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24 MARZO 2019
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Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

Massimo Borghesi | 0 comentarios valoración: 2  36 votos
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Con motivo del viaje del Papa Francisco, “Humanitas”, la revista de la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile, ha traducido al español la introducción del último libro del filósofo Massimo Borguesi.

En la noche del 28 de febrero de 2013, un helicóptero blanco despegaba de San Pedro, volando sobre la ciudad de Roma, acompañado por el sonido de las campanas de las iglesias de la capital.

Conducía a Benedicto XVI, el ex Pontífice, el primero en renunciar a su ministerio en la era moderna. El teólogo más grande de nuestra época se encontró conduciendo un difícil legado, de Juan Pablo II, con una Iglesia señalada por problemas y escándalos que alteraron y mancharon la imagen de la misma ante el mundo. La determinación de resolverlos y combatirlos no fue suficiente ante el debilitamiento de sus fuerzas. Su sucesor, el arzobispo de Buenos Aires, cardenal Jorge Mario Bergoglio, venía “del otro extremo del mundo”. La dulzura apacible de Ratzinger era sustituida por la dulzura impetuosa de Francisco, su forma sencilla de hablar, su manera directa de expresarse y llegar al corazón de la gente: un testimonio persuasivo hasta el punto de modificar, en el curso de pocos años, a partir del 13 de marzo de 2013, la mirada a la Iglesia, cuyo pesado legado ya no es objeto de acusación. El éxito planetario de la figura de Francisco no ha cubierto, como en los años de Juan Pablo II, el vacío progresivo de las iglesias; sostiene la fe humilde de los pueblos, de los sencillos, de quienes en el escenario de la historia son los “invisibles”. Sin embargo, el encuentro entre el Pontificado y la realidad popular no ha provocado aplausos y reconocimientos. Como escribe Agostino Giovagnoli:

“Su popularidad, sin embargo, no se extiende por todas partes ni en todos los ambientes, y sobre todo la novedad que él trae no siempre es aceptada y comprendida. Así ocurre con gran parte de las clases dirigentes europeas y especialmente los intelectuales y los académicos del Viejo Continente. De hecho, en Europa, el mundo de la cultura parece al menos dudoso con respecto a él. Indudablemente, ha habido pocas visitas del Papa Francisco a grandes instituciones cultura-les y han sido escasos los encuentros con exponentes de la academia. De él no se recuerdan clases magistrales como las de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona o en el Collège des Bernardins, en París. Han sido pocas, además, las ocasiones en que ha hablado de manera explícita sobre actividad cultural, investigación científica o problemas de los intelectuales. Pero todo eso no basta para explicar la distancia entre Francisco y el mundo de la cultura europea”.

En realidad —observa Giovagnoli—, no es verdad que Francisco esté alejado de la cultura, de la europea en particular. “De sus escritos, por último, surge un pensamiento más complejo y elaborado de lo que parece. No obstante lo que se piensa comúnmente, mientras más se leen sus encíclicas, sus discursos o sus homilías, más impresión se tiene de que Francisco conoce el mundo de los intelectuales y tiene convicciones sólidas sobre el rol de la cultura en la sociedad contemporánea”. Esta “complejidad” del pensamiento de Bergoglio no ha encontrado hasta ahora, salvo pocas excepciones, la atención que merece. Por el contrario, proliferan los críticos, los teólogos de última hora, aquellos que deducen la visión del Papa de los artículos de diarios. Dos objeciones se repiten con abrumadora monotonía. En primer lugar, Francisco sería un populista, un “peronista” argentino, carente de las categorías que permiten comprender las sutiles distinciones de la Europa liberal y moderna. En segundo lugar, Bergoglio no tendría la preparación teológica y filosófica para el cargo petrino. Ambas críticas se mezclan en la presunción, enteramente europea y norteamericana, de que lo proveniente de América Latina no está a la altura de los parámetros occidentales. Se trata de una persuasión muy bien expresada por Angelo Panebianco, según el cual: “Es inevitable —cada uno de nosotros es hijo de su propia historia— que este Papa, como todos sus antecesores, traiga consigo, además de su fe y su interpretación del Evangelio, también experiencias, ideas y sentimientos que son parte de la tradición de su tierra, tradición que no coincide necesariamente con la nuestra. Es posible que, en un país de un capitalismo maduro, como es a pesar de todo Italia, no sean pocos, incluso entre los católicos, quienes disienten de Bergoglio en materia de trabajo y beneficio o —por dar otro ejemplo— no creen que las guerras contemporáneas sean puramente fruto del deseo de ganancia de ávidos capitalistas. Y también es posible que muchos se den cuenta de que las concepciones económicas del Papa derivan de cierta interpretación de las Escrituras, pero tal vez también de una tradición marcadamente anticapitalista, radicada en el país del cual proviene. En Italia, tenemos óptimos eruditos dedicados a estudios sobre América Latina en general y Argentina y su historia en particular. Quizás corresponde que comiencen a ocuparse de los vínculos culturales entre este Papa y esa tradición”.

