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16 AGOSTO 2017
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¿Qué será de Charlie?

Ilaria Bertini | 0 comentarios valoración: 2  56 votos
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Desde hace días, la historia de Charlie Gard está ante los ojos de todos y ha desatado las reacciones más diversas, sobre todo de consternación, rabia y angustia. Reacciones sin duda más que naturales porque no parece otra cosa que un homicidio a manos del Estado donde los padres han quedado relegados en un rincón sin poder tomar decisión alguna respecto a la salud (o mejor dicho, salvación) de su propio hijo. ¿Pero cuántos de nosotros nos hemos preguntado si las informaciones que nos bombardean desde la prensa, los blogs, las redes sociales, etc, están describiendo de verdad la realidad de los hechos?

Ni siquiera ha bastado el testimonio de una enfermera que trabaja en ese hospital para interpelarnos, rápidamente se la ha etiquetado de visionaria. ¿Cuántos de nosotros, aparentemente tan interesados en “entender”, han encontrado tiempo y ganas de abordar las sentencias inglesas, las del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (donde además se incluyen todas las evidencias médicas recogidas durante meses) o los comunicados oficiales del hospital donde Charlie está ingresado para conocer mejor su historia, qué le ha llevado hasta allí y por qué su caso ha terminado ante los tribunales? Este es el único material del que disponemos. No hay que ser expertos en el oficio para poder hacerlo porque no se trata ante todo de un problema de vericuetos legales sino de verificar si lo que nos ofrecen como verdad realmente lo es. Entonces podremos dar la batalla para defenderla. Pero no antes.

Charlie Gard es un niño inglés nacido el 4 de agosto de 2016 al que a las pocas semanas de vida le diagnosticaron una enfermedad genética muy rara y degenerativa, el síndrome de agotamiento del ADN mitocondrial en su forma más aguda para las mutaciones en un gen llamado RRM2B. A causa de estas mutaciones el organismo de Charlie no alcanza a producir energía suficiente, y va agotándose progresivamente. Esta es la razón por la que no puede respirar de manera autónoma, no puede mover ninguna parte de su cuerpo y, sobre todo, padece una encefalopatía, es decir, no tiene una actividad cerebral normal. Para este síndrome no existe cura, solo tratamientos. Uno de ellos es el propuesto por los padres. Se trata de un tratamiento pionero disponible en EE.UU que nunca se ha experimentado, ni siquiera en animales afectados por esta mutación genética, solo con pacientes afectados por un síndrome mitocondrial menos grave. Es por esta razón que a primeros de enero de este año los médicos del hospital de Charlie (GOSH) se dispusieron a pedir autorización a la Comisión Ética (por tratarse de un tratamiento experimental) para trasladar al niño al otro lado del océano. Sin embargo, antes de que la comisión se pronunciara, Charlie empezó a sufrir una grave forma de encefalopatía epiléptica (High Court, §58; “El Dr. B confirmó que, aunque Charlie no está en muerte cerebral, sí tiene una enfalopatía persistente. En otras palabras, no presenta los signos habituales de actividades cerebrales normales como reacciones, interacción o llanto”). Sus padres afirmaron que “no pelearíamos por la calidad de vida que tiene ahora” (§48, High Court) y que su única esperanza de salvación la ponían en el tratamiento estadounidense. Pero a la luz del grave empeoramiento del cuadro clínico, los médicos del GOSH, en continuas conversaciones con la clínica americana, consideraron que el daño cerebral era tal que dicho tratamiento no serviría de nada. El propio doctor norteamericano tuvo que admitir que “comparto la opinión de que está tan gravemente afectado por la encefalopatía que cualquier intento de terapia sería inútil. Estoy de acuerdo en que es muy poco probable que mejore con la terapia. Es muy improbable” (§98, High Court). Otro doctor al que pidieron una segunda opinión confirmó que “en el rastreo de ondas cerebrales de Charlie puede verse actividad convulsiva, pero sus músculos están tan débiles que ya es solo una señal eléctrica presente” (§87, High Court).  

