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16 AGOSTO 2017
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Cataluña y sus circunstancias

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  65 votos
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Cataluña es una región gobernada por una élite política que persigue su propio ideal de felicidad. No es la excepción en la España de las Autonomías, de sus nacionalidades y regiones. Esta élite ya está separada de facto de los agobios cotidianos de sus vecinos, y de la sociedad global en la que vivimos. En Cataluña y en Lugo.

Me pregunto si los gobernantes nacionalistas conservadores –todo conservador, incluso del PP, tiende en el estado autonómico al nacionalismo- situados del lado del dinero, en unión a los anti institucionalistas, populistas e izquierdistas, del lado de las ganas, en el caso de que alcancen su arcadia feliz de la secesión de España, serán capaces de construir un país, en vez de destruir sus ricas tradiciones seculares y, con ellas, la convivencia entre vecinos y hermanos (capital social acumulado), por efecto del odio, el rencor, la discriminación y la discordia, porque de eso habrá y mucho.

Me pregunto si Cataluña por libre (que no es una Cataluña libre) habrá vivido más (en España) de lo que le pueda quedar que vivir (por su cuenta). Me pregunto si habrá versiones cartageneras, jienenses, alicantinas o salmantinas, de lo que acontece en País Vasco y Cataluña.

Opino que es muy dudoso que los políticos separatistas puedan liderar una convivencia en paz y justa en forma de estado, ni que Cataluña perviva en forma de pueblo. De hecho, ninguna región puede hacerlo cuando todo lo juega a la carta de la ideología de la separación sin causa justa. Realmente, ninguna ideología va a traer la unidad, pues sólo cuando se produzca el reconocimiento hacia el otro, vecino, como de gran valor para mí y la comunidad, cabe pensar en el milagro de la unidad armoniosa de un pueblo, y la existencia de un estado justo.

Al igual que en el futuro España pervivirá en la Unión Europea como un estado de una unión federal o confederal, pues la unidad es un bien absolutamente mayor, y por existir un poso común europeo a todas sus naciones (Ortega), las regiones españolas perviven con sus tradiciones, lenguas, cultura e idiosincrasia en la unidad de España, pues España es precisamente la amalgama de todo eso, puesta a andar en el tiempo. Siendo como dice Ortega el estado un movimiento, un puro dinamismo, el estado español, capaz de haber hecho convivir durante 40 años a 47 millones de españoles en paz y libertad, su impulso lo dirige ahora hacia Europa, el futuro. Cataluña, cuyo poso común es español, como el de Galicia o Madrid, busca el vector contrario de la historia.

En el plano geopolítico, ni la OTAN ni la Unión Europea van a permitir un estado nuevo, que pueda ceder sus puertos a Rusia o China. África es el nuevo campo de batalla de los intereses mundiales. De hecho, la ONU ha establecido en Valencia su cuartel general para el seguimiento de sus misiones de paz en África, y EE.UU. ha desplegado a sus marines en Morón de la Frontera y en Rota. También es poco probable que el resto de España quedara impasible.

En el plano geoeconómico, Cataluña perdería autonomía, en vez de ganarla, al depender únicamente de Frankfurt y del euro (sería una economía “dolarizada” pero en euros). Con la seria competencia de Londres tras el Brexit como plaza financiera de referencia, es difícil que pudiera competir como paraíso fiscal. La quiebra de La Caixa, la no repatriación de capitales, los aranceles para exportar a la Unión Europea, la quiebra técnica de un estado sin crédito en los mercados internacionales –salvo que como alguna nación africana sucumba al poder los yuanes–... son otros ejemplos de lo que podría pasar.

En el plano social, a Cataluña la separación le va pillar en calzones. A la burguesía, dando paseos idílicos por Puigcerdá y esquiando en Baqueira en plan Sonrisas y Lágrimas, le expropiarían hasta esos calzones. A las “chonis poligoneras” de Pujol, les pillaría bailando y puestas hasta arriba de pastillas en sus Seats León, las reeducarían o expulsarían, lo que les vendría a dar lo mismo, tanto a unos como a otras.

España sabe mucho de Rizales, Bolívares, Sanmartines y Morelos. Está por ver que Cataluña tenga su héroe. Ya habría despuntado. Rufián (proyecto de estadista) no tiene mimbres. Para él ser diputado del Reino de España es como ser sexador de pollos o catador de melones en el Reino de Campanilla. O sea, que no ha encontrado su papel. Igual lo vemos liderando bandera en mano un abordaje a un crucero que fondee en la Barceloneta, que pidiendo un buen whiskey en la cantina del Congreso como si fuera un malo de Western. A saber.

