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13 DICIEMBRE 2017
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>Entrevista a Antoni Puigverd

'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  27 votos
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www.paginasdigital.es conversa con Antonio Puigverd, poeta, escritor, columnista sobre la situación en Cataluña, sobre los fundamentos de la democracia. Una conversación sosegada con un observador que se define como catalanista.

En tus últimos artículos subrayas la necesidad de recuperar en este momento un espacio de fraternidad en la relación entre Cataluña y el resto de España, en la relación entre los catalanes ¿Cómo se puede recuperar este espacio de fraternidad?

La verdad es que no lo sé. Es decir, no veo condiciones objetivas para que esto se produzca. Es un deseo casi a la desesperada, personal, mío. Pero si pienso como analista, fríamente, no hay condiciones objetivas. Se ha producido una herida muy profunda, que se puede ver de muchas maneras. Desde la parte catalana, podríamos usar una metáfora muy clásica, que es la de Sant Jordi y el dragón. Si tú despiertas al monstruo tienes que tener capacidad de matarlo. Hay en la tradición española una visión del poder y de las relaciones internas que no se puede discutir. Solo se puede campear, se puede negociar, en situaciones de fuerza, de equilibrio, de necesidad, pero cuando se plantea con franqueza no hay posibilidad, al contrario, se despiertan los peores monstruos. Esto en la relación Cataluña-España. Por otra parte, en la relación de Cataluña consigo misma hay una confusión de la parte por el todo. Hay una comunidad catalana de carácter cultural –digámoslo así para no concretar más–, que ha sobrevivido casi milagrosamente al proceso de uniformización que los Estados generan. Ahora bien, esta comunidad cultural cuando se plantea en forma romántica, hablo de romántico en sentido literal, en el sentido herderiano del término - como la pervivencia de una identidad inmutable en los siglos a través de la lengua, la historia, el paisaje y la tradición (son las formas con que el nacionalismo alemán se proyecta y genera un discurso en toda Europa, y en todo el mundo) - no se consigue abrazar a los sectores que viven en Cataluña que son de otro origen.

Has escrito algo muy interesante en las últimas semanas sobre la errónea pretensión de basar las democracias solo en leyes. Me ha recordado la crítica de Habermas a una concepción liberal de la democracia en la que solo queda la ley positiva y no aparece ese otro factor fundamental que es el proceso de conversación, donde las diferentes identidades están dialogando. ¿Por qué has querido denunciar esta restricción?

No me gusta mucho que hables de Habermas en sentido profundo, porque Habermas es utilizado por ejemplo por Fernando Savater o muchos intelectuales que han tenido un papel primordial en el discurso político español de los últimos años.

Pero precisamente me refiero a Habermas para criticar una concepción de la democracia basada solo en la ley.

Se ha simplificado mucho, se le ha reducido a una caricatura que consiste en decir que lo único que nos tiene que unir son las leyes porque nada cuenta más.

Una de las características más curiosas de la crítica al nacionalismo catalán, al catalanismo en general, porque no es solo nacionalismo –yo distingo entre catalanismo y nacionalismo catalán–, es también la crítica que se hace contra el sustrato cultural católico en España. Se trata de eliminar ambas cosas, porque se supone que todo esto son rémoras del pasado, rémoras de épocas antiguas, premodernas, que hay que sustituir por la idea del ciudadano libre y autónomo, que es una caricatura del ciudadano francés. Yo no veo a los ciudadanos actuales muy libres ni autónomos, pero es igual, formalmente así debe ser, según afirman. Entonces, hay que considerar negativa cualquier otra forma preexistente, cualquier ideología, cualquier forma de pensar, cualquier creencia, vivencia, etcétera.

Siempre hay una creencia, una vivencia. El ciudadano como realidad solo legal en realidad no existe, es una abstracción. Siempre hay un peso de la pre-política.

