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23 FEBRERO 2018
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>Entrevista a Pedro G. Cuartango

"El diagnóstico de Podemos es certero pero no estoy de acuerdo con las terapias que receta"

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  20 votos
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Dialogamos con Pedro Cuartango sobre la actualidad política española. “Es lógico que una parte de los votantes del PP se decanten ahora por Ciudadanos pero estamos lejos del sorpasso”, afirma Cuartango en la entrevista.

Usted ha comentado en un artículo reciente que “el país se halla atrapado en un temporal”, ¿en qué percibe esta situación de bloqueo?

Cuando Rajoy logró ser investido, lo hizo con un programa muy ambicioso. Prometió abordar una serie de reformas pactando con la oposición, por ejemplo un plan de competitividad, la reforma de la justicia, de la enseñanza, la regeneración de la vida política, en fin, una serie de temas que él planteó como de Estado y nada de eso se ha podido hacer. El Gobierno no ha podido pactar con la oposición, eso es un hecho, y no ha podido hacer esas reformas. Además, vemos cada día los problemas que tiene el Gobierno, al estar en minoría, para sacar adelante sus iniciativas legislativas, y concretamente los presupuestos.

¿Cuándo y por qué la historia de la reciente democracia española se convirtió de una historia de éxito, como en la transición, en una historia renqueante?

Eso fue así porque la situación histórica del país era distinta. Veníamos de una dictadura y había un afán de reconciliación, un afán compartido por todas las fuerzas políticas de sentar unas nuevas bases de convivencia. Ahí están los pactos de la Moncloa del 78, donde todas las fuerzas políticas, desde Alianza Popular hasta el Partido Comunista, firman unos acuerdos para sacar adelante la economía española. Y ahí está la Constitución. Creo que no se puede comparar la situación histórica que vivíamos entonces, la necesidad de construir un sistema democrático, con el ambiente político que se respira hoy, que es totalmente distinto.

¿Dónde nos hemos quedado por el camino?

No lo sé, es una buena pregunta. Podríamos estar hablando de eso mucho tiempo, pero lo cierto es que ha habido una crisis del sistema político, un desencanto de los ciudadanos, las instituciones han ido perdiendo credibilidad, ha habido una impotencia de los gobiernos para tomar medidas de regeneración de la vida política, y por supuesto la crisis de 2008, que prácticamente duró ocho o nueve años y produjo un aumento de la desigualdad en España. Se ha dado una serie de circunstancias que han hecho que muchos españoles se hayan distanciado del sistema y lo vean hoy con unos ojos mucho más escépticos que en la época de la Transición.

¿Esa tormenta perfecta explicaría el ascenso de Podemos?

Sin duda, esa crisis institucional lo que provoca es la aparición de los nuevos partidos, tanto Podemos como Ciudadanos. Lo que se ha producido es una quiebra del bipartidismo, y por esto tanto el PP como el PSOE han perdido una parte considerable de su apoyo electoral.

Podemos representa en gran parte un interés renovado por la política de muchos jóvenes desencantados más allá de lo acertadas o no de las propuestas del partido de Pablo Iglesias, ¿cómo ve su futuro?

Habrá que esperar a ver cuál es la evolución de Podemos. Ya estamos viendo una crisis interna importante, pero no olvidemos que Podemos nace del movimiento de los indignados, de una situación de profunda crisis económica, de ese escepticismo y desencanto de los ciudadanos. Cuando Podemos surge, no hace más de cuatro años, el diagnóstico que hace es certero, acierta a denunciar y describir cuáles son los fallos del sistema. Lo que pasa es que luego, donde muchos no estamos de acuerdo, es en las terapias que receta. Muchas de ellas son sencillamente absurdas. Además se ha radicalizado, ha adoptado una visión muy simplista de la historia de España en la Transición, se ha convertido en un partido sectario y creo que va a pagar un precio. No veo nada claro su futuro, me parece que han desaprovechado una gran oportunidad.

Creo que la irrupción de Podemos debe interrogarnos. ¿Hemos aprendido algo del desafío que supone Podemos?

Creo que no, ni el PSOE ni el PP han aprendido la lección. Yo les veo muy a la defensiva, especialmente al PP. Es un partido que está gobernando, hay que reconocer que ha hecho cosas bien y que ha estabilizado la democracia, ha tomado medidas para salir de la crisis, pero no ha acometido la autocrítica que muchos de sus votantes le exigen, no ha reconocido sus errores, no ha reconocido la corrupción que ha caracterizado la década de los 90 y primeros años 2000, y creo que el PP tiene que renovar tanto su discurso, su mensaje, como su liderazgo.

