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13 DICIEMBRE 2017
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El yihadismo y la ruptura del vínculo entre religión y cultura

Olivier Roy | 0 comentarios valoración: 2  23 votos
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Las formas de violencia a las que actualmente estamos asistiendo, es decir, la yihad global y el terrorismo, son nuevas en cuanto a su conceptualización, ideologización y estética, pero no en los términos que la describen. De hecho, yihad es un término tan antiguo como islam.

Sin embargo, aparte de los textos de ideólogos como Sayyid Qutb o Muhammad Abd al-Salam Faraj, el primero que intentó instituir una yihad global y globalizada fue Abdallah Azzam (1941-1989). Palestino con pasaporte jordano y profesor en Arabia Saudí, Azzam lanzó un llamamiento a principios de los años 80 invitando a los jóvenes musulmanes de todo el mundo a combatir en Afganistán contra los soviéticos.

Su teoría de la yihad contrasta con la tradición dominante de los juristas. Para él, la yihad, lejos de ser una obligación colectiva, es un deber individual. En otras palabras, el hecho de que haya militantes comprometidos con la yihad no significa que los demás musulmanes queden dispensados de ello. La yihad afecta a todos.

Una nueva noción de yihad

Azzam se distancia así del derecho islámico clásico, según el cual la yihad se limita a un momento y un espacio precisos y solo puede ser proclamada por las autoridades competentes, aparte del hecho de que un menor solo puede participar con autorización de sus padres.

Ciertos pensadores de la galaxia yihadista llegan incluso a declarar que una mujer no necesita autorización de su marido para unirse a la yihad, lo que sin duda supone una ruptura con la tradición musulmana. Azzam añade además que no es necesario que un musulmán esté interesado personalmente en el ataque enemigo. No tiene que esperar una amenaza sobre su territorio sino que tiende a defender a cualquier país musulmán que pueda estar en peligro.

Para Azzam, la yihad no es simplemente una guerra para defender un territorio musulmán sino una forma de ascetismo, una acción espiritual durante la cual el yihadista debe aprender ante todo a separarse de sus vínculos personales, de su familia, de su nación, de su etnia y tribu. Por tanto, la idea es formar un cuerpo de caballeros de la fe que pueda trasladarse a cualquier parte del mundo, unido a un espíritu corporal sin ningún vínculo social.

El proyecto de Azzam no es crear un estado islámico. Se lo dijo muy claramente a los voluntarios que partían hacia Afganistán, a los que ordena no interferir en la vida política afgana. Una vez ganada la guerra –añadió– los voluntarios dejarían el país e irían a luchar a otra parte. Por último, conviene subrayar que esta concepción de yihad no es de naturaleza terrorista. En los años 80, los yihadistas internacionales no atacaban a civiles soviéticos, aviones de línea, diplomáticos… Su yihad es puramente militar.

Abdallah Azzam fue asesinado en 1989 por un grupo de desconocidos y la organización que fundó fue entregada en manos de Osama Bin Laden, que introdujo el terrorismo como método de acción.

El factor de conjunción entre Azzam y Bin Laden consiste en que este terrorismo tiene una finalidad global y al mismo tiempo es guiado por militantes también globalizados. Cualquiera que sea su origen, no están ligados a un país concreto ni a una lucha nacional. La primera tarea de estos combatientes internacionales fue un atentado contra el World Trade Center en 1993. A lo largo de los años 90 seguirán otros muchos atentados, como los ataques a las embajadas americanas en África oriental o contra el lanzamisiles USS Cole en Yemen en el año 2000.

Constantes y cuestiones

La novedad fue la aparición, a partir de 1995, de un nuevo tipo de terrorismo, el “homegrown terrorism”, es decir, un terrorismo que recluta a jóvenes educados en Europa. Un fenómeno que será tendencia dominante a partir del 11 de septiembre de 2001.

En segundo lugar, todos los ataques se convierten en suicidas. Esta doble tendencia explica la existencia de trayectorias similares en los atentados de los últimos veinte años. Tomemos el ejemplo de Khaled Kelkal, del GIA argelino, que inauguró una serie de atentados en Francia en 1995 contra transportes públicos y murió, arma en mano, ante la gendarmería.

