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24 ENERO 2018
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>Entrevista a Fernando García de Cortázar

"El catalanismo nace como un intento de mejora de España"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  35 votos
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Entrevistamos al catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto Fernando García de Cortázar. La historia no reconoce en el actual secesionismo nada que tenga que ver con el catalanismo tradicional, afirma el escritor.

¿Cuál es el origen del nacionalismo catalán? ¿Es independentista desde sus inicios?

Más allá de lo que quieran decir ahora los líderes independentistas la historia contradice sus reflexiones sobre el independentismo catalán. El catalanismo nace como un intento de mejora de la España de finales del siglo XIX a principios del siglo XX. En absoluto era independentista. Era una ideología regionalista que nada tiene que ver con el independentismo actual que ellos proclaman. La historia no reconoce en el actual secesionismo al catalanismo tradicional y tampoco al republicanismo popular. Tanto uno como otro pensaron siempre Cataluña como parte de España.

Por tanto, el nacionalismo catalán tiene que ver con el desastre del 98.

Efectivamente, por un deseo de mejora de la España de aquel momento. Y nadie podría decir que unas de las tradiciones sociales más importantes, del primer tercio del siglo pasado, de la Cataluña obrera que es el sindicalismo anarquista hayan venido a parar en la pintoresca demanda de un estado propio. El catalanismo siempre se presentó como un gran proyecto español. En el que Cataluña tenía que cumplir ese papel de motor social, de motor intelectual y de motor económico. Tenemos multitud de testimonios de Prat de la Riba y de Cambó como padres de ese catalanismo y lo que ellos realmente procuraban era la regeneración de España.

Catalanismo como gran proyecto español. La línea de Josep Borrell en su discurso en la manifestación promovida por la Sociedad Civil Catalana apuntaba en este sentido. Recuperar lo mejor de la tradición del catalanismo como punta de lanza de una España moderna.

Yo entiendo que esa ha sido la historia del catalanismo y que, realmente, lo que está ocurriendo ahora atenta contra la tradición catalanista de Prat de la Riba, de Cambó… de la Lliga Regionalista, y en buena medida de la burguesía catalana que quería ser motor de España y contribuir a la España plural y diversa pero también unida.

Entonces ¿el independentismo contemporáneo atenta contra sus propias raíces?

Efectivamente, es un atentado contra las propias raíces. Y hay que tener en cuenta que este independentismo ha podido tener fuerza por la conjunción con una ideología populista que también se ha extendido por buena parte de Europa. El independentismo basado en esas mitificaciones y en esos atentados contra la historia no hubiese podido llegar a donde ha llegado, a ese golpe de estado desde las instituciones, si no hubiera contado con la fuerza del populismo.

Separemos el trigo de la paja. Hagamos un esfuerzo por entender las razones del otro. ¿Existe alguna reivindicación del independentismo actual que sí podría ser razonable atender?

Yo entendería que quizá el café para todos haya podido ser lesivo para una afirmación clara de la España plural. Es decir, no es que los catalanes deban de pedir privilegios pero es claro que la singularidad histórica y cultural de Cataluña que es reconocida también por el Estatuto… pues es distinta de las identidades que se han ido desarrollando a partir de la Constitución del 78. Es decir, que la singularidad catalana no es como otras singularidades regionales que se han ido definiendo e incluso argumentando y legitimando con el desarrollo de la España de las autonomías.

Cataluña se caracteriza por una marcada personalidad y por una gran riqueza cultural pero ¿tiene sentido histórico hablar de una Cataluña como un estado independiente o como una nación moderna?

Efectivamente hay un paso que no se debe de dar porque muchas veces esas naciones se forman contra otras. Es una zona de España con una gran personalidad, que es algo positivo, que ha tenido una gran riqueza cultural, con una lengua bellísima pero eso no indica que pueda afirmarse contra otras. Las definiciones de los nacionalistas muchas veces pasan por decir “Yo no soy español” en vez de decir una afirmación positiva. Ellos se definen frente a los que consideran el enemigo exterior.