El límite de Francisco estaría determinado por su proveniencia, por su ser “argentino”. El juicio de Panebianco no es aislado. Le hace eco, de manera menos sobria, Loris Zanatta, según el cual Bergoglio “es hijo de una catolicidad impregnada de antiliberalismo visceral, erigida a través del peronismo y guiada por la cruzada católica contra el liberalismo protestante, cuyo ethos se proyecta como una sombra colonial sobre la identidad católica de América Latina”. Es la crítica que encontramos en el filósofo liberal Marcello Pera, conocido por su libro con Joseph Ratzinger Senza radici (“Sin raíces”, 2004), en el cual pronosticaba una nueva “religión civil”, y en concomitancia con la guerra contra Iraq, el retorno de Europa a un espíritu guerrero contra el pacifismo. Según Pera, “tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI dieron a su misión una marcada acentuación occidental. Se referían constantemente a Europa y había una evidente perspectiva occidental, con nuestro continente visualizado como la cuna de los valores precisamente occidentales. Francisco, en cambio, tiene una visión puramente sudamericana”. Su apertura al tema de la inmigración documenta que él “detesta el Occidente, aspira a destruirlo y hace de todo por lograr esta finalidad (…) el Papa refleja todos los prejuicios del sudamericano con Norteamérica, con el mercado, las libertades, el capitalismo”. Según Pera, “tiene la visión sudamericana del justicialismo peronista, que nada tiene que ver con las tradiciones occidentales de las libertades políticas y con su matriz cristiana”.

Panebianco, Zanatta y Pera expresan con tonos perentorios la distancia con la cual el área laica, liberal, mira a Bergoglio. La ideología occidentalista, capitalista, librecambista ve en el Papa “argentino” un freno al pensamiento único que ha dominado en la era de la globalización. El Pontífice es un adversario y como tal es tratado. A estos críticos se suman los católicos conservadores de orientación teocon, análogos en mentalidad a gran parte del catolicismo en USA. Vuelve con ellos la oposición Occidente-Sudamérica, típica de la derecha liberal laica. Las simplificaciones de los términos —populismo, peronismo— sin investigarse sus articulaciones históricas obedecen en realidad a una lógica de deslegitimación, a la intolerancia ante toda crítica al modelo de la globalización. Lo que sorprende en los críticos es la falta de documentación y profundización, como si el actual Pontífice no tuviese un trasfondo cultural ni una experiencia eclesial digna de destacarse. [ver recuadro “La Iglesia en un mundo transformado”, en esta misma página] Oportunamente, Massimo Franco escribe que “cuando se tiende a describir a Bergoglio como una especie de don Camilo sudamericano, se cae en algo involuntariamente mistificador. El ex Arzobispo de Buenos Aires no puede ser etiquetado con categorías europeas ni —menos aún— italianas. No es un cura de campo, como el personaje de Giovanni Guareschi, sino un sacerdote urbano, y de una megacity. Y su lenguaje sencillo es producto de un conocimiento muy profundo del territorio y sus habitantes, y de una larga elaboración incluso léxica, “en terreno”, de su identidad de sacerdote”. El lenguaje de Bergoglio es “sencillo” porque quiere ser sencillo. Es la simplicidad como resultado de la reflexión, simplicidad evangélica y no límite de expresión. Hay detrás un proceso de pensamiento, rico y original, proveniente de la escuela de los jesuitas, la cual se nutre no solo de maestros argentinos, sino sobre todo europeos. Cuando el joven Bergoglio es estudiante de filosofía y teología en el Colegio Máximo, en San Miguel, sus referencias ideales son los intelectuales jesuitas del ámbito francés: Henri de Lubac, Gaston Fessard, Michel de Certeau. Algunos son exponentes de la Escuela de Lyon. Estos son sus “maestros”. Son maestros “europeos”, en parte los mismos que guían la reflexión de aquel que llegará a ser su amigo y punto de referencia, el uruguayo Alberto Methol Ferré, el intelectual católico latinoamericano más genial de la segunda mitad del siglo XX, director de “Víspera” y “Nexo”, revistas de las cuales Bergoglio era asiduo lector.