Entre Kelkal y el atentado contra la sala Bataclan se puede identificar una línea de continuidad. Durante estos veinte años, la inmensa mayoría de los terroristas se ha dividido efectivamente en dos grupos: las segundas generaciones, es decir, jóvenes nacidos de padres inmigrados a Europa; y los conversos. Las segundas generaciones representan casi el 65% mientras que los conversos son más o menos el 20%, con variaciones evidentes.

Surge entonces una pregunta: ¿por qué durante 22 años el porcentaje de las segundas generaciones se mantiene constante? 22 años es el tiempo de una nueva generación. Ahora habría que esperar una tercera generación, pero sobre el terreno, si bien a veces constatamos la presencia entre los rangos yihadistas de las primeras generaciones, la tercera está prácticamente ausente. Un fenómeno curioso, la segunda generación parece constituir una constante fija.

Por su parte, los conversos representan casi siempre el 20-25%, incluso el 30% de los extremistas. La cifra es parecida en Francia, Alemania, Estados Unidos, Gran Bretaña, Holanda y Dinamarca. Si nos enfrentáramos a una revuelta popular de musulmanes que se sintieran oprimidos por el imperialismo neocolonialista o el racismo islamófobo, ¿por qué el porcentaje de conversos se mantiene en torno al 25% desde hace veinte años?

Tercer factor. Prácticamente ninguno de estos jóvenes puede jactarse de un pasado religioso, prácticamente ninguno de ellos ha ido a una madrasa, ninguno se ha graduado en ciencias religiosas. La mayoría de las veces, la radicalización religiosa y la decisión de pasar a la violencia política se dan contemporáneamente.

La mitad de los yihadistas en Francia, Alemania y Gran Bretaña son delincuentes. En Bélgica el porcentaje es menor. Sus delitos no van unidos al islam, sino que la droga y los atracos suele ser lo que les lleve a prisión. Allí se radicalizan. Sabemos que la cárcel es el lugar por excelencia de la radicalización.

Por otro lado, ¿por qué hay tanta presencia de magrebíes? Esta afirmación se ha visto contestada. En Alemania, donde los turcos superan con mucho a los magrebíes, los turcos radicalizados ni siquiera son el 10%. ¿Por qué? ¿Por qué en Holanda y Bélgica los responsables de los atentados son marroquíes y no turcos? En los atentados de Gran Bretaña en la primavera de 2017, de los cinco terroristas que se inmolaron solo uno era indo-paquistaní. Esto no se corresponde con la demografía de los musulmanes en el Reino Unido.

Células compuestas por hermanos

Otra observación, otra pregunta. ¿Por qué en casi todas las células terroristas hay hermanos? La mitad de los veinte miembros del grupo Bataclan-Zaventem eran hermanos. Dan ganas de decir que la causa debe buscarse en la familia, pero esa familia no existe. Los padres y los tíos están ausentes, solo hay hermanos. ¿Y por qué una parte considerable de los yihadistas, casi el 20% de los hombres, conciben un hijo antes de inmolarse?

En el caso de los que van a Siria esto es sistemático. Todos conciben un hijo, y la organización les anima a ello, antes de ir a la muerte. Es increíble, estos jóvenes conciben hijos sabiendo que no les van a educar. La relación con sus padres también es muy interesante. En general, los padres no entienden por qué sus hijos pasan a la violencia. Un gran número de jóvenes, como los hermanos Abaoud y Abdeslam, implicados en los ataques de 2015 en Francia, dejan escrito un testamento.

En general, se dirigen a su madre, no a su padre. A menudo expresan la esperanza de que pueda entrar en el paraíso, aunque sea una mala musulmana, gracias al martirio de su hijo. En otras palabras, invierten la relación generacional convirtiéndose en padres espirituales de sus padres y rechazando la transmisión parental al rechazar educar a sus propios hijos.

¿Por qué todos los terrorismos de los últimos años mueren en sus actos? El hombre que cometió el atentado del Manchester Arena el 23 de mayo de 2017 habría podido dejar la mochila bajo su asiendo y salir antes de hacer estallar la bomba que había escondido. Pero eligió morir. Del mismo modo, los que atacan a la policía con armas blancas saben que van a morir. Solo hay una conclusión posible: la muerte es el centro del proyecto yihadista. No la construcción de una sociedad o de un estado islámico que atraiga a los yihadistas sino la muerte.

