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20 MARZO 2019
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>Entrevista a Julián Carrón (II)

Un cristianismo más allá de las guerras culturales

John L. Allen Jr. e Inés San Martín | 0 comentarios valoración: 3  225 votos
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Una de las cuestiones más problemáticas que tienen que afrontar los cristianos en Occidente a comienzos de este siglo es si la Iglesia tiene el deber de seguir combatiendo las batallas culturales, y cómo debería hacerlo.

A la izquierda hay una fuerte corriente de pensamiento que considera que la Iglesia debería mantenerse al margen del campo de batalla porque con respecto a algunos temas, como la contracepción o la mujer, está en el parte equivocada. En el lado opuesto, algunos, como Rod Dreher con su propuesta de la «opción Benedicto», sostienen que la Iglesia debería retirarse porque ya es una perdedora, y lo máximo a lo que puede aspirar en esta cultura es a mantener vivas pequeñas islas de fe.

De hecho don Julián Carón, responsable del influyente movimiento católico de Comunión y Liberación, indica otro modo de afrontar la discusión para evitar poner el énfasis en las batallas culturales. En su opinión, el problema no es que las posiciones tradicionales de la Iglesia estén equivocadas, y mucho menos que la batalla esté ya perdida.

Considera que partir de la ética ha sido siempre un modo equivocado de comunicar al mundo el cristianismo que, en esencia, es un «acontecimiento» –un término que puede parecer banal en su uso corriente, pero que en el lenguaje de Comunión y Liberación, que nace de su fundador, el sacerdote italiano Luigi Giussani, está cargado de significado.

«Que la fe es un acontecimiento significa que la vida de uno cambia cuando se encuentra con un hecho, como les sucedió a Juan y Andrés cuando se encontraron con Jesús», ha declarado a Crux. «No se puede evitar la realidad de un hecho que ha sucedido, no se puede eliminar. Pensemos en san Pablo, que perseguía a los cristianos tratando de eliminarlos. El encuentro con Cristo vivo revolucionó su forma de pensar».

«No se puede reducir la cuestión a una elección entre las batallas culturales y un cristianismo vaciado de contenido, porque ninguna de estas dos hipótesis tiene nada que ver con Abrahán y la historia de la salvación», afirma Carrón. «Abrahán fue elegido por Dios para empezar a introducir en la historia una forma nueva de vivir que pudiese generar con el tiempo una realidad visible capaz de hacer la vida digna, plena».

En su casa de Milán, entre otros temas, Carrón ha hablado con Crux sobre la edición en lengua inglesa de su libro La belleza desarmada (Disarming Beauty), sobre cómo se puede proponer el «acontecimiento» cristiano en la cultura secularizada del Occidente posmoderno.

A continuación, la segunda parte de la conversación de Crux con Carrón.

Recientemente, Rod Dreher ha sostenido que los cristianos deberían abandonar las batallas culturales en Occidente porque ya las han perdido, y lo máximo a lo que pueden aspirar es la «opción Benedicto», es decir, la conservación de pequeñas islas de fe en un contexto de cultura hostil y decadente. Usted parece sostener que deberíamos dejar atrás las batallas culturales sin renunciar a esas posiciones, pero por un motivo distinto.

Efectivamente. Siempre me ha impresionado la contraposición entre el intento de transformar el cristianismo en una religión civil y el intento de hacer de él algo totalmente privado. Para mí es como tratar de corregir el designio de Dios. Me pregunto: ¿quién habría podido imaginar que Dios empezaría a comunicarse al mundo a través de la llamada de Abrahán? Era el modo más inverosímil y desconcertante de proceder que habría podido imaginarse.

No se puede reducir la cuestión a optar entre las batallas culturales o un cristianismo vaciado de contenido, porque ninguna de estas dos hipótesis tiene nada que ver con Abrahán y la historia de la salvación. Abrahán fue elegido por Dios para empezar a introducir en la historia una forma nueva de vivir que pudiese generar con el tiempo una realidad visible capaz de hacer la vida digna, plena.

Si Abrahán estuviese aquí hoy, en la misma situación de minoría que estamos nosotros, y se dirigiese a Dios diciéndole: «Nadie me escucha», ¿qué le diría Dios? Sabemos perfectamente lo que le diría: «Te he elegido precisamente para esto, para empezar a mostrar en la realidad una presencia que permita ver –aunque nadie crea en ella– que yo voy a hacer de ti un pueblo tan numeroso que tu descendencia será como las estrellas del cielo».

Cuando Él mandó a su hijo al mundo, despojado de su poder divino para hacerse hombre, hizo lo mismo. Como dijo san Pablo, él vino para darnos la capacidad de vivir la vida de un modo nuevo. Esto es lo que genera una cultura. La cuestión para nosotros es si la situación en la que vivimos hoy en día nos ofrece la oportunidad de encontrar nuevamente el origen del designio de Dios.