Maestros europeos y argentinos, un mix complejo sobre el cual es preciso indagar si se quiere salir de las simplificaciones que encuentran terreno fértil en el desconocimiento de datos. Como observa Rodrigo Guerra López:

“La falta en Europa de estudios sobre filósofos y teólogos latinoamericanos es recurrente. A veces tengo la impresión de que ciertos académicos europeos (y norteamericanos) consideran al pensamiento latinoamericano una especie de compromiso inferior o secundario en comparación con lo que se produce en países como Alemania, Francia e incluso Italia. Esto no sería sino una observación anecdótica si no fuese también importante, a mi juicio, para comprender algo de lo que está ocurriendo con respecto a Francisco (…) Cuando Juan Pablo II fue elegido Papa, su perfil intelectual y pastoral requería un esfuerzo especial para comprender su enseñanza. Para muchos fue necesario estudiar la historia de los cristianos en Polonia, las diversas tradiciones filosóficas de las raíces de Wojtyla, y penetrar en su ardua filosofía para comprender en profundidad, por ejemplo, el verdadero alcance y el significado de Redemptor Hominis, de Laborem Exercens o de lo que se conocería en definitiva como ‘teología del cuerpo’. Hombres como Rocco Buttiglione, Massimo Serretti, Tadeusz Sytczen, Angelo Scola y otros hicieron un trabajo increíble de profundización y explicación que hasta hoy produce sus frutos. En mi opinión, es necesario llevar a cabo un esfuerzo análogo en el caso de Jorge Mario Bergoglio, S.J. ¡Cuántas discusiones evitaríamos si nos dejásemos interpelar por la biografía intelectual y pastoral de nuestro Papa! En los principales institutos académicos dedicados a la difusión y profundización del magisterio pontificio, los profesores y alumnos han llevado escasamente a cabo un estudio serio y sistemático de los escritos de Jorge Bergoglio y sus autores más amados, como Lucio Gera, Juan Carlos Scannone o Methol Ferré, por no hablar de un estudio amplio y profundo de la teología del pueblo o del magisterio episcopal latinoamericano”.

El parecer de Guerra López es enteramente justificado, tanto más por cuanto los lectores italianos y de idioma inglés disponen, entre otras, de una excelente biografía de Jorge Mario Bergoglio, de Austen Ivereigh, que reconstruye con exactitud la formación, incluso intelectual, del futuro Pontífice. Es un texto esencial para comprender también la posición “política” de Bergoglio, tan a menudo mal entendida por sus críticos. Como escribe Ivereigh:

