Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
23 MARZO 2019
Búsqueda en los contenidos de la web

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

Massimo Borghesi

Cada país busca su identidad, sus rasgos característicos. En Alemania, con la "nacionalización" de la Reforma. En Polonia, con el catolicismo "romántico" de Adam Mickiewicz concebido en polémica con Rusia. En Italia, con la formación de una ideología nacional anti-austríaca.

En todo caso, estas memorias nacionales que se van definiendo y afianzando son fuente de conflictos  en toda Europa.

En 1870, con Bismarck, Alemania se consolida como Estado nacional cuando vence a Francia en Sedán. Y también Italia, por esa época, se convierte en una unidad nacional. Con estos dos nuevos estados, se disuelven los últimos restos de la Europa universal. La unidad de los estados se forja también en torno a la lengua. Otra característica de estas memorias nacionales es que se vuelven una especie de religión civil que se contrapone a la religión cristiana.

Los protagonistas de esta época son en Italia: Giuseppe Garibaldi, Giuseppe Mazzini, el Conde de Cavour y el nuevo Rey Vittorio Emanuele II. Cuentan con estatuas y plazas en su memoria, símbolos de la unidad del estado ya que fueron sus creadores; es el culto a la memoria.

Terminada la Primera Guerra Mundial se genera el culto a los caídos por la patria. El altar de la Patria, en Roma, es un homenaje al soldado desconocido, muerto durante la Primera Guerra Mundial. El soldado "desconocido" recuerda a los 600.000 soldados muertos, en su mayoría pobres, durante una guerra decidida en contra del propio Parlamento por 4 ó 5 personas. Este soldado desconocido vuelve sagrada a una nación entera. De esta manera se crea una especie de religión civil. Y la memoria se convierte en el modo de fundar la unidad nacional. Sin embargo, en Italia, los católicos quedaron excluidos de esa unidad nacional, de la vida pública. Cabe señalar que tanto los católicos como muchos socialistas no compartieron el ingreso de Italia en la Primera Guerra Mundial. También en Alemania, Bismarck estaba en contra de los católicos. Como conclusión, la memoria nacional no expresaba, en rigor, la unidad de la nación.

La Primera Guerra Mundial prepara el terreno para la Segunda en la medida en que desarrolla rencores y odios e incentiva venganzas. Generó odio, sobre todo en los perdedores, en especial en los alemanes. El nacionalismo alemán se vio humillado por la "Paz de Versalles". Si bien Italia estaba en el bando de los ganadores, también quedó mutilada y pobre. Como consecuencia de la crisis del 29 que empobreció a toda la nación, en Alemania sobrevino Hitler.

En esta instancia, en la década de los 30, nacen los regímenes totalitarios que intentan recrear las memorias imperiales, el fascismo con reminiscencias romanas y el nazismo que rememora la Alemania pre-cristiana de la raza aria pura. Pero son memorias belicistas que terminan en la Segunda Guerra como prosecución de la Primera. Es el epílogo de un siglo de construcción de la memoria contra enemigos externos.

Una vez transcurrida la Segunda Guerra, en 1945 se produce una lección de humildad, los 50 millones de muertos hacen que se calmen los delirios de omnipotencia.

Barbarie infinita

El problema de la memoria en Europa deriva entonces en una barbarie infinita en el corazón de la civilización. Europa pasó de ser la civilización por excelencia a ser la barbarie provocada por un régimen y una ideología inhumana, tiránica.

Terminada la Guerra, la memoria se divide en vencedores y vencidos, y entonces comienza a nutrirse del odio a los carniceros y la piedad por las víctimas inocentes (niños, mujeres y ancianos).

De esta manera, prosigue la memoria que no es sino fuente de venganza. Los vencidos no eran inocentes, los vencedores tampoco (basta citar los bombardeos en Dresden y en Hiroshima). Los vencidos, sin embargo, eran mucho más culpables que los otros. Las guerras no dejan inocentes. Los vencidos tratan de olvidar y de borrar sus huellas porque se los considera culpables, muchos de ellos se esconden en América Latina.

