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17 DICIEMBRE 2017
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>Entrevista a Ferrán Riera, director de la Escola Llissach

'Despertaremos, quizás, con una Cataluña independiente, y habrá mucho sufrimiento'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  84 votos
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Ferrán Riera es director de colegio en la zona de Vic, en una Cataluña rural en la que una inmensa mayoría está por la independencia. Ofrece a los lectores de páginasDigital.es claves de lo que está sucediendo.

¿Por qué el domingo 1 de octubre hubo decenas de miles de personas que salieron a la calle para ir a los colegios electorales?

Aquí todos teníamos claro que esto iba a pasar. Lo que me sorprende es que haya gente que se haya sorprendido con esto. Si la pregunta es cuáles son las causas, tienen muchas facetas, desde un uso por parte del poder en Cataluña y de los medios para convencer a la gente, y eso se hace de muchas maneras, apuntando a los que aparentemente no te dejan ser tú, indicando que es un momento para que uno pueda decidir por sí mismo, haciendo una serie de proclamas que tienen que ver con el momento no solo político sino social que vive Occidente. Hay una reivindicación de que cada uno pueda decir lo que quiera que tiene que ver más con el momento de la modernidad que estamos viviendo que con la sola cuestión política. Por tanto, está en la misma dinámica que el anuncio de Ikea de “bienvenido a la república independiente de mi casa”, que a todo el mundo le gusta mucho. Pues de ahí todo ese movimiento de que la gente pueda decir lo que quiera, aunque la realidad diga otras cosas, indique otras coas que no hace falta pararse en eso porque lo importante es lo que tú piensas y lo que tú crees. Hasta el punto de que el problema del domingo se convirtió también en esto, no solo en la cuestión de la independencia.

¿Pero no es solo entonces una cosa instada desde el poder, sino que conecta con una sensibilidad ya existente?

Claramente. No solo existente por la cuestión nacionalista sino porque el hombre está así, estamos así. Después, evidentemente, el número de independentistas ha crecido en estos días.

¿Por qué, por la actuación policial?

Antes ya de la actuación policial, porque la asociación que se hace es que hay una ley que no me deja expresarme, que no me deja decir lo que quiero, y hay otro que dice: te voy a invitar a que me digas lo que quieres. Pues al final cae más simpático el segundo. Estoy haciendo una reducción pero es la reducción que la gente vive.

¿Y el estado de derecho, la ley ya no significa nada?

Es una impresión muy personal pero a mí me parece que la ley, así en general, para la gente ya tiene poco valor. Pero ya hace tiempo. Se ha convertido, en muchísimas cosas, en algo que burlar, que solo hay que acatar para evitar las consecuencias, pero ya está. En general, no hay una percepción de que tenga un valor que tiene que ver con lo que el hombre es. Yo no lo veo. Por tanto, hay un punto en que la propuesta que se hizo era: vamos a saltarnos la ley porque vamos a hacer otra, y haciendo eso nos saltamos la ley. Pero es que aquí nadie se da cuenta del valor que puede tener la ley.

La soberanía, la Constitución, todo esto son palabras.

Son palabras. Pero todo. Aquí, como mucho, la única ley que se acepta es la del cinturón de seguridad, porque si no nos hacemos daño, la gente sufre. Ya está. Todo lo demás, al final hay una posición que la vives como algo coercitivo. Pero no solo en este tema sino en general. El tema de la autoridad no se percibe, en la escuela lo veo clarísimo.

Y España se percibe como enemiga, en gran medida.

Sí, claro. Todo este tiempo ha ido creciendo esa percepción. Pero sobre todo con esta expresión: porque no nos deja decir, no nos deja hacer, no nos deja proponer, no nos deja. En este sentido. Socialmente, se ha entrado en una dinámica en que la autoridad moral la están teniendo estos señores que proponen ir a votar. Se les ha concedido una autoridad moral más grande.

¿Y hay algún elemento religioso en este derecho a decidir de un estado independiente?

