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23 FEBRERO 2018
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>Entrevista a Fernando Palmero (y II)

'No podemos dejar de luchar por que ciertos valores adquiridos sigan presentes'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  25 votos
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Fernando Palmero analiza los desafíos globales que nos plantea el presente: fake news, populismo, terrorismo… Una sociedad democrática es sólida porque hay determinados valores que la mantienen, afirma el periodista de El Mundo.

¿Está en crisis el periodismo actual?

Todo periodismo tiene una parte comercial. Evidentemente, el periodismo en general no existe, no es igual que otras actividades culturales. Uno puede escribir en su casa pero luego necesita una editorial, y en el caso del periodismo todo son empresas. El problema que está atravesando el periodismo deriva de la crisis económica y de la crisis de modelo. El modelo actual ya no funciona, al periódico de papel no le queda mucho tiempo de vida porque se ha venido abajo toda la parte industrial que sostenía a los periódicos. Me refiero a la impresión, la distribución, hay muchos menos quioscos. El periódico ya no llega a cualquier casa y eso es lo que está arrastrando y poniendo en crisis la profesión.

Al periódico en papel le han sustituido las redes sociales.

Las redes sociales presentan una nueva forma de consumir la información. Antes la gente iba al quiosco y compraba el periódico, sintonizaba una emisora o ponía la televisión. Ahora incluso la forma de ver televisión también está cambiando. Antes la gente veía la televisión tres o cuatro horas en el sofá. Ahora no, ahora la gente ve fragmentos de televisión y va viendo sus programas a horas diferentes. Con el periódico pasa lo mismo. En cabeceras como El Mundo solo la mitad de los usuarios que entran lo hacen desde la portada. El resto llega bien desde buscadores o desde redes sociales por sugerencia de otra gente. Se está rompiendo la fidelidad del lector con una marca. También es más fácil acceder a todas las marcas. Todo ello tiene sus ventajas y sus inconvenientes. La ventaja es poder llegar a muchísima gente,

¿Y un inconveniente es la facilidad de divulgación de las “fake news”?

El receptor debe ser muy consciente de qué es lo que está consumiendo. El problema de las fake no es tanto el que cuenta la mentira sino también el que se la cree, bien por su falta de información o porque le conviene que la realidad sea así, o por pereza mental.

¿Tiene que ver esto con el avance de los populismos?

Es un ataque contra la intermediación o contra la interpretación, bajo la premisa populista de que el pueblo no necesita intermediarios porque todos los periodistas son mentirosos y manipuladores. Pero quitar la intermediación no es posible. El periodismo lleva cumpliendo una función social de intermediación entre los ciudadanos y el poder que creo que es muy necesaria y que no todo el mundo puede hacer ni de cualquier manera, se deben cumplir una serie de reglas. Las redes sociales no tienen esta responsabilidad civil porque no son medios de comunicación, y es un error considerarlas como medios. Son vías a través de las cuales el público llega a los medios de comunicación, pero en sí no lo son. Por eso no se le puede pedir la misma responsabilidad que a un medio, de la misma manera que aun ciudadano no se le puede exigir la misma responsabilidad que a un político. El populismo lo que hace en estos dos frentes, tanto en la política como en la información, es atacar esa línea de representación como forma de ejercer el poder y transmitir la comunicación y el conocimiento.

¿Cree que se sigue dando en nuestras sociedades occidentales un sentimiento de antisemitismo?

El antisemitismo se manifiesta ahora no es un odio hacia el judío porque eso es políticamente incorrecto desde Auswitch pero sí se da un odio hacia el Estado de Israel. Se pone en cuestión la propia existencia del Estado de Israel. El antisemitismo se ve ahí.

La LOMCE obliga que en cuarto de la ESO se estudie el holocausto. Y muchos profesores nos comentan que algunos compañeros se negaban a dar eso porque lo consideraban propaganda al Estado de Israel. El holocausto debe tratarse como un hecho histórico, no como un fenómeno asociado la II Guerra Mundial. Un hecho histórico porque se dio al margen de la II Guerra Mundial. Siguiendo otras lógicas que no fueron las de la guerra necesariamente.

Lo que heredaste de tus padres, conquístalo para poseerlo, decía Goethe. Es necesario redescubrir ciertos valores. ¿Hemos perdido algunas evidencias?

Eso es otro síntoma más de lo que hablábamos. Que hay determinados valores que están siendo minados desde la propia institución educativa. Como se ve en este odio y rechazo a la propia existencia del Estado de Israel. Tengo ciertos reparos a educar en valores pero me parece muy necesario en la medida en que una sociedad democrática es sólida porque hay determinados valores que la mantienen. Como decías antes, no por el hecho de que nuestros padres consiguieran ciertos valores nosotros tenemos que dejar de luchar por que sigan estando presentes

Para poder entrar en un diálogo con el otro debo ser consciente de mi propia tradición. Entendida no como un arma arrojadiza sino como un don que uno ha recibido.