En el 99% de los casos similares a este (casos que por desgracia se verifican a diario) los médicos, en constante diálogo con los padres, establecen de común acuerdo los pasos a seguir en los tratamientos. Sin embargo, en este caso no se ha llegado a un acuerdo común porque, comprensiblemente, los padres no querían abandonar la última esperanza, según ellos de salvación, para su hijo: “Los padres de Charly creen, y así lo han dicho, que no merece la pena mantener la situación actual a no ser que haya un tratamiento disponible” (§61, High Court). Por eso ha habido que recurrir al procedimiento legal, sabiendo que eso podría comportar la suspensión de su patria potestad en favor de un juez.

El hospital ha apelado al Alto Tribunal de Justicia consultando si era lícito y adecuado al bien mayor para Charlie interrumpir la ventilación, pasar a los cuidados paliativos y no someterse al tratamiento experimental en EE.UU. Se han constituido como partes afectadas los padres del niño y el propio Charlie, representado por un “guardian”, de manera que también se pudiera “hacer oír” su voz. Todo ello porque los padres, sin la perspectiva del tratamiento pionero, no pensaban que fuese adecuado a los intereses de Charlie permanecer largo tiempo conectado a las máquinas, lo que sería encarnizamiento terapéutico (§126, High Court, “muy tristemente en el caso de Charlie hay consenso en todas las partes, incluidos sus padres, en que la calidad de vida actual de Charlie no debería prolongarse sin esperanzas de mejora”). Pero para los médicos, y también para el tribunal, las evidencias científicas (unánimes al respecto) y las condiciones médicas de Charlie han hecho pensar que esa esperanza de mejora a la que los padres se habían aferrado tanto también era demasiado para el pequeño. Demasiado no porque aún no se hubiera experimentado con ratones, demasiado porque no le supondría ningún beneficio, como el propio doctor norteamericano ha llegado a admitir. Por este motivo, el Alto Tribunal de Justicia ha establecido que no beneficiaba a los intereses de Charlie someterlo al tratamiento experimental, y que tal vez fuera necesario interrumpir la ventilación y pasar a los cuidados paliativos.

En ese punto los padres han recurrido al Tribunal de Apelaciones con la esperanza de que su hijo pudiera viajar a Estados Unidos. Pero el Tribunal ha reiterado las evidencias médicas arribas expuestas para afrontar el nuevo argumento legal avanzado por los padres. Según estos, los casos relativos a los tratamientos médicos con niños se distinguirían en dos categorías. La primera comprendería aquellos donde los padres, que se oponen a un tratamiento médico, no tienen otra alternativa que someter al tribunal, por tanto este tendría que verificar cuál es la opción que mejor tutela los intereses del niño. La segunda categoría, en cambio, prevé la presencia de tal alternativa. Aquí os médicos estarían llamados a privilegiar la opción sugerida por los padres a menos que suponga daños significativos para el menor (un parámetro que suscita no pocas perplejidades). En el caso en cuestión, los padres de Charlie han pedido al tribunal que su situación se sitúe en la segunda categoría. Pero las sentencias previas, a las que el tribunal se refiere, llevan al juez del Tribunal de Apelaciones a considerar que los casos de la categoría 2 no son análogos al presente (por una serie de razones que aquí no tenemos espacio para analizar) y sobre todo que la batalla de Charlie no puede reducirse a una batalla de derechos. De modo que el Tribunal de Apelaciones hace suya una consideración ocurrida hace diez años en un caso parecido al de Charlie: “¿Qué debe hacer el tribunal en tal situación? No es una ocasión –incluso en una época tan pre-ocupada por los ‘derechos’– para hablar de los derechos del niño o de los padres ni de los derechos del tribunal (…) el único criterio debe ser la necesidad de dar efecto a las demandas de prevalencia del bienestar del niño” (§81, Court of Appeal). En este sentido, “los intereses del niño son el criterio establecido para aplicar en todos los casos y no hay justificación para que este tribunal ahora apruebe la creación de un subconjunto de casos basado sobre la base de posibles daños significativos” (§74, Court of Appeal).

