Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
19 NOVIEMBRE 2017
>HISTORIA: PAST AND PRESENT

Derecho de autodeterminación: El idealismo wilsoniano y sus consecuencias.

| valoración: 3  77 votos
Vota 1 2 3 4 5
Resultado 3  77 votos

En estos tiempos tan aciagos, en los que la confusión se extiende como una mancha de aceite y la incertidumbre ante el futuro, y en la magnitud de hechos como los que están sucediendo estos días en Cataluña nos confundirían a cualquiera, me atrevo a exponer una reflexión histórica acerca del llamado derecho de autodeterminación, uno de los conceptos jurídico-políticos más invocados y controvertidos –y, por ende, más objeto de manipulación-, fruto de un tiempo en el que la victoria en la Gran Guerra se había identificado con la necesidad de supervivencia política.

Hoy en día, no cabe duda -frente a las corrientes historiográficas nacionalistas- que tal derecho se empleó tal instrumento al servicio de intereses de las grandes potencias vencedoras de la Gran Guerra. Explicaré por qué.

Cuenta el historiador Paul Johnson, en su libro Modern Times, cómo las desastrosas consecuencias de la guerra eran evidentes: el elevado número de bajas militares, el empleo del gas como arma mortífera, las enormes pérdidas, el endeudamiento de los países con Estados Unidos, el agudo sentimiento de revancha que surgió contra Alemania. Éste es el contexto en el que el idealismo kantiano –que generó escuela en el ámbito de las relaciones internacionales- va a surgir.

El idealismo wilsoniano: el background real

En su origen, Woodrow Wilson era reacio a un mayor protagonismo estadounidense en el panorama internacional, no sólo con su participación en la guerra, sino en la gestación de las negociaciones que condujeron al Tratado de Versalles. Antiguo rector de la Universidad de Princeton, politólogo, mostró un rechazo inicial por los asuntos de política internacional, invocando el lema “paz sin victoria”.

Sin embargo, a la vista de la desolación provocada por la Gran Guerra en los países europeos, llegó a la convicción del papel fundamental que Estados Unidos estaba llamado a desempeñar tanto si como potencia implicada en el conflicto como en su anterior status de neutralidad. Es entonces cuando prende en su pensamiento el idealismo político que le lleva a establecer una disyuntiva moral entre Gran Bretaña y Alemania, que le llevaría a legitimar el bloqueo naval británico y a organizar un comité de 150 expertos para  establecer los principios de una paz negociada.

Fue este idealismo lo que le llevó a Wilson, asimismo, a postular la creación de una Liga de Naciones (ante la publicación, por parte de la Rusia de Lenin, de los tratados secretos que ésta, Gran Bretaña y Francia habían realizado entre ellos con el objeto de fomentar la difusión de corrientes nacionalistas).  

¿Qué se perseguía realmente con el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los pueblos? Aparentemente, tanto los 14 puntos, como los Four Principles y los Five particulars, perseguían “reivindicar los principios de paz y justicia”, articulado a través de un sistema de concierto entre los países, según principios de justicia natural para todos los pueblos. Pero la realidad es que acabó utilizándose, durante el conflicto bélico, como un arma política y de guerra.

Había muchos intereses en juego: los de Francia, Gran Bretaña y Rusia, interesados en fomentar el nacionalismo porque constataban que el único elemento unificador de las sociedades multiétnicas de las monarquías imperiales de las potencias centrales (Alemania, Austria-Hungría, Turquía) había desaparecido, y el nacionalismo era un elemento muy propicio para sus intereses geopolíticos. Por eso, el concepto de autodeterminación les resultaba un instrumento propicio, en cuanto permitía una delimitación de fronteras según grupos étnicos a partir de un plebiscito. La cuestión es si, en el caso de Gran Bretaña, ésta estaba preparada para conceder tal derecho a sus colonias.

Siendo inicialmente reacios, la caída del régimen zarista y el rechazo de los Habsburgo a una paz negociada llevó a Gran Bretaña y Francia a realizar promesas a muchos eslavos de los Balcanes, a los árabes, o a los  propios judíos (un claro exponente fue la Declaración Balfour) a cambio de resistencia al imperialismo alemán o austríaco. Ambas potencias aliadas acabaron fomentando la autodeterminación y el nacionalismo frente a Austria-Hungría y Alemania.

Había un punto maniqueo en el pensamiento de Wilson. En los 14 puntos, ya había implícita –como apunta P. Johnson- una convicción de culpabilidad germana, idea que fue reforzada en el Comentario (que fue un documento que siempre fue ocultado a las potencias derrotadas), en el sentido de establecer un principio de premio o recompensa  a los vencedores y otro consiguiente de castigo para los vencidos (visión ésta que el presidente estadounidense había, inicialmente, rechazado); por otro lado, el creciente sentimiento antialemán que iba albergando llevó a diseñar una conferencia de paz al estilo del Congreso de Viena de 1815. Las consecuencias: que Alemania no conocía los términos de la negociación y que el sentimiento de revancha francés iba a causar la imposición de unas cláusulas absolutamente abusivas para los vencidos. Como se reconoció posteriormente, Wilson acabó traicionando los principios en los que creía. La autodeterminación estaba al servicio de intereses políticos.

