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22 JULIO 2018
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>Entrevista a José Luis Segovia Bernabé

"Prisión permanente: es preocupante la rentabilización política de las víctimas"

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www.paginasdigital.es entrevista a José Luis Segovia Bernabé, sacerdote, jurista y criminólogo. Ha sido coordinador del área jurídica del Departamento de Pastoral Penitenciaria de la Conferencia Episcopal Española.

¿Qué valoración le merece el debate que se está produciendo sobre la prisión permanente revisable? ¿Qué trasfondo cultural apunta? ¿Por qué nos resulta tan difícil aceptar el principio de reinserción en algunos supuestos?

La política criminal exige un diálogo con todos los actores sociales y necesariamente ha de cambiar en función de los datos de la realidad. El problema es cuando no se buscan ni se analizan esos datos, sino que se legisla a golpe de telediario y buscando no la verdad sino el impacto emocional en los votantes. En ese sentido, es preocupante la rentabilización política de las víctimas. Éstas han pasado de ser groseramente ignoradas por el sistema penal –eran una simple prueba de cargo para condenar al culpable– a ser utilizado su sufrimiento y a confundir sus comprensibles deseos con las necesidades reales de la política criminal.

En el fondo, late una visión negativa, pesimista, hobbesiana del ser humano. Late por debajo un individualismo atroz que apuesta por la vindicación y que pone en duda la perfectibilidad de los seres humanos. Tenía razón Benedicto XVI cuando apuntaba a que detrás de múltiples cuestiones sociales lo que hay es una concepción antropológica de bajo vuelo.

La experiencia de más de 30 años en torno al sistema penitenciario me ha permitido comprobar que el ser humano es mucho más que su conducta, por abyecta y reprobable que sea. Me he encontrado con que personas responsables de crímenes horribles han sido capaces de caer en la cuenta de que habían cometido salvajadas irreparables, arrepentirse sinceramente, dar un vuelco a su vida e incluso pedir de corazón perdón a los familiares de sus víctimas. Y lo que es más impresionante, comprobar cómo éstas últimas en un ejercicio inconmensurable de dignidad y humanidad les perdonaban. No nos damos cuenta de que la venganza (por muy maquillada que la queramos presentar) deshumaniza siempre al que la practica. Igual que las torturas pueden arrancar confesiones, la cadena perpetua puede dejar una cierta sensación de satisfacción ante lo irreparable del daño cometido por el asesino, pero ninguna de las dos sacan lo mejor de unos y de otro.

España es uno de los países más seguros de Europa, pero la población penitenciaria ha aumentado exponencialmente. Tenemos una de las medias europeas más altas de estancia en prisión. ¿Falla algo?

Falla básicamente que esos datos se desconocen. En efecto, España es probablemente el país de la Unión Europea en el que hay mayor distancia entre la criminalidad efectiva y la percepción que tienen los ciudadanos. La clave parece estar en el tratamiento informativo que solemos dar por estos pagos a crímenes horrendos que son la apertura de todos los telediarios y el tema estrella en tertulias de radio y televisión. Se comete un delito y en el reportaje sale dando su opinión hasta quien pasaba por allí. Piénsese que aunque, afortunadamente, crímenes horribles contra menores son tan pocos que hasta los conocemos por el nombre, sin embargo, a base de sacarlos recurrentemente, generan una percepción de inseguridad que no se corresponde con la realidad. Igual ocurre con lo “blando” de la respuesta penal. Cuando se pregunta a los ciudadanos por la pena que impondrían a los delitos, los estudios efectuados muestran que sus respuestas son siempre más livianas que las que impone un Código penal tan duro como el mal llamado Código de la Democracia.

Usted conoce bien las cárceles españolas. ¿Sirven para que se cumpla el principio de reinserción?