“El radicalismo de Bergoglio no debe confundirse con la doctrina o la ideología progresistas. Es una actitud radical porque es misionero y místico. Francisco es instintiva y visceralmente contrario a los ‘partidos’ en la Iglesia, y está convencido de que el papado hunde sus raíces en el catolicismo tradicional del santo pueblo fiel a Dios, y en particular en los pobres. Nunca se rebajará a concesiones sobre las cuestiones candentes que dividen la Iglesia del Occidente laico, diferencia que a los progresistas les gustaría superar modernizando la doctrina. Sin embargo, tampoco es, como resulta igualmente evidente, un Papa de la derecha católica: no utilizará el pontificado para combatir en batallas políticas y culturales que deben darse según él a nivel diocesano, pero lo aprovechará para atraer y enseñar; considera necesario repetir hasta el infinito lo que es ya conocido, y más bien desea destacar todo cuanto en parte se ha olvidado: la paternal bondad y la clemencia misericordiosa de Dios. Y mientras los católicos conservadores quisieran hablar más de temas éticos que de temas sociales, está feliz de hacer precisamente lo contrario, es decir, recuperar un catolicismo como ‘vestidura sin costuras’”.

El juicio de Ivereigh es importante, ya que permite superar el lugar común de la oposición de Francisco a Benedicto XVI, patrocinado por los conservadores. En realidad, estamos ante una diversidad de estilos y acentos, y no de contenidos… “Mientras el largo pontificado Wojtyla-Ratzinger se caracterizó por el magisterio de la Iglesia sobre las cuestiones morales y sociales, por un decidido énfasis “antropológico” vinculado con la idea de “ley natural”, el Papa Bergoglio parece estar animado por una visión más histórico-cultural y en línea con el ambiente teológico latinoamericano del cual proviene, y por una visión más espiritual que teológica del ministerio del pontificado romano. El pontificado de Benedicto XVI, “papa teólogo” (en el sentido del teólogo académico), podría constituir una excepción en la historia del catolicismo moderno. El desplazamiento del acento, con Bergoglio, del papado teológico al espiritual presenta algunas incógnitas para el orden futuro del catolicismo; pero esta opción, alternativa en relación con Ratzinger, no hace de Bergoglio un progresista o un liberal (así como Ratzinger no era un reaccionario). Bergoglio es un “católico social”, con una visión ambivalente y compleja de la “modernidad”. Este catolicismo “social”, en auge en los años posconciliares y luego olvidado en la era de la globalización, irrita a cierto mundo católico comprometido con los valores de la vida, pero no igualmente con los valores sociales. Ese mundo critica un supuesto progresismo teológico de Francisco, que no existe, a partir de la desconfianza con un Papa excesivamente crítico de los valores del mercado. En realidad, la crítica del Papa a una sociedad que excluye, reduce el trabajo y crea nuevas divisiones no quiere hacer de los católicos un partido ni situar la Iglesia en las barricadas. “Francisco es el hombre de la reconciliación entre las historias de división, con rasgos trágicos, de la América austral. El equivalente de sus reformas en el Vaticano, además polémicas y combatidas, constituye a nivel global la destrucción y eliminación de todos los escombros y escorias de carácter ideológico que dejó la guerra fría. En América Latina, esto significa derribar el último ‘muro de Berlín’, es decir, el ‘muro de La Habana’, y otros muros invisibles, ocultos en los archivos secretos y en la memoria colectiva de esos pueblos. Significa remitir al pasado las guerras civiles combatidas en nombre del marxismo y el capitalismo, con la Iglesia Católica y sus episcopados en el rol de víctimas, a veces de cómplices. Impresionó mucho el regalo hecho a Francisco por el Presidente Evo Morales de Bolivia: un crucifijo con la hoz y el martillo, obra del Padre Luis Espinal, asesinado en los años 80 por defender a los pobres y a la democracia. Sin observar y fijarse la expresión perpleja de Francisco en el momento de la entrega, hay quienes vieron ahí un abrazo póstumo a la teología de la liberación, de matriz marxista, por parte del Pontífice. En realidad, con ese gesto Morales reconoció al Papa un liderazgo nunca antes atribuido a la Iglesia, y expresó un gesto de subordinación y sumisión impensable hasta hace algunas décadas”.

