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24 ENERO 2018
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La Estrategia de Seguridad Nacional (ESN) de EE.UU y su visión de Europa

Ángel Satué | 0 comentarios valoración: 2  28 votos
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Hace pocos días tanto España como EE.UU. aprobaron sendos documentos que son piedra angular de sus respectivas seguridades nacionales. En un mundo globalizado, España, como país de la Unión Europea, debe interesar por la visión del mundo del gran hegemón. En particular, la visión e imagen que desde el nuevo Washington de Trump se tiene de Europa. En esta columna de opinión esbozaré algunas de las líneas más importantes de la Estrategia Nacional de Seguridad norteamericana, y su impacto en lo que respecta a Europa.

¿Por qué hay que estudiar la ESN de EE.UU.?

Es importante por la infinidad de lazos que unen ambas orillas del Atlántico (12% de población mundial, más del 50% del PIB mundial y el 33% de los intercambios comerciales). También porque la mirada y el interés de los EE.UU. está puesto ya en Asia-Pacífico, y menos en Europa.

No olvidemos que desde Filipinas, pasando por las Marianas, la Segunda Guerra Mundial, Corea, Vietnam... EE.UU. no ha dejado de estar presente en el Pacífico. El propio Joe Biden, vicepresidente de EE.UU., le dijo en 2009 al primer ministro chino Wen Jiabao, que "China es un asunto doméstico de los EE.UU". Y vaya si lo es, dado que China es el mayor acreedor de la Reserva Federal.

¿Para qué?

El drama para los europeos es que aún no sabemos muy bien qué papel jugar en un mundo atestado de problemas e interrelaciones globales (epidemias, migraciones, protección de infraestructuras, hambrunas, terrorismo, internet, recursos naturales, espacio, etc.). Somos el aliado preferido de EE.UU., pero estamos cayendo en la cuenta de que no somos el único. ¿Es Tokyo más aliado que Alemania? Si lanzan desde Corea del Norte un misil a Seúl, ¿responderá Washington como si Corea fuera de la OTAN? ¿O respondería incluso más contundentemente ante un ataque de Corea del Norte a Corea del Sur, Filipinas o Japón que a un ataque a Letonia o Helsinki?

A veces nuestro amigo americano olvida, y nosotros le ayudamos a esto, que somos indispensables para el manejo de los asuntos globales. Es necesario caer en la cuenta de esto en Europa.

¿De qué trata?

El documento de la ESN es un alegato trumpiano y, por tanto, puede ser catalogado de nacionalista. Busca el interés nacional de los EE.UU., sin vacilaciones. El enfoque y los términos utilizados en él, puestos en Alemania, serían motivo de dimisión –en 2010 tuvo que dimitir el presidente de Alemania por sugerir que para defender los intereses alemanes habría que desplegar tropas en el extranjero–.

El nacionalismo norteamericano es a Trump lo que Trump a este nacionalismo, que no es como el nacionalismo europeo. Es más bien un fuerte patriotismo, un poderoso sentimiento nacional que, a diferencia del nacionalismo europeo, que le hace ir a la conquista del mundo, paradójicamente, tiende a ser aislacionista y preservacionista de su modelo y valores de vida… hasta que gana peso en los poderes del “establishment”, la otra facción, la intervencionista. En estos momentos, si uno escribe Trump y “mercantilismo”, la teoría económica proteccionista, salen nada más y nada menos que 90.000 resultados.

La ESN pretende dirigir las políticas de seguridad nacional de EE.UU. En mi opinión, busca dar el golpe de timón para el repliegue del hegemón, identificando las áreas en las que, sin embargo, podrá intervenir legítimamente bajo el paraguas de “América Primero” (America First). Básicamente, en todo lo que EE.UU. interprete que pueda afectar al “statu quo” internacional, y sobre todo, con la mirada en los afanes de Rusia y de China de alterarlos por la vía de los hechos físicos (invasión rusa de Crimea y de Ucrania; actos de soberanía chinos en el Mar de la China), o por la vía de ciber-hechos (ciberataques) en la nueva ciber-civilización (civilización ciber de la nueva sociedad global).