El atractivo de la muerte

Un último elemento importante es la iconoclastia. Los yihadistas destruyen lo que es cultural, no solo las expresiones de la cultura pagana o cristiana. Durante la caída de Mosul en junio de 2017, hicieron saltar la histórica mezquita de Al-Nuri, donde por otro lado Al-Baghdadi había proclamado el regreso del califato en 2014.

También hay que tener en cuenta la estética de la violencia. Los espeluznantes videos de decapitaciones del Daesh –acrónimo árabe para estado islámico– se montan siguiendo códigos estéticos que han tomado prestados de los narcos mexicanos.

Es bien sabido que la propaganda del Daesh sigue la estética de la cultura juvenil contemporánea (no de todos los jóvenes, evidentemente), la cultura de los videojuegos, de las películas ultraviolentas… El resultado estético es una islamización de la cultura juvenil occidental contemporánea. Por poner un ejemplo, el modo de actuar de un verdugo saudí es distinto del yihadista. Entre ambos existe un elemento común, la decapitación, pero la puesta en escena, la justificación, la estética son completamente distintas.

La estética de la violencia de los narcos mexicanos

Todos estos elementos me llevan a decir, como he repetido muchas veces, que en el centro del proyecto yihadista reside un cierto nihilismo. El término podría no estar bien elegido porque estos militantes creen que irán al paraíso y cuando son sinceramente creyentes, hablar de nihilismo no es oportuno en este sentido. Pero ahí está el hecho de que no tienen ningún proyecto en su vida terrena. Se matan matando al mayor número posible de personas, a sangre fría, sin emoción alguna.

El gran genio de Al-Qaeda primero, y después del Daesh, consiste en haber permitido a sentimientos nihilistas, macabros y mortales insertarse en una gran construcción narrativa islámica y heroica. De hecho, cuando pasan a la acción son musulmanes.

Sin embargo, en sus actos hay algo incomprensible desde el punto de vista racional. La estrategia del Daesh conduce a la muerte del Daesh, y todo lo que escenifica lleva desde el inicio a su desaparición. La victoria del Daesh es imposible a menos que el Daesh piense que las sociedades occidentales caerán bajo el peso de sus propios miedos por un efecto de aturdimiento. Por otro lado, esta era la ilusión de Bin Laden, pero las cosas fueron muy diferentes.

El proyecto del Daesh de crear un califato sin fronteras obviamente es inviable porque pondría a todos en su contra. Por tanto, es un proyecto suicida que esconde detrás un gran relato del Apocalipsis. Nos encontramos ante una construcción apocalíptica de la religión islámica.

Entre la angustia y la deculturación

Los yihadistas muestran un vacío espiritual, una gran angustia. Estos jóvenes no luchan por la utopía de una nueva sociedad. Aunque hay ciertos casos, por dudosos que sean, de jóvenes que parten para dedicarse al humanitarismo islámico, prácticamente ninguno de ellos emprende el camino hacia Iraq o Siria para ayudar a la gente.

Su objetivo es combatir. Viven una ruptura total con la sociedad, y también con la comunidad musulmana. No hay ejemplos de jóvenes yihadistas con un pasado militante propalestino. Ninguno de ellos ha pasado en Europa por los Hermanos Musulmanes. La única excepción es Hizb Ut-Tahrir, la primera organización que puso en el mercado, si se puede decir así, en los años 90 la noción de califato global inmediato. Este movimiento que promueve un califato global des-territorializado, después de conseguir una gran influencia en los años 2000 entre los jóvenes estudiantes de segunda generación británica, comenzó su declive porque rechazaba la violencia armada.

Ante el avance de Al-Qaeda y Daesh, los jóvenes fueron abandonando en mayor o menor medida Hizb Ut-Tahrir, y se produjo una escisión de la que nació el llamado Islam4UK, implicado en los últimos atentados. Pero esta es la excepción, no la norma.

La brecha entre la población de origen musulmán en Europa y estos grupos de extremistas es total. Estos últimos viven siempre en los márgenes de las poblaciones musulmanas, sociológicamente, culturalmente y también en el ámbito religioso.

