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23 OCTUBRE 2018
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El plebiscito, el 5 de julio y Leopoldo López

Aliosha Miranda | 0 comentarios valoración: 3  263 votos
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El pasado 3 de julio la oposición convocó una consulta popular en todo el país. Según el diputado opositor Freddy Guevara dicha consulta pretende ser “el acto de desobediencia civil más grande que haya visto la humanidad”, es decir, ante la convocatoria ilegal a una Asamblea Nacional Constituyente del presidente Nicolás Maduro, la oposición se ha planteado la realización de un plebiscito a nivel nacional para que la gente exprese su rechazo hacia la iniciativa del presidente, esto como una prueba cuantitativa de que el presidente está actuando de una manera totalmente despótica y en contra de la voluntad del pueblo. Se llevará a cabo el próximo domingo 16 de julio.

Esta propuesta opositora está fundamentada en los artículos 333 y 350 de la Constitución de Venezuela. ¿Qué dicen ambos artículos?

Artículo 333. Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella. En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia.

Artículo 350. El pueblo de Venezuela, fiel a su tradición republicana, a su lucha por la independencia, la paz y la libertad, desconocerá cualquier régimen, legislación o autoridad que contraríe los valores, principios y garantías democráticos o menoscabe los derechos humanos.

Es decir, partiendo del hecho de que el gobierno de Venezuela ha roto el hilo constitucional y ha evidenciado su propósito de instaurarse como una dictadura a través de un proceso constituyente, la oposición ha convocado un plebiscito en el cual la gente pueda expresarse. Esto implica que dicha consulta no contará con el apoyo técnico del poder electoral y tampoco con el apoyo de las fuerzas de seguridad del estado. En el país todos los poderes, salvo la asamblea nacional, son apéndices del ejecutivo, por lo que la oposición deberá realizar una labor titánica e histórica para, con sus medios, hacer que en todo el país al menos 15 millones de venezolanos puedan expresar su rechazo a las acciones de la dictadura.

¿Tiene la oposición la capacidad para llevar a cabo esta titánica tarea? Esto está en tela de juicio, y más cuando, faltando seis días para la consulta, la oposición convoca a manifestaciones de más de diez horas en lugar de usar ese tiempo para organizarse y trabajar en el plebiscito. Lo cierto es que el gobierno no da señales de querer negociar.

El pasado 5 de julio se celebró el día de la independencia en Venezuela. Todos los 5 de julio se celebra el día de la independencia en Venezuela, se celebra la libertad y la soberanía. Se supone que debe ser un día en el cual se conmemoran con alegría hechos fundamentales en nuestra historia. Al igual que en todos los países, el día de la independencia es un día para celebrar. Pero el 5 de julio de 2017 no hubo razones para celebrar, no hubo razones para la alegría, sólo hubo razones para el lamento y la tristeza.

El pasado 5 de julio el parlamento de mi país, que representa el gran bastión de la oposición en la lucha política contra la dictadura, fue atacado por bandas del régimen. Mientras se realizaba un acto conmemorando el día de la independencia comenzó un asedio que duró cerca de 12 horas; cinco diputados opositores terminaron en el hospital, se grabaron videos dolorosos que muestran cómo antisociales golpeaban a parlamentarios legítimamente elegidos, las paredes del palacio legislativo quedaron manchadas de sangre, cientos de personas que se reunieron para celebrar la libertad pasaron todo el día secuestradas en el hemiciclo. Y todo esto ante la mirada pasiva de la Guardia Nacional, todo esto mientras Maduro estaba rodeado de seguridad en un desfile militar.

Se reunieron para celebrar la libertad. Pasaron todo el día secuestrados.

En este punto, no podemos olvidar que el 23 de octubre de 2016 también hubo otro asalto al parlamento de nuestro país. Y antes de éste, ¿cuál fue el último ataque que hubo a la Asamblea Nacional de Venezuela? El del 24 de enero de 1848. Es decir, pasamos 168 años en los cuales tuvimos guerras, dictaduras y un sinfín de golpes de estado, pero jamás hubo nunca un ataque al parlamento; un ataque así es algo demasiado bajo. Sin embargo, en los últimos nueve meses ya ha habido dos ataques al parlamento, y uno de ellos, un 5 de julio. Por eso, no hubo razones para celebrar durante ese día.

En 168 años nunca hubo ataques al parlamento. En nueve meses ha habido dos.

Pero esto es simplemente otra atrocidad más cometida por el gobierno, sí, por el gobierno; porque si bien muchos analistas concuerdan en que los ataques al parlamento de los últimos 9 meses no fueron orquestado por Nicolás Maduro, sino por el sector más radical del chavismo, lo que encarna este gobierno es una ideología totalitaria que no ve en el otro más que un adversario, una ideología que cree tener en su poder la fórmula para salvar el mundo. Lo que pasó el 5 de julio evidenció que el gobierno está dispuesto a destruir a los que pensamos distinto con tal de perpetuarse en el poder.

