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20 SEPTIEMBRE 2018
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>Entrevista a Sebastián Mora (II)

"Siempre se ha criticado a la Iglesia por estar cerca de los pobres, incluso desde dentro"

Francisco Medina | 0 comentarios valoración: 2  29 votos
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Continuamos el diálogo con Sebastián Mora, exsecretario general de Cáritas, acerca de la situación social en España, las causas y los retos a afrontar a nivel social y, sobre todo, eclesial.

Entro en un tema espinoso. En ciertos círculos sociales e, incluso, eclesiales se denuncia que, cuando se habla de opción por los pobres en la Iglesia, existe el riesgo de una cierta podemización en la labor asistencial de la Iglesia, por cuanto se hace insistencia en la garantía de cubrir necesidades básicas (vivienda digna, empleo digno, etc.) ¿Nos cuesta a los católicos asumir este acento en el que la Iglesia –y ahora el Papa Francisco– ha insistido?

Siendo provocador. ¿Podemos hablar de podemización de la asistencia de la Iglesia o eclesialización de la doctrina de Podemos? La Iglesia lleva predicando la opción preferencial por los pobres muchísimos siglos antes de que existiera Podemos, y siempre ha sido nuclear. A la Iglesia se la ha acusado de comunista en los tiempos del comunismo, se la ha acusado de socialista en los tiempos del socialismo, se la ha acusado de podemita en los tiempos de Podemos, pero la Iglesia siempre ha tenido muy claro cuál es su espacio: cerca de los pobres y con los más pobres. Y eso podemos verlo en Juan XXIII, en Pablo VI, en Juan Pablo II, en Benedicto XVI y en el Papa Francisco. Siempre, siempre, siempre se ha criticado a la Iglesia cuando hablamos de los pobres. Lo que pasa es que tenemos muy poca memoria, pero cuando Juan Pablo II escribió la Sollicitudo Rei Socialis hubo muchas críticas a determinados elementos que comentaba esa encíclica. Entre otras cosas, cuando habló del pecado estructural o estructuras de pecado, y cuando habló incluso de enajenar bienes de la Iglesia para ayudar a los pobres, pero tenemos la memoria muy corta y nos quedamos en Francisco, que es más social que otros papas, y no es verdad. También lo fue Juan Pablo II, pero tenía otras vertientes. La Sollicitudo Rei Socialis es una encíclica de una potencia social que el Podemos de hoy en día no iría más allá de ella. Siempre, y esto me gustaría destacarlo, se ha criticado a la Iglesia por estar cerca de los pobres, incluso la gente de dentro de la misma Iglesia; más aún, especialmente la gente de la misma Iglesia.

¿Una cierta influencia del neoliberalismo?

Bueno, o de un cierto conservadurismo, un cierto temor al marxismo que ha hecho mucho daño, un cierto temor a una cierta revolución. En España, un cierto temor a volver a espacios de la República… Causas hay muchas, pero siempre recuerdo una frase que a mí me ha estructurado mucho como cristiano, como persona y como miembro de Cáritas, es una de Helder Cámara, que decía: “cuando doy de comer al hambriento me llaman santo y cuando pregunto por qué tienen hambre me llaman comunista”. Seguimos en las mismas. Por otro lado, es verdad que estos años se ha realizado una cierta crítica social que ha hecho Cáritas y la Iglesia, pero dudo que haya alguien que acuse de algo que no salga en el compendio de la doctrina social de la Iglesia y que haya dicho Cáritas, que la crítica que haga Cáritas no esté en el compendio de la doctrina social de la Iglesia -doctrina católica, tanto como el catecismo u otros elementos-, porque nunca hemos ido más allá de lo que dice el compendio de la doctrina social de la Iglesia. Y en tercer lugar –siempre se ha criticado a la Iglesia, estamos dentro del compendio de la doctrina de la Iglesia católica más ortodoxa, social pero más ortodoxa–, en esta crítica a la sociedad, si se nos compara con el Papa Francisco, lo que ha dicho Cáritas estos años ha estado muy por detrás de lo que ha dicho el Papa. Cáritas no ha dicho: “esta economía mata”, y el Papa Francisco lo ha dicho. Cáritas no ha hablado de “trabajo, techo y pan” a los movimientos populares, y el Papa lo ha dicho. Cáritas no ha hablado de un mundo absolutamente desnortado, como la Laudato Si’ de Francisco.