Aunque el menor no sintiera ningún dolor (cosa que en el caso de Charlie no está científicamente probada), hay que preguntarse si vale la pena aferrarse a la vana esperanza de prolongar su vida yendo a América (vana porque así lo sugieren todas las evidencias médicas) sin que eso aporte beneficio alguno al niño. Dicho en otros términos, ¿no sería esto encarnizamiento terapéutico? A la luz de todo esto, el Tribunal de Apelaciones llega a concluir que –teniendo en cuenta que todas las evidencias médicas llevan a la conclusión de que no hay alternativa viable para curar a Charlie– la cuestión de si, desde el punto de vista legal, existe o no esta categoría 2 y si se puede aplicar el parámetro del daño significativo no es el objeto de este caso (cfr. §113, Court of Appeal). Por lo que se puede confirmar, en línea con la decisión del primer tribunal, que el tratamiento americano no es de adecuado interés para Charlie.

El Tribunal Supremo, último grado de apelación a nivel nacional, ha confirmado los dos juicios anteriores, dando así la posibilidad a los padres de acudir al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo, lamentando la violación de los artículos 2 (derecho a la vida), 5 (derecho a la libertad), 6 (derecho a un proceso equitativo) y 8 (derecho al respeto de la vida privada y familiar).

Por lo que respecta a la prohibición de someter al niño a tratamientos experimentales en EE.UU, el Tribunal de Estrasburgo no halla violación alguno del artículo 2 porque la convención no establece la necesidad absoluta de recurrir a tratamientos no autorizados y cada estado puede seguir su propio “regulatory framework” (en este caso el permiso debía darlo una Comisión Ética) para acceder a ellos. A pesar de que los padres no plantearon el tema de la suspensión de la ventilación y el paso a paliativos, dadas las circunstancias los jueces han querido dedicar algunas palabras al respecto. Sin haber una postura unánime entre los estados miembros del Consejo de Europa, cada estado tiene garantizado un margen de discrecionalidad, no solo por lo que se refiere a la suspensión de los tratamientos para mantener la vida sino también por lo que respecta a la tutela de la libertad de elección y la protección de la vida privada y familiar. Eso no significa que el estado esté en posesión de una autonomía absoluta al respecto, pero en el caso de Charlie, a la luz de las evidencias presentadas por las partes, no muestra ninguna violación de su derecho a la vida. La falta de claridad por parte de los demandantes sobre la presunta violación del artículo 5 ha llevado al Tribunal a no tomar en consideración tal cuestión.

Por último, por lo que se refiere a la violación de los artículos 6 y 8, el Tribunal no puede más que evidencial que ha habido una limitación de tales derechos por parte de los padres, y habrá que ver si es legítima o no. Teniendo en cuenta que, también en este caso, el estado tiene una cierta discrecionalidad en la materia, el Tribunal establece que el hospital ha llevado legítimamente el caso ante un tribunal y confirma que en todas las decisiones referidas a niños “sus intereses deben prevalecer” (§118, Corte Edu). Subraya además que la decisión de no someter a Charlie al tratamiento americano no podía prescindir del hecho de que había un riesgo elevado de daños significativos (§119, Corte Edu), además de no suponer ningún beneficio para su cuadro clínico. Dicho esto, el Tribunal no considera que haya habido una limitación desproporcionada del derecho de los padres a la libertad y a la tutela de la vida privada y familiar. La pregunta ahora es: ¿qué será de Charlie? El hospital asegura que “no tendremos prisa (...) en cambiar la atención a Charlie y todos los planes de futuros tratamientos implicarán una cuidadosa planificación y discusión” (www.gosh.nhs.uk/news/latest-press-releases/gosh-response-european-court-human-rights-ruling).