Estoy completamente de acuerdo pero hay que evitar caer en el relativismo. No todas las tradiciones culturales son igualmente válidas. Ni todas las religiones son igualmente válidas. Yo creo que la sociedad democrática debe establecer muy bien la diferencia entre lo que es la religión, el mundo privado y el espacio público. Todas las religiones son válidas pero no se puede poner en cuestión los valores de ese Estado. La sharía nunca puede ser equiparable al Estado de derecho y tenemos que estar vigilantes y no caer en la complacencia del multiculturalismo. Por ejemplo, la oblación del clítoris, me da igual que esa sea su tradición pero es un delito. Y usted se somete a las mismas leyes que el resto. Y usted tiene que respetar a su mujer y si le pega usted va a la cárcel.

Pero es necesario una conciencia clara de mi propia tradición para poder afirmar esto con fuerza.

En el islam la diferenciación entre el poder político y religioso es muy difusa. Las comunidades islámicas que empiezan a instalarse en España tienen que ser conscientes de que en Europa sí que existe esa diferenciación. Usted en la mezquita puede hacer lo que quiera pero luego en la calle, en la plaza pública, tiene que respetar la ley y a los representantes políticos.

Olivier Roy habla de una islamización del radicalismo, no de una radicalización del islam. ¿Está de acuerdo?

Efectivamente para determinados grupos radicales el islam ha supuesto una justificación, una excusa para llevar a cabo ciertos actos. No creo que sea una guerra de civilizaciones ya que de hecho la mayoría de víctimas son musulmanas. Hay una guerra en el islam y esa guerra nos llega a Europa como daño colateral. Los atentados están controlados por un califato y evidentemente no todos los musulmanes son radicales. Pero tenemos un problema y el avance de esas posturas islámicas y la mayor presencia de todos estos grupos en el panorama internacional constituye un peligro para nuestros valores. Luego los atentados generan rechazo y generan intolerancia que puede derivar en un tipo de marginación.

En España el problema parece especialmente grave en Cataluña.

Las mezquitas que están en Cataluña están financiadas directamente por Qatar. Este tipo de países están muy interesado en imponer una determinada visión del ala más radical aunque hay muchas corrientes. Pero es preocupante que se estén instalando en Europa, con la complacencia de los poderes públicos, aquellas que quieren imponer una visión salafista del islam y que estén patrocinadas por dictaduras con las que somos complacientes porque nos financian las camisetas de fútbol. Pero hay que tener cuidado porque el dinero de Qatar y de los Emiratos Árabes es dinero envenenado porque está creando en toda Europa una red de radicalismo que nos puede afectar a medio plazo. La guerra civil que se produce en el mundo islámico, entre chiíes y suníes, lo sucedido en Siria, seis años de guerra que han destrozado un país próspero, Iraq está completamente destruido… todo Oriente Medio está completamente roto por el enfrentamiento abierto entre Irán, como representante de la tradición chií, y Arabía Saudí como representante de la tradición suní. Y eso es lo que está contaminando a toda Europa. Las primaveras árabes también tienen esa lectura de una visión que se quiere imponer sobre la otra.

¿Cómo valora el papel jugado por Occidente?

Occidente ha estado torpe, por ejemplo, en lo que ha hecho en Libia. Es cierto que Gadafi era un dictador pero ahora es un país que no existe, están divididos en grupos tribales que se disputan los pozos de petróleo. Venden petróleo que seguimos comprando a pesar de que sabemos que es dinero ilegal. Europa se equivocó y ahora estamos pagando las consecuencias. Libia se ha convertido en una de las plataformas a partir de las cuales entra muchísimas inmigración. En parte esto es responsabilidad de Occidente por haber contribuido a la desestructuración de los países del norte de África.

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Re/Irrelevancia política

Fernando de Haro

Paradoja. La globalización está acabando con el concepto y la experiencia de soberanía nacional tal y como la conocíamos desde hace tres siglos. Los partidos políticos de la postguerra (Alemania y Francia), los que se crearon con el ciclo de democratización de los años 70 (España y Portugal) y las nuevas formaciones surgidas en los años 90 (Italia) dan síntomas de agotamiento. Y, sin embargo, en la vida social, el ser para/en/con partido, se convierte casi en una obsesión.

Las almas nobles, defensoras de grandes ideales, con una sana vocación histórica, advierten del riesgo de la irrelevancia política si no hay comercio de partido. Histórico y realista comercio de partido: votos por políticas. No ser reconocido por el partido, por alguno de los partidos, no ser en cierto modo “partido” se identifica con la insignificancia social o política y produce ansiedad. Tanto es así que los movimientos que han nacido en los últimos años con la pretensión de renovar la vida pública (15M en España, 5 Stelle en Italia), o de protestar por la política migratoria (populismos varios) han adoptado inmediatamente la estructura y las prácticas de las antiguas formaciones.