El 8 de julio el líder opositor Leopoldo López fue llevado a su hogar luego de estar tres años y medio en la cárcel. Luego de estar tres años y medio preso por el simple hecho de ser opositor, el gobierno le concedió a Leopoldo López casa por cárcel, ahora está bajo arresto domiciliario; si bien López sigue privado de su libertad, por fin sus hijos pueden verlo, por fin se ve una pequeña posibilidad de diálogo y negociación entre el gobierno y la oposición, un día después de que Leopoldo llegara a su casa su esposa dijo públicamente que estaría dispuesta a trabajar conjuntamente con el gobierno para buscar una solución a lo que se está viviendo en el país.

Luego de 100 días de protestas por fin parece haber una posibilidad de un diálogo serio y fructífero, sólo hace falta saber si esta medida es un acto de buena voluntad de parte de un gobierno desesperado que busca negociar su salida con el menos costo posible. Es difícil hablar de diálogo y negociación después de tantas atrocidades, pero es necesario, porque la alternativa al diálogo es que se siga derramando sangre. Venezuela necesita una negociación seria, que haga caso a lo que dice Luis Ugalde: «cuando se pide que el torturador y el torturado se reconcilien no es para que, “reconciliados”, aquel continúe torturando. La reconciliación es fin de la tortura, reencuentro y abrazo de ambos en su renovada condición humana».

Así han transcurrido estos últimos días en Venezuela, ha habido hecho históricos muy difíciles de analizar y de comprender, en menos de una semana tuvimos el plebiscito, el 5 de julio y la noticia de Leopoldo López, no tenemos descanso, es como si la realidad no nos diera un momento para hacer silencio y reflexionar sobre todo lo que está ocurriendo, pensar en cuál puede ser el trasfondo de todas las decisiones y acontecimientos que vemos diariamente, la realidad no da tregua y cada vez es más difícil entender y explicar lo que aquí ocurre; un día el gobierno no da muestras de querer negociar y pocas horas después le otorgan arresto domiciliario a uno de los más grandes líderes de la oposición, ¿qué quiere decir esto? Sin duda alguna, una situación como la de Venezuela, especialmente la de las últimas dos semanas, puede generar desesperación en cualquiera.

Esta realidad negativa ¿puede encerrar algún estímulo positivo para nosotros, los venezolanos? En este punto, Don Giussani viene en nuestro auxilio: «Un acontecimiento doloroso, la muerte de una persona, la enfermedad de un familiar, un despido, requieren de nosotros, de cada uno de nosotros, que recupere lo que es verdadero. Es una provocación que nos llama a recuperar lo que es definitivamente verdadero para nuestro corazón» y que, por tanto, permanece aun dentro de la adversidad y de la violencia del momento. Lo que ocurrió el 5 de julio en la asamblea nacional puede generar en nosotros rabia, ira e indignación. Lo que ha venido ocurriendo en Venezuela en los últimos años puede generar en nosotros rabia, ira e indignación. Es legítimo. Pero también nos puede ayudar a preguntarnos qué es lo verdadero para nuestro corazón, si existe algo en nuestra vida que nos permita estar ante todo el dolor que sentimos frente a la injusticia, si tenemos la posibilidad de relacionarnos con algo que pueda detener el absurdo en Venezuela. En definitiva, si hay algo que vence al mal y sobre lo que podamos volver a construir sin desfallecer.

Se vienen días muy movidos para el país y es muy difícil analizar la realidad y decir qué pasará, hay muchas cosas dentro de la política que las personas de a pie no conocemos, no sabemos qué pasara el 16 de julio con el plebiscito convocado por la oposición, no sabemos qué pasara con la convocatoria a la asamblea nacional constituyente convocada por el gobierno para el 30 de julio, no sabemos qué consecuencias tendrá el arresto domiciliario de López en el accionar de la oposición. Pasan los días y vemos que efectivos policiales aparentemente se rebelan contra el gobierno, vemos pronunciamientos internacionales, vemos que la fiscal general de la república, tradicional aliada del régimen, es ahora una de sus más grandes opositoras. Pero poco sabemos sobre el fondo de la cuestión. ¿Qué hacer ante esto? ¿Cómo no desesperar al ver que las cosas solo empeoran? Aquí Albert Camus nos brinda su ayuda: «La verdadera desesperación no nace ante una adversidad encarnizada, ni ante el agotamiento de una lucha desigual. Nace de que ya no se conocen siquiera las razones que se tienen para luchar y si, precisamente, se necesita luchar». Pues bien, si reconocemos en nosotros esta “verdadera desesperación”, preguntémonos por qué luchamos y si las razones que tenemos para ello son adecuadas.

Los días siguen pasando, ya son más de 100 y el gobierno no deja de recrudecer su violencia. Ya son casi 100 las víctimas mortales en estos 100 días y la cosa no parece mejorar en el corto plazo. Aumentan la desesperanza y las razones para la tristeza. La situación es terrible, inhumana. Muchos huyen del país, las familias están separándose, hay gente que fallece porque no hay medicinas, los niños mueren porque no hay comida, la gente busca comida en la basura. Pero esta situación paradójica, contradictoria y extrema no puede sofocar la libertad personal, impedir que nos interroguemos sobre qué es lo que puede salvarnos, si hay algo que puede dar un sentido incluso a este triste sinsentido. No dejemos que la tristeza del 5 de julio sea lo que prevalezca en nosotros. No dejemos que la tristeza de estos años sea lo que prevalezca en nosotros. Seamos audaces como la esposa de López y estemos dispuestos a trabajar juntos para tener un mejor país.

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