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21 OCTUBRE 2017
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La revolución de las sonrisas

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  69 votos
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En los últimos días cientos de jóvenes se han encerrado en distintas universidades de Cataluña pidiendo, según ellos, “un Estado libre y no opresivo”. Afirman que quieren demostrar que se pueden mover de forma pacífica y hacer la revolución de las sonrisas.

Los argumentos utilizados por los jóvenes que se manifestaban en la Universidad son expresión de una crisis en la transmisión de los valores culturales y religiosos. Son hijos de su tiempo, si hubieran vivido el mayo del 68, por ejemplo, hubieran seguramente abrazado esa causa. Porque al final el problema es ser algo, que la vida merezca la pena por algo, “todos confusamente un bien seguimos donde se aquiete el ánimo, y lo ansiamos; y por lograrlo combatimos todos” como decía la Divina Comedia.

Tenemos dos posibilidades: enfadarnos con ellos o preguntarnos qué ha sucedido.

Olivier Roy, en su descripción de la actual sociedad occidental, ha hablado de un proceso de deculturación, es decir, de separación entre lo religioso y lo cultural que provoca un vacío. Sin la mochila de la tradición los valores hasta ahora generalmente aceptados son papel mojado. Y su lugar es inevitablemente ocupado por otra cosa que permita afirmar que la vida merece la pena. Ese hueco es el que parece que ha ocupado en muchos la independencia de Cataluña. La fórmula que llena el vacío se propone como un bálsamo de fierabrás que soluciona todo y que impide ver el propio mal.

¿Qué respuesta podemos dar?

Desde la Transición hemos dado por supuesto aquello que teníamos en común. Nos cuesta encontrar una respuesta fuera de la necesaria aplicación de las leyes.

El bien que es el adversario político, la propia tradición, cinco siglos de historia común… ¿son expresión de una experiencia real?, ¿son valores abstractos? Solo a través de la libertad y en una experiencia actualizada podemos recuperar lo que nos une. En una entrevista para este periódico Massimo Borghesi explicaba que la “identidad significa autoconciencia de lo que uno ha encontrado. Para un cristiano esto deriva de la experiencia de la ‘gracia’, de algo que ha sucedido y no depende de nosotros, no es mérito nuestro. De otro modo, la identidad se convierte en una construcción ideológica que termina en la dialéctica amigo-enemigo”. Este trabajo que propone el filósofo italiano debemos hacerlo en Cataluña y en el resto de España.

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