Usted parece bastante optimista al pensar que esto es posible.

Absolutamente. Soy completamente optimista por la naturaleza misma de la fe. Mi optimismo se basa en la naturaleza de la experiencia cristiana. No depende de mi capacidad de lectura de la realidad o de mi diagnóstico sobre la situación sociológica. El problema es que para ser capaz de empezar nuevamente desde este punto de partida absolutamente original debemos volver a las raíces de la propia fe, a aquello que Jesús dijo e hizo.

Si existe un motivo de pesimismo es el hecho de que demasiadas veces hemos reducido el cristianismo a una serie de valores, a una ética o simplemente a un discurso filosófico. Esto no es atractivo, no tiene poder para fascinar a nadie. La gente no percibe la fuerza de atracción del cristianismo. Pero justamente porque la situación que estamos viviendo hoy es dramática desde todos los puntos de vista, paradójicamente resulta más fácil proponer la novedad del cristianismo.

Si miramos hoy a Europa, vemos que está creciendo una nueva generación que no ha estado implicada en las viejas batallas que han visto enfrentarse a religión y secularismo. Son personas que han crecido en una cultura ampliamente post religiosa, y como consecuencia miran a menudo este fenómeno no con animosidad sino sobre todo con curiosidad. ¿Puede todo esto configurar una nueva fase para la evangelización?

Sí, estamos en una nueva fase. La cuestión es si nosotros, cristianos, seremos capaces de sacar ventaja de esta oportunidad para entender, nosotros en primer lugar, qué es verdaderamente la fe, qué significa ser cristianos, por qué ser cristianos debería ser interesante para nosotros y para los demás. Tenemos que profundizar en este punto independientemente de la preocupación por los números, y transmitir ante todo la plenitud de la experiencia que Cristo hace posible en nuestra vida.

Pienso en una expresión que Giussani usaba con frecuencia hablando de la fe. Decía: «La fe es una experiencia presente, y en mi experiencia personal encuentro la confirmación de su conveniencia humana». Sin esto, la fe no sería capaz de resistir en un mundo en el que todo dice lo contrario a nosotros.

Por tanto, su estrategia para la evangelización al comienzo del siglo XXI es vivir la fe de tal modo que esta «experiencia de confirmación» pueda producirse, para después ir introduciendo gradualmente a los demás en esta forma de vida, ¿no es así?

Cuando un cristiano vive la fe con este tipo de alegría, con esta plenitud, es evidente que cuando va a su trabajo, está con los amigos o va al aeropuerto, los demás verán esta novedad en él. Si llegas al trabajo a las 8 de la mañana y te encuentras con un compañero que está cantando, que te abraza y que comparte tus debilidades y dificultades, te surge preguntar: «¿Qué es lo que te hace llegar al trabajo cantando a las 8 de la mañana?».

Esto comunica el cristianismo mucho mejor que muchas otras cosas, más que todas las motivaciones éticas, porque cuando uno ve algo así, le surge de forma natural preguntar: «¿De dónde viene esta alegría? ¿De dónde viene esta plenitud de vida?». Uno puede no pensar inmediatamente que el origen de esta felicidad se llama Jesucristo, se llama fe. Pero cuando uno empieza a entender que este modo sorprendente de vivir tan feliz, tan alegre en el mundo real tiene su raíz en la fe, entonces esta se vuelve interesante.

En resumen, el cristianismo se comunica viviéndolo. T.S. Eliot preguntó una vez: «¿Dónde está la vida que hemos perdido viviendo?». Para nosotros es lo contrario; nosotros ganamos la vida viviendo la fe. Si no es así, no seremos interesantes para nadie, ni siquiera para nosotros mismos. En otros términos, ¿es la Iglesia la que ha abandonado a la humanidad o es la humanidad la que ha abandonado a la Iglesia?

¿Propone no una serie de teorías, sino un modo de vida?

Es una experiencia de vida.

El Papa Francisco habla con frecuencia de crear una «cultura del encuentro», y el concepto de encuentro era fundamental también para Giussani. Si miramos hoy a la Iglesia, ¿cuáles son los ejemplos de una «cultura del encuentro» que más le impresionan?

Siempre me impresionan los ejemplos de creación de espacios para el encuentro entre personas totalmente distintas entre ellas. Por ejemplo, aquí en Milán, nosotros [Comunión y Liberación] gestionamos un centro de ayuda al estudio en el que un grupo de profesores –unos pertenecientes al movimiento y otros no– ofrecen su tiempo libre para ayudar a chicos que tienen problemas en el colegio. Entre los chicos hay italianos, inmigrantes, fieles de distintas religiones, en su mayoría católicos o musulmanes, y ahí se ve un espacio de encuentro. Vienen de situaciones muy distintas y encuentran allí un lugar en el que renace su humanidad.

