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21 JUNIO 2018
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La fuerza de Francisco ante todas las críticas

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El Papa “Panchito” ha vuelto a casa. Quince horas de viaje para pisar de nuevo suelo italiano y sumergirse en los asuntos vaticanos, una reforma infinita, y el testimonio de una Iglesia fatigosamente fiel al Evangelio. Ya lejos físicamente de la base aérea de Las Palmas, donde fue recibito al ritmo de “cómo no te voy a querer, si eres el Papa Francisco, vicario de Cristo que nos viene a ver”, no quiso renunciar a la habitual conferencia de prensa a gran altura, trazando un primer balance del viaje que durante ocho días le ha llevado a Chile y Perú. Para la ocasión, preparó un nuevo neologismo, hablando de un viaje “pasteurizado”, que ha pasado –igual que se hace con la leche– del frío al calor y del calor al frío. Desde el sur de Chile hasta el desierto de Iquique, de la foresta amazónica de Puerto Maldonado en Perú a las playas de Trujillo. Pero cuando le preguntaron qué lugar se llevaba en el corazón se refirió al que menos esperábamos, la cárcel de mujeres de Santiago.

Habló de la conmoción que sintió ante esas mujeres, su creatividad, su capacidad para cambiar de vida, para reinsertarse en la sociedad con la fuerza del Evangelio. Cada vez que cruza la puerta de una prisión, Francisco queda fulminado por este pensamiento: “por qué ellos y no yo”. Siempre parte de su debilidad, de la conciencia de su ser pecador, “salvado” por Dios. Un Papa humilde se presentaba ante un grupo de periodistas agotados por las carreras de estos días para seguirle de cerca. Dispuesto a reconocer sus errores, como el de haber apoyado la elección del obispo de Osorno, Juan Barros, ante los micrófonos hablando de “falta de pruebas”. Una declaración que no solo ha herido a las víctimas del padre Ferdinando Karima, el sacerdote chileno condenado por abusos sexuales y mentor del obispo, sino también a víctimas de pedofilia de todo el mundo, que inesperadamente se han encontrado en la incómoda posición de tener que “probar” los abusos sufridos.

También le ha llegado al Papa el reproche del cardenal Sean Patrick O'Malley, obispo de Boston pero sobre todo presidente de la Comisión creada por Francisco para la tutela de menores, que en un documento público sin precedentes tomó postura contra las palabras del pontífice, defendiendo el dolor de las víctimas. “Las palabras del Papa transmiten el mensaje de que si no se pueden probar tus afirmaciones, entonces no te creerán y sustancialmente dan idea de un abandono a aquellos que han visto violada de manera reprobable su dignidad, relegándolos al descrédito”. Francisco, que estuvo en Perú con O'Malley, ante 1.300.000 personas que se dieron cita en la misa final en la base aérea de Las Palmas, por sorpresa y a pesar del cambio de papeles, agradeció públicamente al paladín de las víctimas de pedofilia y gendarme de la línea “tolerancia cero” que inauguró Benedicto y continúa Francisco.

En definitiva, un Papa que no solo ha pedido perdón sino que incluso se ha dejado corregir por un subordinado, un valioso colaborador y sobre todo un amigo fiel. Explicó a los periodistas que había usado una expresión poco afortunada al hablar de falta de “pruebas” en las acusaciones a monseñor Barros, cuando habría sido más oportuno hablar de “falta de evidencias”, término legal que sustancialmente afirma que ningún testigo ha dado un paso adelante para acusar al obispo de Osorno, que ha salido indemne de dos exhaustivas investigaciones. Así que Francisco se puso a explicar al detalle qué es lo que ha pasado en el Vaticano desde que estalló el escándalo, la carta enviada a la Conferencia Episcopal chilena, con la que se valoró la oportunidad de pedir la renuncia a los obispos chilenos cercanos al padre Karima, la dimisión presentada hasta en dos ocasiones por el propio Barros, rechazada puntualmente, las investigaciones y la convicción de que es inocente y está pagando su cercanía a un hombre muy carismático que en cierto modo también le engañó a él.

No fue una rueda de prensa nada fácil para el Papa, que también tuvo que afrontar el otro caso de la semana, el de la asociación laical peruana Sodalicio, comisariada por el Vaticano en vísperas de la partida del pontífice, cuyo fundador, Luis Figari, está acusado de abusos psicológicos y físicos y daños a correligionarios y menores. Un amplio sector de la prensa peruana acusó al Papa de mantener en este caso un silencio cómplice. También se ha criticado con cierta perplejidad la boda en las nubes, pero en esto ha respondido como un león: los sacramentos son para los hombres. Las condiciones estaban claras, incluido obviamente el “para siempre”, y ambos se habían confesado. Además, el Papa les interrogó cuidadosamente y verificó que el curso prematrimonial que hicieron en su momento seguía activo. Y sobre todo no podía entender por qué dejar para mañana lo que se podía hacer hoy.

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