Todos sabemos que el americano es una raza de hombre que cree que todos los hombres del planeta están deseando ser americanos, como si no se pudiera ser otra cosa mejor. Es un planteamiento desideologizado y, por tanto, no es una ideología. Es un estilo de vida. El American way of living. Trump es la encarnación del espíritu norteamericano. Mejor dicho, es el que mejor lo sabe interpretar. Conoce su mercado. Estas ideas las extraigo de un antiguo corresponsal en Washington de la revista alemana Die Welt, Hans Wilhelm Vahlefeld. Para este corresponsal, “Washington tendría que estar en Kansas”. Entonces los europeos sabríamos exactamente lo que opinan de nosotros los EE.UU., que desde luego no son NY –mundo financiero e industrial– , ni Washington –mundo de la política del Capitolio–, ni tan siquiera San Francisco –mundo de Sillicon Valley y Hollywood–.

La Estrategia, que prepara el Ejecutivo obedeciendo un mandato del Congreso, identifica 4 áreas de interés nacional: la protección nacional interior, los avances en prosperidad económica, la preservación de la paz a través de la fortaleza de los EE.UU., y el incremento de la influencia de EE.UU. en el mundo. Pero, sobre todo, sitúa a la economía, en particular la seguridad económica, como parte integral de la seguridad nacional (“Economic Security is National Security”). La tónica es la de un neo-proteccionismo en línea con el “American First”, planteando una visión absolutamente competitiva y realista de las relaciones internacionales (se califica a China como competidor estratégico), y consistente con la retirada de EE.UU. del Tratado Transpacífico (TPP) y la renegociación del Acuerdo de Libre Comercio con México y Canadá. Resuena un cierto proteccionismo a la francesa, sin un Estado burocrático, sin ideología de fondo, puros hechos.

¿Qué dice de Europa?

Sobre Europa, en el capítulo dedicado a las regiones del mundo, lo primero que llama la atención es que no se mencione la Unión Europea salvo una vez. El resto de las referencias son a Europa, socios y aliados. En segundo lugar llama poderosamente la atención que a EE.UU., pese a la alusión a valores más abstractos como el estado de derecho, la libertad individual y democracia, lo que le interesa es una Europa fuerte y libre (“strong an free Europe”) y lo asocia a los dos grandes riesgos que están presentes en todo el documento: Rusia y China. Binomio de países que se nombran conjuntamente a lo largo de todo el documento varias veces, si bien nombrados por Trump una sola vez en su discurso de presentación de la ESN, para calificarlos de poderes rivales. ¿Les ha equiparado a Estados Unidos?

La Estrategia, en lo que se refiere a Europa, se sirve de seis párrafos. El primero califica a Europa como el “socio comercial más significativo”, pero no menciona directamente la especial relación tradicional (“special relationship”), el vínculo transatlántico, sino veladamente diciendo que el origen de nuestra prosperidad está en la intervención militar norteamericana en la Segunda Guerra Mundial –si bien fue el Ejército rojo el que al final derrotó a Hitler, con el permiso de Hollywood–. Los párrafos segundo y tercero, sorprendentemente, hablan de Rusia y de China. Por su orden, el primero habla de Rusia como amenaza a las instituciones europeas (¿las comunitarias, las nacionales?). El segundo, de China, como riesgo para el comercio justo y libre y de que acceda a conocimientos de alto valor añadido.

