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23 MARZO 2019
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>Entrevista a Antoni Puigverd

'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  28 votos
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www.paginasdigital.es conversa con Antonio Puigverd, poeta, escritor, columnista sobre la situación en Cataluña, sobre los fundamentos de la democracia. Una conversación sosegada con un observador que se define como catalanista.

En tus últimos artículos subrayas la necesidad de recuperar en este momento un espacio de fraternidad en la relación entre Cataluña y el resto de España, en la relación entre los catalanes ¿Cómo se puede recuperar este espacio de fraternidad?

La verdad es que no lo sé. Es decir, no veo condiciones objetivas para que esto se produzca. Es un deseo casi a la desesperada, personal, mío. Pero si pienso como analista, fríamente, no hay condiciones objetivas. Se ha producido una herida muy profunda, que se puede ver de muchas maneras. Desde la parte catalana, podríamos usar una metáfora muy clásica, que es la de Sant Jordi y el dragón. Si tú despiertas al monstruo tienes que tener capacidad de matarlo. Hay en la tradición española una visión del poder y de las relaciones internas que no se puede discutir. Solo se puede campear, se puede negociar, en situaciones de fuerza, de equilibrio, de necesidad, pero cuando se plantea con franqueza no hay posibilidad, al contrario, se despiertan los peores monstruos. Esto en la relación Cataluña-España. Por otra parte, en la relación de Cataluña consigo misma hay una confusión de la parte por el todo. Hay una comunidad catalana de carácter cultural –digámoslo así para no concretar más–, que ha sobrevivido casi milagrosamente al proceso de uniformización que los Estados generan. Ahora bien, esta comunidad cultural cuando se plantea en forma romántica, hablo de romántico en sentido literal, en el sentido herderiano del término - como la pervivencia de una identidad inmutable en los siglos a través de la lengua, la historia, el paisaje y la tradición (son las formas con que el nacionalismo alemán se proyecta y genera un discurso en toda Europa, y en todo el mundo) - no se consigue abrazar a los sectores que viven en Cataluña que son de otro origen.

Has escrito algo muy interesante en las últimas semanas sobre la errónea pretensión de basar las democracias solo en leyes. Me ha recordado la crítica de Habermas a una concepción liberal de la democracia en la que solo queda la ley positiva y no aparece ese otro factor fundamental que es el proceso de conversación, donde las diferentes identidades están dialogando. ¿Por qué has querido denunciar esta restricción?

No me gusta mucho que hables de Habermas en sentido profundo, porque Habermas es utilizado por ejemplo por Fernando Savater o muchos intelectuales que han tenido un papel primordial en el discurso político español de los últimos años.

Pero precisamente me refiero a Habermas para criticar una concepción de la democracia basada solo en la ley.

Se ha simplificado mucho, se le ha reducido a una caricatura que consiste en decir que lo único que nos tiene que unir son las leyes porque nada cuenta más.

Una de las características más curiosas de la crítica al nacionalismo catalán, al catalanismo en general, porque no es solo nacionalismo –yo distingo entre catalanismo y nacionalismo catalán–, es también la crítica que se hace contra el sustrato cultural católico en España. Se trata de eliminar ambas cosas, porque se supone que todo esto son rémoras del pasado, rémoras de épocas antiguas, premodernas, que hay que sustituir por la idea del ciudadano libre y autónomo, que es una caricatura del ciudadano francés. Yo no veo a los ciudadanos actuales muy libres ni autónomos, pero es igual, formalmente así debe ser, según afirman. Entonces, hay que considerar negativa cualquier otra forma preexistente, cualquier ideología, cualquier forma de pensar, cualquier creencia, vivencia, etcétera.

Siempre hay una creencia, una vivencia. El ciudadano como realidad solo legal en realidad no existe, es una abstracción. Siempre hay un peso de la pre-política.