Una vez llegó allí un chaval con una barra de acero en la mochila. En otra circunstancia habría sido tratado como un terrorista. Pero estando con esta gente se ha liberado de su agresividad, incluso ha llegado a convertirse en uno de los responsables de esa iniciativa. En esto consiste el poder del encuentro.

¿Conoce algunos ejemplos también fuera de su movimiento?

Bueno, obviamente no conozco todo el mundo, pero algún ejemplo sí que puedo contar. Voy a veces a algunas parroquias en Roma y Milán, y es posible ver lo vivo que está este espíritu de encuentro en ellas. Conozco un sacerdote aquí en Milán que está en relación con algunos presos. Tiene una impresionante capacidad de implicarse con ellos de un modo que les ayuda a reconstruir su vida.

Está demás la experiencia de las APAC en Brasil, esa red de cárceles sin guardias y sin armas, en las que la tasa de reincidencia, que en las prisiones normales está alrededor del 80%, baja aquí al 15%. Uno puede pensar que se trata de una ilusión, que así no se hace más que incentivar la criminalidad. Por el contrario, es un ejemplo de lo que sucede cuando se produce un encuentro real. Todo lo que va en contra de la verdadera humanidad, antes o después, se desvanece.

Por ejemplo, había un preso que se había escapado de unas cuantas cárceles, y que casualmente había llegado a una de estas APAC, de la que no intentó escaparse. Un juez se quedó tan impresionado por esta historia que quiso ir a la prisión a preguntarle: «¿Por qué aquí no has intentado escaparte?». Y el preso respondió: «Porque del amor nadie huye».

A veces nuestro problema es que ya no creemos en ciertas cosas. Pensamos de hecho que cualquier otra solución, aunque sea violenta, es más eficaz que el poder del amor.

Está diciendo que al final nuestro «realismo» no es tan realista.

Efectivamente. Hemos dado por descontado que ciertas cosas son una ilusión, y hemos perdido la única oportunidad de ir verdaderamente al fondo del corazón de cada persona. Una vez más, esto es lo que me hace ser optimista: ¡la fe es eficaz!

Como se preguntaba el Papa Benedicto XVI hace algunos años, ¿tiene todavía alguna posibilidad el cristianismo en este mundo? A lo que respondía que sí, porque el corazón del hombre necesita algo que solo Cristo puede dar. La capacidad de corresponder al verdadero deseo último del hombre es lo que hará que el cristianismo sea atractivo.

Usted parece decir incluso que debemos tener valor en este sentido, no tener miedo a desafiar la opinión corriente en este mundo.

Lo que desde luego no podemos hacer es conformarnos con un cristianismo reducido, un poco ambiguo, pensando que este es el camino para encontrarnos con todos. No, tenemos que vivir el cristianismo de forma valiente, plena, debemos estar convencidos, con la misma audacia que tenía Jesús cuando entró en casa de Zaqueo, sin censurar en modo alguno las cosas que había hecho, sino desarmado, respondiendo a lo que él tenía en el corazón. Se trata de un método nuevo históricamente hablando. Jesús asombró a san Pablo del mismo modo en que nos asombra a nosotros. No hay nada que desafíe más el corazón de un hombre que un gesto como este, un gesto absolutamente sorprendente.

Un concepto clave en Giussani, que usted repite a lo largo de todo el libro, es que la fe es un «acontecimiento». ¿Puede explicar qué significa y por qué es tan importante?

Que la fe es un acontecimiento significa que la vida de uno cambia cuando se encuentra con un hecho, como les sucedió a Juan y Andrés cuando se encontraron con Jesús. No se puede evitar la realidad de un hecho que ha sucedido, no se puede eliminar. Pensemos en san Pablo, que perseguía a los cristianos tratando de eliminarlos; el encuentro con Cristo vivo revolucionó su forma de pensar.

Es como la escena que describe Manzoni en Los novios. La experiencia del encuentro con alguien tan capaz de perdón fue tan sorprendente que era imposible no abandonarse a la fuerza de su atractivo. Cuando el cardenal se despide del Innominado este le dice: «¿Que si volveré? Aun cuando vos me rechazarais, me quedaría porfiado a vuestra puerta, como un mendigo. ¡Necesito hablaros!, ¡necesito oíros, veros!, ¡os necesito!».

