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13 DICIEMBRE 2017
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Una belleza más fuerte que el odio

Aliosha Miranda | 0 comentarios valoración: 3  22 votos
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«La belleza salvará al mundo» escribió Dostoievski. Sí, pero ¿qué belleza? ¿Qué belleza tiene el poder de pararse frente al mal y redimirlo? ¿Qué belleza puede salvar a Venezuela? ¿Qué nos puede salvar, entre otras cosas, de toda la violencia, la inseguridad y el odio que hay en el país?

La inseguridad en Venezuela es terrible: si se comparan cifras del Observatorio Venezolano de Violencia con cifras del Iraq Body Count, se observa que el número de muertes violentas entre 2011 y 2016 que hubo en Venezuela es similar al número de muertes de civiles que hubo en la guerra de Iraq entre 2003 y 2011. En mi país hay tantas muertes como en una guerra, se ha vuelto común que un amigo te sorprenda con una noticia diciéndote que mataron a alguien cercano, en mi país da rabia ver cómo tantas vidas se pierden en manos de la inseguridad y que nuestros gobernantes no mueven un dedo para afrontar este problema. Además, la impunidad es impresionante, aquí sabes que si le das un tiro a una persona lo más probable es que no te vaya a pasar nada; el sistema judicial es inútil; el Poder Judicial no hace nada en contra de quienes asesinan, pareciera que su única función es inhabilitar y apresar dirigentes opositores.

Y lo peor de todo: ¿cómo podemos consolar a todas las personas que han sufrido en carne propia este flagelo? A esa madre que con el corazón destrozado debe enterrar a su hijo, a ese hijo que con el corazón destrozado debe enterrar a su madre, a esas personas que ven a los asesinos de sus seres queridos cometiendo más fechorías mientras la asamblea nacional constituyente programa otra elección fraudulenta, promulga una palurda ley contra el odio y busca la manera de apresar a otro líder opositor. A esas personas en las que el rencor puede ser algo totalmente comprensible. ¿Qué se les puede decir? ¿Cómo pararse frente a esas personas, mirarlas a los ojos y decirles “no sientas odio hacia el que te ha hecho daño”? Pareciera imposible, incluso injusto, hacer algo así. ¿Cómo podemos evitar que el odio en el país se convierta en una espiral de violencia sin fin?

En una situación como esta uno podría pensar que la belleza no tiene nada que hacer, pareciera absurdo e idealista pensar que el origen de la solución a los problemas en mi país esté en la belleza. Pareciera que frente al odio y el rencor la belleza no tiene nada que hacer.

Sin embargo, Dostoievski también vivió situaciones dramáticas, basta decir que fue apresado y condenado a muerte injustamente, pero no dudó al escribirlo: «La belleza salvará al mundo».

Sí, pero ¿qué belleza? ¿Qué belleza es más fuerte que el odio? Para estas grandes preguntas, la organización “Caracas mi convive” ofrece una respuesta, ellos testimonian que esta belleza tiene un nombre concreto: el perdón.

Su trabajo evidencia que en Caracas –esa ciudad que fue declarada por el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (Ccspjp) de México como la más peligrosa de todo el mundo– el perdón se impone a la violencia, sí, justo en las zonas más afectadas por la violencia, donde más asesinatos se dan, es donde, en medio de todo el odio y en el rencor, surgen historias de perdón que son una luz en medio de la oscuridad y que evidencian que la violencia puede ser derrotada, que el odio no tiene la última palabra.

Roberto Patiño, coordinador de esta organización, en una entrevista hecha por María Fernanda Sojo en junio de 2016, afirma: «Caracas Mi Convive es un movimiento sociocultural que creamos Leandro Buzón y yo hace más de tres años, una de las cosas que hacemos es visibilizar a los héroes de la convivencia con un proyecto que se llama “Cuéntame Convive”. Son historias de personas que, a pesar de ser víctimas de la violencia, no respondieron con venganza sino que superaron el trauma mediante el perdón, y están trabajando por la prevención».