Ninguna organización musulmana importante cuenta con el 25% de conversos, excepto ciertas hermandades neo-sufitas. El elevado porcentaje de conversos es, en mi opinión, un hecho importante en la medida en que el punto de convergencia entre las segundas generaciones y los conversos es justamente la ruptura con la cultura de sus padres o, más concretamente, la ruptura del vínculo entre religión y cultura que estaba presente en sus padres.

En general, las primeras generaciones de inmigrantes en Europa no fueron capaces de transmitir el islam cultural, su “islam nacional”, excepto los turcos, y eso creo que explica el porcentaje mínimo de turcos presente entre los extremistas. En la población turca, por varios motivos, la lengua y la cultura no se han transmitido debido a la acción del gobierno de Ankara, lo que en todo caso no carece de efectos negativos.

Esta deculturación de lo religioso lleva a una suerte de exacerbación de una pureza religiosa que no es posible unir ni a una cultura ni a una vida social. Además, es un islam desocializado.

Hay por tanto mucho trabajo por hacer en la reculturación y resociaclización de lo religioso. Obviamente, los métodos cambian según se trate de países de mayoría musulmana o países donde los musulmanes son inmigrantes. Sin embargo, conviene recordar que la crsisi de la cultura religiosa también afecta a los países tradicionalmente musulmanes y se expresa en el éxito del salafismo, que por definición es la proclamación de una religiosidad fuera de toda cultura. En este sentido, el salafismo, aunque sin duda no es la causa del terrorismo, tiene muchos puntos en común con este último en el modo de concebir la relación entre cultura y religión. Por tanto, la prioridad es la reconexión social y cultural de lo religioso, tanto en Europa como en los países musulmanes.

Algunos cristianos empiezan a experimentar el mismo fenómeno de deculturación en países donde la secularización es tal que las comunidades se sienten marginadas en su propia sociedad. En Francia, tienen a reconstruirse como comunidades de fe y viven una relación de tensión y conflicto con la sociedad dominante.

La deculturación afecta de hecho a todas las religiones, pero asume una forma exacerbada en el islam a causa de los conflictos en Oriente Medio y las migraciones que la acentúan, y por la presencia de organizaciones islámicas extremistas que predican a nivel global la ruptura total con el orden mundial existente. Si eres un joven en busca de radicalización porque estás globalizado, no te queda más que una causa, el genio del Daesh ha sabido jugar a esto.

Pero Daesh desaparecerá en Oriente Medio, ¿qué quedará después? ¿Qué será de los jóvenes que vuelvan de Siria e Iraq? ¿Qué harán estos jóvenes que siempre han tenido el mismo sentimiento de rebelión hacia el mundo y la sociedad? ¿Dónde irán? ¿Reinventarán una causa islámica o algo completamente distinto? Estos son los desafíos a largo plazo en los que debemos pensar, y superan con mucho las cuestiones a corto plazo sobre seguridad y terrorismo.

Discurso de Olivier Roy en el Comité Científico de Oasis (Villa Cagnola, 29 junio 2017)

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A la espera de una herida que sane

Fernando de Haro

La semana pasada dos noticias simultáneas, pero no paralelas. Con resultados divergentes. Las negociaciones para cerrar la primera fase del brexit (los términos del divorcio) y el comienzo de la campaña electoral en Cataluña han coincidido en el tiempo. Una y otra eran consecuencia del nacionalismo. El Gobierno del Reino Unido tiene que concretar la ruptura con la Unión aprobada en el nefasto referéndum de junio de 2016. Los partidos en Cataluña empezaban a buscar el voto, después de que el independentismo hiciera necesaria una intervención del Gobierno autónomo y la convocatoria de comicios.

Solo hace ocho meses May partía con una posición arrogante. Pedía formalmente en una carta subida de tono la salida de la Unión. Y llegaba a amenazar con no colaborar en cuestiones de seguridad. Al final la primera ministra británica ha acabado aceptando todo lo que pedía la Comisión. Ha aceptado el pago de la factura pendiente que le reclamaba Bruselas (hasta 60.000 millones de euros) y la tutela de los derechos de los ciudadanos europeos que viven en el Reino Unido, incluida la jurisdicción del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. No habrá tampoco frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte.