Este es el tipo de experiencia desconcertante que cambia la vida, esto es la fe. [El personaje del cardenal en Los novios está inspirado en la figura del cardenal Federico Borromeo de Milán, 1564-1631].

El Papa Benedicto siempre ha dicho que en el origen del cristianismo no hay una doctrina, una enseñanza, sino el encuentro con Cristo. La forma del «acontecimiento» cristiano es este encuentro, no de forma virtual o como una propuesta que hace uno cualquiera. No, se trata de un encuentro tan potente que ya no quieres perderlo en el resto de tu vida.

¿Es acaso el objetivo de su libro despertar la conciencia de este acontecimiento?

Desde luego. El problema es cómo comunicar este acontecimiento a la gente. Es como la experiencia del amor, del enamoramiento; no se produce porque se hable de ella, sino que sucede cuando uno se enamora.

En un momento dado usted escribe que el objetivo de la comunidad –tal vez refiriéndose a Comunión y Liberación, pero más en general también a la Iglesia– es generar «adultos en la fe». ¿A qué se refiere?

Me refiero a personas que sean regeneradas por la participación en la comunidad cristiana, en el sentido de que adquieran una capacidad nueva para afrontar la realidad, una capacidad para ser libres en un mundo distinto del de antes y una capacidad nueva para transmitir un sentido de asombro a los demás. Si el cristianismo no es capaz de generar un nuevo tipo de persona, entonces se quedará como algo separado de su vida.

En el momento presente, no existe nada más decisivo que la capacidad para generar adultos en la fe, adultos que vivan con libertad entre los demás y que pueden testimoniar la fe no solo cuando van a la iglesia o participan en alguna actividad «distinta» de lo habitual sino en lo concreto de su trabajo y de su vida.

Se necesitan personas que puedan llevar la novedad de la fe al corazón del mundo, que susciten la pregunta: «Pero, ¿de dónde sacáis esta novedad, esta frescura? ¿Qué hay detrás?». La capacidad de responder a esta pregunta llevará a las personas de forma natural a algo más grande y mejor. Esto es un testimonio real de fe. Aunque los demás no lleguen a identificar el nombre de Cristo, el mero hecho de mirar a esa persona hace que sea imposible no querer comprender qué es lo que le hace ser así. Querrán saber quién es el «tercero», y esto es un testimonio.

Solo un verdadero testimonio puede hacer visible y tangible el acontecimiento de la fe. La capacidad para hacer de la fe algo razonable para los hombres solo puede venir de una experiencia concreta de la misma, de un «acontecimiento». Esto es lo que permite que uno no tenga miedo a no ser comprendido y que pueda resistir a la tentación de reducir el cristianismo a algo distinto.

Yo le pregunto: ¿por qué pensamos a veces que para hacer comprensible un gesto gratuito haya que reducirlo a algo distinto, tenga que ser menos gratuito? Cuanto más gratuito sea, más sorprendente y atractivo debería ser, ¿no? No tenemos que reducir las cosas para que puedan ser comprendidas.

A veces pensamos que si uno no tiene fe, tenemos que reducir las cosas para que pueda comprenderlas. Pero es justamente lo contrario: cuanto más gratuito es un gesto, como perdonar a alguien una ofensa en lugar de responder del mismo modo, tanto más asombrará radicalmente a esta persona. No tenemos que reducir ni olvidar nada para evitar el escándalo. Nadie se ha escandalizado nunca de ser perdonado.

En la última página del libro usted escribe que la alegría es como la flor del cactus. ¿Qué quiere decir?

La fe introduce en la vida un atractivo, que al mismo tiempo nos atrae hacia ella pero no nos deja solos. Nada desafía tanto a una persona como algo que responde con total plenitud a todas sus expectativas. ¡Nada transforma radicalmente la vida como el cumplimiento de todas sus promesas! Por eso la fe es como el cactus: es precioso, nos atrae hacia sí, pero al mismo tiempo pincha. Podemos aceptarla o rechazarla, pero nada tiene tanto poder para transformar y descolocar la vida.

¿Podríamos decir que este libro es un intento de expresar la visión de la evangelización que nace de Giussani y que ha sido enfatizada por los tres últimos pontífices?

En mi opinión, la respuesta es que sí.

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>Entrevistas

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Un cristianismo más allá de las guerras culturales

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  12 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

Un cristianismo más allá de las guerras culturales

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

Un cristianismo más allá de las guerras culturales

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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>Entrevista a Daniel Gascón

Un cristianismo más allá de las guerras culturales

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

Un cristianismo más allá de las guerras culturales

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

Un cristianismo más allá de las guerras culturales

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

Un cristianismo más allá de las guerras culturales

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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>Entrevista a Joseba Arregi

Un cristianismo más allá de las guerras culturales

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

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Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

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