Sí, pero se dice: esto es del ámbito privado, vívanlo ustedes privadamente en sus espacios de intimidad. Lo único que nos incumbe es que somos ciudadanos que votamos, cada uno aisladamente de otro, y al final de una manera estadística determinamos quién nos gobierna. Esta es la caricatura que yo he leído en El País durante años. Y yo, en mi modestia periférica, intento dialogar con este pensamiento. Y siempre me he dado cuenta de la trampa que existe, que es una trampa retórica. Al final existe una adaptación perfecta, como anillo al dedo, entre los sentimientos, vivencias y tradiciones de la nación cultural castellana, o de matriz cultural castellana, con una caricatura del patriotismo constitucional. Con lo cual, tú puedes sentirte tranquilo con tus emociones, y a con tu espíritu liberal y moderno. Mientras que se supone que un catalán tiene que adaptarse a ese modelo y dejar de lado sus emociones porque son premodernas. Me parece una trampa burda. Yo lo he vivido con mucha intensidad, por ejemplo, cuando Fernando Savater a través de El Paíshizo una llamada a la primera manifestación del Basta Ya. Yo, que no suelo conducir, cogí el coche y me fui a San Sebastián desde Girona, conduciendo después toda la noche, para estar allí, y me encontré con gente, con políticos conocidos que para mí estaban en las antípodas, pero consideré que por su exigencia democrática yo tenía que estar a su lado, en tanto que pequeño intelectual local, puesto que la llamada era de este tipo. Más tarde escribió algo que me dolió muchísimo, diciendo que la incomodidad del catalán es como la de la princesa del cuento, que nota el guisante debajo de siete colchones. Yo pensé entonces: ¿cuál es su capacidad de empatía?, ¿cómo sabe lo que es el problema lingüístico para un catalano-hablante que es hijo de una tradición en la que la mayor parte del tiempo esta lengua ha sido perseguida?, ¿cómo puede saber que esto es simplemente un guisante? Aquí entré en la conciencia de que había un tipo de trampa retórica. No quiero centrarme en Fernando Savater, lo tomo como ejemplo muy característico de una mentalidad ideológica muy importante en España, puesto que yo considero que el problema nace con Aznar.

¿Por qué con Aznar?

Mi tesis no solo se refiere al problema concreto de los últimos tiempos, a la cuestión de la sentencia del Estatut, que es verdad que ha sido un problema muy determinante, pero la cosa viene de bastante más lejos. Creo que el pacto constitucional fue un pacto muy razonable, basado en la ambigüedad, por la que cualquier sector de los muchos que pactaron la Transición podía creer que incluso cuando perdían los suyos en unas elecciones no se rompía el espacio creado, no se restringía. Cuando llega Aznar con mayoría absoluta (Aznar había escrito cuando era joven en La Nueva Rioja en contra del capítulo octavo de la Constitución, que es el de las autonomías) las cosas cambiaron. Cuando él consigue la mayoría absoluta, genera una dinámica centralizadora. En cierta manera, de facto, cambia el sentido de la Constitución.

Tú eres crítico con todo este proceso, con esta concepción de la democracia entendida solo como ley, muy de inspiración francesa, pero también eres muy crítico con la decisión que toma Artur Mas a partir de las elecciones de 2012.

Soy muy crítico con Artur Mas en general. Lo considero uno de los grandes responsables, al menos por la parte catalana, porque utilizó el problema creado con la sentencia del Tribunal Constitucional de manera táctica, simplemente para cubrir sus limitaciones. Tuvo un error tremendo en 2012 después de la primera gran manifestación del 11 de septiembre. Él tenía una cómoda mayoría en el Parlament, podía gobernar sin dificultades y quiso subirse a la ola. Fue el primer político que confundió la parte con el todo. Creyó que esta gran manifestación era el signo de una uniformidad catalana en este punto, y en lugar de ganar, perdió. Cuando tú adelantas elecciones, eres más responsable. Anticipó elecciones sin necesidad objetiva, simplemente porque creía que iba a subirse a la ola con un buen resultado y el resultado fue un bofetón porque le quitó doce parlamentarios. En vez de aceptarlo y enmendar el error con autocrítica o con un nuevo planteamiento, con la dimisión, se lanzó al vacío. Y dijo que su resultado era menor pero que sumando a Esquerra Republicana y a la CUP había una gran mayoría en Cataluña para iniciar el proceso del referéndum del 9-N. La política catalana, entró en una lógica, sobre todo en la parte independentista, donde cualquier dato de la realidad que desmienta las fantasías se cambia por una anécdota que asume la fuerza de la categoría y eclipsa la realidad misma.

También has subrayado la necesidad de que el independentismo haga autocrítica. ¿Se podría volver atrás?

Todo dependerá de los resultados. Aquí, en estos momentos, lo determinante para estas elecciones en Cataluña es ver si cristaliza, que lo veo difícil porque dependerá mucho del PSC, una posición intermedia. Hasta ahora la tensión se ha generado en los extremos, como era lógico. Si el independentismo arrastra a una posición extrema a una parte muy importante de la población catalana, lógicamente los que no estaban de acuerdo con esto tendieron hacia una posición también extrema, que es la de Ciudadanos. Ciudadanos ya nació como grupo explícitamente anti-catalanista, que no anti-catalán. Yo siempre matizo, pero ya no es simplemente anti-nacionalismo catalán, sino anti-catalanismo. Hasta el punto de que nació fundamentalmente como resultado de una corriente intelectual muy próxima a lo que decíamos antes, con Francesc Carreras, Arcadi Espada, que están en esta línea que comentábamos antes. Es necesario que cristalice una zona intermedia.