Para Massimo Franco, “Francisco ha liquidado los mitos revolucionarios comunistas, para situarse él mismo a la cabeza de lemas populares a los cuales ofrece otra salida: pacífico, inclusivo, pero no por esto menos claro al condenar lo que ha llamado elparadigma tecnocrático e invitar a resistirlo”. Se trata del mismo paradigma criticado por Romano Guardini, autor apreciado por Bergoglio, y por Augusto Del Noce, autor de referencia para Methol Ferré. Es el modelo que excluye a los “inútiles”, los “descartados”, los no productivos, los desempleados, los pobres, los ancianos, los “mal nacidos” y los “aún no nacidos”, los enfermos graves, los débiles en general. El camino de salida es un camino de reconciliación entre los débiles y los protegidos, que hace posible la concordia y por consiguiente la paz social y política. Todo el pensamiento de Bergoglio es un pensamiento de reconciliación. No es un pensamiento “irénico”, optimista, ingenuamente progresista, sino, por el contrario, un pensamiento dramático, “estresante”, que, habiendo madurado en el curso de los estudios ignacianos de los años 60, encuentra su primera formulación en el escenario trágico de la Argentina de los años 70, dividido entre derecha filomilitar e izquierda filorrevolucionaria, oposición señalada también por la Iglesia y la Compañía de Jesús. De aquí surge la idea de una dialéctica “polar”, “antinómica”, que constituye el hilo conductor de su pensamiento, su núcleo conceptual original. Bergoglio ha luchado por una síntesis de los opuestos que desgarraban la realidad histórica, no una síntesis “equidistante”, ni una mera solución “centrista”, sino una tentativa teórico-práctico-religiosa de sugerir una unidad antinómica, una solución agónica obtenida mediante el contraste, y por consiguiente una visión dialéctica en la cual la reconciliación no se confiaba, como en Hegel, a la especulación filosófica, sino al Misterio que obra en la historia. El modelo lo obtuvo de Gaston Fessard, de su obra fundamental La dialectique des Exercices spirituels de saint Ignace de Loyola, publicada en 1956. Posteriormente, en su estadía en Alemania de 1986, podrá comparar esta perspectiva con el estudio riguroso del sistema de la oposición polar elaborado por Romano Guardini en su obra de 1925 Der Gegensatz, Versuche zu einer Philosophie des Lebendig-Konkreten. Desde entonces Guardini, sobre cuyo pensamiento filosófico debía tratarse la tesis de doctorado, se convierte en su autor, quien lo acompaña en su reflexión social y eclesial impulsada por la tentativa de dar cuenta de las antinomias y sus soluciones. El pensamiento de Bergoglio, en tantos aspectos parecido al de Methol Ferré, llega a constituirse como una sinfonía de los opuestos. Es una filosofía que se sitúa en el cauce del catolicismo, entendido como coincidentia oppositorum, siguiendo a Adam Möhler, Erich Przywara, Romano Guardini, Henri de Lubac. Como dirá Bergoglio siendo cardenal:

“‘Armonía’ —he dicho— éste es el término preciso. En la Iglesia, la armonía la hace el Espíritu Santo. Uno de los primeros Padres de la Iglesia escribió que el Espíritu Santo ‘ipse harmonia est’, es Él mismo armonía. Sólo Él es autor al mismo tiempo de la pluralidad y la unidad. Sólo el Espíritu puede dar lugar a la diversidad, la pluralidad, la multiplicidad, y al mismo tiempo constituir la unidad, porque cuando somos nosotros quienes deseamos constituir la diversidad, provocamos cismas, y cuando somos nosotros quienes deseamos constituir la unidad, damos lugar a la uniformidad, a la homologación”.

