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29 JULIO 2017
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>Entrevista a Amelia Valcárcel

"Se subroga una hipoteca, pero un embarazo no se compra"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  29 votos
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Amelia Valcárcel, catedrática de Filosofía moral y política, miembro del Consejo de Estado, referente en el feminismo español valora la maternidad subrogada y el momento que vive España.

Se habla mucho últimamente de los vientres de alquiler o gestación subrogada. Hay quien lo presenta como una forma de autodeterminación. Usted es de las que están en contra de esta fórmula, ¿por qué?

Yo estoy en contra del eufemismo. Hay muchas cosas que no se pueden subrogar. Se puede subrogar una hipoteca, pero las enfermedades, por ejemplo, no hay manera de subrogarlas, no tiene sentido de hablar con eufemismos para que una práctica parezca lo que no es. De lo que se trata es de que en el cuerpo de una mujer se implanta un embrión cuyo óvulo, normalmente, es de otra mujer y el espermatozoide de un varón que se supone que de esa manera no va a tener su carga genética, eso es lo que se busca, que la carga genética de la mujer que va a ser madre no sea la del embrión. Eso es tanto como desconocer todo lo que es la epigenética y desde luego es una mentira desde el inicio. No hay nada que se llame técnica de reproducción asistida en esto. Esto es un embarazo normal, con el anidamiento de un embrión en el útero de una mujer que es su madre, y que lo va a gestar durante 40 semanas, y que va a desprenderse de esa criatura porque alguien se la va a llevar mediante dinero. Y no tiene más. Nadie en su sano juicio puede estar a favor de una práctica que vulnera derechos inalienables. Hay cosas que no se pueden comprar ni vender, la vida humana. Nos ha costado siglos hacernos cargo de esta verdad. Muchas sociedades pensaron, por supuestos, que los seres humanos se pueden comprar y vender, muchísimas. Hemos acabado con la esclavitud casi no hace un siglo en algunos lugares. De tal manera que pretender, llamándole técnica a lo que no lo es, o llamando subrogación a una compra, volver a introducir por la puerta de atrás una práctica tan detestable como esta, que consiste en que una madre no tenga derechos sobre la criatura que gesta y pare, que esa criatura vaya a terceros que se encargan de un pago, que puede decirse también con un eufemismo que es por las molestias habidas, que un embarazo no son unas molestias habidas sino como la gente solemos venir al mundo.

Parece que estamos cerca de un pacto contra la violencia de género, pero dicen los juristas que ya se puede afinar poco el ordenamiento jurídico para combatir esta plaga, ¿qué nos falta en el terreno educativo? ¿Las nuevas generaciones femeninas han perdido una sólida autoestima que permita vencer la violencia de género no solo en el ámbito jurídico sino en el ámbito cultural, el de las relaciones? ¿Qué nos falta para poder responder seriamente a este gravísimo problema que sufrimos?