Hasta aquí los acontecimientos y decisiones más relevantes que han marcado la vida de Charlie y sus padres en los últimos meses. Decisiones en las que podemos no estar de acuerdo, y hechos que pueden dejarnos consternados. Ahora la alternativa es continuar dando la batalla de nuestras ideas (por buenas y justas que sean) o dejanos interrogar por este caso tal como es. Termino con las palabras de Alexis Carrel, premio Nobel de medicina, para quien “poca observación y mucho razonamiento conducen al error; mucha observación y poco razonamiento conducen a la verdad”.

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El loco, las pastillas y la geoestrategia

Fernando de Haro

La época de la Guerra Fría desarrolló fórmulas diplomáticas mucho más complejas de las que se usan en estos tiempos. En plena tensión con el bloque comunista, la administración estadounidense creó la llamada “teoría del loco” como instrumento disuasivo. La utilizó el equipo de Nixon para intentar forzar a los vietnamitas a negociar. Kissinger tuvo mucho que ver en el desarrollo de un recurso que consistía en hacer creer a los soviéticos, o a cualquier potencial adversario, que en el Despacho Oval había sentado un presidente al que no se podía controlar, dispuesto a cualquier cosa.

Quizás la “teoría del loco” se haya sofisticado. Quizás las amenazas volcadas durante los últimos días por Trump contra Corea del Norte (también contra Venezuela) sean parte de una complicada operación de disuasión. Aunque es difícil creer que todo esté planificado. El presidente de Estados Unidos ha hablado de responder con “furia y fuego”, ha asegurado que está dispuesto a disparar y a provocar algo “que no se ha visto nunca”. El Secretario de Estado, Rex Tillerson, se ha ocupado, como en otras ocasiones, de hacer de “policía bueno” y de rebajar las amenazas. Ya ha sucedido en otros incendios de los muchos que ha provocado Trump.

Más que una sofisticada operación de simulación parece que estamos ante un nuevo error, consecuencia del gusto o de la necesidad de alimentar la imagen de la “fortaleza asediada”. A Trump no le importa tener unos índices de popularidad muy bajos, pero necesita que su suelo no descienda del 36 por ciento de aprobación. Y para ese fin es necesario mantener la imagen de un gran peligro del que hay que defenderse con firmeza y de forma elemental, algo más urgente para Trump que las victorias en política internacional.

El presidente, de hecho, al enzarzarse en una polémica con Kim Jong-un ha perdido buena parte de la ventaja que consiguió hace unos días su embajadora en Naciones Unidas. Nikki Haley arrancó una interesante resolución del Consejo de Seguridad para aumentar las sanciones. El veto a las exportaciones de carbón, hierro, plomo y marisco, al que no se opuso China, supuso una gran conquista. En lugar de quedarse callado, después de semejante avance, Trump ha incumplido una de las reglas fundamentales en cualquier conflicto: no polemices, no discutas con quien está en una posición inferior. Es el mismo error que ha cometido con Venezuela. Nada le puede venir mejor a Maduro que un presidente de los Estados Unidos amenazándole con una intervención armada.

La primera advertencia de “furia y fuego” se producía curiosamente después de que Trump participara en una reunión para afrontar la grave epidemia por el consumo de opiáceos que afecta al país. La cuestión es seria y refleja el profundo “estado de infelicidad” de un importante segmento de la población estadounidense. Por mucho que algunos pretendan restarle relevancia, recordando que ya hubo unas epidemias similares por el consumo de los derivados del opio en el siglo XIX, los datos son contundentes.

El loco, las pastillas y la geoestrategia

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  16 votos
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Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro

La palabra dictadura ha dejado de ser una metáfora para describir lo que sucede en Venezuela. El inicio de los trabajos de la falsa Constituyente, la destitución de la fiscal general Luisa Ortega -una de las pocas voces libres del chavismo que se alzaba todavía contra Maduro-, el modo en el que los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma han ido y vuelto desde sus casas a la prisión de Ramo Verde son todos ellos indicios más que suficientes. La decisión del Vaticano de reclamar la suspensión de la Asamblea, elegida de forma fraudulenta para redactar una nueva Constitución, supone la constatación de que el presidente venezolano ha volado todos los puentes.