Sí, pero se dice: esto es del ámbito privado, vívanlo ustedes privadamente en sus espacios de intimidad. Lo único que nos incumbe es que somos ciudadanos que votamos, cada uno aisladamente de otro, y al final de una manera estadística determinamos quién nos gobierna. Esta es la caricatura que yo he leído en El País durante años. Y yo, en mi modestia periférica, intento dialogar con este pensamiento. Y siempre me he dado cuenta de la trampa que existe, que es una trampa retórica. Al final existe una adaptación perfecta, como anillo al dedo, entre los sentimientos, vivencias y tradiciones de la nación cultural castellana, o de matriz cultural castellana, con una caricatura del patriotismo constitucional. Con lo cual, tú puedes sentirte tranquilo con tus emociones, y a con tu espíritu liberal y moderno. Mientras que se supone que un catalán tiene que adaptarse a ese modelo y dejar de lado sus emociones porque son premodernas. Me parece una trampa burda. Yo lo he vivido con mucha intensidad, por ejemplo, cuando Fernando Savater a través de El Paíshizo una llamada a la primera manifestación del Basta Ya. Yo, que no suelo conducir, cogí el coche y me fui a San Sebastián desde Girona, conduciendo después toda la noche, para estar allí, y me encontré con gente, con políticos conocidos que para mí estaban en las antípodas, pero consideré que por su exigencia democrática yo tenía que estar a su lado, en tanto que pequeño intelectual local, puesto que la llamada era de este tipo. Más tarde escribió algo que me dolió muchísimo, diciendo que la incomodidad del catalán es como la de la princesa del cuento, que nota el guisante debajo de siete colchones. Yo pensé entonces: ¿cuál es su capacidad de empatía?, ¿cómo sabe lo que es el problema lingüístico para un catalano-hablante que es hijo de una tradición en la que la mayor parte del tiempo esta lengua ha sido perseguida?, ¿cómo puede saber que esto es simplemente un guisante? Aquí entré en la conciencia de que había un tipo de trampa retórica. No quiero centrarme en Fernando Savater, lo tomo como ejemplo muy característico de una mentalidad ideológica muy importante en España, puesto que yo considero que el problema nace con Aznar.

¿Por qué con Aznar?

Mi tesis no solo se refiere al problema concreto de los últimos tiempos, a la cuestión de la sentencia del Estatut, que es verdad que ha sido un problema muy determinante, pero la cosa viene de bastante más lejos. Creo que el pacto constitucional fue un pacto muy razonable, basado en la ambigüedad, por la que cualquier sector de los muchos que pactaron la Transición podía creer que incluso cuando perdían los suyos en unas elecciones no se rompía el espacio creado, no se restringía. Cuando llega Aznar con mayoría absoluta (Aznar había escrito cuando era joven en La Nueva Rioja en contra del capítulo octavo de la Constitución, que es el de las autonomías) las cosas cambiaron. Cuando él consigue la mayoría absoluta, genera una dinámica centralizadora. En cierta manera, de facto, cambia el sentido de la Constitución.

Tú eres crítico con todo este proceso, con esta concepción de la democracia entendida solo como ley, muy de inspiración francesa, pero también eres muy crítico con la decisión que toma Artur Mas a partir de las elecciones de 2012.

Soy muy crítico con Artur Mas en general. Lo considero uno de los grandes responsables, al menos por la parte catalana, porque utilizó el problema creado con la sentencia del Tribunal Constitucional de manera táctica, simplemente para cubrir sus limitaciones. Tuvo un error tremendo en 2012 después de la primera gran manifestación del 11 de septiembre. Él tenía una cómoda mayoría en el Parlament, podía gobernar sin dificultades y quiso subirse a la ola. Fue el primer político que confundió la parte con el todo. Creyó que esta gran manifestación era el signo de una uniformidad catalana en este punto, y en lugar de ganar, perdió. Cuando tú adelantas elecciones, eres más responsable. Anticipó elecciones sin necesidad objetiva, simplemente porque creía que iba a subirse a la ola con un buen resultado y el resultado fue un bofetón porque le quitó doce parlamentarios. En vez de aceptarlo y enmendar el error con autocrítica o con un nuevo planteamiento, con la dimisión, se lanzó al vacío. Y dijo que su resultado era menor pero que sumando a Esquerra Republicana y a la CUP había una gran mayoría en Cataluña para iniciar el proceso del referéndum del 9-N. La política catalana, entró en una lógica, sobre todo en la parte independentista, donde cualquier dato de la realidad que desmienta las fantasías se cambia por una anécdota que asume la fuerza de la categoría y eclipsa la realidad misma.

También has subrayado la necesidad de que el independentismo haga autocrítica. ¿Se podría volver atrás?

Todo dependerá de los resultados. Aquí, en estos momentos, lo determinante para estas elecciones en Cataluña es ver si cristaliza, que lo veo difícil porque dependerá mucho del PSC, una posición intermedia. Hasta ahora la tensión se ha generado en los extremos, como era lógico. Si el independentismo arrastra a una posición extrema a una parte muy importante de la población catalana, lógicamente los que no estaban de acuerdo con esto tendieron hacia una posición también extrema, que es la de Ciudadanos. Ciudadanos ya nació como grupo explícitamente anti-catalanista, que no anti-catalán. Yo siempre matizo, pero ya no es simplemente anti-nacionalismo catalán, sino anti-catalanismo. Hasta el punto de que nació fundamentalmente como resultado de una corriente intelectual muy próxima a lo que decíamos antes, con Francesc Carreras, Arcadi Espada, que están en esta línea que comentábamos antes. Es necesario que cristalice una zona intermedia.