Las prioridades de acción se resumen en tres. De tipo político: profundizar en la colaboración con los aliados y socios europeos para contrarrestar a Rusia (“estado revisionista”), así como en los foros internacionales –parece increíble después de la decisión unilateral de ejecutar el acuerdo del Congreso de EE.UU. de que Jerusalén sea la capital de Israel, o de retirarse del Tratado del Cambio Climático–; de tipo económico: se menciona una sola vez a la Unión Europea, para decir que EE.UU. trabajará con ella en favor de un comercio con prácticas justas y recíprocas –no dice comercio libre–, sin barreras al crecimiento –pero no dice barreras comerciales– y condicionando toda inversión europea en EE.UU. a la creación de puestos de trabajo en EE.UU. Además, dice que trabajarán con los europeos para contrarrestar la influencia comercial e inversora china en la región; finalmente, desde el lado de la seguridad y la defensa: vuelven a relanzar el mensaje de que los europeos deben aportar más al presupuesto de la Alianza Atlántica (el 2% de su PIB para 2024, dedicando el 20% a la adquisición de capacidades); relanzan su compromiso con la defensa y disuasión en el flanco este de la OTAN –países bálticos–, y ante los ciberataques, así como en mejorar capacidades contra misiles balísticos y de crucero, fundamentalmente desde Irán –Corea del Norte es el otro país, literalmente, mencionado como “estado gamberro”–.

En conclusión, los EE.UU. necesitan una Europa unida, capaz de abordar por sí sola su propia defensa y seguridad (Rusia), sus retos (inmigración y refugiados) y sus problemas (terrorismo). La necesitan para, por un lado, concentrarse en contrarrestar a China en su salida hacia el siglo XXI y, por otro lado, a Rusia, como el imperio continental que quiere seguir siendo –teoría del Heartland, de Mackinder: “Quien gobierne en Europa del Este dominará el Heartland; quien gobierne el Heartland dominará la Isla-Mundial; quien gobierne la Isla-Mundial controlará el mundo"–.

Son conscientes de que Europa puede ser un nuevo rival, pero lo perciben sin brío y controlable. Para ellos puede tener cualquier forma jurídica. Asumen que les hará sombra en algunos aspectos (sectores económicos). Lo relevante para nosotros, europeos, es que no son capaces de decantarse por apoyar un modelo u otro de integración europea –Confederación, Unión Económica, Federación…–, y tampoco sus estructuras de poder se ponen de acuerdo en qué versión del Viejo Mundo quieren. Mejor para nosotros. Alemania sin duda va a sufrir con la pugna abierta entre EE.UU. y Rusia, y esto no va a beneficiar la unidad del proyecto europeo. Europa, en este caso la Unión Europea, tiene la oportunidad de escalar su modelo a escala global, hacia un mundo con otra gobernanza fuera del alcance de los estados nación. Es un juego arriesgado, pero el único papel que jugar para nuestra supervivencia y autonomía estratégica, pues en el Pacífico, como dijo el corresponsal arriba mencionado, “están en el ascenso de su cima histórica”. Y EE.UU. lo sabe. Europa está llamada a ser algo más que una comparsa americana frente a China o Rusia.

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Es la vida, amigo, (la que cuenta)

Fernando de Haro

La frase sonó como una pedrada: “es el mercado, amigo”. La pronunció en Madrid, en la sede del Congreso de los Diputados, hace unos días, el que fuera el gran mago de la economía de los gobiernos de Aznar. Un mago caído ahora en desgracia y enfrentado a muerte con Rajoy.

La sentencia, pronunciada por Rodrigo Rato, fue como una pedrada en la frente. Cierta arrogancia liberal, después de lo sucedido en el mundo durante los últimos diez últimos años, es ya insostenible. Duele que se lancen palabras como golpes. Y duele aún más que tanto el que la pronunció como los socialdemócratas tradicionales que la criticaron sigan haciendo gala de cierta arrogancia cuando utilizan fórmulas ideológicas que no explican lo nuevo.

