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27 MAYO 2018
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>Entrevista a José Carlos Bermejo, director del Centro San Camilo

'El Centro San Camilo es un hervidero de solidaridad compasiva'

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Con casi tres décadas décadas a sus espaldas de experiencia en relación de ayuda, duelo, pastoral de la salud… y con más de 40 libros publicados, José Carlos Bermejo, director del Centro San Camilo (Centro Asistencial y Centro de Humanización de la Salud), reflexiona sobre el hermoso oficio de contribuir al desarrollo humano.

El Centro San Camilo lleva 28 años cuidando y enseñando a cuidar.

El Centro Asistencial nació como Residencia para mayores y abrió sus puertas en 1983. Fue decisión de los religiosos camilos de España la de dejar la Clínica San Camilo de Madrid y construir un Centro para mayores, que poco a poco ha ido ampliando sus servicios, añadiéndose el Centro de Día, la Unidad de Cuidados Paliativos, y coordinándose con la ya existente Atención a domicilio desde mediados del siglo pasado. Por su parte, el Centro de Humanización de la Salud vio su luz en 1989, fruto de la apuesta de los camilos por reforzar la parte del carisma relacionada con la cultura humanizadora de los cuidados. Fue un proyecto escrito como trabajo académico mientras estudiaba en Roma, y nos apasionamos por llevarlo a la práctica en sus diferentes vertientes de formación, publicaciones (libros y revista HUMANIZAR), Centro de Escucha e investigación.

Desde hace unos meses, la humanización “está de moda” (empieza a ser considerada una prioridad en la planificación y gestión de los servicios sanitarios de muchas comunidades autónomas), un concepto que viven y practican los Religiosos Camilos desde hace 400 años… ¿Qué aportan de forma práctica a este “desafío” hoy día?

Los Camilos, desde el Centro de Humanización de la Salud aportamos un conjunto de servicios que contribuyen a generar cultura humanizadora. Nuestra especificidad es que podemos contrastar aquello que proponemos con los servicios asistenciales que prestamos. Hablamos y practicamos. Escribimos y nos comprometemos. Con nuestros límites, pero intentando ser referentes. Por otro lado, nos inspira una fuente maravillosamente poderosa: el Evangelio. La antropología de fondo es humanizadora por antonomasia. No somos una moda sin contenido sólido, sino que tenemos solera en las claves inspiradoras, que desde el Centro intentamos encarnarlas en la cultura de hoy y en nuestro mundo de la salud y del sufrimiento actuales.

Cuidar y enseñar a cuidar en la fragilidad humana, en la dependencia, en el final de la vida, en el duelo… ¿Qué camino nos falta por recorrer o, al menos, iniciar?

Para humanizar en nuestro entorno nos falta por recorrer caminos de accesibilidad y universalidad de los servicios. En teoría tenemos todos derechos reconocidos en el campo de la salud y del alivio del sufrimiento. En la práctica, nos toca esperar, no hemos alcanzado modelos de intervención personalizados, los planes de formación en las profesiones de salud responden a paradigmas muy biologicistas, conservamos miradas que no son suficientemente solidarias con los más pobres de nuestro planeta, nos queda mucho por recorrer en interdisciplinariedad y mirada holística del ser humano.

Acompañar el sufrimiento inevitable e intentar eliminar el sufrimiento evitable… ¿De verdad es posible?

La cultura latina aún tiene residuos de dolorismo, de miradas al dolor como un valor, en lugar de empeño por eliminarlo hasta donde es evitable y acompañarlo con el corazón y las competencias relacionales cuando es inevitable. Hay límites que proceden de la medicalización del sufrimiento, reduciéndolo al dolor o a los síntomas que producen displacer. Una mirada más seria al complejo mundo del sufrimiento nos haría mucho más relacionales y comprometidos con la apropiación de la vulnerabilidad y su vivencia integrada como límite que se puede acompañar.

¿Cuál es el “capital humano” de San Camilo?

El Centro es un hervidero de solidaridad compasiva. Un lugar donde hay realmente “cultura del encuentro”, de una espiritualidad compasiva que quiere construir un mundo más amable, con más alivio, más gozoso y feliz. También en la dependencia, en el final de la vida y en el dolor de las pérdidas. Queremos que las personas puedan caminar en la vida en compañía competente y con el corazón en las manos. Queremos que las familias puedan encontrarse en la fragilidad, compartir también el adiós y tejer relaciones significativas que apoyen recíprocamente.

El mensaje del Fundador de la Orden, San Camilo de Lelis, “poner más corazón en las manos”, demanda compromiso, valores, “arremangarse” en serio… ¿Cómo se lo transmitirías a las generaciones más jóvenes?

Los jóvenes de todos los tiempos suelen tener pasión por un mundo mejor, un poco de inconformismo. Es necesario para humanizar: una voluntad de que el mundo sea mejor de lo que es, más alineado con lo que puede ser, más en sintonía con los anhelos del corazón. Comprometerse con ello significa no entregar todo el poder a la tecnología, sino utilizarla con alma, con corazón, valorando lo que no siempre tiene indicadores o números de referencia, sino afectos, solidaridad, justicia, empatía, compasión. Los jóvenes, como los mayores, tienen el capital humano de indignarse ante el sufrimiento ajeno y esto es un gran valor para humanizar.

José Carlos, en estos 28 años de experiencia en el Centro… ¿cuál es su balance, profesional y personal?

Podemos sentir un pequeño sano orgullo por haber contribuido a sembrar en nuestro derredor (en nuestro país y en otros, América Latina particularmente), iniciativas que provocan proyectos concretos de humanización. Son muchas las personas que han sido ayudadas, motivadas, aliviadas, así como aquellas que se han formado en competencias relacionales, emocionales, éticas y espirituales gracias a los cursos, congresos y publicaciones que hemos ido produciendo. Esto me genera satisfacción. Pero tenemos mucho camino por recorrer para que humanizar no sea un salpicón de iniciativas buenistas, sino un compromiso serio por promover la dignidad en la fragilidad y la solidaridad compasiva. Cambiar la cultura, superar paradigmas asistencialistas o biologicistas es un reto aún vivo, con mucho recorrido por delante. Generar redes en torno al acompañamiento en el duelo y programas serios de humanización, significa crear lazos y bondades aún por descubrir.

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