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17 DICIEMBRE 2017
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>Entrevista a Mikel Buesa

"Hace falta tiempo y empuje político para que se produzca un cambio de la sociedad civil en Cataluña"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 3  47 votos
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Mikel Buesa valora para páginasDigital.es la multitudinaria manifestación liderada por Sociedad Civil Catalana del pasado fin de semana.

¿Qué valoración le merece la multitudinaria manifestación celebrada el pasado domingo en Barcelona? ¿Podría ser un punto de inflexión?

Creo que ha sido un hecho relevante pero no creo que, en lo inmediato, ello suponga un cambio radical en cuanto a la pasividad de la sociedad civil frente al empuje nacionalista. Para lograr esto se requiere mucho tiempo y una acción continuada de las asociaciones cívicas, además de un apoyo claro de las fuerzas políticas constitucionalistas. El movimiento está empezando y el apoyo político externo es más bien circunstancial. No soy, por ello, optimista en este asunto.

¿Cómo se debería de canalizar lo sucedido el domingo?

Debe haber una acción continuada del movimiento cívico obligando a los partidos no nacionalistas a un compromiso creciente con él que les aparte de la tentación pactista con los independentistas.

En su discurso Josep Borrel ha reclamado a “rehacer la convivencia”. ¿Cuál es el camino para recuperar las relaciones de concordia?

Rehacer la concordia sólo es posible si se adquiere visibilidad y, además, si se deja de hablar con suavidad a los nacionalistas, tratándoles como iguales, no como sensibles.

Vargas Llosa apelo a lo mejor de la tradición y de la vocación de Cataluña como punta de lanza de un estado moderno. ¿Podría ser este el camino adecuado para afrontar la deriva nacionalista? Proponer un proyecto más ilusionante, más adecuado a la realidad que el que proponen los independentistas.

No lo creo. Lo que debe hacerse es poner a los nacionalistas ante el principio democrático y sus procedimientos. Me parece que no se trata de inventar otro sistema político, sino de exigir a los nacionalistas lo mismo que a los demás. Y ello supone negarles la posibilidad de hablar en nombre del pueblo para que pasen a defender su proyecto dentro de los procedimientos constitucionales. Son una minoría, lo mismo que otras opciones políticas. Pero, como los demás, pueden convertirse en mayoría y, para constatarlo, deben ajustarse al procedimiento democrático, no a interpretaciones torticeras de la realidad política y sociológica.

El ejemplo del País Vasco es nítido a este respecto: después de Ibarretxe, los nacionalistas perdieron el poder y han tardado una legislatura en recuperarlo, precisamente porque se han adaptado a la realidad sociológica y política. Esa realidad señala que, a medida que el independentismo ha ido menguando (hasta llegar a su mínimo histórico, por debajo del 20% actualmente) el PNV, apartado del independentismo y vuelto sobre el regionalismo, está registrando sus mejores resultados. El PNV sigue siendo minoritario (la minoría más amplia, pero minoría) y tiene que volcarse hacia los pactos con otras fuerzas políticas no nacionalistas (PSOE y PP) porque ese es el camino al que le obliga el principio democrático. De eso se trata, no de inventar un artificio cuyo contenido y significado puede ocultarse tras la retórica política.

¿Qué papel debe jugar el Gobierno de Rajoy frente al desafío independentista?

En Cataluña el Estado ha fracasado y para volver de ese fracaso es necesario restablecer la vigencia de la Constitución a partir de la fuerza del Estado. Emplear la fuerza, esa es la cuestión. Rajoy es responsable, en parte, de que se haya llegado a esta situación y comparte su responsabilidad con el PSOE y C's, además de, por supuesto, con los nacionalistas que son los que la han creado. En mi opinión, Rajoy debería plantear en el Congreso una estrategia de intervención sobre Cataluña basada en la Constitución y definida para un plazo determinado (que creo no debería ser inferior a seis meses o un año). Tiene dos vías: el artículo 155 y el 116. En mi opinión el primero es poco recomendable porque no podría disolver el parlamento de Cataluña más que para convocar elecciones inmediatas. El segundo, que supondría declarar el estado de sitio, es más duro, pero más pacificador. En todo caso, Rajoy debería ir al Congreso con esa propuesta. Si se le aprueba, tendrá que gestionar la crisis con los medios correspondientes. Y si no se le aprueba, debería disolver las Cortes Generales y convocar elecciones para que los españoles determinemos a quién queremos para afrontar el reto catalán o desistir ante él.

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