En ese momento histórico se desarrolla el Proceso de Nüremberg, que tiene relación directa con la memoria. Sin embargo, inmediatamente después cae en el olvido ya que Europa se divide en este y oeste. Italia y Alemania quedan alineados con el oeste y por lo tanto aliados con Occidente en la lucha contra el comunismo. En esa instancia, para no crear conflictos con los nuevos aliados, se dejan de lado los procesos y los criminales de guerra. El exterminio judío cae en el olvido. Esta situación cambia con el proceso contra Adolf Eichman que tiene lugar en Jerusalén en el año 1961: Israel es el país que vuelve a abrir el tema de la memoria.

En el año 1967 se produce la Guerra árabe-israelí en la que Israel se vuelve la aliada de los Estados Unidos en Medio Oriente. El holocausto se vuelve difuso por diversos motivos: miedo a los mismos judíos, críticas al Estado de Israel de servirse del holocausto para legitimar sus políticas de estado, sacralización de la política de Israel. La memoria de las víctimas parece justificar a los vencedores y entonces se percibe su uso político ya que es el poder el que decide qué recordar. La memoria de las víctimas, que de por sí es algo justo, sale a la luz cuando es funcional al poder de turno.

En este sentido, las persecuciones a los cristianos no son motivo de atención en la actualidad porque no tienen interés político. En Iraq se declaró la guerra en nombre del Occidente cristiano y como consecuencia se obtuvo un resultado paradójico: la destrucción de una de las iglesias más antiguas que existía. Y los que declararon la guerra evitan recordar este hecho.

El exterminio de los judíos ha sido la acción más monstruosa del siglo XX (aunque no fue la única) pero hasta que Israel no se convirtió en un estado de peso ese hecho no estaba en el tapete. Es el poder el que permite la memoria, el que usa la memoria. En el caso del holocausto, las víctimas eran inocentes. Pero los otros, los perdedores de la Segunda Guerra Mundial, no eran inocentes, no lo eran las víctimas de Alemania e Italia. No lo eran tampoco los vencedores. La guerra no deja inocentes. Pero los vencidos son más culpables que los vencedores. Por eso hacer el balance del pasado fue muy doloroso. En Alemania sólo se logró tras la caída del muro, en 1989, con la reunificación de las dos Alemanias y el fin del comunismo. Sólo en ese momento se produce el fin del nazismo histórico. También en Italia, el fin del comunismo hizo posible el fin del fascismo histórico; es decir, terminar con las dialécticas envenenadas, con las dialécticas de "los rojos y los negros" que durante las décadas de los 70 y 80, los años del terrorismo, produjo más de 500 víctimas. En la ex Yugoslavia, por el contrario, el fin del comunismo reactualizó la memoria de los antiguos nacionalismos envenenados, provocando una guerra cruenta, en los 90, entre croatas, serbios, kosovares y albaneses, en la que se cometieron crímenes increíbles.

Memoria y conflicto

Entonces cabe preguntarse qué relación hay entre memoria y conflicto. El problema es la memoria del dolor. Repasando la historia, vemos que la memoria del dolor se vuelve útil para el resarcimiento económico de las víctimas, para fundar la identidad nacional y para consolidar una unidad de poder contra un adversario interno (vencido pero todavía presente) como en la España de Zapatero y de las víctimas de Franco.

Pero de esta manera nos encontramos frente a un pasado que no pasa. Para sanar, en Italia se ha propuesto una memoria compartida entre vencedores y vencidos (fascismo y resistencia), pero no funciona porque no absuelve ni tampoco une a nadie.

Las memorias de uno no son las memorias de los otros. Hay un solo modo de salir de la memoria como resentimiento: la confesión de la culpa con arrepentimiento y el fin de la presunción de inocencia y la no indemnidad. Las víctimas tienen derecho a esa confesión, la reclaman. Ningún perdón, ninguna reconciliación puede darse a la fuerza. No es reclamada por la ideología sino por la conciencia moral. La memoria une solamente cuando es atravesada por la piedad. Ésta es la mirada de Homero en La Ilíada, que es un enorme documento de civilización. El griego Homero no es un nacionalista griego. Griegos y troyanos mueren en batalla y tiene compasión de ambos. La piedad abraza tanto a Patroclo amigo de Aquiles como a Héctor. No hay forma de amor que no sea cantada en La Ilíada, poema de guerra. Nunca Homero es más lírico que cuando narra los tiempos de Troya en paz: cuando las mujeres de Ilión podían lavar sus vestidos sin temer la muerte de sus hombres. Ésta es la mirada de Homero, y también es la mirada de Cristo.