Como expresión, sí. Está clarísimo. Los padres que llevan a sus hijos a los colegios en absoluto tenían la percepción de estar utilizando a los niños para perseguir un fin político. La percepción que ellos tenían era que estaban participando de un momento histórico. Uno va allí con la ilusión se ser protagonista de la historia. Estamos siendo protagonistas de nuestra historia. Esto va a pasar a la historia y nosotros estamos aquí. Así, tal cual, en el buen sentido de la palabra. Lo que más me duele ver es que muchos perciben esto que está sucediendo como una esperanza para la felicidad de la vida, para el proyecto de la vida. Aunque no lo digan, pero viven ahora dominados por esto. Me duele porque el día que nos despertemos y veamos que las cosas no han cambiado tanto, aunque Cataluña fuera independiente, pero las cosas no habrán cambiado tanto, la gente va a sufrir, y va a haber depresiones.

¿Y la fractura social entre el catalán que quiere la independencia y el que no? Porque hasta hace nada la cosa estaba por la mitad. ¿Eso qué consecuencias tiene? ¿Qué ha hecho percibir al otro como enemigo, cuál es el origen político, cultural de esta fractura tan grande?

Ahí hay muchos elementos históricos que se pueden mirar, y además se pueden analizar. Hay muchos elementos que tienen que ver con la historia y las nacionalidades de España, los pueblos de España. Habría que distinguir mucho. Evidentemente, hemos llegado a un punto en que incluso las verdades históricas y las cuestiones de este tipo tampoco tienen peso. Uno puede estar delante de un razonamiento y que no le sirva para nada. Eso lo he visto yo entre la gente más cercana.

Ha dejado de haber evidencias compartidas.

Claramente. Hace cuatro o cinco años que empezó el jaleo y entre nosotros empezamos a hacer un trabajo, nos encontrábamos, mirábamos cuestiones históricas, económicas, para ver si era cierto o no. Era imposible llegar a una misma conclusión. No hay evidencias y, es más, a veces parece que no queramos que estén, porque una evidencia siempre te obliga a renunciar en cierto modo a tu idea. Aquí la única evidencia que hay es la misma por la cual una chica que lleva una vida en su seno dice que no es una vida: es lo que ella siente. En el origen de la separación entre unos y otros también está esto, también está la afirmación de lo propio, de lo personal, de lo que yo soy y lo que quiero ser por encima de la realidad que es el otro que tienes delante. Y esto está actuando, está funcionando. Con lo cual, me parece que la fractura también tiene su origen en una experiencia cristiana muy débil, o en un lugar donde la experiencia cristiana se ha hecho muy débil.

¿Por qué?

Porque la experiencia cristiana siempre introduce en el mundo la posibilidad de renunciar a mi idea, a mi proyecto, por un bien mayor. Introduce la idea de sacrificio de uno por el bien del otro. Al perderse eso como referencia también, se pierde la posibilidad de determinar que eso es posible. Y otro de los grandes problemas que tenemos es que faltan referentes políticos y sociales capaces de dar ese paso, de perder para ganar, de estar dispuestos a perder para ganar algo.

Durante un tiempo se dijo que Cataluña era un oasis de convivencia, ya hemos visto que no. ¿Queda algo de una cierta amistad cívica en Cataluña en algunos puntos?

Sí, creo que sí. Es verdad que muchas familias están acostumbradas a hablar de este tema y el padre dice una cosa, el yerno otra y el hijo incluso otra. Pero al mismo tiempo sigue habiendo familias, espacios, comunidades, gente, amigos con los que esto, no sin trabajo, se sigue dando la posibilidad al menos de estar dispuesto a no querer convencer al otro. Que no me parece poco en este momento, porque ya afirma otra cosa más grande que lo que yo quiero que crea, afirma que está el otro delante.

Con motivo de la actuación policial el 1 de octubre había bastante escándalo donde vosotros tenéis el colegio y habéis hecho un manifiesto, ¿qué decía?