Es sorprendente que la región que comenzó a ser española y europea por Ampurias y Rosas, gracias a los griegos, es la que quiera expulsar a Grecia y a Roma, y, vista la propuesta de cerrar la Catedral de Barcelona, también a Cristo, de su historia. Es una huida al no ser.

Piensan, como a lo Larra, que Cataluña no es España y que está unida a ella por las circunstancias, entre las que cabrá encontrar la geografía. Omiten que fueron los primeros “hispanii” para los monarcas carolingios. La Marca Hispánica. El sello de Europa. Son ellos y sus circunstancias, según ellos.

Pero lo que acontece en la sociedad catalana no es un proceso separatista al uso, sino que es un proceso psicológico con ensoñaciones políticas. Es el mundo de la Campanilla de Rufián. La unión de un inexplicable surrealismo fascista con el diván de Freud. Un proceso colectivo alucinógeno. Es el estado psicológico catalán, que es una realidad absoluta, para sus locos, que pierden su condición de ciudadanos por la de pacientes.

Encerrados en el idioma, pues la raza quedaba para el racista de Sabino Arana, y en una geografía, aspiran a su estado nacional. No saben que España es precisamente la superación de su propia geografía, idiomas y sangres originales. Como dijo Ortega, idioma y sangre son resultado de una previa unidad, su efecto, y no su causa, por paradójico que parezca. Que Castilla murió hacia el sur, mientras España nacía, cuando Aragón y los condados catalanes también fenecían. ¿Acaso no perdió España América cuando no supo darle un programa de futuro? ¿Es esto lo que piden? ¿Y se lo podrán dar ellos, caminando hacia el pasado?

Por las noches duermo entre una copia facsímil de dos libros medievales. Uno de la Virgen, otro del juramento de Alfonso V ante los Consellers de Barcelona, de los Usatges de Cataluña. Salvo esto y mi segundo apellido catalán de mi tatarabuelo, que era de Vic, nada me une a esta bella región bañada por el mediterráneo. Pero la reconozco como propia, más allá del sentimiento, hay un juicio de razonabilidad en esta pertenencia. La historia, la cultura, suman, pues sin ideas ni cultura no hay argamasa que una a los países (Luis Ventoso), pero hay algo más. La reverencia del rey aragonés a esas leyes viejas, libertades para los barceloneses, son parte de mi patrimonio. Del de España. El ejemplo de los catalanes amando sus antiguas tradiciones y fueros es un ejemplo, pues otras regiones las perdieron, pienso que para bien, pero también sé reconocer el valor del que ama lo suyo. Del que sabe amar. Pues si sabe amar, más podrá amar a una persona que, como él, desciende del mismo proceso histórico que es España.

Ese amor por su pasado idealizado de manera patológica les ha llevado recientemente a socavar el pilar de toda democracia, que es acaso el eslabón más débil. Citando a Ortega: “la salud de las democracias, cualesquiera que sea su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico”, que bien sabrán los seguidores de la serie norteamericana de política House of Cards o Scandal. “El procedimiento electoral”. Y otro de mi cosecha, propprio marte, la forma de hacer las leyes.

Cuando se ponen las instituciones al servicio de la ideología y no al servicio del hombre, como ha sucedido al modificar el parlamento autonómico la forma de aprobar las leyes, deviene el estado totalitario. Aletargados los catalanes por el consumo o el verano, se adentran en la pesadilla del conflicto civil.

Cuando mi padre, militar, se puso de parte del Rey y de la Constitución en el golpe de 1981 lo hizo pensando en mí y mi hermana, dejado de lado sus ideales joseantonianos. Pienso que gracias a ese gesto soy más libre. Creo que en Cataluña muchas personas normales tendrán que optar por la Constitución y la libertad, o la tiranía de la tradición anquilosada y estática. Al final, todo depende siempre de la decisión valiente o cobarde de las personas.

Desde 1978 todas las regiones españolas han podido trabajar por ser más ellas dentro de la unidad histórica de la nación española, y proyectarse al futuro confiadas como parte de ese estado descentralizado. Lo han hecho acentuando y poniendo en valor su historia. También acentuando su historia común con nuevos proyectos como las Olimpiadas, la Expo 92, la lucha contra la crisis o soportando con gallardía y coraje el terrorismo.

