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29 JULIO 2017
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>Entrevista a Rodolfo Martín Villa

"Nos movió un deseo infinito de reconciliación"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  43 votos
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Rodolfo Martín Villa era ministro de Gobernación, lo que sería ahora ministro del Interior, en el Gobierno que organizó las primeras elecciones democráticas en España hace 40 años. Martín Villa, uno de los hombres de la Transición recuerda las claves de lo sucedido hace cuatro décadas.

La época de la Transición fue de mucha violencia, ETA quiso boicotear las elecciones del 77, pero también había violencia de la extrema derecha. Recordemos el atentado de Atocha contra los abogados laboralistas. ¿Por qué cree usted que a pesar de esa intensa violencia la Transición salió adelante?

Fundamentalmente porque teníamos una España abierta y socialmente democrática y avanzada. Es verdad que no lo era el régimen político, pero fue fundamental la transformación social, cultural y económica. El desarrollo de los años 70-75 fue esencial para permitirlo. El Gobierno de Suárez fue el verdadero Gobierno de la Transición, porque al final de su mandato donde no había partidos los había, donde no había cámaras legislativas las había, donde no había pluralismo sindical lo había. Por primera vez en la historia de España, en muchos años, no había un solo preso político ni un solo exiliado. Tuvo fe el Gobierno. Porque hubo momentos gravísimos, especialmente a finales de enero de 1977.

Fue aquella semana trágica.

La semana trágica fue entre el 23 y el 30 de diciembre. A los atentados de los abogados laboralistas de Atocha, siguieron los atentados de ETA, también estaba presente el Grapo… hubo secuestros. Pero hay que decir, con humildad, pero también con orgullo, que no cedimos ni un milímetro. Tuvimos que atemperarnos en el ritmo a estos acontecimientos, pero en el objetivo, que era que al final tuviéramos una España democratizada y unas Cámaras impecablemente representativas del pueblo español que hicieran una Constitución, no cedimos.

En el caso del atentado contra los abogados laboralistas, el PCE estuvo a la altura, ¿no?

Estuvo a la altura todo, pero en concreto el PCE lo estuvo claramente. En la cabeza de aquel Gobierno y en concreto de la de su presidente Adolfo Suárez ya estaba la idea de su legalización. Pero si había alguna duda - como dice el viejo dicho de que se escribe derecho con renglones torcidos-, el torcidísimo renglón de los atentados produjo un comportamiento del PCE como un partido de orden, de su orden, pero de orden.

Torcuato Fernández Miranda tenía la obsesión de que se pasara “de la ley a la ley”, de la legislación franquista a la legislación democrática, y en ese lema se enmarca la reforma política del 77. Precisamente eso es lo que se cuestiona ahora. Se dice que, en realidad, la única sucesión legal que hubiera sido legítima es la que hubiera recuperado la legalidad republicana. Esta es una de las objeciones que se le hace a la Transición.

Eso pudo tener sentido en aquel entonces, cuando las gentes que venían del antifranquismo defendían la ruptura. El Gobierno de Adolfo Suárez, que no era un Gobierno democrático antes del 77, lo que planteaba era la reforma y el instrumento para la reforma era una ley de reforma política cuyo autor inicial fue Torcuato Fernández Miranda. No es que él diera la última solución porque hubo algunos cambios, para mí no fundamentales, pero la solución la dio él. La reforma se hizo de “de la ley a la ley a través de la ley”, pero se produjo, por ese proceso, una ruptura con el franquismo. Era lógico. El régimen nacido de la Guerra Civil había terminado.

1977 es también el año de la Ley de Amnistía, que es ahora la más cuestionada. Aquella ley fue defendida por Marcelino Camacho y por el PCE con auténtico entusiasmo. ¿Por qué la Ley de Amnistía no es una ley de impunidad? ¿Por qué podemos todavía seguir defendiendo aquella ley?

Hubo procesos de indulto, recién aterrizados nosotros en el gobierno. En julio del 76, con ocasión formal porque del Año Santo Compostelano, se dio el primer indulto. El segundo fue la primavera, justamente en el horizonte de las elecciones de junio del 77. Ya entonces no había ningún preso político, ni uno. Quedaban unos casos de atentados terroristas, fundamentalmente de ETA, con resultado de asesinato. El Gobierno pensó que eso no se podía indultar, pero eran pocos. El Gobierno pensó que aquello tenía que ser una ley de amnistía total que tenía que hacerse por unas Cortes representativas, y así se hizo. No es una ley de punto final en la que de alguna manera el franquismo busca la amnistía y el punto final, al contrario.