En el colegio teníamos claro que debíamos decir algo porque tenemos una responsabilidad pública educativa. Yo me encontré con una madre que me preguntaba: ¿qué le decimos a nuestros hijos? ¿Qué hemos dicho? El primer punto para nosotros era que cuando hay una diferencia política, al final parece ser que la única solución acaban siendo las bofetadas, cuando nosotros en clase cuando se llega a la violencia siempre les decimos que antes de eso hay que hacer cualquier otra cosa. En segundo lugar, decimos que la violencia, como dice el Papa, no sirve en absoluto en un mundo fracturado, para nada. Y por tanto la violencia del domingo no permite nada más en la construcción y además en este sentido creemos de verdad que fue desproporcionada a la causa que la provocó, y por tanto no era adecuada mirando toda la circunstancia que había. Lo tercero es que la responsabilidad de esta violencia es directamente proporcional al poder que tiene uno, y por tanto son más responsables aquellos que han llevado, utilizando su poder, a esta situación, más que los que acabaron ejerciéndola directamente. Después, en última instancia, esto que comentaba de que nos faltan referentes sociales y políticos capaces de sacrificar la propia idea en favor del bien común o de un valor mayor. Y que la aportación que podemos hacer al mundo es esa.

A medio-corto plazo, ¿hay alguna solución, alguna esperanza posible?

Yo solo veo como única solución es que alguien diga: hasta aquí hemos llegado, no podemos seguir por aquí, y por tanto empecemos, estoy dispuesto yo, unilateralmente, a ceder, y luego veremos qué pasa. Si eso no se da, si no se da y se soluciona con unos en la cárcel y otros fuera de su cargo, viniendo otros que recojan su testigo, esto no va a acabar sino que va a seguir causando mucho sufrimiento.

Entonces, el Estado tiene la obligación de mantener un cierto orden frente a quien está incumpliendo con lo que ha dicho el Tribunal Constitucional. Hay fórmulas más proporcionadas o menos para que el Estado ejerza su responsabilidad, pero la solución no sería que el Estado no la ejerciera.

El Estado la puede ejercer acogiendo esa incomodidad, esa desfachatez si quieres en no hacerle caso, acogiéndola y diciendo cómo podemos con esto seguir trabajando. Si me preguntas a nivel político ¿por qué no se puede proponer un referéndum en toda España, de acuerdo con la Constitución, y estar muy atentos a los resultados en Cataluña? Si se trata de hacer un referéndum, por qué no hacerlo, y la única manera de hacerlo es con toda España. El problema es que yo entiendo que da miedo, porque seguramente es abrir la caja de Pandora.

Pero dices que hay que darle alguna salida al deseo de votar de mucha gente sobre esta cuestión.

Estoy convencido. Porque si no, lo que va a seguir sufriendo más todavía es el orden constitucional. Si tienes esto, acoge este dato y trabaja con él dentro del orden que tienes. Eso requiere políticos valientes que no tengan miedo a que se pierda algo haciendo esto, porque es posible que se puedan perder cosas por el camino, pero lo que se está perdiendo de esta manera es mucho más grave, porque se está perdiendo claramente un afecto entre un pueblo de España con el resto de España, y se está perdiendo una confianza en que el estado de derecho sirva para algo.

Y hay otro elemento que estamos sufriendo mucho aquí ahora que es la incapacidad por reconocer la verdad de las cosas más normales. Me sorprende mucho que todo el mundo, las redes sociales, los medios de comunicación, informan de todo y hay una incapacidad para saber qué ha pasado realmente que todo el mundo duda de todo. Tú ves a un tío que sale un video que te envían y que dicen que es policía y que la gente lo ha detectado, y no sabes si es verdad, si se lo están inventando… Es muy difícil saber la verdad sobre los hechos, de una manera tremenda. Unos te dicen que ha pasado esto, te llega por un montón de whatsapp y de mensajes en Facebook, otros tantos diciendo que es mentira. Y tampoco puedes saber por los periódicos, porque ya funcionan con la misma dinámica. Claramente, el posicionamiento no parte de los datos reales sino de la interpretación de uno quiere hacer de esos datos

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