¿Y de dónde puede nacer esa zona intermedia?

De esta alianza que ha generado el PSC con los ex de Unió Democrática. Es un pacto a la italiana que me parece táctico y me gustaría que fuera más profundo, como hizo Prodi en Italia. Es más, yo he teorizado –si es que a mis artículos se le puede llamar teoría– que, ante la hegemonía del liberalismo despiadado, las dos corrientes históricas que en Europa han construido el Estado del Bienestar, una de tradición de izquierdas y otra de tradición cristiana, deben encontrarse en algún punto, a pesar de que sus tradiciones sean antagónicas en otros muchos otros. Y esto en Italia se ha conseguido parcialmente, a través de la figura de Prodi, después Renzi, y creo que es una vía a explorar. Pero ellos no lo han hecho por este camino, sino simplemente por un camino más táctico. El PSC siempre ha tenido una tradición catalanista, aunque ahora le acusan de serlo mucho menos y la verdad es que ha perdido muchos sectores que se han ido a ERC. Este pacto con Unió persigue de entrada los cien mil votos que Unió perdió al no conseguir el 3% y quedarse fuera. Pero creo que puede generar una dinámica central que creo que es fundamental para evitar el bloqueo. Si persiste la división del 50% más o menos, esto es un bloqueo interno catalán que no permite ninguna solución. No soluciona nada ni un gobierno hipotético de corte españolista, ni el contrario, como ya se ha visto, porque los independentistas no tienen ningún programa concreto. Simplemente en estos momentos piden la amnistía, que sus presos puedan salir. Pero no es un programa de futuro para el país. Lo que necesitamos es primero una conciencia crítica de lo que ha sucedido. Se han sobrepasado ciertos límites y se han cometido bastantes errores, y hay que asumirlo. Es bueno que también lo asuma el votante, no solo el político que está arriba. Hay que conseguir un acuerdo de mínimos en la sociedad catalana, que yo creo que es lo que siempre ha sido la mejor fuerza de Cataluña. Es necesario una unidad de mínimos para poder intentar negociar con el Estado español una salida al problema generado en principio por lo del Estatut. Aunque en este punto soy muy pesimista, porque creo que en este momento una de las derivadas políticas del procés es el aumento enorme del nacionalismo español. Con lo que cualquier salida de carácter transaccional con Cataluña será mal vista. La salida más natural en estos momentos en España es restringir para siempre la autonomía catalana, con lo que objetivamente no veo yo una salida al problema. No hay salida al problema hasta que en España se produzca también este proceso autocrítico que pido para Cataluña. Creo necesario en España, una reflexión sobre qué queremos. No puede ser que los problemas en España se diriman por estadísticas. Si hay una realidad nacional interna, alguna salida se le tiene que ofrecer, del tipo que sea. Creo que hay muchísimas fórmulas para darle una salida, ni siquiera es necesario reformar la Constitución. Herrero de Miñón es un padre de la Constitución que supongo que no es sospechoso de catalanista y tiene escritos libros interesantes sobre esta cuestión, y habría muchas salidas posibles.

La primera condición es tener conciencia de que en España ya existen matrices culturales distintas. Hay una que es mayoritaria, con lo que siempre puede ganar e imponerse, pero no me parece ni justo ni razonable que sea así. Es más, cuando he empezado esta conversación usando la metáfora de Sant Jordi me duele hacerlo, porque yo no quiero describir a España como un dragón, porque no creo que lo sea, pero sí creo que, si se deja llevar por el espíritu de la hegemonía, de la mayoría, se puede comportar así, y de hecho en algunos momentos de la historia se ha comportado como un dragón. Esta conciencia tiene que tenerla. Si estuviéramos una democracia madura en la que pudiéramos hablar de todo, habría que introducir esto.

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A la espera de una herida que sane

Fernando de Haro

La semana pasada dos noticias simultáneas, pero no paralelas. Con resultados divergentes. Las negociaciones para cerrar la primera fase del brexit (los términos del divorcio) y el comienzo de la campaña electoral en Cataluña han coincidido en el tiempo. Una y otra eran consecuencia del nacionalismo. El Gobierno del Reino Unido tiene que concretar la ruptura con la Unión aprobada en el nefasto referéndum de junio de 2016. Los partidos en Cataluña empezaban a buscar el voto, después de que el independentismo hiciera necesaria una intervención del Gobierno autónomo y la convocatoria de comicios.