Rato comparecía ante el Congreso no para evaluar su política económica sino para informar sobre su gestión al frente de Bankia (segunda Caja de Ahorro del país, ahora pública). Obstinadamente defendió una salida a bolsa en la que los jueces ven indicios de una gran estafa. No hay mercados perfectos cuando se trata de finanzas. Nos ha quedado claro. La mano invisible que reparte, supuestamente con justicia, éxitos y fracasos, en el caso de Bankia les va a costar a los españoles 14.000 millones. El coste total del rescate financiero va a suponer unos 60.000 millones. Falló el mercado, falló el Estado, que a través de sus órganos supervisores (Banco de España) tendría que haber impedido la venta fraudulenta de productos financieros (acciones y participaciones preferentes) que nadie entendía. Hemos aprendido, desde la quiebra de Lehman Brothers, que la regulación y la supervisión es esencial y que cuanto más europea y más global sea, mejor. Ya no podemos decir, como decíamos en los 90, que la mejor solución es “menos Estado y más sociedad”. No podemos decirlo sin explicar a continuación que, en realidad, queremos decir “mejor Estado para una mejor sociedad”. Sin saber bien, además, qué significa mejor Estado. Todos los que hemos tenido nuestro propio Lehman Brothers vivimos con la inquietante intuición de que el viejo Estado, el que vigila a los banqueros, el que nos paga la pensión, el que provee de servicios, no está en condiciones de darnos lo que nos dio.

Parece que las nuevas experiencias sociales y económicas que vivimos no encuentran un cauce crítico adecuado. Un buen ejemplo es lo que le ocurre al partido que, según las encuestas, puede suceder al PP. Ciudadanos sigue confiando en la teoría ingenua del mercado, tanto como lo hace el discurso de los populares (su política en realidad es socialdemócrata). Ciudadanos ha presentado hace meses en el Congreso una propuesta en favor de los vientres de alquiler. Aunque formalmente se hable de un contrato sin contraprestación para la maternidad subrogada, todo el mundo sabe que al final se extenderían las relaciones comerciales hasta ese pequeño reducto (relación madre-hijo) en el que todavía la única regla es la gratuidad.

Es la vida, amigo, (la que cuenta)

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No hay fuertes sobre la colina

Fernando de Haro

En Madrid, en la sede del Congreso, han comenzando los trabajos de la comisión que va a estudiar la oportunidad de reformar la Constitución del 78. Empieza el debate sobre la oportunidad de revisar una Carta Magna que cumple 40 años. Es la más joven de los países europeos que no estuvieron bajo el telón de acero. España se tumba en el diván y se pregunta cuándo una historia de éxito se convirtió en un relato problemático. La perplejidad se explica, en gran medida, porque estamos ante un caso práctico del carácter no acumulativo en el progreso social. Ha desaparecido la cultura ilustrada que sustentaba a la Constitución, pero seguimos pensando que el derecho o la convivencia son como la expansión del Universo: una vez conocida no hay vuelta atrás.

La primera sesión dejó claro que en este campo puede haber un acusado retroceso. Intervinieron los tres ponentes que quedan vivos. Y la comparación entre los diputados de hace 40 años y los actuales hacía evidente lo mucho que hemos perdido. El nivel de los representantes de la Soberanía Nacional ha caído drásticamente. Pero no es ese el indicativo más decisivo.

El éxito de la Constitución de 1978 se valora adecuadamente cuando se mira la reciente historia española. Durante dos siglos (desde comienzo del XIX), la voluntad de imponer una revolución liberal sin apenas sujeto, por parte de unos, y la resistencia de otros a aceptar la libertad como criterio definitivito en la vida pública hizo conflictivo, a veces sangriento, el proyecto nacional. La voluntad de superar lo mucho que se había sufrido y un encuentro de facto engendraron el acuerdo constitucional del 78.

Los derechos fundamentales consagrados entonces recogían, esencialmente, los valores compartidos en Occidente. Se les sumaron algunas conquistas sociales de nueva generación. A finales de los 70 esos valores, aportaciones de una cultura cristiana recogidos por la cultura laica, no eran especialmente problemáticos. Solo los socialistas se opusieron a una definición de la libertad religiosa que incluyera una mención explícita a la colaboración con la Iglesia católica. La apuesta en favor de una laicidad positiva se abrió paso porque los comunistas, todavía con peso en ese momento, la defendieron.

