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19 NOVIEMBRE 2017
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La "conversión" de Turquía prepara el fin del Isis

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El 23 de enero de 2016 el New York Times publicaba un artículo que revelaba el nombre codificado de la guerra multinacional secreta de la CIA en Siria. El plan se llamaba Timber Sycamore. La elección de este nombre encontraba su significado en la intención de “plantar” a los rebeldes en Siria como sicómoros, árboles caracterizados por crecer muy deprisa. El New York Times desvelaba que esta era la modalidad con que Arabia Saudí y la CIA habían preparado una guerra secreta para derrocar el gobierno de Bashar al Assad. El proyecto contemplaba que los demás estados colaboradores, como Turquía, Jordania y Qatar, proporcionaran redes de reclutamiento y armas destinadas a las milicias yihadistas.

La novedad es que la semana pasada se desvelaron más detalles del plan Timber Sycamore. Una cuidadosa investigación realizada por los grupos del Investigative Reporting Network (Birn) y la Organización para la Monitorización de la Criminalidad y la Corrupción ha sacado a la luz que la administración americana regaló a la oposición armas por un total de 2.200 millones de dólares. De esta suma, una primera tanda de 1.200 millones de euros fue financiada por Arabia Saudí, Jordania, Turquía y los Emiratos Árabes Unidos.

Las armas se entregaban a las milicias que EE.UU identificaba como “moderadas”. Pero eran solo operaciones de fachada. La provisión de armas pasaba de los destinatarios finales a comandos unificados de rebeldes que a su vez las ponían a disposición de organizaciones yihadistas.

En definitiva, el apoyo exterior de los países conspiradores llevó a la situación que todos conocemos y que se ha prolongado en Siria durante seis años sin solución hasta la intervención de Rusia en 2015. Solo cuando la iniciativa de paz pasó de los estados implicados a Rusia e Irán, los “chicos malos” sancionados por la comunidad internacional, hemos podido empezar a ver los primeros progresos, tras las negociaciones de paz de Astana (Kazajistán). Moscú, Teherán y Ankara se han convertido en garantes de los primeros intentos de alto el fuego. La colaboración de Turquía ha sido consecuencia del fallido golpe de estado tramado por EE.UU contra Erdogan. Aquel hecho hizo que el presidente turco se decidiera a “cambiar de registro” y colaborar con Rusia e Irán. Este acercamiento llevó a la liberación de Alepo y permitió crear después zonas de distensión por toda Siria.

El camino emprendido llevó al sexto round en las negociaciones de paz de Astana, celebradas el 14 y 15 de septiembre con la participación de los países garantes (Rusia, Turquía e Irán), los grupos de oposición armada y el gobierno sirio.

En la capital kazaja se intentó resolver el problema de Idlib, la ciudad siria que se ha convertido en fortaleza de una coalición de fuerzas rebeldes donde predomina el grupo Al Nusra (Al Qaeda en Siria). La solución acordada para Idlib es la de crear una zona de distensión que ocupe toda la provincia. Este territorio se dividirá en tres sectores controlados respectivamente por Turquía, Rusia e Irán. El primer sector, el más cercano a la frontera (que comprende la ciudad de Idlib), será competencia de Turquía. La parte inmediatamente contigua (que llegará a tocar el territorio de Alepo) será competencia de Rusia. Por último, la parte este de la provincia estará vigilada por Irán. Para desarrollar esta tarea de la mejor manera posible, los tres estados garantes formarán un comando unificado que coordinará las fuerzas encargadas de asegurar el respeto al alto el fuego.

Puesto que las fuerzas ruso-sirias están fuertemente implicadas en la estabilización del resto de Siria y la eliminación del Isis, le tocará a Turquía la eliminación de los terroristas en Idlib. Esta tarea contará con el apoyo de los rebeldes “moderados”, exasperados por las peleas provocadas por los yihadistas de Al Nusra que en los últimos meses han protagonizado una serie de ataques contra otras facciones rebeldes para imponer su dominio sobre ellas.

No sabemos de momento cómo resolverá Ankara la presencia de Al Qaeda en la ciudad de Idlib, pero sí se sabe que Turquía controla muchas milicias dentro de la ciudad, por lo que tiene muchas cartas que jugar. De todos modos, el ejército turco –para afrontar cualquier eventualidad– está movilizando a 25.000 hombres, una fuerza muy superior a los nueve mil que constituyen las fuerzas a disposición de Al Nusra.

A Ankara solo le vale la filosofía del “ganar-ganar”. Es innegable que los intereses de Turquía se refieren sobre todo a la posibilidad que le ofrecen los acuerdos de establecer su presencia en una zona donde siempre ha ejercido su influencia, útil entre otras cosas también para frenar las ambiciones de independencia kurda. De ahí la certeza de que aprovechará su tarea para obstaculizar las aspiraciones kurdas de independencia, como ya ha hecho en otras ocasiones, durante la operación “Escudo del Eúfrates”.

En este contexto de grandes esperanzas, no conviene la actitud hostil de Israel ni la de unos Estados Unidos constantemente “fluctuantes” entre declaraciones de distensión y planteamientos hostiles. Sin embargo, estos factores difícilmente tendrán incidencia en los próximos acontecimientos, determinados en gran parte por las repentinas conquistas militares puestas en marcha por el ejército sirio. Continuando en esta línea, el gobierno sirio ha movilizado la mitad de las fuerzas armadas de las que dispone para la liberación definitiva de Deir Ez Zor y la parte norte de Siria. La tercera fase de la operación Lavender (Gran Amanecer) apenas ha comenzado. Su objetivo es reconquistar todo el territorio todavía ocupado por el Isis desde la orilla este del Eúfrates hasta el confín iraquí. Para facilitar esta tarea, en una acción coordinada, el ejército iraquí ha lanzado una gran operación (junto a las “milicias de movilización popular” chiitas). Su objetivo es liberar todo el territorio hasta Abu Kamal, donde se encontraría con las fuerzas del ejército sirio. El fin de esta campaña debería decretar el cese definitivo de las hostilidades en todo el país, lo que permitiría concentrarse en sus enormes problemas internos.

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