Es la misma perspectiva reiterada por el Papa:

“En otras palabras, el mismo Espíritu crea la diversidad y la unidad y de esta manera plasma un pueblo nuevo, variado y unido: la Iglesia universal. En primer lugar, con imaginación e imprevisibilidad, crea la diversidad; en todas las épocas en efecto hace que florezcan carismas nuevos y variados. A continuación, el mismo Espíritu realiza la unidad: junta, reúne, recompone la armonía: ‘Con su presencia y su acción, reduce por sí mismo a la unidad a quienes son distintos entre sí’ (Cirilo de Alejandría, Comentario al Evangelio de Juan, XI, 11). De tal manera que se dé la unidad verdadera, aquella según Dios, que no es uniformidad, sino unidad en la diferencia. Para que se realice esto es bueno que nos ayudemos a evitar dos tentaciones frecuentes. La primera es buscar la diversidad sin unidad. Esto ocurre cuando buscamos destacarnos, cuando formamos bandos y partidos, cuando nos endurecemos en nuestros planteamientos excluyentes, cuando nos encerramos en nuestros particularismos, quizás considerándonos mejores o aquellos que siempre tienen razón. Son los así llamados ‘custodios de la verdad’. Entonces se escoge la parte, no el todo, el pertenecer a esto o a aquello antes que a la Iglesia; nos convertimos en unos ‘seguidores’ partidistas en lugar de hermanos y hermanas en el mismo Espíritu; cristianos de ‘derecha o de izquierda’ antes que de Jesús; guardianes inflexibles del pasado o vanguardistas del futuro antes que hijos humildes y agradecidos de la Iglesia. Así se produce una diversidad sin unidad. En cambio, la tentación contraria es la de buscar la unidad sin diversidad. Sin embargo, de esta manera la unidad se convierte en uniformidad, en la obligación de hacer todo juntos y todo igual, pensando todos de la misma manera. Así la unidad acaba siendo una homologación donde ya no hay libertad. Pero dice San Pablo, «donde está el Espíritu del Señor, hay libertad» (2 Co 3,17)”.

En esta relación compleja entre unidad y diversidad reside el núcleo del pensamiento “católico” de Bergoglio. Aquí toman forma sus tres parejas polares (plenitud-límite; idea-realidad; globalización-localización) con los cuatro principios: el tiempo es superior al espacio; la unidad es superior al conflicto; la realidad es superior a la idea; el todo es superior a la parte. De aquí parte su doctrina clásica de la unidad de los trascendentales del Ser (bello-bueno-verdadero), en estrecho contacto con la reflexión teológica de Hans Urs von Balthasar, doctrina fundamental por cuanto constituye la clave de la relación entre Misericordia y Verdad en el mundo contemporáneo. Si, como afirma Balthasar, sólo el amor es creíble, entonces el camino cosmo-teológico de los medievales y el camino antropológico de los modernos deben ceder paso, en el tiempo del relativismo y del nihilismo, a la Misericordia como “manifestación” de la Verdad. Es el camino evangélico, el camino kerigmático que está en el centro del pontificado, mediante el cual hoy el cristianismo puede volver a darse con la misma dinámica de los comienzos. Es un punto al cual se oponen vigorosamente los conservadores, que persisten, como los modernistas, en la oposición entre Misericordia y Verdad.

De este modo, de un análisis detenido de las raíces y el desarrollo del pensamiento de Jorge Mario Bergoglio surge, para el erudito europeo, un marco de extraordinaria riqueza. Este se nutre de diversas contribuciones, vinculadas entre sí por una lógica profunda. Como escribe Diego Fares:

“La referencia a Guardini, con su capacidad fenomenológica de ‘ver’ las ‘figuras vivas’ en las cuales las partes se entienden en función del todo y el todo en función de las partes, parece dar coherencia a lo que nos comunica el Papa Francisco. (…) Sin dejar fuera a Erich Przywara con su pensamiento del Dios cada vez más grande y del Espíritu que pone todo en movimiento y crea armonía en la diversidad, y a Hans Urs von Balthasar, con su ordenamiento de los trascendentales, que sitúa la Belleza y la Bondad (siempre dramática) antes de la Lógica; con su manera de abrir toda verdad finita, filosófica a Cristo (de hacer saltar toda verdad hacia Cristo) y su arte de la transposición clasificadora (que lleva la unidad a la multiplicidad, que traduce la única Palabra en muchas, siempre con una mirada de amor, creativo y misericordioso)”.