Así fue denunciado por quienes participaron en las negociaciones. Por ejemplo, Walter Lippmann tildó el Tratado de Versalles (1919) como de imprudente y gestado bajo el principio de la mala fe. John Maynard Keynes advertía que la imposición de unas cláusulas abusivas para Alemania iba a tener consecuencias económicas similares a las que Alemania impuso al final del conflicto franco-prusiano (1870): recesión económica que afectaría a nivel global. Instaba el británico a Estados Unidos a implantar un programa amplio de créditos para revitalizar la economía europea.

Las consecuencias del idealismo wilsoniano: los totalitarismos y la II Guerra Mundial.-

Tan obsesionado como estaba por la creación de una Liga de Naciones y despreocupado de dar una solución al problema económico derivado del conflicto bélico, Woodrow Wilson no salía del estado de embriaguez idealista: al definir la democracia como una vox populi vox dei (una cuasi-religión) comenzó a perder el sentido de la realidad, incapaz de ver cómo el Senador Cabot Lodge aglutinó una corriente internacionalista en el seno del Partido Republicano que consideraba que el Tratado de Versalles debía ser revisado, por las cláusulas abusivas que se impusieron a Alemania. Wilson, en su idealismo exacerbado, se olvidó de los problemas económicos generados por la posguerra (inflación, endeudamiento y reclamaciones económicas).

En su propósito de articular los principios de autodeterminación, el Tratado de Versalles (1919) provocó antagonismo y violencia en las regiones de Europa Central y Oriental, al dar reconocimiento a un número cada vez mayor de minorías étnicas, creando territorios artificiales (Checoslovaquia, Yugoslavia), y con consecuencias económicas  negativas, hasta tal punto que muchos países europeos se vieron inmersos en problemas internos de esta naturaleza. Curiosamente, Polonia fue uno de los beneficiados por el Tratado de Versalles y acabó anexionándose Rutenia (de población ucraniana), Lituania, Bielorrusia y otros territorios con población alemana. Checoslovaquia absorbió, asimismo, población germana, eslovaca, magiar y rutena. El caldo de cultivo estaba servido.

Las consecuencias no tardaron en llegar: la bancarrota alemana durante la república de Weimar, la revolución espartaquista, la crisis de 1929, el descontento social, la sensación de traición, y, especialmente, la sensación de abandono de las minorías alemanas de los diversos territorios de otros países…Y pasó lo que era esperado por todos: Ein Volk, Ein Reich, Ein Führer. Adolf Hitler invocó la autodeterminación de las minorías alemanas  para liberarlas de la opresión de los pueblos vecinos. El resultado: una catástrofe cifrada en millones de muertos y judíos exterminados en los campos de concentración.

Pero, en Eurasia, tampoco fue la cosa distinta: los Soviets tomaron el poder en 1917, afirmaron el derecho de autodeterminación y crearon la U.R.S.S. (Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas), con diversas nacionalidades. Bajo el pretexto de defender las nacionalidades, la realidad es que, en nombre de la autodeterminación, fueron asesinados 3.000.000 de ucranianos, por no hablar de los tártaros, los kazacos o los pueblos del Cáucaso (que eran nacionalidades y tenían sus soviets e instituciones federales)

Hubo que esperar al final de la II Guerra Mundial para tomarse más en serio el principio de autodeterminación, aplicable únicamente a aquellos pueblos que habían sido objeto de una colonización por parte de las potencias europeas. La Carta de las Naciones Unidas, fruto de la Conferencia de San Francisco (1948) facilitó el proceso de descolonización progresiva iniciada, anteriormente, con la independencia de la India en 1947 era la consecuencia natural de muchas de las naciones existentes ahora en el concierto internacional.

Hay muchas lecciones que aprende de esto. La principal que nos interesa es que sólo el amor a la verdad es lo que hace posible las aspiraciones de las personas y de los pueblos; que los frutos de la ideología son conocidos y muy amargos: pueblos enteros aniquilados en nombre de una autodeterminación mal entendida; naciones devastadas por dos guerras mundiales cuando se pone la nación por encima de las personas y del estado; y que el daño hecho tarda largo tiempo en cicatrizar. Si no existe un deseo de estar juntos, habrá que mirar qué ha sucedido, y qué permite volver a empezar juntos de nuevo.

¿Estamos condenados a que la Historia se repita? La verdad es que no siempre sucede y del mismo modo que en el pasado. Por eso, siendo interesantes las aportaciones de la historiografía marxista, no puede sostenerse el determinismo que Marx y la Escuela de Annales atribuyen a los procesos históricos. 

Cuando se vive, la libertad de cada hombre no puede ser dominada si no es por la fuerza. No podemos controlar los acontecimientos, pero sí descubrir la verdad que hay detrás de ellos  La Historia en grande se escribe de nuestras historias: de las decisiones que tomamos y de los encuentros. No tiene por qué suceder el eterno retorno. Pensemos en ello cuando abordemos el tema de Cataluña.

<< volver

sobre este blog
Francisco Medina

Búsqueda en los contenidos de la web

>SÍGUENOS EN

El otro es un bien, también en política

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja

>Últimos comentarios

>DESCARGA NUESTRA APP