Creo que la violencia no es el principal problema de las mujeres, sé que puede sonar raro, pero me parece que sin violencia casi todos los problemas que tienen las mujeres no los tendría. Es decir, la violencia es el aire que llena las velas que permiten que realmente la terrible predominancia violenta masculina siga existiendo en prácticamente todos los ámbitos, sociales pese a que nuestra sociedad declara y dice públicamente que varones y mujeres son iguales. Iguales en sus derechos, se supone, y en la práctica de su libertad. La violencia tiene que ser deflactada. Nuestras sociedades, de hecho, son las menos violentas que hemos conocido. Creo que poner las cosas en perspectiva histórica ayuda. Occidente tiene sociedades que son las menos violentas que hemos conocido, sin embargo tiene una capacidad de violencia extrema cuando la usa como violencia organizada. Son cosas que debemos reflexionar y saber. A lo mejor soy optimista, pero creo que muchas mujeres pueden vivir toda su vida sin encontrarse un verdadero episodio de violencia contra ellas. Pero respirarán la violencia que se hace a otras, constantemente. En consecuencia, renunciarán a muchas cosas que podrían hacer para no encontrarse con esta violencia. Entonces, el problema es la tolerancia social a la violencia contra y sobre las mujeres. Yo creo que esta tolerancia va bajando, que cada vez hay menos. Yo viví en una sociedad que soportaba muchísimo mejor, tenía una enorme tolerancia con los temas de violencia. Quizá por edad sé mirar hacia atrás y sé mirar hacia adelante. ¿Se arregla todo mediante medidas legislativas? Lo primero que hay que hacer a veces es ahorrar a la gente sufrimiento innecesario. La violencia de género, cuando ha sido llamada así y ha formado parte de una ley, ha permitido que la gente no tuviera que estar paseando por dos o tres juzgados para una sola cosa. Hace falta ahorrar el sufrimiento innecesario a quien ya tiene bastante sufrimiento. El Estado, en ese camino de ahorrar sufrimiento innecesario, todavía puede hacer mucho, y sobre todo es muy importante que el Estado, si mediante una cosa que llame pacto o parecido, da a entender a la sociedad que le parece agraviante y vergonzoso que muchas mujeres en este país tengan que vivir en estado de temor constante, el Estado está dando una instrucción importante a la sociedad, y esto es lo que me parece más relevante en todo esto, no tanto si tal medida o tal otra. Hay muchas que son racionalizaciones de procedimiento, conviene siempre tenerlas bien estructuradas y pensadas, y eso supongo que se está haciendo. Pero aparte de eso, es importante que el Estado acredite, simplemente declarativamente, que no queremos vivir en una sociedad donde tantas mujeres todavía se sienten con miedo. Yo recuerdo a Ana María Matute, nuestra gran escritora, un día que estábamos hablando de una cosa que tenía poco que ver y me dijo: el ruido que más miedo me daba era el del llavín en la puerta. Las mujeres no pueden vivir así.

Aparte de esa violencia contra las mujeres, da la sensación de que nos encontramos en una sociedad muy polarizada, en una España muy polarizada. No sé si es que la política traslada la polarización a la sociedad, ¿por qué nos cuesta tanto a los españoles reconocer al otro? Y no solo al del otro sexo, reconocer al que no tiene la misma ideología que nosotros, que no comparte las mismas creencias… ¿cuáles son las raíces de este problema? ¿O exageramos en la polarización de España?

Ciertamente es una pregunta muy complicada. ¿Cuánto tiempo hace que terminó nuestra guerra civil?

Mucho tiempo.

No tanto, en el fondo no tanto. Bajar la intensidad y decir que nuestra sociedad no está tan polarizada cuando tenemos un suceso tan terrible del que no han pasado cien años todavía… Nuestra sociedad ha estado polarizada hasta el crimen mutuo de la manera más terrible que puede estar una sociedad, padeciendo la peor de las guerras, la civil, que no se parece a ninguna otra en cuanto a su capacidad de maldad, porque rompe las solidaridades más elementales. Por lo que nos decían nuestros padres: primero, no os podéis imaginar lo que es una guerra; segundo, una guerra civil es mucho peor porque una guerra contra un invasor, contra uno que viene, contra uno que es otro, pero una guerra donde cada hermano puede estar en una parte, eso no os lo podéis ni imaginar. Y es verdad, no nos lo imaginábamos, ya nosotros, que no habíamos nacido entonces. Sí que es cierto que nuestra sociedad ha tenido una terrible polarización, pero creo que la fue superando y que la salida del franquismo tuvo sus puntos de ejemplaridad. Ahora hay una generación completa que se pregunta: ¿pero aquello fue realmente tan importante, había que hacerlo así? Y ahí es donde en efecto hay que decirles que sí, que fue importante que se hiciera así, que todos los procesos importantes tienen fallos pero que aquel fue bastante bueno cómo se condujo, y que por suerte contamos con personas que lo supieron hacer bastante bien. Yo creo que nuestra sociedad no está tan polarizada ahora. Creo que tenemos un grave problema juvenil, y lo tenemos porque tenemos nada menos que el 50% de paro juvenil y eso para una sociedad es un motivo constante de incomodidad, que incomoda por supuesto a los que están en paro, pero a sus padres y familiares también, porque no le ven salida. Hay una causa social que está operativa y que produce incomodidad, muy fuerte, pero eso es lo que hay. Me parece que precisar el síntoma es importante.

