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19 NOVIEMBRE 2017
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Tras los resultados de las elecciones

Aliosha Miranda | 0 comentarios valoración: 2  18 votos
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Es evidente que la coalición opositora en ningún momento se planteó este escenario, en ningún momento la oposición se preguntó: «¿Qué hacemos si el régimen hace trampa y se queda con la mayoría de las gobernaciones? ¿Cómo podemos demostrar ese hipotético fraude? ¿Cómo podemos usar esta trampa a nuestro favor para dejarlos en evidencia frente al mundo?». La oposición nunca pensó en una derrota en las elecciones, estaban seguros de que no había manera de que el régimen los venciera en una contienda electoral; y así fueron a los comicios, sin un plan de acción, sin una estrategia, sin una respuesta ante una astuta trampa de parte del gobierno.

Esto fue un grave error, un gravísimo error, y los errores, sobre todo en la política, se pagan muy caro. Cerca de las 10 de la noche se anunciaron los resultados que confirmaban una aplastante victoria del chavismo sobre la oposición, eso que nadie se había imaginado, eso que ninguna encuestadora había predicho, ese escenario que ningún líder opositor se planteó era la realidad que teníamos en ese momento.

Luego de los resultados de las elecciones había un pensamiento común en los venezolanos: «esperemos las declaraciones de la oposición». Pasaban los minutos, minutos que se convirtieron en horas y la oposición seguía en silencio, tuvimos que esperar hasta la madrugada del día siguiente para escuchar una desanimada denuncia de fraude que no tenía ninguna prueba. Evidentemente, los líderes opositores estaban tan sorprendidos como los venezolanos por los resultados de esa noche, quizás aún más.

Lo que siguió a esto fue una total fractura de la oposición en el país. Lo que hace algunos meses se conocía como la Mesa de la Unidad Democrática ya no existe, es una organización que ahora tiene muy poca credibilidad de parte de los venezolanos; y es que luego de las elecciones los gobernadores opositores electos prometieron no arrodillarse ante la fraudulenta asamblea nacional constituyente, sin embargo el pasado 23 de octubre, tras varias amenazas de parte del gobierno, cuatro de los cinco gobernadores opositores acudieron a este ente espurio para juramentarse, violando así la Constitución de Venezuela una vez más. Luego de esto, luego de ver a quienes prometieron enfrentar al gobierno arrodillarse ante él, la confianza en la oposición está por los suelos, las personas que quieren un cambio en el país se sientes huérfanas de un líder con fuerza y credibilidad. Por si fuera poco, durante el último mes hemos visto a Henrique Capriles atacando públicamente a Ramus Allup, hemos visto a María Corina Machado y a Raúl Almagro criticando a quienes decidieron participar en las elecciones, a partidos políticos enteros diciendo que no volverán a participar en comicios electorales con las condiciones actuales; en fin, hemos visto cómo la oposición se consume a sí misma mientras el gobierno consigue aquello por lo que ha luchado durante los últimos años: tiempo.

Ha pasado más de un mes luego de las elecciones y el gobierno se ha fortalecido a partir del debilitamiento de la oposición, ahora las perspectivas apuntan a que el gobierno permanezca en el poder. Sin una oposición seria, unida y organizada es muy difícil tumbar una dictadura. Mientras tanto, los problemas de los venezolanos siguen empeorando, cada vez más niños mueren en los hospitales porque no tienen qué comer, cada vez hay menos comida y menos medicina, y por si fuera poco, oficialmente Venezuela vive una hiperinflación. Según Econométrica, la inflación del mes de octubre en Venezuela fue del 50%.

Es por esto que, ahora más que nunca, los venezolanos debemos recordar que la política no se reduce a unas elecciones o que tal o cual partido tenga el poder dentro del país, ahora más que nunca debemos recordar que nuestro trabajo tiene una incidencia política enorme. Después de todo, como dice Fernando de Haro, «a veces el cambio propiciado por el poder de los que no tienen poder tarda en llegar».

Tengamos paciencia, tengamos esperanza.

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Caso Trump: ¿cómo valorar a un político?

Fernando de Haro

Primer año de la era Trump. Doce meses después, su apoyo popular es uno de los más bajos de un presidente reciente: poco más del 30 por ciento. Hay que remontarse a Harry Truman, en 1946, para encontrar un nivel tan bajo. ¿Un fracaso?