Hay algún historiador que ha dicho que en las elecciones del 77 Suárez no quería una mayoría absoluta. ¿Es cierto que Suárez ayuda al PSOE a obtener un buen resultado para no conseguir él la mayoría absoluta?

Comprenderá que yo no soy sospechoso: hay personajes excepcionales en la Transición, por supuesto el Rey, Suárez, Felipe González, Carrillo, Fraga, cada uno a su manera y con sus ideas. Pero no exageremos porque no tiene sentido. Una cosa es que todos pensáramos, no desde la conveniencia política sino desde el sentido común, que la izquierda antifranquista y republicana tenía que estar en el Congreso, y otra cosa es que Suárez no quisiera ganar y no quisiera ganar por el máximo posible. Yo puedo decir que los resultados electorales no me han gustado, pero nunca me han sorprendido. Si algún resultado fue el que deberíamos fue aquel. Ganábamos los partidarios de la reforma política, pero estaban presentes los partidos de la ruptura en la izquierda. Todos creíamos, en virtud del protagonismo que había tenido en el antifranquismo, que el PCE tendría mejores resultados, pero al final en la izquierda se votó a la parte más castiza de la izquierda, que era el partido socialista. Ese resultado fue el que posibilitó una Constitución de todos. Si no, hubiera sido difícil.

Vayamos a la cuestión de fondo. ¿Qué hizo posible la reconciliación en ese momento? ¿Qué hizo posible que los españoles decidieran, después de un siglo XIX tremendo y un comienzo de siglo XX también horroroso, reencontrarse y superar diferencias ideológicas? Porque esto parece que es lo hemos perdido ahora.

Ya en 1956 se habla de reconciliación, es un tema que abre entonces el PCE. Y a nosotros, los jóvenes reformistas del franquismo –jóvenes entonces–, se nos podrá discutir que no siempre estuvimos en la democracia, y es verdad, pero siempre estuvimos en la reconciliación. En aquel Gobierno de Suárez, excepto los cuatro militares que habían hecho la Guerra, generales o almirantes, no habíamos hecho la Guerra ninguno. Teníamos experiencias que nos habían contado de la Guerra y algunos teníamos experiencia en nuestras familias de uno y otro lado, como experiencia venía muy bien.

La memoria de la guerra generaba voluntad de reconciliación.

La memoria de la guerra generaba muchas cosas. Para empezar, era una memoria parcial porque durante mucho tiempo en las familias no se hablaba del tema, pero yo cuento mi propia experiencia. Mi experiencia familiar fue estupenda comprendí cosas de un lado y de otro, y con un deseo infinito de la reconciliación, la reconciliación de un exiliado y de un preso político. Para nosotros en eso nunca hubo duda alguna, desde el primer momento.

Esta entrevista se emitió en el programa La Mañana Fin de Semana de Cope

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No decir nunca nada que, en cierto modo, no esté ocurriendo

Fernando de Haro

Tiempos interesantes. El desarrollo de la inteligencia artificial más allá de lo que podríamos haber imaginado hace unos años y la crisis de cierta forma de pensamiento moderno plantean retos apasionantes. Quizás sean una invitación a recuperar una forma de pensar y de hablar diferente, más humana.

La inteligencia artificial (IA) parece estar llevando a cabo el viejo sueño de crear sistemas perfectos que, al menos en ciertos aspectos de la vida, resuelvan la fatiga de tener que ejercer la libertad. Las “máquinas pensantes” vienen en auxilio del ser humano en ámbitos decisivos. La policía de Nueva York utiliza desde años la IA para seguir o dejar de seguir a un sospechoso. Cada vez es más frecuente que los operadores del mercado utilicen el high frequency trading, un sistema que toma decisiones de compra y venta de títulos en fracciones de segundo. Protagoniza ya casi la mitad de las operaciones en las bolsas europeas y ha dejado obsoletos los modelos de análisis de comportamiento basados en el modo de invertir de los “sapiens de carne y hueso”. En todos estos casos se procesan datos y se toman decisiones gracias a algoritmos. El algoritmo, por definición, es un conjunto de reglas que permite obtener un resultado previsible.