La frontera del Ulster, que parecía el escollo insalvable (el Gobierno de May se apoya en los diputados unionistas), ha dejado de ser un obstáculo para convertirse en la oportunidad de negociar un brexit blando. Esa frontera es la memoria de una herida muy presente, la que durante años sembró muertos y terror. Levantar de nuevo la marca hubiera sido volver al escenario anterior a los Acuerdos del Viernes Santo (1998) que hicieron posible la paz. Y pocos estaban dispuestos a ello. Para evitar la frontera entre las dos Irlandas se ha recurrido a mantener en el Ulster el mercado único y en la unión aduanera a cambio de que haya una “convergencia regulatoria” entre la provincia del Reino Unido y la República de Irlanda (UE). Ya han empezado a oírse voces que reclaman la misma solución para todo el país. Si así fuera el brexit se sustanciaría con una fórmula de asociación como la que tiene Noruega: participación en el mercado único sin intervención en sus órganos de decisión. Brexit blando, brexit que con el tiempo sería reversible porque no tiene ninguna ventaja.

No parece una causalidad que la herida abierta entre las dos Irlandas, la memoria y el deseo de no volver a un pasado sombrío, haya sido un elemento determinante para disolver parte de la ceguera ideológica. Hay otros factores sin duda. En el gen británico, junto al nacionalismo, el vector pragmático es decisivo. La humillación de May en las elecciones de junio, la presión de los sectores económicos (en especial de la city) por lo mucho que se puede perder y la firmeza de la Europa que quiere seguir unida han sido también determinantes. Pero las Irlandas que no quieren muro han contado mucho.

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Un documental de Nínive se estrena... mientras estalla otra vez la guerra

Miriam Díez Bosch

“Para mí ha sido una experiencia muy intensa estar en esos pueblos, derruidos, destrozados por la persecución. Ha sido un auténtico genocidio, según lo que dice el derecho internacional”. Son las declaraciones del director Fernando de Haro a Aleteia, que en los últimos días ha vivido “sobrecogido por la noticia de que 850 familias que habían vuelto a sus pueblos después de la derrota del Daesh hayan tenido que volver a huir por el enfrentamiento entre kurdos e iraquíes”.

La fe de estas personas no va a menos. “Lo sorprendente es que en medio de esa prueba haya muchos cuya fe haya crecido. Han tenido experiencia de que Dios los sostenía, los acompañaba”.

De hecho la película recoge el testimonio de un joven que se pregunta dónde está Dios en medio de tanta injusticia. “Es la pregunta que se hacía Job, la que nos hacemos todos. Y es sorprendente que, a través del encuentro con algunas personas, este chico haya redescubierto a un Dios que daba por descontado. Un testimonio así me acompaña”, cuenta de Haro.

“La situación es muy difícil. Hay una lucha intensa por hacerse con el control de la zona. Después de la derrota del Daesh, la lucha es ahora entre los kurdos y los iraquíes. Es necesario que las fuerzas internacionales pacifiquen la zona y que haya un proyecto de Iraq estable en el que los cristianos puedan vivir en paz. En el país han quedado muy pocos cristianos. Son el resto de Israel, pero ya hemos visto en otras ocasiones de la historia cómo la vida resurge a través de un resto”, añade.

La sede del CEU en Madrid, en la calle Julián Romea 23, será testigo el lunes día 30 del estreno de este documental sobre la llanura de Nínive, donde de nuevo se están enfrentando el ejército kurdo y el iraquí.

Este documental del periodista Fernando de Haro es la historia de las personas que han sufrido uno de los genocidios del siglo XXI, quizás el más reciente. Nínive relata la vida cotidiana de algunas de ellas. Entra en sus casas, en sus sufrimientos, en sus esperanzas. Recoge su testimonio de fidelidad y de amor a aquello en lo que creen.

En el verano de 2014, más de 120.000 cristianos se vieron obligados a huir de sus pueblos de la llanura de Nínive, una zona del norte de Iraq, que se encuentra cerca de Mosul. Es una de las cunas de la civilización. A la llanura de Nínive el cristianismo llegó en los primeros siglos y siempre ha sido un lugar con una presencia de bautizados muy significativa. En sus aldeas y sus pueblos se conservan las grandes tradiciones siriacas, caldeas y asirias.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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