Solo hace ocho meses May partía con una posición arrogante. Pedía formalmente en una carta subida de tono la salida de la Unión. Y llegaba a amenazar con no colaborar en cuestiones de seguridad. Al final la primera ministra británica ha acabado aceptando todo lo que pedía la Comisión. Ha aceptado el pago de la factura pendiente que le reclamaba Bruselas (hasta 60.000 millones de euros) y la tutela de los derechos de los ciudadanos europeos que viven en el Reino Unido, incluida la jurisdicción del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. No habrá tampoco frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte.

La frontera del Ulster, que parecía el escollo insalvable (el Gobierno de May se apoya en los diputados unionistas), ha dejado de ser un obstáculo para convertirse en la oportunidad de negociar un brexit blando. Esa frontera es la memoria de una herida muy presente, la que durante años sembró muertos y terror. Levantar de nuevo la marca hubiera sido volver al escenario anterior a los Acuerdos del Viernes Santo (1998) que hicieron posible la paz. Y pocos estaban dispuestos a ello. Para evitar la frontera entre las dos Irlandas se ha recurrido a mantener en el Ulster el mercado único y en la unión aduanera a cambio de que haya una “convergencia regulatoria” entre la provincia del Reino Unido y la República de Irlanda (UE). Ya han empezado a oírse voces que reclaman la misma solución para todo el país. Si así fuera el brexit se sustanciaría con una fórmula de asociación como la que tiene Noruega: participación en el mercado único sin intervención en sus órganos de decisión. Brexit blando, brexit que con el tiempo sería reversible porque no tiene ninguna ventaja.

No parece una causalidad que la herida abierta entre las dos Irlandas, la memoria y el deseo de no volver a un pasado sombrío, haya sido un elemento determinante para disolver parte de la ceguera ideológica. Hay otros factores sin duda. En el gen británico, junto al nacionalismo, el vector pragmático es decisivo. La humillación de May en las elecciones de junio, la presión de los sectores económicos (en especial de la city) por lo mucho que se puede perder y la firmeza de la Europa que quiere seguir unida han sido también determinantes. Pero las Irlandas que no quieren muro han contado mucho.

A la espera de una herida que sane

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Un documental de Nínive se estrena... mientras estalla otra vez la guerra

Miriam Díez Bosch

“Para mí ha sido una experiencia muy intensa estar en esos pueblos, derruidos, destrozados por la persecución. Ha sido un auténtico genocidio, según lo que dice el derecho internacional”. Son las declaraciones del director Fernando de Haro a Aleteia, que en los últimos días ha vivido “sobrecogido por la noticia de que 850 familias que habían vuelto a sus pueblos después de la derrota del Daesh hayan tenido que volver a huir por el enfrentamiento entre kurdos e iraquíes”.

La fe de estas personas no va a menos. “Lo sorprendente es que en medio de esa prueba haya muchos cuya fe haya crecido. Han tenido experiencia de que Dios los sostenía, los acompañaba”.

De hecho la película recoge el testimonio de un joven que se pregunta dónde está Dios en medio de tanta injusticia. “Es la pregunta que se hacía Job, la que nos hacemos todos. Y es sorprendente que, a través del encuentro con algunas personas, este chico haya redescubierto a un Dios que daba por descontado. Un testimonio así me acompaña”, cuenta de Haro.

“La situación es muy difícil. Hay una lucha intensa por hacerse con el control de la zona. Después de la derrota del Daesh, la lucha es ahora entre los kurdos y los iraquíes. Es necesario que las fuerzas internacionales pacifiquen la zona y que haya un proyecto de Iraq estable en el que los cristianos puedan vivir en paz. En el país han quedado muy pocos cristianos. Son el resto de Israel, pero ya hemos visto en otras ocasiones de la historia cómo la vida resurge a través de un resto”, añade.

La sede del CEU en Madrid, en la calle Julián Romea 23, será testigo el lunes día 30 del estreno de este documental sobre la llanura de Nínive, donde de nuevo se están enfrentando el ejército kurdo y el iraquí.

Este documental del periodista Fernando de Haro es la historia de las personas que han sufrido uno de los genocidios del siglo XXI, quizás el más reciente. Nínive relata la vida cotidiana de algunas de ellas. Entra en sus casas, en sus sufrimientos, en sus esperanzas. Recoge su testimonio de fidelidad y de amor a aquello en lo que creen.

En el verano de 2014, más de 120.000 cristianos se vieron obligados a huir de sus pueblos de la llanura de Nínive, una zona del norte de Iraq, que se encuentra cerca de Mosul. Es una de las cunas de la civilización. A la llanura de Nínive el cristianismo llegó en los primeros siglos y siempre ha sido un lugar con una presencia de bautizados muy significativa. En sus aldeas y sus pueblos se conservan las grandes tradiciones siriacas, caldeas y asirias.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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