El presidente de los Estados Unidos era hasta ahora una figura tendencialmente “inclusiva”, el de todos los estadounidenses. Pero con Trump la presidencia ha cambiado radicalmente. Es el presidente post-moderno que ha perdido la aspiración al bien común: un particular que representa a un particular sector de la población, a una minoría mayoritaria sin voluntad de universalidad. Obama y Bush, los dos expresidentes vivos más distanciados ideológicamente entre ellos, han coincidido en cargar contra las políticas del inquilino de la Casa Blanca. Son las críticas de la vieja política.

Trump, un año después, mantiene el apoyo de los que le hicieron presidente, y eso es lo que cuenta. Un éxito. El “alto” nivel de respaldo se apoya en un mecanismo muy líquido: a base de fake news (falsas noticias) se ha convertido en un fake president. Este es un buen momento para revisar qué ha anunciado, dando a entender que se había producido un cambio, y qué ha cambiado realmente. El primer decreto del magnate, firmado en enero en el despacho oval, fue contra el Obamacare. Tema obsesivo en su campaña. Diez meses después no ha conseguido que su partido, mayoritario en las dos cámaras, lo derribe y ha tenido que recurrir a un decreto para conseguir un retoque, importante porque modifica en parte el sistema de seguros, pero muy lejos del derribo anunciado.

En el campo económico estaba previsto un gran programa de expansión de infraestructuras con gasto público. La propuesta que llegó al Congreso era de tres billones de dólares de déficit extra, de momento la cifra ya se ha rebajado a 1,5 billones. Y ya veremos qué sucede si efectivamente se pone en marcha la reforma fiscal prometida. No es posible recaudar menos y gastar más.

El presidente ha dado un giro relevante a la política exterior de Estados Unidos en Oriente Próximo, pero mucho menos agudo de lo que asegura su propaganda. Uno de los pocos aciertos de la política exterior de Obama fue el acuerdo con Irán para frenar su programa nuclear. Sirvió de contrapeso a la relación preferente con Arabia Saudí. Trump, por el contrario, ha cultivado el eje Arabia Saudí-Israel para atacar Irán. Ha anunciado que no certificará el acuerdo, pero no lo ha roto y lo ha dejado en manos del Congreso. En Siria, se puso teóricamente frente a Bashar Al Assad y los rusos, con el bombardeo de la base aérea de Shayrat por el uso de armas químicas. Pero ha acabado llegando a un entendimiento práctico con Moscú. Lo mismo ha sucedido con China.

Caso Trump: ¿cómo valorar a un político?

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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La inteligencia tiene nombre de encuentro

Fernando de Haro

Dos meses escasos para que termine 2017 y se puede decir que en Europa hemos parado el golpe. La política monetaria expansiva del BCE, que muy poco a poco se va reduciendo, ha permitido mantener un cierto crecimiento económico. Francia y Alemania han frenado los populismos. La UE ha ganado peso por su firmeza en la negociación del Brexit y se ha hecho imprescindible para que la crisis de Cataluña fuera encauzada de forma razonable. No podemos ni imaginar lo que hubiera significado para España la pretendida secesión sin el auxilio de la Comisión o en el Parlamento europeo. Puigdemont, el expresidente catalán fugado de la justica, solo ha encontrado cierto eco en Bruselas porque Bélgica es un país separado por un muro, el que divide al nacionalismo flamenco del nacionalismo valón.

¿Tiempo pues para retomar proyectos, para reconstruir el edificio derrumbado sobre los cimientos que han quedado en pie? ¿A pesar de que la extrema derecha se haya convertido en la tercera fuerza en Alemania? ¿A pesar de que la mitad de los catalanes quieran un estado independiente porque persiguen un proyecto nacionalista? Hace unas semanas, la investigadora Catarina Kinnvall, de la Universidad de Lund (Suecia), publicaba “Racism and the role of imaginary others in Europe”. El estudio constata el aumento de la xenofobia entre los europeos. Es el miedo, según la profesora, lo que genera la nostalgia de una “identidad pura”.