Consecuencia de esto podría ser la subida de C´s. ¿Este cambio en intención de voto podría mostrar un agotamiento de los electores por lo que se ha llamado la vieja política?

Por supuesto, aunque las encuestas no hay que tomarlas al pie de la letra, sobre todo cuando falta tiempo para las elecciones, pero sí revelan una tendencia, y es lógico que una parte de los votantes del PP se decanten ahora por Ciudadanos, por la sencilla razón de que no hay grandes diferencias en los planteamientos ideológicos, pero Ciudadanos tiene un líder mucho más joven, un mensaje más atractivo y no está contaminado por la corrupción. Por tanto, creo que ya se está empezando a ver clara esa pugna entre Ciudadanos y el PP por un electorado de centro-derecho. Ahora bien, tampoco veo muy claro que se produzca ese sorpasso porque Ciudadanos tiene un problema que es la falta de base territorial. La presencia de Ciudadanos por ejemplo en Galicia, País Vasco, Castilla León, es muy pequeña, es mínima. En cambio, el PP tiene una implantación mucho mayor a nivel territorial.

¿Cómo hemos llegado a la situación actual en Cataluña?

Nadie tiene una solución. ¿Cómo hemos llegado? Pues todos lo sabemos. Ha habido una dejación por parte de los últimos gobiernos democráticos de sus responsabilidades en Cataluña. El Estado llegó a desaparecer de Cataluña. No ha habido ninguna contrarréplica a los discursos nacionalistas y al final se ha producido, como se dice vulgarmente, el choque de trenes. ¿Qué va a pasar ahora? La situación es muy complicada. Es muy difícil hacer proyecciones porque el hecho es que el independentismo ha retenido la mayoría en el Parlamento y por tanto el independentismo va a formar un gobierno que va a generar muchos problemas, que va a mantener un enfrentamiento casi continuo con el gobierno de la nación. Por tanto, soy bastante pesimista, creo que se ha producido una fractura que tardará décadas en solucionarse, que hay profundas heridas. Desgraciadamente, no veo una solución a corto ni a medio plazo porque el independentismo, con Puigdemont o sin él, con Junqueras en la cárcel o fuera, va a seguir haciendo una política de deslealtad, de desobediencia a las leyes del Estado y al gobierno de la nación.

Posiblemente si no existiera la Unión Europea se hubieran independizado ya.

Evidentemente, ha sido un freno muy importante. Ha habido dos factores que todos conocemos. Uno es las tres mil empresas que se han marchado de Cataluña, y otro es la falta de apoyos en la Unión Europea. Durante muchos años oímos a Artur Mas jactarse de que el día que proclamara la independencia, cuarenta o cincuenta estados reconocerían a Cataluña. Eso ha pasado y no la ha reconocido ni uno, por tanto el nacionalismo catalán ya sabe que el camino hacia la independencia está lleno de espinas y obstáculos.

Desde una lógica independentista, quien les ha llevado al fracaso ha sido el más premiado en las elecciones. ¿Cómo se explica esto?

Esa es la paradoja. Lo cual demuestra que el nacionalismo catalán, el independentismo, se rige por pautas emocionales. Si tuvieran un comportamiento racional, habrían sacado conclusiones de todo lo que ha pasado, pero no lo han hecho. Sus electores han seguido votando a los partidos nacionalistas y les han vuelto a dar la mayoría. Eso indica simplemente que el nacionalismo tiene un componente emocional, pasional, que es prácticamente irreducible. Significa que pase lo que pase y hagan lo que hagan, la gente les va a seguir votando. Por tanto, eso agrava muchísimo la solución al problema.

En los discursos de Borrell y Vargas Llosa en las manifestaciones promovidas por la Sociedad Civil Catalana se ha percibido una frescura, una valoración positiva de la tradición catalana y una propuesta. ¿Podría ser este un camino a seguir?

Es que el independentismo lo que ha hecho es despertar las fuerzas que estaban dormidas. Yo viví, en los años ochenta, seis años en Cataluña y jamás vi la bandera española. Por primera vez, ahora hemos visto decenas de miles de banderas, más de un millón de personas constitucionalistas salir a la calle, hemos escuchado a Vargas Llosa, a Borrell, incluso a Frutos, aquel dirigente histórico del PSUC. Esas voces jamás se habían oído en Cataluña. Por tanto, tenemos que agradecer a Puigdemont algo que era muy difícil de conseguir, que las personas que defienden la Constitución salgan a la calle y hagan oír su voz. Eso lo ha logrado Puigdemont. Y ahora, lo que ha cambiado la situación respecto a lo que pasaba hace medio año, este verano, es que ha quedado claramente visualizado que hay al menos un 47% de catalanes que no están de acuerdo con la independencia y que rechazan los planes del nacionalismo.

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