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13 DICIEMBRE 2017
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>Entrevista a Valentì Puig

"Puigdemont está al alza e Iceta tiene en contra la herencia del tripartito"

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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Valentí Puig analiza para www.paginasdigital.es los primeros días de la campaña en Cataluña. El analista y escritor señala que no se puede minusvalorar el ascenso de Puigdemont y advierte de la existencia de voto oculto y de un gran porcentaje de indecisos.

La encuesta del CIS refleja un ligero desgaste de los tres partidos independentistas. ¿Es significativo?

Aunque queda mucho trecho por delante, con posibilidad de sorpresas que alteren las tendencias actuales, parece evidente que Ciudadanos está al alza y que por el momento hay una leve reducción del voto independentista, con un factor nuevo que consiste en la paulatina subida de la tan peculiar lista electoral de Carles Puigdemont. Aun así, es aconsejable desestimar previsiones taxativas, entre otras cosas por el voto indeciso –casi un 30 por ciento– y los que manifiestan que no saben cuál será su voto. Por otra parte, existe un contingente indefinible de voto oculto. Y el deslizamiento de votos puede prolongarse hasta el día del escrutinio. Esta no es una elección cualquiera. Tengamos en cuenta que –según las organizaciones empresariales– Cataluña está reduciendo su crecimiento a la media española y la producción empresarial cae.

Ciudadanos podría ser la fuerza más votada. Pero parece que no hay grandes movimientos en los grandes bloques. Si se cumplen las previsiones llegaremos a una situación de bloqueo. ¿Qué solución hay?

Es así. Se dan dos grandes bloques, el independentista y el constitucionalista. En estos momentos y salvo que se perfilen nuevas tendencias, no hay transvases de votos, que sean significativos, de un bloque a otro, mientras que en cada bloque los votos pueden ir de un lado para otro. Por ejemplo: de ERC a la candidatura de Puigdemont y, en el bloque constitucionalista, es evidente que la candidatura de Inés Arrimadas atrae votos del PP, un partido que puede quedar por detrás de los antisistema de la CUP. Es decir: la diferencia entre uno y otro bloque está en poco más de un escaño, dado un sistema electoral que prima el voto de Girona sobre el voto de Barcelona. Esa es una cuestión nuclear y que a veces se olvida, perdiendo de vista que en el parlamento autonómico anterior, el bloque constitucionalista superaba en votos a la alianza independentista, que tenía más escaños. Más allá del reparto de escaños, existe la perspectiva de una sociedad con confrontaciones internas cada vez más graves. Si la respuesta electoral es de fragmentación, la pérdida de autoestima y la desconfianza ciudadana irán en aumento.

¿Tiene alguna posibilidad la “operación Iceta”? ¿Con que apoyos podría contar?

Su posibilidad es la de arbitrar en una situación de contraposiciones. Eso es lo que pretende Iceta: recuperar elementos de centralidad –para lo que ha sumado a personalidades democristianas– y ser el fiel de la balanza. Por ejemplo: está atrayendo votos que eran de la formación de Ada Colau, pero no olvidemos que su expectativa es de 21 escaños, por ahora. Iceta, al menos en campaña, quiere desmarcarse por completo de un futuro frente constitucionalista. Su punto más débil es el balance catastrófico de los dos tripartitos en los que gobernó con ERC. Por eso dice Iceta que no votará a un presidente independentista. Hasta hace poco, eso abría las puertas a una operación post-electoral ERC-PSC y el partido de Ada Colau, algo que Oriol Junqueras no desechaba, pero la cuestión definitiva es que la mayoría absoluta son y serán 68 escaños.

¿Qué papel pueden jugar los Comunes?

Su voto no mejora, por ahora. Es más, se desplaza en parte a PSC. La ilusión de Ada Colau era introducir una cuña decisiva y tal vez lo logre si entramos en el territorio de los juegos malabares, que es lo que menos necesita la convivencia catalana. Como alcaldesa, Colau no es un ejemplo de ecuanimidad y visión de futuro colectivo. Es más: pudiera ser, una vez más, que los populismos bajen después de subir, como ocurre con Podemos.