¿Y de dónde puede nacer esa zona intermedia?

De esta alianza que ha generado el PSC con los ex de Unió Democrática. Es un pacto a la italiana que me parece táctico y me gustaría que fuera más profundo, como hizo Prodi en Italia. Es más, yo he teorizado –si es que a mis artículos se le puede llamar teoría– que, ante la hegemonía del liberalismo despiadado, las dos corrientes históricas que en Europa han construido el Estado del Bienestar, una de tradición de izquierdas y otra de tradición cristiana, deben encontrarse en algún punto, a pesar de que sus tradiciones sean antagónicas en otros muchos otros. Y esto en Italia se ha conseguido parcialmente, a través de la figura de Prodi, después Renzi, y creo que es una vía a explorar. Pero ellos no lo han hecho por este camino, sino simplemente por un camino más táctico. El PSC siempre ha tenido una tradición catalanista, aunque ahora le acusan de serlo mucho menos y la verdad es que ha perdido muchos sectores que se han ido a ERC. Este pacto con Unió persigue de entrada los cien mil votos que Unió perdió al no conseguir el 3% y quedarse fuera. Pero creo que puede generar una dinámica central que creo que es fundamental para evitar el bloqueo. Si persiste la división del 50% más o menos, esto es un bloqueo interno catalán que no permite ninguna solución. No soluciona nada ni un gobierno hipotético de corte españolista, ni el contrario, como ya se ha visto, porque los independentistas no tienen ningún programa concreto. Simplemente en estos momentos piden la amnistía, que sus presos puedan salir. Pero no es un programa de futuro para el país. Lo que necesitamos es primero una conciencia crítica de lo que ha sucedido. Se han sobrepasado ciertos límites y se han cometido bastantes errores, y hay que asumirlo. Es bueno que también lo asuma el votante, no solo el político que está arriba. Hay que conseguir un acuerdo de mínimos en la sociedad catalana, que yo creo que es lo que siempre ha sido la mejor fuerza de Cataluña. Es necesario una unidad de mínimos para poder intentar negociar con el Estado español una salida al problema generado en principio por lo del Estatut. Aunque en este punto soy muy pesimista, porque creo que en este momento una de las derivadas políticas del procés es el aumento enorme del nacionalismo español. Con lo que cualquier salida de carácter transaccional con Cataluña será mal vista. La salida más natural en estos momentos en España es restringir para siempre la autonomía catalana, con lo que objetivamente no veo yo una salida al problema. No hay salida al problema hasta que en España se produzca también este proceso autocrítico que pido para Cataluña. Creo necesario en España, una reflexión sobre qué queremos. No puede ser que los problemas en España se diriman por estadísticas. Si hay una realidad nacional interna, alguna salida se le tiene que ofrecer, del tipo que sea. Creo que hay muchísimas fórmulas para darle una salida, ni siquiera es necesario reformar la Constitución. Herrero de Miñón es un padre de la Constitución que supongo que no es sospechoso de catalanista y tiene escritos libros interesantes sobre esta cuestión, y habría muchas salidas posibles.

La primera condición es tener conciencia de que en España ya existen matrices culturales distintas. Hay una que es mayoritaria, con lo que siempre puede ganar e imponerse, pero no me parece ni justo ni razonable que sea así. Es más, cuando he empezado esta conversación usando la metáfora de Sant Jordi me duele hacerlo, porque yo no quiero describir a España como un dragón, porque no creo que lo sea, pero sí creo que, si se deja llevar por el espíritu de la hegemonía, de la mayoría, se puede comportar así, y de hecho en algunos momentos de la historia se ha comportado como un dragón. Esta conciencia tiene que tenerla. Si estuviéramos una democracia madura en la que pudiéramos hablar de todo, habría que introducir esto.

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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  7 votos
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'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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>Entrevista a Daniel Gascón

'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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>Entrevista a Joseba Arregi

'Todos, no solo los políticos, no solo una parte, debemos hacer autocrítica tras lo sucedido en Cataluña'

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

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>Entrevista a Tulio Álvarez

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Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

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El otro es un bien, también en política

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