El tiempo de la claridad, el tiempo de la luz parece haber desaparecido. Solo hay amenazas. Hay quien insiste en recurrir a la voluntad. A comienzos del año que entra va a publicarse (el título lo dice todo) “Enlightenment now: The case for reason, science, humanism and progress” (Ilustración ahora, el caso para la razón, el humanismo y el progreso). Será el último libro de Steven Pinker, psicólogo y filósofo del lenguaje, referencia de culto del liberalismo más optimista. Pinker lo deja muy claro: frente al nacionalismo y al populismo, la solución es defender la democracia, la ley y el orden, defender con militancia los valores de la Ilustración. Se podría añadir, quizás con más sutileza, para completar el argumento de este canadiense, que es necesario hacer un ejercicio de inteligencia y decir, en esta época de crisis, toda la verdad. La tradición liberal, la tradición cristiana, todas las tradiciones aún en pie, deberían someter a examen “la gran deriva” de la luz a la incertidumbre y construir un edifico sólido y consistente de argumentos y juicios que den adecuada respuesta.

Es una solución que, a juzgar por los resultados, puede calificarse como un ejercicio de voluntarismo, en palabras del sociólogo español Víctor Pérez Díaz. Un ejemplo es lo que sucedió minutos después de que en Cataluña se declarara la independencia. El ex vicepresidente Oriol Junqueras, hombre culto, aseguró que la secesión se proclamaba en nombre de "valores universales que el mundo cristiano llama la igualdad a ojos de Dios, o el amor fraterno, y que el mundo ilustrado llama fraternidad, igualdad y libertad”. Un buen catálogo de valores y de juicios, desligados de la experiencia que los generó, sirven ya para casi cualquier cosa.

La inteligencia tiene nombre de encuentro

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Un documental de Nínive se estrena... mientras estalla otra vez la guerra

Miriam Díez Bosch

“Para mí ha sido una experiencia muy intensa estar en esos pueblos, derruidos, destrozados por la persecución. Ha sido un auténtico genocidio, según lo que dice el derecho internacional”. Son las declaraciones del director Fernando de Haro a Aleteia, que en los últimos días ha vivido “sobrecogido por la noticia de que 850 familias que habían vuelto a sus pueblos después de la derrota del Daesh hayan tenido que volver a huir por el enfrentamiento entre kurdos e iraquíes”.

La fe de estas personas no va a menos. “Lo sorprendente es que en medio de esa prueba haya muchos cuya fe haya crecido. Han tenido experiencia de que Dios los sostenía, los acompañaba”.

De hecho la película recoge el testimonio de un joven que se pregunta dónde está Dios en medio de tanta injusticia. “Es la pregunta que se hacía Job, la que nos hacemos todos. Y es sorprendente que, a través del encuentro con algunas personas, este chico haya redescubierto a un Dios que daba por descontado. Un testimonio así me acompaña”, cuenta de Haro.

“La situación es muy difícil. Hay una lucha intensa por hacerse con el control de la zona. Después de la derrota del Daesh, la lucha es ahora entre los kurdos y los iraquíes. Es necesario que las fuerzas internacionales pacifiquen la zona y que haya un proyecto de Iraq estable en el que los cristianos puedan vivir en paz. En el país han quedado muy pocos cristianos. Son el resto de Israel, pero ya hemos visto en otras ocasiones de la historia cómo la vida resurge a través de un resto”, añade.

La sede del CEU en Madrid, en la calle Julián Romea 23, será testigo el lunes día 30 del estreno de este documental sobre la llanura de Nínive, donde de nuevo se están enfrentando el ejército kurdo y el iraquí.

Este documental del periodista Fernando de Haro es la historia de las personas que han sufrido uno de los genocidios del siglo XXI, quizás el más reciente. Nínive relata la vida cotidiana de algunas de ellas. Entra en sus casas, en sus sufrimientos, en sus esperanzas. Recoge su testimonio de fidelidad y de amor a aquello en lo que creen.

En el verano de 2014, más de 120.000 cristianos se vieron obligados a huir de sus pueblos de la llanura de Nínive, una zona del norte de Iraq, que se encuentra cerca de Mosul. Es una de las cunas de la civilización. A la llanura de Nínive el cristianismo llegó en los primeros siglos y siempre ha sido un lugar con una presencia de bautizados muy significativa. En sus aldeas y sus pueblos se conservan las grandes tradiciones siriacas, caldeas y asirias.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2729 votos

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