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17 OCTUBRE 2018
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Cataluña frente a Davos

Francisco Pou | 0 comentarios valoración: 2  24 votos
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Me observaba hoy un buen amigo desde Davos que nadie hablaba ya del “asunto de Cataluña” en los pasillos. Excepto lo que se esperaba del Rey de España, tarde o temprano, para calmar los ánimos de negociadores de deuda, inversores y operadores de turismo. En ese concilio de protagonistas planetarios del capitalismo y del poder que es hoy Davos seguramente la perspectiva ya del “asunto catalán” es la de un altercado aldeano. Coincidiendo con esto, la Guardia Civil registraba en Barcelona las sedes de Omnium y ANC, dos entidades que son auténticos “santones” del imaginario nacionalista. No son partidos, son templos sagrados, y la incursión de la policía, que habría sido un sacrilegio recogido en la portadas de urgencia de los medios en España hace un par de meses, hoy pasa sin espanto entre las crónicas del tiempo y de los atascos de tráfico. Es que sí, es cosa del tiempo, que todo lo cura.

Arreglando el mundo en Davos

El juego en Davos es juzgar el presente para diseñar el futuro, intentando prever lo imprevisible. El año pasado fue la amenaza mundial del populismo, que se veía capaz de acabar con un establishment de poder, lo que estaba en la mente de los davonitas. Hoy está presente el propio presidente Trump, quien para la prensa “correcta” en Europa, liberal y monocolor y a la medida del Partido Demócrata americano, era el demonio, la mismísima representación de la amenaza que se expandía por el mundo. Una amenaza para ese diseño del futuro previsto en el que el poder y los davonitas siempre ganan.

Ha pasado un año y las amenazas para los davonitas son otras. La mercancía, el concepto, que más se vende en Davos es la globalización. 70 jefes de Estado y Gobierno escuchan al FMI anunciar que la economía mundial cobra impulso. Pero, en términos de Christine Lagarde, “el crecimiento debe volverse más inclusivo”. ¿Inclusivo? Probablemente quería decir “justo”. La recuperación de la crisis está favoreciendo cuatro veces más a los ricos que a los pobres. En España hay 58.000 nuevos ricos (patrimonio que suma al menos 300.000€ de exención fiscal más 700.000 en patrimonio mobiliario e inmobiliario), mientras que 1,4 millones de personas han pasado a ingresar menos de 6.000€ anuales. Una amenaza de patente desigualdad que, junto a los augurios de un sistema de Seguridad Social que empieza a hacer aguas amenazando quiebra, empieza a gritar al poder: “el sistema global que nos habíais vendido no funciona”. Entre otras cosas, la bomba demográfica; cada vez somos menos para pagar a más. Cada vez nacen menos niños que deberán pagar la pensión a más ancianos que cada vez viven más años gastando cada vez más en tecnología médica cada vez más sofisticada. La cultura del confort ha llevado a una cadena de producción y consumo en tierras en las que cada vez hay más sequía, donde sigue creciendo el hambre. Y las guerras. El Papa no es davonita, pero es reconocido como el líder más global, y habla abiertamente de una guerra mundial que aún no tiene nombre propio, pero que trágicamente cada vez se extiende más, cada vez más cerca.

La “última” de Puigdemont

Los aún subvencionados periódicos en Cataluña siguen reportando tenazmente sobre las últimas añagazas de Puigdemont; que si llegará en el maletero de un coche, o que si despistará con un doble… La regañina universitaria que recibió Puigdemont en Dinamarca sobre algo tan básico como el respeto a la ley aún corre por internet o los whatsaps. No está claro si habrá Govern porque no está claro si Puigdemont será investido. No se sabe si habrá que repetir las elecciones. Pero lo que cada vez está quedando más patente es que quizá todas esas dudas no sean tan relevantes, que hay problemas de los que hablábamos que nos ponen delante de un drama más real que la causa nacionalista. Y piden respuestas muy alejadas de lo que es visto por muchos como un capricho malcriado, provinciano y burgués. Al final el tiempo no cura nada, pero sí que ayuda a situar los dramas en su justa proporción. Aunque todavía hoy una sociedad como la catalana, dividida en dos y con un presidente hologramático, siga teniendo eso, un problema, aunque ya no se hable de él en Davos.

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