Hace unos días, Ramón López de Mantaras, premio Walker de la Conferencia Internacional de Inteligencia Artificial, advertía de los riesgos de dejar a los algoritmos tomar decisiones por sí solos. Primero, porque en la selección de datos siempre se producen sesgos que es necesario corregir. Y segundo -señalaba López de Mantaras en una entrevista de La Vanguardia- porque una cosa es el conocimiento y otra son los datos.

Todos las posibilidades que ofrece el Big Data -los resultados en el campo de la intervención humanitaria y social son ya muy llamativos- replantean la distinción entre información y saber. “El conocimiento implica -señalaba Mantaras- que se comprende cómo se toma una decisión. Con los datos, el algoritmo llega a una decisión, pero no tenemos acceso al razonamiento que hay detrás. Es una caja negra. Si dejamos que un algoritmo tome decisiones que nos afectan deberíamos poder exigir que rinda cuentas”. Las máquinas pensantes pueden tomar decisiones, de hecho ya hemos dejado que las tomen. Pero según Mantaras no pueden conocer en sentido literal, porque no conocen que conocen, y por eso es absurdo exigirles responsabilidad. Sin saber que se está conociendo no hay conocimiento y no hay libertad. Batty, el replicante de Blade Runner que está a punto de morir, al lamentarse porque todo lo que ha visto vaya a perderse como “lágrimas en la lluvia”, ha dejado de ser IA para convertirse en una inteligencia humana que desea lo eterno.

No decir nunca nada que, en cierto modo, no esté ocurriendo

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro

Las conclusiones de la cumbre del G20 celebrada en Hamburgo han incorporado una aportación española para que sean reconocidas y apoyadas las víctimas del terrorismo. España, después de haber sufrido durante años el terrorismo de ETA, se ha convertido en una experta en víctimas. Tiene mucho que decir en este campo ahora que la lacra del asesinato político e ideológico se extiende por todo el mundo.

La aportación llega cuando se cumplen 20 años del asesinato de ETA que cambió radicalmente las cosas: el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Hasta bien entrada la década de los 90 había todavía una ambigüedad sobre la banda terrorista. Se condenaban los atentados. Pero perduraba la duda sobre la posible legitimidad no de los medios, pero sí de alguno de sus fines. Contribuía a ello que hubiera empezado a utilizar la violencia bajo la dictadura de Franco y la cantinela de que en el País Vasco había un conflicto político. El asesinato de Blanco en el 97 abrió los ojos, proporcionó una dolorosa claridad moral y permitió deshacerse de ciertos complejos propios de una democracia demasiado joven. A partir de ese momento fue evidente que los asesinos no podían seguir haciendo política.

Las víctimas, que durante muchos años habían sufrido no solo la violencia sino una perversa transferencia de culpa de los victimarios, empezaron a ser reconocidas política y socialmente. Se acuñó entonces el lema “memoria, dignidad y justicia”. Una fórmula que quería escribir en mármol el agradecimiento de la sociedad española a los más débiles, a los que más han sufrido y a los que han sido siempre leales al Estado de Derecho. Ahora que la violencia va quedando atrás y que es necesario construir el relato de lo ocurrido, el recuerdo de los asesinados, torturados, humillados, secuestrados, mutilados es esencial. Lo han puesto de manifiesto dos recientes novelas: Patria y Ojos que no ven.

Hasta el momento, la obstinación de una banda terrorista que se resiste a disolverse y la pretensión de sus sucesores políticos de imponer la mentira sobre lo sucedido han hecho difícil abrir una posibilidad que en casos similares ha servido para reparar muchas vidas y reconciliar algunas sociedades. Estamos hablando de la posibilidad de que las víctimas que lo deseen den un paso más allá de su gran sufrimiento. Gestos como el que ha hecho el alcalde de Rentería, de Bildu (partido sucesor de ETA), pidiendo perdón a dos víctimas facilitan las cosas.

Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  57 votos

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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  948 votos

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  1212 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2308 votos

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