Al final, el reto es…

Hay un dato muy claro. Dentro de la Iglesia y fuera de la Iglesia, si apuestas por los más pobres, vas a recibir críticas, de tus hermanos y de tus enemigos. A Cáritas, en concreto, se nos ha criticado por parecer de Podemos. Y los de Podemos nos han criticado por parecer del Partido Popular cuando hemos defendido a la familia. Nos han criticado dentro de la Iglesia porque no hablamos explícitamente de Jesucristo, y nos han criticado fuera de la Iglesia porque todas las reuniones las empezamos con una oración y hablamos de Jesucristo. Al final estamos en tierra de nadie, pero siempre que alguien está en las periferias con los pobres, va a estar en tierra de nadie, recibiendo por parte de todos. Pero esa es la misión de Cáritas, no poder renunciar a estar a los pies de la cruz con todos los crucificados.

Es la misión a la que nos reclama el Papa, cuando nos invita a salir a las periferias existenciales...

Pero no hemos dicho más de lo que decía Juan Pablo II, que parece que el Papa Francisco… Leamos la Sollicitudo Rei Socialis, leamos Deus Caritas Est, leamos Caritas in Veritate… El compendio de la doctrina social de la Iglesia lo firmó Juan Pablo II; que nos critiquen por algo que no esté en el compendio, que va desde León XIII a Juan Pablo II. Es más, hemos dicho bastante menos de lo que dice el compendio. Lo que ocurre es que cuando eso se concreta en una determinada situación histórica… pero son los principios y valores permanentes de la doctrina social de la Iglesia.

En el contexto actual, ¿cuál sería la labor actual de los católicos? ¿En qué punto Cáritas puede aportar una novedad, un valor añadido?

Hay tres niveles, como Iglesia. El primero es cuál es el mensaje que la Iglesia da al mundo. Esa Iglesia que se hace diálogo en el Concilio Vaticano II, ¿qué le dice al mundo? ¿Realmente somos profetas de calamidades o predicamos la buena noticia? Creo que ahí muchas veces seguramente nos equivocamos también en Cáritas, poniendo más fotos de malas noticias que de buenas. Tenemos que rescatar esa intuición original de Juan XXIII de qué mensaje estamos dando. Tiene que ver con los valores que predicamos, los valores con los que educamos, los valores desde los que dialogamos. El segundo nivel es dónde está la presencia de la Iglesia. ¿Realmente estamos construyendo una Iglesia experta en humanidad, cerca de los más pobres? ¿Estamos con los inmigrantes que nadie quiere, estamos con la familia empobrecida que nadie quiere, estamos en los poblados que nadie quiere, estamos con los jornaleros que nadie paga? La presencia, ya no el discurso, ni el diálogo, ni los estudios… sino la presencia de la Iglesia, ¿dónde estamos los cristianos? Cuando decimos dónde estamos, ¿estamos en misa, en movimientos culturales, en la política, estamos con los jóvenes? Porque eso es lo que va a iluminar nuestro estar en la política, en la cultura -que tenemos que estar-, nuestro estar en la universidad, en los medios de comunicación social, ¿realmente estamos mirando la sociedad desde los pobres? Porque eso me parece inapelable en el Evangelio. Evidentemente, Dios quiere a todo el mundo, pero preferentemente a los más pobres, ¿y estamos mirando la realidad desde los más pobres?

En tercer lugar, creo que los cristianos debemos hacer un examen grande sobre nuestra comunión. Tengo un amigo ateo y siempre digo que lo mejor es tener un amigo ateo, alguien que argumenta sobre su no creencia y dialoga sobre su no creencia te enriquece mucho a la hora de explicar tú la razón de tu esperanza. Yo le llevo a muchos sitios, le enseño distintas realidades eclesiales, y él siempre me dice: “conociendo distintos grupos y movimientos, si entre vosotros os quisieseis seríais la leche”. La gente incluso fuera de la Iglesia percibe una falta de comunión tremenda entre nosotros.

El otro es un bien, también en la Iglesia…

El otro es un bien, pero no el otro, sino el otro que siendo cristiano piensa en diversas cosas distinto que yo. Y ese es mi hermano y mi comunidad. Nos cuesta mucho. A veces nos peleamos con el de la parroquia de enfrente porque es de la parroquia de enfrente y no de la nuestra. Ese es un ejercicio por un lado de comunión, por otro lado de presencia con los más pobres, por otro de visión de lo que pretendemos como Iglesia, de lo que predicamos, ¿en realidad estamos enraizados en la buena noticia, estamos enraizados con los más pobres, estamos enraizados en la comunión? Porque al final la gente nos ve que ni comunicamos la buena noticia, ni estamos con los más pobres y encima estamos peleados entre nosotros. Aquello de “mirad cómo se aman” cuánta falta nos hace.

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