Creo que el relato separatista asentado en el amor a lo estático y muerto, manipulado el sentimiento, nublada la razón, ciego de todo proyecto con otros, esconde una intención oculta que no pretende la convivencia sino la confrontación a toda costa. La mentira, la insidia, la manipulación de las conciencias, empezando por la corrupción de los menores en las escuelas, son un alto precio a pagar por muchos ciudadanos normales, de los que han de decidir por su libertad o ser esclavos del mito platónico de la caverna y de sus sombras.

Llegado es el momento de que todos los españoles arrumbemos la construcción del estado de las Autonomías que nos ha llevado 40 años, y trabajemos por un nuevo estado de las Comunidades. Poner el acento en todo ese poso común español y europeo que nos hace avanzar hacia el futuro, tots junts, per els camins de la nostra història colectiva. Endavant cap al futur.

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El loco, las pastillas y la geoestrategia

Fernando de Haro

La época de la Guerra Fría desarrolló fórmulas diplomáticas mucho más complejas de las que se usan en estos tiempos. En plena tensión con el bloque comunista, la administración estadounidense creó la llamada “teoría del loco” como instrumento disuasivo. La utilizó el equipo de Nixon para intentar forzar a los vietnamitas a negociar. Kissinger tuvo mucho que ver en el desarrollo de un recurso que consistía en hacer creer a los soviéticos, o a cualquier potencial adversario, que en el Despacho Oval había sentado un presidente al que no se podía controlar, dispuesto a cualquier cosa.

Quizás la “teoría del loco” se haya sofisticado. Quizás las amenazas volcadas durante los últimos días por Trump contra Corea del Norte (también contra Venezuela) sean parte de una complicada operación de disuasión. Aunque es difícil creer que todo esté planificado. El presidente de Estados Unidos ha hablado de responder con “furia y fuego”, ha asegurado que está dispuesto a disparar y a provocar algo “que no se ha visto nunca”. El Secretario de Estado, Rex Tillerson, se ha ocupado, como en otras ocasiones, de hacer de “policía bueno” y de rebajar las amenazas. Ya ha sucedido en otros incendios de los muchos que ha provocado Trump.

Más que una sofisticada operación de simulación parece que estamos ante un nuevo error, consecuencia del gusto o de la necesidad de alimentar la imagen de la “fortaleza asediada”. A Trump no le importa tener unos índices de popularidad muy bajos, pero necesita que su suelo no descienda del 36 por ciento de aprobación. Y para ese fin es necesario mantener la imagen de un gran peligro del que hay que defenderse con firmeza y de forma elemental, algo más urgente para Trump que las victorias en política internacional.

El presidente, de hecho, al enzarzarse en una polémica con Kim Jong-un ha perdido buena parte de la ventaja que consiguió hace unos días su embajadora en Naciones Unidas. Nikki Haley arrancó una interesante resolución del Consejo de Seguridad para aumentar las sanciones. El veto a las exportaciones de carbón, hierro, plomo y marisco, al que no se opuso China, supuso una gran conquista. En lugar de quedarse callado, después de semejante avance, Trump ha incumplido una de las reglas fundamentales en cualquier conflicto: no polemices, no discutas con quien está en una posición inferior. Es el mismo error que ha cometido con Venezuela. Nada le puede venir mejor a Maduro que un presidente de los Estados Unidos amenazándole con una intervención armada.

La primera advertencia de “furia y fuego” se producía curiosamente después de que Trump participara en una reunión para afrontar la grave epidemia por el consumo de opiáceos que afecta al país. La cuestión es seria y refleja el profundo “estado de infelicidad” de un importante segmento de la población estadounidense. Por mucho que algunos pretendan restarle relevancia, recordando que ya hubo unas epidemias similares por el consumo de los derivados del opio en el siglo XIX, los datos son contundentes.

El loco, las pastillas y la geoestrategia

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  16 votos
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Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro

La palabra dictadura ha dejado de ser una metáfora para describir lo que sucede en Venezuela. El inicio de los trabajos de la falsa Constituyente, la destitución de la fiscal general Luisa Ortega -una de las pocas voces libres del chavismo que se alzaba todavía contra Maduro-, el modo en el que los opositores Leopoldo López y Antonio Ledezma han ido y vuelto desde sus casas a la prisión de Ramo Verde son todos ellos indicios más que suficientes. La decisión del Vaticano de reclamar la suspensión de la Asamblea, elegida de forma fraudulenta para redactar una nueva Constitución, supone la constatación de que el presidente venezolano ha volado todos los puentes.