Ha relacionado nacionalismo con populismo. Vivimos en una sociedad donde ciertas evidencias han caído, nuestra sociedad es líquida usando la expresión de Bauman. Estos movimientos intentan salvaguardar una identidad propia. ¿Podría tener que ver con la descripción de Bauman? ¿Podría ser una respuesta a la globalización?

Yo diría que el populismo actual tiene que ver con la crisis económica que es, a su vez, una crisis cultural enorme, con la falta de lectura, con la pérdida de niveles de educación, y tiene que ver, muchas veces, con la capacidad verbal, con la algarabía del lenguaje... En nombre del pueblo y en nombre de los jóvenes han atacado a los partidos. Se han autoconsiderado como los que tienen que definir la decadencia. En nombre de la utopía, frente al pragmatismo, en nombre de la revolución frente a la reforma, etc. Es una ideología que está causando graves deterioros y ha caudado graves deterioros a lo largo del siglo XX. Ellos tienen la pretensión de hablar en nombre del pueblo como si ellos fueran el pueblo o estuvieran más conectados con el pueblo. Y hay que recordar que hemos visto escenarios de vergüenza, en el siglo XX, que aún escandalizan nuestra conciencia moral.

El fenómeno del nacionalismo, que se convierte en independentismo, ha sido explicado por algunos autores como usted en una “transferencia de sacralidad”.

Efectivamente, en buena medida se convierte en una nueva religión.

¿Podría ser este otro factor que ayudaría a entender el momento actual?

En un momento donde la Iglesia pierde el liderazgo, debido a la secularización, los curas se abrazan a la idea mágica de nación, a la idea de pueblo o de patria, mucho más que la idea de clase social. Al lado de los nacionalismos conservadores siempre ha habido muchos curas. En el momento que pierden su liderazgo se agarran, dada su formación existencialista, a eslóganes. Estos parecen plausibles pero no lo son. Como dejemos que el pueblo se autodetermine. El problema es que ese pueblo no se puede autodeterminar hasta que alguien diga qué es ese pueblo, cuáles son sus fronteras, cuál es el límite… Eso es claro, hay una transferencia de sacralidad. Lo que antes era la religión ahora es la nación porque además también la sociedad europea y la sociedad mundial han dejado de ser tan religiosas. Los curas han hecho ese trasvase y todos los esencialismos que la religión les había proporcionado ahora lo atribuyen a la nación.

¿En la transición hubiera sido deseable una delimitación mucho más razonable en las competencias de las autonomías?

Desde luego, además porque el problema del café para todos es que para legitimar el papel de las autonomías ha habido un esfuerzo en la educación de crear sentimientos identitarios donde no había y de crear sentimientos de pertenencia donde no había. Muchas Comunidades Autónomas se han dado cuenta ahora de que lo son cuando su única adscripción era la adscripción nacional. El problema que subyace en el tema catalán no es solo las insidias del gobierno catalán sino también lo que no se hace desde el Gobierno central. Y donde realmente la conciencia nacional española no se ha desarrollado porque muchas veces se ha insistido mucho más en lo regional que en lo nacional. Lo regional está ocupando ahora lo que en el siglo XIX era la nación. El independentismo no es solo fruto de la estrategia de ellos sino que también nosotros somos responsables, los que creemos en España, en no desarrollar un sentido de España que pudiera compensar los efluvios emocionales del nacionalismo catalán.

En el fondo somos corresponsables por nuestra debilidad.

Totalmente, por ejemplo, en mi libro “Los mitos de la historia de España” desarrollo que existe un mito falso, entre otros, que ha tenido mucha fuerza que es la idea de una Castilla arcaica, antigua, decrépita frente a una Cataluña moderna, cosmopolita, laica. Esta idea ha podido cundir, incluso entre los propios castellanos, y ha sido muy lesiva.

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