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19 NOVIEMBRE 2017
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Venezuela. Sed de libertad

Aliosha Miranda | 0 comentarios valoración: 3  91 votos
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¿Qué se puede decir sobre la libertad? ¿Qué se ha dicho sobre la libertad?

«El mayor don que Dios, en su liberalidad, nos hizo al crearnos, como más conforme a su bondad, y el que más aprecia, fue la libertad». Así le dice Beatriz a Dante en el V canto del Paraíso. Para el poeta italiano, la libertad es el mayor don que Dios nos ha dado. Por su parte, el Ingenioso Hidalgo le dice a su noble escudero: «La libertad, Sancho, es uno de los dones más preciosos que a los hombres han dado los Cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra, ni el mar encubre. Por la libertad, así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida». Según el Quijote, debemos aventurar la vida por la libertad. Por su parte, el entonces cardenal Ratzinger, un hombre que vive en un contexto mundial muy distinto al de Cervantes y Dante, dice: «en la conciencia actual de la humanidad la libertad aparece en gran medida como el bien supremo por excelencia».

La libertad es el mayor don, se debe aventurar la vida por ella, es el bien supremo por excelencia.

Ahora bien, desde que se instaló la asamblea nacional constituyente (minúsculas adrede) se ha perdido cualquier vestigio de democracia en Venezuela, la dictadura no ha hecho más que perseguir al que piensa distinto, perseguir a una fiscal incómoda que tiene pruebas de corrupción, crear controles económicos que son sencillamente ridículos y que agravan la situación y, por si fuera poco, el pasado 18 de agosto la asamblea nacional constituyente asumió las competencias de la Asamblea Nacional. Pareciera que el gobierno tiene control sobre todo, que tiene control sobre todo lo que pasa en el país y que se hace únicamente lo que ellos desean, no pasa nada sin que ellos lo permitan o sin que se den cuenta. Es como si en este país no hubiese espacio para la libertad.

Sin embargo, en medio de este contexto dictatorial en el que falta la libertad, en Venezuela han resonado dos grandes palabras: diálogo y elecciones.

Con respecto al diálogo, vimos que el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, anunció el 12 de septiembre que se retomaría el diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición venezolana. Aquí, es necesario observar lo que ocurrió días antes.

A principios de septiembre Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, y otros miembros de la oposición iniciaron una gira por Europa para denunciar la situación venezolana, los dirigentes venezolanos fueron recibidos por varios de los políticos más importantes del viejo continente.

El 4 de septiembre la oposición se reunió con el presidente galo Emmanuel Macron. Más tarde, el 5 de septiembre, hubo una reunión entre Julio Borges y el español Mariano Rajoy. Luego, el 6 de septiembre la disidencia venezolana se reunió con la canciller alemana Ángela Merkel. Por si fuera poco, el 7 de septiembre, Theresa May, primera ministra de Inglaterra, mantuvo una reunión con el presidente del parlamento venezolano. No había pasado una semana cuando el ministro de Asuntos Exteriores francés, Jean-Yves Le Drian, anunció el 12 de septiembre que se retomaría el diálogo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición venezolana. El 27 de septiembre se celebra la primera reunión en República Dominicana.

Así pues, asumir que el reinicio del diálogo no tiene nada que ver con la gira de la oposición por Europa es pecar de inocente. Esto es alentador, varios de los políticos más grandes del mundo tienen que ver con este proceso.

El problema es que en Venezuela la palabra diálogo está desgastada y devaluada.

Desgastada y devaluada por un proceso fallido a finales de 2016 que generó mucho malestar en la población, en el que se llegaron a acuerdos que el gobierno nunca cumplió y que simplemente fue usado por la dictadura para ganar tiempo. En este sentido, el gobierno ha logrado que el diálogo, un elemento que ha servido a los hombres durante toda la historia para superar las más grandes crisis y los peores conflictos (basta pensar en la guerra de Vietnam), sea visto por muchos en Venezuela como un error.

Con respecto a las elecciones, se ha hablado de ellas a través de la próxima contienda electoral del 15 de octubre. Aquí es necesario entender que el gobierno convocó estas elecciones en las que se sabía perdedor con la intención de dividir a la oposición y quebrarla; no obstante, ésta, con todos sus bemoles, ha logrado superar este obstáculo, ha logrado presentarse unida para la elección. Esto es alentador, es decir, si se da una participación regular, el gobierno no tiene ninguna oportunidad de ganar.

El problema es que en Venezuela la palabra elecciones está desgastada y devaluada.

Desgastada y devaluada porque hace poco más de dos meses vivimos el mayor fraude electoral de toda nuestra historia, porque el consejo nacional electoral (de nuevo, minúsculas adrede) no es más que una dependencia de la dictadura. El gobierno ha logrado que muchos venezolanos vean en las elecciones un acto estéril, algo que ya está totalmente manipulado y donde no tiene sentido participar.

En este punto, no podemos dar por obvio que, en medio de esta dictadura, tenemos en el horizonte dos espacios que, por definición, son espacios de libertad: el diálogo y las elecciones. Por lo tanto, a pesar de que es de esperar que el gobierno use todo su poder para manipular estos espacios y ganar más tiempo en el poder, a pesar de que es de esperar que el gobierno realice un fraude en la elección, a pesar de que el gobierno se haya aprovechado de procesos de negociación en el pasado, es necesario apostar por ellos. Ya lo dice Luis Ugalde, una de las mentes más respetadas en Venezuela. «Si usted quiere complacer a este gobierno dictatorial y sus intereses, ya sabe lo que tiene que hacer: dividir a los demócratas, no ir a votar y hacer campaña para que solo voten los partidarios de la dictadura y se queden con todas las gobernaciones. Maduro le dará las gracias por los favores recibidos. Si además ataca a la MUD y a los diputados que se jugaron heroicamente en la calle, mejor». Ya la historia nos dice también que el diálogo ayudó a terminar la guerra de Vietnam, ayudó a toda Centroamérica durante la década de los 80 e incluso trajo tranquilidad para saharauis y marroquíes en la década de los 70.

Tampoco podemos ser inocentes ni ingenuos, con estas elecciones no vamos a tumbar al gobierno, este diálogo no hará que Maduro abandone el poder de una manera inmediata, sin embargo, sí que son una oportunidad para volver a movilizarnos, organizarnos y volver a alzar la voz contra el gobierno. No podemos olvidar lo que el gobierno no olvida: cada vez son menos, cada vez menos gente los quiere, el rechazo internacional hacia ellos es brutal y, sobre todo, tienen miedo, tienen mucho miedo, desde que se instaló la constituyente, el miedo es su ideología.

No podemos abandonar la lucha por la libertad y desaprovechar los pocos espacios de lucha pacífica de los cuales disponemos. La lucha por la libertad debe estar a la altura del deseo que tenemos de ella, debe ser algo digno, incesante y ardiente. Después de todo, como dice el poeta español Rafael Alberti, «la libertad no la tienen aquellos que no tienen sed de ella».

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