En una entrevista reciente, Antonio Muñoz Molina, el autor de El viento de la Luna, observa que: "Hay experiencias personales sobre las que a algunas personas les cuesta hablar. Inclusive los hijos de los veteranos de la guerra de Vietnam a menudo no logran hablar del tema con sus padres. Una guerra civil, además, es una circunstancia todavía más delicada. Cuando comenzó, la mayor parte de los españoles estaba de una parte o de otra según la distribución geográfica del control republicano o franquista. Muchas familias estaban divididas. La madre socialista de un amigo mío salvó a su marido que era monárquico. El verano del año 1936 en Madrid fue espantoso. Cada partido político había creado sus milicias y sus cárceles. Ahora es muy fácil transformar todo en una película, dividiendo a los protagonistas buenos de los malos. No se puede justificar el fascismo, pero tampoco los horrores llevados a cabo por la otra parte durante la guerra". Por eso, según Muñoz Molina, "después de tres años de guerra civil y cuarenta de dictadura, ¿cómo se hace la democracia? ¿Se expulsa a la mitad del país? Se necesitaba un sistema que contuviera a todos. Ahora parece fácil pero había mucho que perdonar y todos tenían algo que perdonar. Si ahora se decide abrir las fosas comunes, bueno: que se abran pero que se abran todas" (Corriere della Sera, 22/11/2008).

Para superar el horizonte de las memorias de los conflictos se necesita la confesión de las culpas, antes que nada de los que han tenido las responsabilidades mayores, y en segundo lugar es necesaria la valorización de los ejemplos de piedad y de humanidad presentes en el campo "del adversario". Quiero recordar aquí un episodio que marcó mi niñez. Desde pequeño, mi criterio moral se formó a partir de los relatos, de las narraciones de mis abuelos y padres. Muchos tenían que ver con el período de la Segunda Guerra, entre 1943 y 1945, cuando Italia estaba ocupada por los alemanes. Cuando en 1944 los alemanes estaban en retirada y mi familia iba de un lado a otro buscando un lugar seguro, de repente fueron sorprendidos por un soldado enemigo armado que los apuntó. Este soldado llevaba en el cuello una cruz cristiana, era austríaco y católico. Les indicó que huyeran y se  escondieran antes de que llegaran los demás soldados Si hubiera querido, los habría podido matar. Su ser católico se había demostrado más fuerte que su ser alemán, soldado del "Tercer Reich". La guerra no había destruido en él su profunda humanidad: ese joven sabía distinguir entre soldados enemigos y víctimas inermes.

De aquí nace la "Memoria compartida", en los gestos de humanidad generada por una fe que va más allá de la ideología. La memoria no es sólo memoria de las víctimas, sino también de aquéllos que podían perseguir y no lo hicieron, que podían matar, robar, y no lo hicieron. Esta memoria contiene tanto a las víctimas como a aquéllos que tuvieron piedad. Son los que Israel llama los "justos" entre los pueblos.

Un ejemplo de esto es Oscar Schindler, un alemán cuya memoria es honrada por Steven Spielberg en su película La lista de Schindler. En este film, el alemán Schindler, que al principio usa cínicamente a esclavos judíos de los campos de concentración para su industria se vuelve luego el salvador de sus obreros. Schindler será sepultado entre los "justos" en la tierra de Israel. Una  memoria compartida, no envenenada, es aquélla que honra juntos a Anna Frank y a Oscar Schindler.

<< volver

>SÍGUENOS EN

>Entrevistas

vista rápida >
>Reconectar el voto y la experiencia social

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  7 votos
vista rápida >

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
vista rápida >
>Reconectar el voto y la experiencia social

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
vista rápida >
>Reconectar el voto y la experiencia social

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
vista rápida >
>Entrevista a Daniel Gascón

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
vista rápida >
>Entrevista a Francisco Igea

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
vista rápida >
>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
vista rápida >
>Entrevista a Joseba Arregi

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
vista rápida >
>Entrevista a Tulio Álvarez

La memoria frente a las catástrofes totalitarias del siglo XX

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

El otro es un bien, también en política

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja