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24 MARZO 2019
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>Entrevista a Massimo Borghesi

'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

Andrea Tornielli | 0 comentarios valoración: 2  34 votos
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La confusión en la Iglesia existe, pero “quien la provoca no es precisamente el Papa sino aquellos que, con tal de oponerse a él, no dudan en multiplicar las voces de disenso”. Así lo afirma el filósofo Massimo Borghesi, autor del primer estudio científico sobre el pensamiento de Francisco, Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual, que en esta entrevista aborda las nuevas críticas que han surgido en varios ámbitos al pensamiento teológico de Joseph Ratzinger, el documento escrito por tres obispos kazajos sobre Amoris Laetitia, y la matriz neoescolástica del tradicionalismo que acusa de modernismo al Concilio Vaticano II y a los papas que se han sucedido desde entonces.

El nuevo libro de Enrico Maria Radaelli, reseñado por Antonio Livi, con una crítica a Ratzinger –al que se identifica como uno de los responsables de la teología “neomodernista” con derivas “heréticas”– demuestra que muchos opositores al pontífice actual en realidad también son muy críticos con sus predecesores y, en último término, con el Concilio Vaticano II. ¿Qué le parece?

Ese es el mérito del reciente libro de Enrico Maria Radaelli, titulado En el corazón de Ratzinger. En el corazón del mundo: aclarar, de manera evidente, el horizonte teológico-filosófico que guía a los opositores del Papa Francisco. Radaelli colaboró durante tres años en la cátedra de Filosofía del Conocimiento dirigida por monseñor Antonio Livi, de la Pontificia Universidad Lateranense, y es el responsable de la Opera omnia de Romano Amerio, cuyo Iota unum, publicado en 1985, supone una crítica radical al Concilio Vaticano II. El problema es el Concilio, que para el tradicionalismo es responsable de los errores modernistas que habrían marcado la Iglesia de los últimos 50 años. Como dice Roberto de Mattei, también crítico con el Concilio y presidente de la Fundación Lepanto, “la crisis actual de la Iglesia no nace con el Papa Francisco ni se concentra en una sola persona, sino que se remonta al Concilio Vaticano II e incluso más atrás, a los años del modernismo. Hoy, gran parte del colegio cardenalicio, del cuerpo episcopal, y del clero en general está infectado por el modernismo”. En esta perspectiva, los ataques sistemáticos contra el Papa actual se encauzan en una dirección precisa: golpear al pontífice, impopular para muchos por su compromiso con los pobres, los migrantes, etc, para devolver a la Iglesia a su posición preconciliar. La crítica de Redaelli evidencia que la dialéctica entre los seguidores de Benedicto y los de Francisco es falsa. Benedicto nunca ha sido “ratzingeriano”, nunca ha sido el conservador pintado por los progresistas, que en esto coinciden con los tradicionalistas. La teología de Ratzinger es la teología del Concilio, y en eso Redaelli tiene toda la razón. En cambio, se equivoca completamente en sus críticas, moduladas por una escolástica obsoleta y que, analizadas una a una, revelan una profunda carencia teológico-filosófica. El problema, insisto, es el Concilio, y Francisco se ha convertido en el chivo expiatorio de una corriente anticonciliar. Lo expresa perfectamente monseñor Livi en su reseña de aprobación al libro de Redaelli: “La realidad es que la teología neomodernista, con su evidente deriva herética, fue adoptando gradualmente un papel hegemónico en la Iglesia (en los seminarios, en los ateneos pontificios, en las comisiones doctrinales de las conferencias episcopales, en los dicasterios de la Santa Sede), y desde estas posiciones de poder ha influido en los temas y en el lenguaje, en las diversas expresiones del magisterio eclesiástico, y este influjo llegó (en grado distinto, naturalmente) a todos los documentos del Vaticano II y a muchas enseñanzas de los papas del postconcilio. Todos los papas de este periodo se han visto condicionados, en unos u otros aspectos, por esta hegemonía”. Para Livi, ningún Papa se salva de la onda modernista, ni Pablo VI, ni Juan Pablo II, ni Benedicto XVI. Para los tradicionalistas, toda la Iglesia actual es “modernista”. Atacar a Bergoglio es una estrategia para atacar al Vaticano II.  

En sus textos del Concilio y sobre el Concilio, el entonces joven teólogo Joseph Ratzinger dio un vuelco al esquema con que muchos estaban acostumbrados a mirar lo que sucedió en el Vaticano II, escribió que se habían puesto de manifiesto dos opciones enfrentadas. Por un lado, “un pensamiento que parte de toda la vastedad de la Tradición cristiana, y en base a ella intenta describir la constante amplitud de las posibilidades eclesiales”. Por otro, “un pensamiento puramente sistemático, que solo admite la presente forma jurídica de la Iglesia como criterio de sus reflexiones, y por tanto teme necesariamente que cualquier movimiento fuera de ella pueda caer en el vacío”. El “conservadurismo” de esta segunda opción, según Ratzinger, hundía sus raíces “en su extrañeza con la historia y por tanto, en el fondo, en una ‘falta’ de Tradición, es decir, de apertura hacia el conjunto de la historia cristiana”. El futuro Benedicto XVI hablaba aquí del debate de su colegialidad. ¿Cree usted que estas consideraciones ayudan también a leer el debate actual, por ejemplo, el que hay sobre la Amoris Laetitia?

Los tradicionalistas se han quedado parados en la neoescolástica, es decir, en una interpretación particular del tomismo que, en la vulgata católica, asumió un valor de dogma. Para ellos, los “preambula fidei” son decisivos para acceder a una fe cuyo contenido se resuelve en un dogma al que la razón “obsequia” de forma “indudable”. La razón lleva a la incontrovertible eliminación de la duda. Una fe “indudable” es una fe plenamente “racional”. Estamos ante un “racionalismo apologético”, consecuencia de un proceso histórico que el neotomismo se negaba a analizar. En la reacción general al tradicionalismo al tradicionalismo del XIX, propio de Bonald, Lamennais, Bonney, Bautain, que a su vez reaccionaba a la Ilustración en nombre de un fideísmo, el tomismo prolongaba la lección del Vaticano I, condenando muchas posiciones tradicionalistas en dirección a un racionalismo cristiano sui generis. Reacción contra reacción, racionalismo contra fideísmo, la neoescolástica era una filosofía iluminada por la teología sin poder reconocerlo. Esta situación “híbrida” causará no pocos problemas, hasta el punto de que un pensador como Etienne Gilson tuvo que esforzarse no poco para devolver un justo equilibrio entre fe y razón. Todo esto solo para decir que la noción de “tradición” reivindicada por los tradicionalistas actuales es, paradójicamente, una noción “moderna”. Los tradicionalistas rechazan lo moderno y, al mismo tiempo, tienen una concepción de la razón típicamente moderna. Ratzinger lo señala con ocasión de su estudio sobre San Buenaventura en 1954: la tradición cristiana medieval no era la tradición moderna formulada por los neotomistas. Para la neoescolástica, la Revelación se reduce a la aceptación del dogma. La idea de la Revelación como actuación de Dios en el tiempo, en la historia, como tensión dramática entre gracia y libertad humana, está totalmente ausente. La neoescolástica carece de reflexión histórica, de una teología de la historia como filosofía de la historia. El resultado es un “positivismo” de la Revelación acogido pasivamente a partir de los “preambula fidei”. Pensaban que así se llenaba la fosa entre razón natural y logos revelado.

¿Qué piensa del largo documento, firmado por tres obispos de Kazajistán, que critica la apertura de Amoris Laetitia, acusando al documento de dar vía libre al divorcio?