La Secretaría de Estado está convencida de que en este momento no hay diálogo posible. Roma apuró hasta el final las posibilidades de un entendimiento, apuesta que muchos no entendieron. Es lógico que la Iglesia hablara con una voz a través de los obispos locales y con otra desde el Vaticano. Es una fórmula tradicional. Las críticas que ahora se formulan desde la Sede de Pedro pueden ser un buen ejemplo para Zapatero. El expresidente español intentó también una negociación que se ha visto frustrada por un régimen que no tiene ninguna voluntad de encontrar una salida a la situación. Ahora convendría que hablara.

Algunos exiliados cubanos encuentran muchas similitudes entre lo que está sucediendo este verano en Venezuela y lo que ocurrió en Cuba en enero de 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder. No hay que exagerar los parecidos. No estamos ante un golpe sino ante un autogolpe de Estado. A diferencia de lo que ocurrió hace casi 60 años, en este caso hay un sólido bloque opositor que está resistiendo heroicamente al tirano, ahora no hay una Comunidad Internacional confundida (Estados Unidos reconoció el primer Gobierno de Fidel). Pero sí existe una alta posibilidad de que fragüe una dictadura sostenida por el ejército y por el negocio del narcotráfico de algunos de sus líderes. Una dictadura que, paradójicamente, no puede presentarse como la solución a la miseria del pueblo, al clima de terror y de violencia sino como una prolongación de una postración que dura ya demasiado tiempo.

Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  61 votos
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Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro

Las conclusiones de la cumbre del G20 celebrada en Hamburgo han incorporado una aportación española para que sean reconocidas y apoyadas las víctimas del terrorismo. España, después de haber sufrido durante años el terrorismo de ETA, se ha convertido en una experta en víctimas. Tiene mucho que decir en este campo ahora que la lacra del asesinato político e ideológico se extiende por todo el mundo.

La aportación llega cuando se cumplen 20 años del asesinato de ETA que cambió radicalmente las cosas: el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Hasta bien entrada la década de los 90 había todavía una ambigüedad sobre la banda terrorista. Se condenaban los atentados. Pero perduraba la duda sobre la posible legitimidad no de los medios, pero sí de alguno de sus fines. Contribuía a ello que hubiera empezado a utilizar la violencia bajo la dictadura de Franco y la cantinela de que en el País Vasco había un conflicto político. El asesinato de Blanco en el 97 abrió los ojos, proporcionó una dolorosa claridad moral y permitió deshacerse de ciertos complejos propios de una democracia demasiado joven. A partir de ese momento fue evidente que los asesinos no podían seguir haciendo política.

Las víctimas, que durante muchos años habían sufrido no solo la violencia sino una perversa transferencia de culpa de los victimarios, empezaron a ser reconocidas política y socialmente. Se acuñó entonces el lema “memoria, dignidad y justicia”. Una fórmula que quería escribir en mármol el agradecimiento de la sociedad española a los más débiles, a los que más han sufrido y a los que han sido siempre leales al Estado de Derecho. Ahora que la violencia va quedando atrás y que es necesario construir el relato de lo ocurrido, el recuerdo de los asesinados, torturados, humillados, secuestrados, mutilados es esencial. Lo han puesto de manifiesto dos recientes novelas: Patria y Ojos que no ven.

Hasta el momento, la obstinación de una banda terrorista que se resiste a disolverse y la pretensión de sus sucesores políticos de imponer la mentira sobre lo sucedido han hecho difícil abrir una posibilidad que en casos similares ha servido para reparar muchas vidas y reconciliar algunas sociedades. Estamos hablando de la posibilidad de que las víctimas que lo deseen den un paso más allá de su gran sufrimiento. Gestos como el que ha hecho el alcalde de Rentería, de Bildu (partido sucesor de ETA), pidiendo perdón a dos víctimas facilitan las cosas.

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Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  116 votos

>CINE

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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  1272 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2368 votos

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