Se habla de sociedad líquida, de posmodernidad, ¿ha fracasado ese proceso de fundamentar la convivencia en ciertos valores universales que todo el mundo podría reconocer fuera cual fuera su fundamento, ha fracasado el proyecto ilustrado?

El juicio sobre la Ilustración es un juicio que se hace en los años 80 del siglo pasado, que tiene filósofos de cabecera que lo llevan a término y que es un juicio feroz y dice: el proyecto ilustrado ha fracasado, entramos en un mundo nuevo, las tablas de valores universales no existen, solo el relativismo puede y de hecho impera, y aquí quien va a vencer es el criterio de performatividad, que es lo que dice Liotta, por ejemplo, en su panfleto, que es el que le da nombre a esto, la postmodernity. La performatividad es esta capacidad de que se hagan cosas, el que se dé más prisa. En realidad, a eso le solemos llamar ahora el acelerado proceso de globalización del planeta. Ciertamente, ¿comparten el resto de todos los valores y procedimientos de Occidente? No. ¿Van a llegar a compartirlo? No lo sabemos. Huntington dice que no está claro que vayan a llegar a compartirlo. Estamos en un momento de la globalización sensible. Por seguir citando a filósofos, que hace falta, sobre todo porque algunos han tenido un talento extraordinario, Toynbee decía, antes todavía que Huntington, porque al fin y al cabo Huntington en él se basa, que estamos iniciando nuestro proceso, solo vamos a asistir algunas generaciones al inicio, tenemos que confiar en que el proceso acabará bien, pero va a ser complejo. Yo creo que es importante –pero esto ya es una sensación mía– que a través de la educación la gente quede informada de que nuestros valores son los que son por buenas razones, no solo argumentativas sino también históricas. Las personas que habitamos las democracias no somos demócratas de serie, según nacemos no nos dan un bautismo en democracia, hay que aprenderlo, hay que aprender de dónde viene todo. Es muy importante poder transmitir un cierto orgullo propio, y Occidente no lo está transmitiendo.

Parece que la socialdemocracia está perpleja, parece haberse quedado sin agenda. Entre la presión liberal y la nueva izquierda populista, ¿cuál es el hueco para la socialdemocracia en este momento?

La socialdemocracia tiene que estar convencida de que ha hecho bien lo que hizo en el pasado. Muchas de las consecuciones sociales que permiten que la gente tenga seguridades mínimas cuando se pone enferma, cuando es mayor, cuando tiene que educarse, etc, que estén sufragadas por el Estado ha sido por la gestión de la socialdemocracia. Entonces tiene que estar contenga por eso. Sin embargo, en un tiempo muy turbulento la socialdemocracia puede tener un momento de retracción como el que creo que está teniendo, pero yo seguiré confiando en la socialdemocracia sobre todo porque veo que incluso los partidos conservadores se están haciendo socialdemócratas en cierta manera. Nadie piensa en desmontar el Estado de bienestar, ni se les ocurre. Y los verdaderos partidos liberales pretenden creer que están en el centro.

Esta entrevista fue emitida en el programa La Mañana Fin de Semana de Cope

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No decir nunca nada que, en cierto modo, no esté ocurriendo

Fernando de Haro

Tiempos interesantes. El desarrollo de la inteligencia artificial más allá de lo que podríamos haber imaginado hace unos años y la crisis de cierta forma de pensamiento moderno plantean retos apasionantes. Quizás sean una invitación a recuperar una forma de pensar y de hablar diferente, más humana.

La inteligencia artificial (IA) parece estar llevando a cabo el viejo sueño de crear sistemas perfectos que, al menos en ciertos aspectos de la vida, resuelvan la fatiga de tener que ejercer la libertad. Las “máquinas pensantes” vienen en auxilio del ser humano en ámbitos decisivos. La policía de Nueva York utiliza desde años la IA para seguir o dejar de seguir a un sospechoso. Cada vez es más frecuente que los operadores del mercado utilicen el high frequency trading, un sistema que toma decisiones de compra y venta de títulos en fracciones de segundo. Protagoniza ya casi la mitad de las operaciones en las bolsas europeas y ha dejado obsoletos los modelos de análisis de comportamiento basados en el modo de invertir de los “sapiens de carne y hueso”. En todos estos casos se procesan datos y se toman decisiones gracias a algoritmos. El algoritmo, por definición, es un conjunto de reglas que permite obtener un resultado previsible.