La fórmula impulsada por Puigdemont ha fracasado. ¿Hacia dónde pueden ir los independentistas si suman para tener Gobierno?

De hecho la lista de Puigdemont está ganando terreno y en ERC temen que les pueda ganar la partida. Hay que tener en cuenta la guerra interna en el independentismo. En lo que todavía es el PDeCAT, el hecho de que Puigdemont haya hecho su lista sin contar con el partido –con alistamiento de candidatos muy exóticos, por decirlo de alguna manera– ha generado tensión. Entre líneas, el PDeCat le va advirtiendo que no podrá pactar con quien le plazca, al margen de la organización ex convergente. Sumemos la creciente discordancia entre Puigdemont y ERC. El PDeCAT exige que en cualquier caso el presidente sea Puigdemont, porque aún se le considera electo. Votar a otro –se dice– sería “legitimar” el 155, al que de otra parte se han acogido la mayor parte de “consellers” detenidos. En el seno de ERC también hay tensiones, como la generada por la denominación de Marta Rovira como candidata a presidir la Generalitat. Parece que Junqueras tiene motivos para arrepentirse de esa proclamación, según le indican desde sectores de su partido. Marta Rovira, además, pudo haber participado activamente en la insurgencia del día 1 de octubre, según la investigación en curso.

¿Qué efecto tiene el que Junqueras esté en prisión?

Por ahora, negativo porque mientras tanto Puigdemont hace su campaña tan primaria desde Bruselas, sin que sepamos muy bien hasta cuándo. Ese es un punto clave: si Puigdemont regresa, va la cárcel y eso puede reactivar un victimismo que en los últimos tiempos se atrincheraba en la retórica. ¿Hasta cuándo estará Junqueras en la cárcel? Por el momento, en el debate Rovira-Arrimadas, la candidata republicana está llevando las de perder. En consecuencia, si sigue el empuje de Puigdemont, Junqueras tendría que abandonar su idea de presidir la Generalitat en virtud de una alianza sin objetivos de secesión. Ciertamente, todo está por ver. Puede ser una campaña determinada por los azares. De cualquier manera, cuesta ver una salida al callejón sin salida construido por el secesionismo con materiales de derribo.

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A la espera de una herida que sane

Fernando de Haro

La semana pasada dos noticias simultáneas, pero no paralelas. Con resultados divergentes. Las negociaciones para cerrar la primera fase del brexit (los términos del divorcio) y el comienzo de la campaña electoral en Cataluña han coincidido en el tiempo. Una y otra eran consecuencia del nacionalismo. El Gobierno del Reino Unido tiene que concretar la ruptura con la Unión aprobada en el nefasto referéndum de junio de 2016. Los partidos en Cataluña empezaban a buscar el voto, después de que el independentismo hiciera necesaria una intervención del Gobierno autónomo y la convocatoria de comicios.

Solo hace ocho meses May partía con una posición arrogante. Pedía formalmente en una carta subida de tono la salida de la Unión. Y llegaba a amenazar con no colaborar en cuestiones de seguridad. Al final la primera ministra británica ha acabado aceptando todo lo que pedía la Comisión. Ha aceptado el pago de la factura pendiente que le reclamaba Bruselas (hasta 60.000 millones de euros) y la tutela de los derechos de los ciudadanos europeos que viven en el Reino Unido, incluida la jurisdicción del Tribunal Europeo de Derechos Humanos. No habrá tampoco frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte.

