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13 DICIEMBRE 2017
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>Entrevista a Valentì Puig

"Puigdemont está al alza e Iceta tiene en contra la herencia del tripartito"

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Valentí Puig analiza para www.paginasdigital.es los primeros días de la campaña en Cataluña. El analista y escritor señala que no se puede minusvalorar el ascenso de Puigdemont y advierte de la existencia de voto oculto y de un gran porcentaje de indecisos.

La encuesta del CIS refleja un ligero desgaste de los tres partidos independentistas. ¿Es significativo?

Aunque queda mucho trecho por delante, con posibilidad de sorpresas que alteren las tendencias actuales, parece evidente que Ciudadanos está al alza y que por el momento hay una leve reducción del voto independentista, con un factor nuevo que consiste en la paulatina subida de la tan peculiar lista electoral de Carles Puigdemont. Aun así, es aconsejable desestimar previsiones taxativas, entre otras cosas por el voto indeciso –casi un 30 por ciento– y los que manifiestan que no saben cuál será su voto. Por otra parte, existe un contingente indefinible de voto oculto. Y el deslizamiento de votos puede prolongarse hasta el día del escrutinio. Esta no es una elección cualquiera. Tengamos en cuenta que –según las organizaciones empresariales– Cataluña está reduciendo su crecimiento a la media española y la producción empresarial cae.

Ciudadanos podría ser la fuerza más votada. Pero parece que no hay grandes movimientos en los grandes bloques. Si se cumplen las previsiones llegaremos a una situación de bloqueo. ¿Qué solución hay?

Es así. Se dan dos grandes bloques, el independentista y el constitucionalista. En estos momentos y salvo que se perfilen nuevas tendencias, no hay transvases de votos, que sean significativos, de un bloque a otro, mientras que en cada bloque los votos pueden ir de un lado para otro. Por ejemplo: de ERC a la candidatura de Puigdemont y, en el bloque constitucionalista, es evidente que la candidatura de Inés Arrimadas atrae votos del PP, un partido que puede quedar por detrás de los antisistema de la CUP. Es decir: la diferencia entre uno y otro bloque está en poco más de un escaño, dado un sistema electoral que prima el voto de Girona sobre el voto de Barcelona. Esa es una cuestión nuclear y que a veces se olvida, perdiendo de vista que en el parlamento autonómico anterior, el bloque constitucionalista superaba en votos a la alianza independentista, que tenía más escaños. Más allá del reparto de escaños, existe la perspectiva de una sociedad con confrontaciones internas cada vez más graves. Si la respuesta electoral es de fragmentación, la pérdida de autoestima y la desconfianza ciudadana irán en aumento.

¿Tiene alguna posibilidad la “operación Iceta”? ¿Con que apoyos podría contar?

Su posibilidad es la de arbitrar en una situación de contraposiciones. Eso es lo que pretende Iceta: recuperar elementos de centralidad –para lo que ha sumado a personalidades democristianas– y ser el fiel de la balanza. Por ejemplo: está atrayendo votos que eran de la formación de Ada Colau, pero no olvidemos que su expectativa es de 21 escaños, por ahora. Iceta, al menos en campaña, quiere desmarcarse por completo de un futuro frente constitucionalista. Su punto más débil es el balance catastrófico de los dos tripartitos en los que gobernó con ERC. Por eso dice Iceta que no votará a un presidente independentista. Hasta hace poco, eso abría las puertas a una operación post-electoral ERC-PSC y el partido de Ada Colau, algo que Oriol Junqueras no desechaba, pero la cuestión definitiva es que la mayoría absoluta son y serán 68 escaños.

¿Qué papel pueden jugar los Comunes?

Su voto no mejora, por ahora. Es más, se desplaza en parte a PSC. La ilusión de Ada Colau era introducir una cuña decisiva y tal vez lo logre si entramos en el territorio de los juegos malabares, que es lo que menos necesita la convivencia catalana. Como alcaldesa, Colau no es un ejemplo de ecuanimidad y visión de futuro colectivo. Es más: pudiera ser, una vez más, que los populismos bajen después de subir, como ocurre con Podemos.

La fórmula impulsada por Puigdemont ha fracasado. ¿Hacia dónde pueden ir los independentistas si suman para tener Gobierno?

De hecho la lista de Puigdemont está ganando terreno y en ERC temen que les pueda ganar la partida. Hay que tener en cuenta la guerra interna en el independentismo. En lo que todavía es el PDeCAT, el hecho de que Puigdemont haya hecho su lista sin contar con el partido –con alistamiento de candidatos muy exóticos, por decirlo de alguna manera– ha generado tensión. Entre líneas, el PDeCat le va advirtiendo que no podrá pactar con quien le plazca, al margen de la organización ex convergente. Sumemos la creciente discordancia entre Puigdemont y ERC. El PDeCAT exige que en cualquier caso el presidente sea Puigdemont, porque aún se le considera electo. Votar a otro –se dice– sería “legitimar” el 155, al que de otra parte se han acogido la mayor parte de “consellers” detenidos. En el seno de ERC también hay tensiones, como la generada por la denominación de Marta Rovira como candidata a presidir la Generalitat. Parece que Junqueras tiene motivos para arrepentirse de esa proclamación, según le indican desde sectores de su partido. Marta Rovira, además, pudo haber participado activamente en la insurgencia del día 1 de octubre, según la investigación en curso.

¿Qué efecto tiene el que Junqueras esté en prisión?

Por ahora, negativo porque mientras tanto Puigdemont hace su campaña tan primaria desde Bruselas, sin que sepamos muy bien hasta cuándo. Ese es un punto clave: si Puigdemont regresa, va la cárcel y eso puede reactivar un victimismo que en los últimos tiempos se atrincheraba en la retórica. ¿Hasta cuándo estará Junqueras en la cárcel? Por el momento, en el debate Rovira-Arrimadas, la candidata republicana está llevando las de perder. En consecuencia, si sigue el empuje de Puigdemont, Junqueras tendría que abandonar su idea de presidir la Generalitat en virtud de una alianza sin objetivos de secesión. Ciertamente, todo está por ver. Puede ser una campaña determinada por los azares. De cualquier manera, cuesta ver una salida al callejón sin salida construido por el secesionismo con materiales de derribo.

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