Hace unos días, Ramón López de Mantaras, premio Walker de la Conferencia Internacional de Inteligencia Artificial, advertía de los riesgos de dejar a los algoritmos tomar decisiones por sí solos. Primero, porque en la selección de datos siempre se producen sesgos que es necesario corregir. Y segundo -señalaba López de Mantaras en una entrevista de La Vanguardia- porque una cosa es el conocimiento y otra son los datos.

Todos las posibilidades que ofrece el Big Data -los resultados en el campo de la intervención humanitaria y social son ya muy llamativos- replantean la distinción entre información y saber. “El conocimiento implica -señalaba Mantaras- que se comprende cómo se toma una decisión. Con los datos, el algoritmo llega a una decisión, pero no tenemos acceso al razonamiento que hay detrás. Es una caja negra. Si dejamos que un algoritmo tome decisiones que nos afectan deberíamos poder exigir que rinda cuentas”. Las máquinas pensantes pueden tomar decisiones, de hecho ya hemos dejado que las tomen. Pero según Mantaras no pueden conocer en sentido literal, porque no conocen que conocen, y por eso es absurdo exigirles responsabilidad. Sin saber que se está conociendo no hay conocimiento y no hay libertad. Batty, el replicante de Blade Runner que está a punto de morir, al lamentarse porque todo lo que ha visto vaya a perderse como “lágrimas en la lluvia”, ha dejado de ser IA para convertirse en una inteligencia humana que desea lo eterno.

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Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro

Las conclusiones de la cumbre del G20 celebrada en Hamburgo han incorporado una aportación española para que sean reconocidas y apoyadas las víctimas del terrorismo. España, después de haber sufrido durante años el terrorismo de ETA, se ha convertido en una experta en víctimas. Tiene mucho que decir en este campo ahora que la lacra del asesinato político e ideológico se extiende por todo el mundo.

La aportación llega cuando se cumplen 20 años del asesinato de ETA que cambió radicalmente las cosas: el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Hasta bien entrada la década de los 90 había todavía una ambigüedad sobre la banda terrorista. Se condenaban los atentados. Pero perduraba la duda sobre la posible legitimidad no de los medios, pero sí de alguno de sus fines. Contribuía a ello que hubiera empezado a utilizar la violencia bajo la dictadura de Franco y la cantinela de que en el País Vasco había un conflicto político. El asesinato de Blanco en el 97 abrió los ojos, proporcionó una dolorosa claridad moral y permitió deshacerse de ciertos complejos propios de una democracia demasiado joven. A partir de ese momento fue evidente que los asesinos no podían seguir haciendo política.

Las víctimas, que durante muchos años habían sufrido no solo la violencia sino una perversa transferencia de culpa de los victimarios, empezaron a ser reconocidas política y socialmente. Se acuñó entonces el lema “memoria, dignidad y justicia”. Una fórmula que quería escribir en mármol el agradecimiento de la sociedad española a los más débiles, a los que más han sufrido y a los que han sido siempre leales al Estado de Derecho. Ahora que la violencia va quedando atrás y que es necesario construir el relato de lo ocurrido, el recuerdo de los asesinados, torturados, humillados, secuestrados, mutilados es esencial. Lo han puesto de manifiesto dos recientes novelas: Patria y Ojos que no ven.

Hasta el momento, la obstinación de una banda terrorista que se resiste a disolverse y la pretensión de sus sucesores políticos de imponer la mentira sobre lo sucedido han hecho difícil abrir una posibilidad que en casos similares ha servido para reparar muchas vidas y reconciliar algunas sociedades. Estamos hablando de la posibilidad de que las víctimas que lo deseen den un paso más allá de su gran sufrimiento. Gestos como el que ha hecho el alcalde de Rentería, de Bildu (partido sucesor de ETA), pidiendo perdón a dos víctimas facilitan las cosas.

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Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  57 votos

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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  948 votos

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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