esto es lo que hace de la experiencia de Jesús una «revolución copernicana» para la humanidad.

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«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

Fernando de Haro

CESAL es una de las ONG españolas más consolidadas en España de las que se dedican a la cooperación internacional. paginasdigital.es conversa con Pablo Llano, su director general, sobre el valor de su experiencia para la construcción de una sociedad en la que sea cada vez más frecuente un diálogo real, sobre la relación más adecuada entre Estado y sociedad civil. Abordamos también el reto de la migración y le pedimos que nos defina el mejor Gobierno para su labor.

CESAL es una ONG que desde hace más de 30 años viene trabajando en el campo de la cooperación internacional y de la intervención social. ¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho en este tiempo?

La historia de CESAL se ha ido construyendo a través de personas apasionadas por la realidad del hombre y por el mundo. Desde la humildad de saber que no tenemos respuestas para todo pero con la certeza de tener una hipótesis que poner en juego y a través de la cual podemos afrontar el desafío de responder juntos a las necesidades y aspiraciones de tantas personas que no cuentan con oportunidades ni nadie que los acompañe en el camino.

De esta forma, nos hemos ido encontrando con personas, con iniciativas, con experiencias que nos han ayudado a conocer y a adentrarnos más en el corazón del desarrollo. Y también hemos ido tejiendo una red de relaciones que nos han mostrado la posibilidad de construir con cualquiera, siempre que se esté dispuesto a un diálogo abierto y sincero que no parta de prejuicios sino de un mismo deseo de aprender, de construir, de generar respuestas que responden a problemas reales de las personas. De esta forma, se han dado relaciones y alianzas inimaginables con personas e instituciones que desde orígenes y presupuestos diferentes comparten una misma pasión y un mismo interés

De esta experiencia, ¿qué puede tener valor como método y como contenido para el conjunto de la sociedad española?

En primer lugar, el diálogo sobre problemas reales que afectan a personas con un rostro identificable. No porque renunciemos a incidir en políticas públicas, al contrario, pero si el diálogo no parte de la realidad es fácil abstraer y reducir el diálogo a un debate ideológico.

En segundo lugar, hay un aspecto de método muy arraigado en la forma de trabajar de CESAL que considero que sería un bien en los debates sociales y políticos y es el “partir de lo positivo”. Existe un valor y una riqueza muy grande de la que partir, hay múltiples iniciativas que ya tratan de responder con creatividad y entusiasmo a los problemas que nos afectan. Y, en última instancia, la propia persona encierra un potencial muy grande que hay que ayudar a desvelar y desarrollar.

Si en lugar de amenazas viéramos oportunidades, provocaciones que nos ayudan a crecer y ser mejores, se generaría una cultura del encuentro más creativa y constructiva.

'Un Gobierno abierto a la sociedad civil, no ideológico y con sensibilidad social'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  7 votos
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«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 1  10 votos
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«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

P.D.

Entrevista a Juan Sánchez Corzo, presidente de la Compañía de las Obras, una asociación que engloba a iniciativas empresariales y sin ánimo de lucro en toda España.

La CdO es una realidad que agrupa desde hace ya algunos años a empresas y entidades no lucrativas. ¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho en este tiempo?

La CdO es un lugar de encuentro entre personas y realidades de muy distintos ámbitos. Es un lugar en el que las distintas realidades se acompañan entre sí, se hace networking, se comparten experiencias, se producen encuentros, se imparte formación, nos ayudamos mutuamente... se amplían los horizontes, se recupera la ilusión por los quehaceres cotidianos. Uno de sus elementos originales, en efecto, es que entidades con y sin ánimo de lucro comparten el mismo patio, un mismo lugar común.

Son las obras asociadas las que sostienen en primer lugar esa tarea de construcción social, ya sea generando empleo y riqueza o ayudando a los menos desfavorecidos. En la CdO nos ocupamos de las obras asociadas o de quienes las promueven. ¿Cómo? Te pongo un ejemplo. Uno de los grandes déficits de la pyme española es la gestión, motivada en gran medida por la falta de experiencia y de conocimientos del pequeño y mediano empresario. Pues bien, desde hace algún tiempo venimos teniendo sesiones periódicas en las que un grupo de empresarios –en este caso del sector servicios–, compartiendo experiencias y necesidades y poniéndolas delante de un consultor de empresas, tratan de mejorar determinados aspectos de la gestión de la empresa (recursos humanos, tecnología, marketing, proyectos, internacionalización...). En el ámbito de las obras sociales, se encuentran con una cierta periodicidad para trabajar aspectos de su vida cotidiana, tales como, por ejemplo, el trabajo con voluntarios o la financiación de proyectos.

De esta experiencia, ¿qué crees que tiene un valor para el conjunto de la sociedad española?

Siempre que tenemos oportunidad, compartimos experiencias, incluso negativas, enriquece muchísimo y genera confianza. ¡Qué pocas veces nos ponemos realmente en juego con los demás y qué formalistas solemos ser! 

'Voto a quien creo que me garantiza un mayor grado de libertad'

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«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

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«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

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«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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>Entrevista a Daniel Gascón

«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

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Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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>Entrevista a Joseba Arregi

«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

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>Entrevista a Tulio Álvarez

«Si no creemos que Francisco es el remedio es porque no comprendemos la enfermedad»

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

El otro es un bien, también en política

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