Superaron el trauma mediante el perdón, superaron toda la tristeza y la rabia que sintieron y ahora trabajan por su comunidad, ahora trabajan por el bien común. En el canal de Youtube de la organización de Patiño se pueden encontrar todas las historias recopiladas por el proyecto Cuéntame Convive. Una de las historias más bellas que se encuentran en estos videos es la de Víctor y Migdalvis; estos dos jóvenes hermanos vivieron el asesinato de su padre, al principio Víctor cuenta con mucho dolor que «me mostraron una foto de quien asesinó a mi padre, y sí, si quería podía matarlo». Sin embargo, su hermana cuenta con una sonrisa muy genuina en su rostro: «creo que lo mejor que se puede hacer para honrar la memoria de alguien no es tomar venganza sino hacer lo que esa persona hubiese hecho, y te puedo asegurar que mi papá simplemente hubiese luchado para que menos personas tuvieran un arma en la mano». Migdalvis continúa: «simplemente puedo perdonar, el rencor sólo me hace daño a mí». Más adelante en el video, Víctor deja claro que no eligió el camino de la venganza: «busqué otras alternativas que no fueran la violencia, y con el trabajo comunitario de Caracas Mi Convive lucho para que los jóvenes de mi barrio no se conviertan en lo que, en algún momento, se convirtió aquella persona que mató a mi papa». Y así viven estos dos hermanos caraqueños, gozando de la paz que el perdón les da y generando belleza gracias a ella.

Tampoco podemos pasar por alto la historia de Miguelón. Al principio del video vemos a un hombre en silla de ruedas que recuerda con tristeza sus malas decisiones en la juventud; debido a ellas recibió tres tiros en la espalda, perdió la movilidad de sus piernas y su prometedora carrera como basquetbolista profesional acabó antes de empezar. Miguelón afirma: «a raíz de eso mi vida cambió, empecé a reflexionar y, de verdad, de mi corazón salió perdonar a esa persona». Además es conmovedor observar que la pasión de Miguelón por el básquet quedó intacta: «yo pensaba “si yo jugaba de pie, ¿por qué en silla de ruedas no puedo incentivar a los jóvenes a hacer deporte?”. Como me encanta el baloncesto y es mi pasión, decidí fundar una escuela para formar a los jóvenes y evitar que los asesinen o que entren a la delincuencia, esa es mi motivación. Quiero lograr que sigan mi ejemplo y que dejen el pasado atrás». Durante el video, también hablan los alumnos de su escuela de baloncesto. Una chica asevera: «Miguelón es exigente, muy disciplinario, le gusta que las cosas salgan bien». Otro de sus alumnos expresa: «en el futuro quisiera tener mi propia escuela de basquet igual que Miguelón». El cariño de estos chicos por su maestro es evidente. Y así va este hombre que sufrió la violencia en carne propia, gozando de la paz que el perdón les da y generando belleza gracias a ella.

Finalmente, se puede resaltar la historia de Abraham Viera, la historia de un hombre que sufrió el asesinato de un hermano y dos días después se encontró cara a cara con el asesino y decidió perdonarlo. Se podría hablar mucho acerca del perdón, pero no valdría la pena, es mejor citar a Abraham: «El perdón es lo más bonito que hay en la humanidad, pero perdonar de corazón. En la vida se puede tomar venganza o puedes tomar el camino del bien. En mi caso, no quise tomar el mal camino; no tenemos necesidad de vivir en rencor, nos dañamos a nosotros mismos». Abraham está agradecido de trabajar con Caracas Mi Convive: «¿Qué mejor manera de atacar la violencia que recuperando espacios en los que alguna vez hubo violencia? La mejor manera de mejorar esta Caracas es a través de la convivencia, del trabajo entre hermanos y vecinos». Y así vive también Abraham, gozando de la paz que el perdón le da y generando belleza gracias a ella.

Y bien, no es mi intención hablar de todas las historias que este bello proyecto ofrece en su canal de Youtube, ya el lector tendrá tiempo de buscarlo y de observarlo, de buscarlo y conmoverse con la belleza del perdón. Simplemente es necesario recordar que si se observa la historia de Abraham, la de Víctor y Migdalvis o la de Miguelón, entonces se comprende que no todo es odio en Venezuela y que realmente la belleza del perdón está salvando vidas aquí y ahora, se comprende que la historia de un asesinato, una historia atroz, horrible e inhumana se convierte en un oasis de belleza en medio del desierto más árido, se comprende que sólo a partir de aquí se puede empezar a construir una sociedad mejor y se recuerda al Premio Nobel Albert Camus en sus Actualidades: «Ningún pueblo puede vivir fuera de la belleza. Puede sobrevivir durante algún tiempo, pero eso es todo».

Evidentemente, el problema de la violencia en Venezuela no se solucionará sin la participación seria y responsable del Estado, pero mientras sigan existiendo historias como estas, mientras siga existiendo el perdón, seguirá existiendo la esperanza para todos lo que sufren, para todos los que viven con rencor, para todo el que vive con odio. Seguirá existiendo la esperanza para un país que tanto la necesita.

Después de todo, «la belleza salvará al mundo».

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