Los viejos y nuevos partidos consiguen, en un momento de evidente declive, su máximo poder. Solo existes, solo eres alguien si eres capaz de que los partidos incluyan en algún rincón de su agenda aquellas cosas bonitas en las que crees o que has levantado con tu esfuerzo y sacrificio. La libertad depende de que haya un político que defienda “lo nuestro”. Y “lo nuestro”, de este modo, deja de ser lo nuestro para transformarse en el hueco que hemos conseguido abrir en la agenda de un partido. Sin abrir un espacio político, entendido tal y como lo entienden los partidos, creemos no tener tiempo, no ser. Es el más alto grado de partitocracia y probablemente una de las consecuencias de entender la política como simple mediadora entre intereses privados.

La evolución de los partidos en los últimos años en buena parte de los países de Europa ha provocado que su base popular, su relación con la sociedad civil, sea cada vez menos relevante. El fenómeno ha sido especialmente acusado en España. Ha acabado imponiéndose un tipo de formación que es partido-Estado. Concebida y preparada para captar el mayor número de votos, a través de una mediación mediática, su único fin parece ser el de ocupar el mayor espacio posible de la Administración con la menor implicación social posible. La voluntad de ocupar espacios administrativos se acaba trasladando a la justicia, a las organizaciones colegiales, a la vida universitaria, a las iglesias.

Si la política es una simple mediación y ordenación de los intereses privados, capaces por sí mismos de generar prosperidad, es lógico que se entienda al partido-Estado como el mediador o el conseguidor por excelencia.

Re/Irrelevancia política

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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  36 votos
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Las ventajas de mirar (insistentemente) una lata de sopa

Fernando de Haro

Warhol ha desembarcado en Madrid. Y a muchos les pasará inadvertido que la llegada del líder del pop-art, más allá de ser un acontecimiento pictórico para las élites, supone una provocación social, un juicio político, una moción a la mirada post-ideológica/superideológica de la España de 2018.

En una de las salas de referencia del Paseo del Prado (Caixa Fórum), se exponen casi 350 piezas de aquel chico de Pittsburgh que subió a los cielos de Nueva York. Warhol es pre-impresionista y postmoderno al mismo tiempo, y sin duda postdigital. Nos quedamos imantados ante su repetición del retrato de Mao. No resulta fácil despegarse del rostro del líder comunista que es el mismo y es diferente, según tenga los labios rosas, la piel azul marino, los párpados blancos. Lo mismo sucede ante su Jackie Kennedy o su Marilyn. La desconexión del arte contemporáneo ha desaparecido: la repetición de los mitos que la cultura televisiva hizo archifamosos invita a mirar una y otra vez, y a descubrir lo que ya no se mira porque se cree conocer. El tratamiento del color, o la insistencia en la representación de objetos cotidianos como la lata de sopa Campbell, se convierten en una especie de corrección de la mirada del homo videns: el hombre al que el abuso de la pantalla ha mutado antropológicamente. El homo videns es el hombre que mira y ya no ve. Está en el último escalón evolutivo que comenzó en el momento en que el ser humano se identificó con una forma de abstracción, de ejercer el noble ejercicio de la crítica y del pensamiento, sin someterlo a vínculo alguno con las cosas. Esas cosas son ahora solo imágenes a las que se dedica poco más que un instante. Si no fuera una exageración, se podría decir que con su repetición de lo mirado y no visto Warhol nos obliga a hacer un ejercicio que nos rescata, nos recupera de los efectos más nocivos que puede tener la digitalización.

En el mundo anglosajón hay una corriente pedagógica que ha subrayado durante los últimos años lo que Warhol parece proponer. Esta corriente insiste en la observación para fomentar la capacidad de innovación. Algunos teóricos subrayan la importancia de enseñar a los más jóvenes a mirar un cuadro, no los 30 segundos que le solemos dedicar sino al menos 10 minutos. De este modo se fomentan las capacidades creativas. Por eso quizás, cuando el Ministerio de Educación de Finlandia, referencia por sus buenos resultados educativos, se planteó nuevas mejoras hace unos años propuso aumentar las horas semanales de Arts & Crafts (educación artística). Hay cierta “educación de la mirada” que parece ser muy conveniente. Es precisamente este tipo de educación en el modo de ver la que viene revindicando desde hace algún tiempo Andrés Trapiello, uno de los grandes referentes del mundo literario español. Trapiello sostiene que nos conviene a todos educarnos para recuperar “la mirada compasiva” de Cervantes, el autor del Quijote. Un modo de enfrentarse al mundo, nacido de la primacía de la observación, que huye del resentimiento: cuanto más y mejor se mira más difícil es que prevalezca la queja e incluso esa casi inevitable distancia que siempre deja el mal sufrido o causado.

Las ventajas de mirar (insistentemente) una lata de sopa

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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