Ese documento no añade nada al debate que ha acompañado la publicación de Amoris Laetitia. Los tres obispos kazajos solo han querido reiterar su negativa al documento papal. Con algunos de ellos, el disenso era conocido y no sería noticia si no fuera un pretexto para mantener despierta la reacción contra el Papa. En realidad, después de que el cardenal Müller no se prestara al juego de los tradicionalistas, la carta de los cinco parece un fuego fatuo. El cardenal declaró, refiriéndose a un libro de Rocco Buttiglione, Respuestas amistosas a los críticos de Amoris Laetitia, del que hizo el prólogo: “Estoy convencido de que disipa las dudas de los cardenales y de muchos católicos que temían que en Amoris Laetitia se hubiera realizado una alteración sustancial de la doctrina de la fe tanto sobre la validez y fecundidad de recibir la santa comunión como también sobre la indisolubilidad de un matrimonio válidamente contraído entre dos bautizados”. Después de esta declaración de Müller, ¿qué sentido tiene seguir escribiendo cartas reclamando al Papa el respeto a la “tradición”? El cardenal Müller ha sido prefecto para la Doctrina de la Fe, custodio de la ortodoxia reconocido como tal también por aquellos que criticaban al Papa. Ahora, después de declarar que Amoris Laetitia no viola la tradición de la Iglesia, esos ya no reconocen su autoridad. Es un juego de perfil bajo que da a entender que la disputa actual, por parte de los opositores de Francisco, no busca comprender las razones sino deslegitimar al adversario. Roberto de Mattei lo dijo abiertamente en una entrevista: “Hay momentos en nuestra vida y en la historia de la Iglesia en que estás obligado a elegir entre dos campos, como sostiene san Agustín, sin ambigüedad y compromiso. Bajo este aspecto, la publicación de la carta del Papa Francisco a los obispos de Buenos Aires reconduce las posiciones a dos polos opuestos frontalmente. La línea de aquellos cardenales, obispos y teólogos que consideran posible interpretar la Amoris Laetitia en continuidad con Familiaris Consortio n. 84 y otros documentos del magisterio queda pulverizada. Amoris Laetitia es un documento que discrimina entre ambos bandos: se acepta o se rechaza en su integridad. No hay una tercera vía y la carta del Papa Francisco a los obispos argentinos tiene el mérito de dejarlo claro”.

¿Está de acuerdo con los que insisten en que hoy la Iglesia vive un momento de “confusión”?

La confusión es evidente. Solo que quien la provoca no es precisamente el Papa sino aquellos que, con tal de oponerse a él, no dudan en multiplicar las voces de disenso, los signos de cesión, la paralización y el vaciamiento de las iglesias. Como si los pontificados de Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI, hubieran sido tranquilos paseos entre multitudes en las misas dominicales. El 89 también ha privado a los conservadores de la memoria histórica. Lo que llama la atención de los críticos del Papa es su ensañamiento a la hora de sacar a la luz episodios “negativos”. En sus blogs, en Facebook, están buscando continuamente el caso discordante. Da la impresión de que no tienen ojos para los testimonios positivos que hay, innumerables en todo el mundo. También en eso son “modernos”. Participan de la ceguera de los medios, que solo tienen ojos para lo negativo. En realidad, necesitan de lo negativo para poder existir. Critican a Hegel, como hacen Redaelli y Livi, que acusan a Ratzinger de ser hegeliano y al mismo tiempo son “dialécticos”. Para ellos, “ponerse” significa “oponerse”. Igual que en Hegel.

Dante decía que lo contrario de una herejía no es la verdad sino una herejía de signo contrario. Los que critican la Amoris Laetitia, afirmando que el documento y sus interpretaciones favorecen el subjetivismo y la ética de la situación, ¿no corren el riesgo de caer en el extremo opuesto, ese objetivismo que hace tabla rasa del sujeto, de sus intenciones, de las circunstancias atenuantes, de las historias personales?

El objetivismo es una característica de la neoescolástica porque el neotomismo se constituye como oposición a la subjetividad moderna. No comprende que la dimensión del sujeto, de la libertad, va implicada en la propia Revelación. De otro modo tendríamos un Dios emperador del mundo, no el Dios en la cruz. Para los tradicionalistas, por el contrario, todo subrayado del sujeto, de la “experiencia” de la verdad, es subjetivismo, y por tanto modernismo. Las acusaciones a Amoris Laetitia también se explican así. Para los críticos, entre la norma inviolable de la indisolubilidad del matrimonio y el caso particular, no hay nada en medio. Toda declinación particular de la norma a partir de las condiciones concretas del sujeto es caer en el relativismo, en la ética de la situación, en el praxismo. No tienen la más mínima idea de todas las facetas que implican la teología moral y el derecho canónico. Por todas partes airean el peligro del subjetivismo. Los tradicionalistas no solo desconfían del liberalismo ético sino también del político. La oposición al Vaticano II es una oposición “teológico-política” al principio de libertad religiosa aprobado por el Concilio. Como afirma de nuevo De Mattei, “puede haber un acto de Magisterio auténtico y solemne, pero erróneo. Así fue por ejemplo, en mi opinión, la declaración conciliar Dignitatis Humanae que, más allá de su carácter pastoral, es indudablemente un acto magisterial, y al mismo tiempo contradice, de forma al menos indirecta e implícita, la doctrina de la Iglesia sobre la libertad religiosa”. De Mattei no se pregunta si la tradición del Sillabo contrasta con la tradición de la Iglesia de los cuatro primeros siglos, hasta Teodosio, firme en la afirmación del principio de la libertad religiosa reafirmado en la Dignitatis Humanae. Es lo que trato de aclarar en mi libro Crítica a la teología política. De Agustín a Peterson: el fin de la era constantiniana. También aquí estamos ante la celebración de un rostro histórico de la tradición que no se mide con todo el desarrollo de la tradición de la Iglesia. Los tradicionalistas son antimodernos y antiliberales, pero están en contra del Papa. Antiliberales y protestantes: una paradoja. En realidad, están contra Pedro porque, después del Concilio, abandonó los vestigios del poder real. Critican su autoridad porque no quiere tener una autoridad absoluta. No les gusta la sencillez del pastor, confunden la sacralidad con los oropeles del poder. En el fondo, sueñan con el Sacro Imperio Romano, a cuya pérdida nunca se han resignado.