La frontera del Ulster, que parecía el escollo insalvable (el Gobierno de May se apoya en los diputados unionistas), ha dejado de ser un obstáculo para convertirse en la oportunidad de negociar un brexit blando. Esa frontera es la memoria de una herida muy presente, la que durante años sembró muertos y terror. Levantar de nuevo la marca hubiera sido volver al escenario anterior a los Acuerdos del Viernes Santo (1998) que hicieron posible la paz. Y pocos estaban dispuestos a ello. Para evitar la frontera entre las dos Irlandas se ha recurrido a mantener en el Ulster el mercado único y en la unión aduanera a cambio de que haya una “convergencia regulatoria” entre la provincia del Reino Unido y la República de Irlanda (UE). Ya han empezado a oírse voces que reclaman la misma solución para todo el país. Si así fuera el brexit se sustanciaría con una fórmula de asociación como la que tiene Noruega: participación en el mercado único sin intervención en sus órganos de decisión. Brexit blando, brexit que con el tiempo sería reversible porque no tiene ninguna ventaja.

No parece una causalidad que la herida abierta entre las dos Irlandas, la memoria y el deseo de no volver a un pasado sombrío, haya sido un elemento determinante para disolver parte de la ceguera ideológica. Hay otros factores sin duda. En el gen británico, junto al nacionalismo, el vector pragmático es decisivo. La humillación de May en las elecciones de junio, la presión de los sectores económicos (en especial de la city) por lo mucho que se puede perder y la firmeza de la Europa que quiere seguir unida han sido también determinantes. Pero las Irlandas que no quieren muro han contado mucho.

A la espera de una herida que sane

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Un documental de Nínive se estrena... mientras estalla otra vez la guerra

Miriam Díez Bosch

“Para mí ha sido una experiencia muy intensa estar en esos pueblos, derruidos, destrozados por la persecución. Ha sido un auténtico genocidio, según lo que dice el derecho internacional”. Son las declaraciones del director Fernando de Haro a Aleteia, que en los últimos días ha vivido “sobrecogido por la noticia de que 850 familias que habían vuelto a sus pueblos después de la derrota del Daesh hayan tenido que volver a huir por el enfrentamiento entre kurdos e iraquíes”.

La fe de estas personas no va a menos. “Lo sorprendente es que en medio de esa prueba haya muchos cuya fe haya crecido. Han tenido experiencia de que Dios los sostenía, los acompañaba”.

De hecho la película recoge el testimonio de un joven que se pregunta dónde está Dios en medio de tanta injusticia. “Es la pregunta que se hacía Job, la que nos hacemos todos. Y es sorprendente que, a través del encuentro con algunas personas, este chico haya redescubierto a un Dios que daba por descontado. Un testimonio así me acompaña”, cuenta de Haro.

“La situación es muy difícil. Hay una lucha intensa por hacerse con el control de la zona. Después de la derrota del Daesh, la lucha es ahora entre los kurdos y los iraquíes. Es necesario que las fuerzas internacionales pacifiquen la zona y que haya un proyecto de Iraq estable en el que los cristianos puedan vivir en paz. En el país han quedado muy pocos cristianos. Son el resto de Israel, pero ya hemos visto en otras ocasiones de la historia cómo la vida resurge a través de un resto”, añade.

La sede del CEU en Madrid, en la calle Julián Romea 23, será testigo el lunes día 30 del estreno de este documental sobre la llanura de Nínive, donde de nuevo se están enfrentando el ejército kurdo y el iraquí.

Este documental del periodista Fernando de Haro es la historia de las personas que han sufrido uno de los genocidios del siglo XXI, quizás el más reciente. Nínive relata la vida cotidiana de algunas de ellas. Entra en sus casas, en sus sufrimientos, en sus esperanzas. Recoge su testimonio de fidelidad y de amor a aquello en lo que creen.

En el verano de 2014, más de 120.000 cristianos se vieron obligados a huir de sus pueblos de la llanura de Nínive, una zona del norte de Iraq, que se encuentra cerca de Mosul. Es una de las cunas de la civilización. A la llanura de Nínive el cristianismo llegó en los primeros siglos y siempre ha sido un lugar con una presencia de bautizados muy significativa. En sus aldeas y sus pueblos se conservan las grandes tradiciones siriacas, caldeas y asirias.

Un documental de Nínive se estrena... mientras estalla otra vez la guerra

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  2768 votos

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