La Secretaría de Estado está convencida de que en este momento no hay diálogo posible. Roma apuró hasta el final las posibilidades de un entendimiento, apuesta que muchos no entendieron. Es lógico que la Iglesia hablara con una voz a través de los obispos locales y con otra desde el Vaticano. Es una fórmula tradicional. Las críticas que ahora se formulan desde la Sede de Pedro pueden ser un buen ejemplo para Zapatero. El expresidente español intentó también una negociación que se ha visto frustrada por un régimen que no tiene ninguna voluntad de encontrar una salida a la situación. Ahora convendría que hablara.

Algunos exiliados cubanos encuentran muchas similitudes entre lo que está sucediendo este verano en Venezuela y lo que ocurrió en Cuba en enero de 1959, cuando Fidel Castro tomó el poder. No hay que exagerar los parecidos. No estamos ante un golpe sino ante un autogolpe de Estado. A diferencia de lo que ocurrió hace casi 60 años, en este caso hay un sólido bloque opositor que está resistiendo heroicamente al tirano, ahora no hay una Comunidad Internacional confundida (Estados Unidos reconoció el primer Gobierno de Fidel). Pero sí existe una alta posibilidad de que fragüe una dictadura sostenida por el ejército y por el negocio del narcotráfico de algunos de sus líderes. Una dictadura que, paradójicamente, no puede presentarse como la solución a la miseria del pueblo, al clima de terror y de violencia sino como una prolongación de una postración que dura ya demasiado tiempo.

Venezuela: un cambio que puede tardar

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  61 votos
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Terrorismo: ¿algo más que memoria?

Fernando de Haro

Las conclusiones de la cumbre del G20 celebrada en Hamburgo han incorporado una aportación española para que sean reconocidas y apoyadas las víctimas del terrorismo. España, después de haber sufrido durante años el terrorismo de ETA, se ha convertido en una experta en víctimas. Tiene mucho que decir en este campo ahora que la lacra del asesinato político e ideológico se extiende por todo el mundo.

La aportación llega cuando se cumplen 20 años del asesinato de ETA que cambió radicalmente las cosas: el asesinato de Miguel Ángel Blanco. Hasta bien entrada la década de los 90 había todavía una ambigüedad sobre la banda terrorista. Se condenaban los atentados. Pero perduraba la duda sobre la posible legitimidad no de los medios, pero sí de alguno de sus fines. Contribuía a ello que hubiera empezado a utilizar la violencia bajo la dictadura de Franco y la cantinela de que en el País Vasco había un conflicto político. El asesinato de Blanco en el 97 abrió los ojos, proporcionó una dolorosa claridad moral y permitió deshacerse de ciertos complejos propios de una democracia demasiado joven. A partir de ese momento fue evidente que los asesinos no podían seguir haciendo política.

Las víctimas, que durante muchos años habían sufrido no solo la violencia sino una perversa transferencia de culpa de los victimarios, empezaron a ser reconocidas política y socialmente. Se acuñó entonces el lema “memoria, dignidad y justicia”. Una fórmula que quería escribir en mármol el agradecimiento de la sociedad española a los más débiles, a los que más han sufrido y a los que han sido siempre leales al Estado de Derecho. Ahora que la violencia va quedando atrás y que es necesario construir el relato de lo ocurrido, el recuerdo de los asesinados, torturados, humillados, secuestrados, mutilados es esencial. Lo han puesto de manifiesto dos recientes novelas: Patria y Ojos que no ven.

Hasta el momento, la obstinación de una banda terrorista que se resiste a disolverse y la pretensión de sus sucesores políticos de imponer la mentira sobre lo sucedido han hecho difícil abrir una posibilidad que en casos similares ha servido para reparar muchas vidas y reconciliar algunas sociedades. Estamos hablando de la posibilidad de que las víctimas que lo deseen den un paso más allá de su gran sufrimiento. Gestos como el que ha hecho el alcalde de Rentería, de Bildu (partido sucesor de ETA), pidiendo perdón a dos víctimas facilitan las cosas.

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Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  116 votos

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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2368 votos

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