Aunque no se pueden desconocer los esfuerzos que se han hecho en cuanto a las condiciones de habitabilidad y algunos aspectos de la sanidad (no ciertamente de salud mental en la que estamos a unos niveles impropios de un país occidental), sin embargo el art. 25.2 de la Constitución que orienta las penas hacia la reinserción es poco más que un rótulo colocado en la entrada de las prisiones. Lamentablemente, ese principio no solo no se cumple sino que uno tiene la sensación de que, fruto de esa rebaja antropológica que vamos haciendo, estamos retrocediendo a pasos agigantados. Algunas teorías como las del derecho penal del enemigo, o la noción de no-persona aplicable, según algunos, a determinado tipo de delitos muestran lo peligroso de una deriva que, como siempre, tiene en la degradación de lo humano y el olvido del sentido trascendente de la existencia un peligroso caldo de cultivo.

En España hemos tenido pocas experiencias de justicia restaurativa, ¿por qué?

A pesar de múltiples intentos, no ha acabado de cuajar la plena incorporación de la justicia restaurativa y de la mediación penal al ordenamiento jurídico. Sin embargo, son bastantes las experiencias que se han ido llevando a cabo en colaboración con las fiscalías, juzgados de lo penal. Lo que puede afirmarse sin duda alguna es que en aquellos ámbitos judiciales en los que se ha llevado a cabo, todos los operadores jurídicos han quedado altamente satisfechos de sus virtualidades. Y lo que para mí es más importante: las víctimas de los delitos son sus más fervientes fans. He estado varios años en diferentes proyectos de mediación y puedo dar testimonio de ello. Y no solo en delitos patrimoniales en los que siempre se agradece la indemnización y la petición de perdón. También en delitos muy graves e irreparables. Sigo creyendo mucho en una mediación que no sea un mero instrumento del sistema judicial para correr más, sino como una forma de devolver a la víctima el protagonismo que merece y colocarla en una posición que le permite ganar en humanidad mientras hace lo propio con el infractor.

¿La justicia restaurativa es una forma de misericordia laica?

A decir verdad, aunque existen precedentes en culturas remotas, la JR se ha desplegado merced al humanismo cristiano. Esta es una evidencia incontestable. Su fundamento bien podría estar en el relato de Marcos… Pero, como todo en el Evangelio, lo que es divino es al mismo tiempo profundamente humano, y es perfectamente traducible y asumible en categorías laicas. La llamada Justicia de las “tres erres” (Responsabilización del infractor, Reparación del daño a la víctima y Restablecimiento del diálogo social que quebró el delito) se puede y se debe volcar en formatos jurídicos seculares.

En Italia ha habido iniciativas interesantes de justicia restaurativa entre victimas del terrorismo y terroristas (protagonistas de la llamada lucha armada). ¿No se dan en España las condiciones para algo así?

En España se han dado y de uno u otro modo se siguen dando. El libro de Esther Pascual “Los ojos del Otro” y el youtube del mismo nombre dan buena cuenta de ello. Tuve el honor de participar en esa experiencia hace años y doy fe de que ha resultado ser una excelente validadora de que la justicia restaurativa tiene mucho que decir en crímenes violentos y en delitos de terrorismo.

Francisco siempre que va a una prisión suele decir que él podría estar entre rejas. ¿Por qué cree que a muchos esa afirmación les suena a exageración?

La respuesta se impone cuando se visita cualquier centro penitenciario de nuestro país y se descubre sin necesidad de ser sociólogo la procedencia social y los gravísimos problemas que soportan las personas que están entre rejas. No es difícil adivinar que, si uno tuviese una enfermedad mental grave, no hubiera sido diagnosticada ni tratada por nadie, además hubiera desarrollado una drogodependencia y encima viviese en un contexto familiar y social precario, dar con los huesos en la cárcel sería bastante probable. Actualmente, delitos contra la seguridad en el tráfico y de violencia contra las mujeres están “normalizando” en parte el perfil penitenciario. En cualquier caso, la máxima de Concepción Arenal, “odia el delito y compadécete del delincuente”, sigue siendo un horizonte nada utópico que nos humanizará a todos.

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