El resto del articulado, a grandes rasgos, no es conflictivo. Sin embargo, el modelo territorial, todo el mundo lo reconoce, constituye una auténtica chapuza. Se adoptó una mala solución, o la única posible para satisfacer los deseos de los nacionalistas (catalanes y vascos). España no se configuraba ni como un Estado federal, ni centralista, quedaba abierto. Al texto de la Constitución no se le pueden poner grandes objeciones, pero sí al proceso que debería haberle dado vida. Una Carta Magna no es solo el texto inicial. Es su historia: su desarrollo normativo, su reforma o no reforma, la conversación que la hace posible. Y esa es la que no ha habido. No es de extrañar que en este momento una minoría considerable (mayoría de jóvenes) no se reconozca en ella, o que la mitad de los votantes de Cataluña la den por absolutamente amortizada.

No hay fuertes sobre la colina

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El (único) poder útil contra las `fakes`

Fernando de Haro

Dispuestos a acabar con la amenaza. Si 2017 fue el año de las fake news (noticias falsas), ha llegado el momento de ponerles coto. El objetivo es que no interfieran como lo han hecho en los procesos electorales (Alemania, Estados Unidos, Francia, etc.), y que no aumenten la inestabilidad como ha sucedido en los momentos delicados vividos en Cataluña. ¿Hay capacidad para detener las viejas y nuevas mentiras?

Macron, el “chico listo y culto” de las democracias europeas, anunció la semana pasada un proyecto de ley para controlar las televisiones estatales extranjeras (o sea rusas) y para dotar de más transparencia a internet. En otro tiempo hubiera sido difícil que un líder de la “regeneración institucional” propusiera con tanta alegría una mayor intervención del Estado para limitar la libertad de prensa. Es el signo de los tiempos. España ha incluido en su Estrategia de Seguridad Nacional la lucha contra las noticias falsas. La OTAN trabaja a través de su Allied Command Transformation en una estrategia en este campo que debería estar preparada a finales de año.

Las noticias falsas amenazan la democracia por dos razones. Una obvia: existen poderes interesados en utilizarlas. La segunda se refiere al modo que tenemos de relacionarnos con la realidad.

La desinformación se ha convertido en un arma de desestabilización. Y el ejemplo más claro es lo que se conoce como la “guerra de combinación” (kombinaciya) utilizada por Rusia al integrar ciberguerra, ciberinteligencia, desinformación y propaganda.

La nueva arma funciona porque nuestro modo de informarnos ha cambiado radicalmente. Los medios clásicos (radio, televisión, prensa), incluso los sitios informativos de internet están pasando a segundo plano. Las redes sociales se convierten en las fuentes principales para conectar con mundo: el 44% de los estadounidenses se informa ya a través de Facebook. El cambio ha provocado, como señala Andrés Ortega, analista del Instituto Elcano, que “vivamos en burbujas informativas, en cámaras de eco o de resonancia”.

Las redes sociales multiplican a menudo el “efecto tribu”, generado por la perplejidad de globalización y de las sociedades multiplurales. Los medios informativos clásicos, aunque estén sesgados por las orientaciones ideológicas, tienen que justificarse ante sí mismos y ante su audiencia con una cierta tendencia a la veracidad. En el consumo tribal de las redes sociales esa tensión desaparece. El filtro emotivo, que reduce la apertura de la realidad a las propias inclinaciones, está justificado de antemano. Los miembros de una cierta “etnia informativa” solo quieren escuchar lo que creen ya saber. Los hechos se diluyen hasta convertirse en un pretexto. El hecho de informar e informarse es un ejercicio práctico (y humilde) de una racionalidad de la que abdicamos con demasiada frecuencia. Otro signo de esta época marcada por la desconfianza y el miedo hacia la razón.

La debilidad crítica, que renuncia a los hechos y a su observación, es la que permite el éxito de la desinformación. Con solo 200 dólares de inversión en publicidad en Facebook se puede crear un conflicto cívico entre indignados por la presencia de inmigrantes musulmanes e indignados por la creciente islamofobia. Es lo que hizo un grupo ruso en Texas en 2016.

El (único) poder útil contra las 'fakes'

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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