Estamos ante un escenario constituido por intercambios culturales entre Europa y América, por tejidos de los cuales surge con fuerza la communio católica. Bergoglio representa, en su aparente simplicidad, una figura compleja. Él mismo constituye, con su personalidad, una complexio oppositorum. Este hombre, criticado como pontífice por estar demasiado preocupado por los destinos del mundo, es un “místico”. El fondo de su pensamiento y su ánimo se nutre en los Ejercicios de San Ignacio, en la veta mística de la Compañía de Jesús, que une contemplación y acción. Como escribe el Padre Antonio Spadaro: “La clave de su pensamiento y su acción debe buscarse y encontrarse precisamente en la tradición espiritual ignaciana. La experiencia latinoamericana toma cuerpo dentro de esta espiritualidad y se interpreta a la luz de la misma para no correr el riesgo de interpretar a Francisco cayendo en estereotipos trillados. Su ministerio episcopal mismo, su estilo de proceder y pensar están plasmados por la visio ignaciana, por la tensión antinómica hacia estar siempre y como fuere in actione contemplativa”. Pedro Fabro, el compañero de Ignacio, incansable viajero en la Europa dividida por las guerras de religión, el dulce y apacible anunciador del Evangelio y de la paz de Cristo, es su modelo. Un pensamiento “místico” es un pensamiento abierto, que no cierra los resquicios. Como declaró Francisco: “El aura mística nunca define los bordes, no completa el pensamiento. El jesuita debe ser una persona de pensamiento incompleto, de pensamiento abierto”. Por este motivo, la dialéctica antinómica de Bergoglio es, a diferencia de Hegel, una dialéctica “abierta”. Por cuanto sus síntesis siempre son provisorias, cada vez deben ser sostenidas y reconstruidas, y porque la reconciliación es obra de Dios y no principalmente del hombre. Esto explica su crítica a una Iglesia “autorreferente”, encerrada en su propia “inmanencia”, marcada por la doble tentación del pelagianismo y el gnosticismo. El cristiano está “des-centrado”, el punto de equilibrio entre los opuestos está fuera de él.

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Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

Juan Carlos Hernández

Analizamos en profundidad con Daniel Innerarity el momento de la campaña electoral. Para el catedrático de Filosofía Política, existe una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político.

En las campañas electorales se producen situaciones de polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido. ¿Exageramos cuando aseguramos que se disuelve el “nosotros compartido? ¿Hay alguna relación entre esta disolución y la aparición de cordones sanitarios a izquierda y derecha?

Me da la impresión de que hay estrategias de los partidos, de unos más que de otros, que han puesto en marcha dinámicas que luego son difíciles de parar. En términos estructurales me parece que se podría hablar de una invasión de la mentalidad de campaña en todos los momentos del proceso político. ¿En qué se caracteriza una campaña? En que polariza y se critica al adversario (a veces en exceso). El problema es que luego hay que pactar con él y aquellas estrategias que sirvieron para ganar dificultan posteriormente la acción de gobierno, cuando se requiere la colaboración del adversario.

¿La polarización política es un falso espejo de la vida social? ¿En nuestro espacio público hay sujetos que se narran, hay relaciones interpersonales y relaciones entre entidades sociales más sanas de las que se dan en la política de partidos?

Es normal que en la política haya una dramatización de los antagonismos que no tiene por qué coincidir con el que hay en la vida real. En la política hay siempre esos dos elementos (antagonización y escenificación) y los ciudadanos tendríamos que aprender a descodificar un poco lo que observamos en la esfera política. Lo que ocurre es que a veces en la vida los personajes que interpretamos terminan devorando a la persona que somos.