Desde hace muchos años el entonces cardenal Ratzinger se preguntaba sobre la efectiva validez de matrimonios celebrados sin fe. En el origen de muchas discusiones en el actual momento eclesial parece estar, en el fondo, la relación con la modernidad y la pregunta sobre la evangelización. ¿Cómo se anuncia hoy el Evangelio, en contextos cada vez más “líquidos”, descristianizados y secularizados?

De nuevo el cardenal Müller, siempre en una entrevista con usted, se refirió a esta reflexión de Ratzinger: “Frente a la a menudo insuficiente instrucción de la doctrina católica, y en un ambiente secularizado, se plantea el problema de la validez incluso de matrimonios celebrados según el rito canónico. Existe un derecho natural de contraer un matrimonio con una persona del sexo opuesto. Esto también vale para los católicos que se han alejado de la fe o que solamente han mantenido un vínculo superficial con la Iglesia. ¿Cómo considerar la situación de los católicos que no aprecian la sacramentalidad del matrimonio cristiano o incluso la niegan? Sobre esto, el cardenal Ratzinger quería que hubiera reflexión, sin tener una solución bonita y lista (…) Es posible que el penitente esté convencido, en conciencia y con buenas razones, de la invalidez del primer matrimonio incluso sin poder ofrecer la prueba canónica. En este caso, el matrimonio válido frente a Dios sería el segundo y el pastor podría conceder el sacramento, claro, con las precauciones oportunas para no escandalizar a la comunidad de los fieles y no debilitar la convicción sobre la indisolubilidad del matrimonio”. Las palabras del cardenal son muy claras. En este sentido, Amoris Laetitia constituye una profundización efectiva de la posición de la Iglesia sobre el matrimonio. Lo hace teniendo presente la inviolabilidad de la norma que no se atenúa y, a su vez, las efectivas condiciones históricas en que se da hoy el mensaje cristiano. La óptica de la exhortación apostólica es la misionera, la de un cristianismo que, a pesar de los signos cristianos procedentes de la historia, se desarrolla en un mundo en gran medida neopagano. Este es el punto en que la posición del Papa diverge de la de los tradicionalistas. Para el Papa, el horizonte misionero, dictado por el anuncio y por el encuentro con testigos marcados por la misericordia de Dios, es lo que debe guiar la presencia del cristiano en el mundo actual. Para los tradicionalistas, por el contrario, es la mera reafirmación del dogma, en toda su pureza diamantina, lo que debe orientar una presencia militante que en el mundo actual solo ve al adversario de una lucha que no tendrá fin. El testimonio no es compasión, misericordia, firmeza ideal. No, es combate, contraposición dialéctica entre identidades incompatibles, extrañas, enemigas. En su crítica a la noción de “diálogo” de los progresistas, los tradicionalistas se han vuelto, sin darse cuenta, maniqueos, odiando el irenismo pacífico parecen cantores de la guerra.

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'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  7 votos
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'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

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>Entrevista a Daniel Gascón

'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Entrevista a Tulio Álvarez

'La confusión en la Iglesia la provocan los que amplifican el disenso'

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

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