Los estudios sociológicos reflejan un interés sostenido por lo político, pero una desafección hacia los líderes políticos. Parece imposible pensar en la política como una vocación animada por un ideal. ¿Qué nos ha pasado? ¿Tenemos graves carencias culturales y educativas?

En mi último libro “Comprender la democracia” analizo un problema que me preocupa desde hace tiempo. Hablamos de una ciudadanía que decide y controla, pero lo cierto es que carecemos de las capacidades necesarias para ello por falta de conocimiento político, por estar sobrecargados, incapaces de procesar la información cacofónica o simplemente desinteresados. El origen de nuestros problemas políticos reside en el hecho de que la democracia necesita unos actores que ella misma es incapaz de producir. Una opinión pública que no entienda la política y que no sea capaz de juzgarla puede ser fácilmente manipulable.

'El entrelazamiento de los destinos colectivos impide definir nuestro bien como el reverso del mal de otros'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  8 votos
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Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

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Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  16 votos
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>Entrevista a Daniel Gascón

Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

Juan Carlos Hernández

Entrevistamos a Daniel Gascón, es escritor, traductor y editor de la edición española de la revista Letras Libres. “A pesar de las circunstancias actuales, de una conversación pública irresponsable y propensa al antagonismo, las instituciones de la democracia liberal resisten”, afirma el articulista del periódico El País.

En un editorial de este periódico se afirmaba que “la democracia requiere de una conciencia del nosotros, de un bien común para aquellos que pertenecen a una comunidad siempre superior a los intereses de los grupos particulares y a sus diferencias. Es lo que ha desaparecido”. ¿Qué le sugiere esta afirmación?

Me parece que se produce una especie de rechazo a ciertos impulsos disgregadores: social y culturalmente rompen algunos vínculos; económicamente estamos en una situación más inestable e individualista. El mundo del trabajo ya no es como antes, una cierta idea de identidad que tenía que ver con la clase, con lo que eras y hacías, se debilita. El Estado-nación tampoco sirve para muchos de esos problemas. No hay otro modelo económico viable que la economía de mercado desde el 89, pero este tiene fallos y produce injusticias. Creo que son factores que influyen en una percepción de la identidad amenazada, y que eso tiene que ver con el rebrote de los nacionalismos, del repliegue. Defiendes algo que crees que corre peligro de desaparecer.

Muchos grupos tienden a intentar defender sus intereses particulares, que pueden ser legítimos, pero que a veces pueden caer en una estigmatización del que piensa distinto. Mark Lilla habla de una “política de la identidad”. ¿Podría ayudar el juicio de Lilla a explicar lo que está ocurriendo?

Estamos en un tiempo de subjetivismo y polarización. Es más importante el elemento expresivo, nuestra visión sobre el mundo, que lo que sucede fuera. Lilla dice que el énfasis en la identidad por parte de los progresistas ha sido contraproducente, porque debilita la unión que permitiría la victoria de la izquierda. Para él, tienes que ganar para defender los derechos de las minorías, tienes que buscar un discurso que unifique para luego implementar tu programa. Un problema de esa idea es que a lo mejor estás hablando de un mundo que ya no puede ser. El discurso encajaba en una comunidad más homogénea y afianzaba una coalición de votantes que ahora parece más complicada por muchos factores. Otros dirían que ese universalismo, que se presenta teñido de nostalgia, no dejaba de ser un particularismo, y que lo que se presentaba como algo para todos era menos inclusivo de lo que pensamos.

¿Cómo se pueden traducir sus ideas a la realidad española?

'Existe una percepción de la identidad amenazada, y es por los nacionalismos'

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>Entrevista a Francisco Igea

Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

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Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

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>Entrevista a Joseba Arregi

Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

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>Entrevista a Tulio Álvarez

Una biografía intelectual de Jorge Mario Bergoglio

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

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El otro es un bien, también en política

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