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20 MARZO 2019
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Cartas para una política no ideológica (4)

Mikel Azumendi/Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  20 votos
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Queridísimo Mikel:

¡Qué buenas son tus letras! Te escribo estas en una mesa llena de yuanes y de todos los artilugios necesarios para diez días de rodaje. Mañana me voy a China a grabar uno de mis documentales. No lo vamos a tener fácil.

Me propones que dejemos atrás a Habermas. Estoy de acuerdo, pero antes de hacerlo no me resisto a volver a algunas cosas de las que nos hemos ocupado.

Comentando las tres condiciones que ponía el pensador alemán para que lo religioso pudiera hacer una aportación a la democracia en la sociedad postsecular (“elaborar el encuentro con otras religiones”, “acomodarse a la autoridad de las ciencias” y “ajustarse a las premisas de un Estado constitucional”), dices que este es un mensaje dirigido al islam porque el cristianismo lo tiene ya superado. No lo tengo tan claro. Los sociólogos más avisados ya han señalado que lo religioso tiene un gran peso en este comienzo del siglo XXI. Y a mí me parece muy interesante la tesis de Olivier Roy cuando señala que el proceso circular que ha animado siempre la relación entre las cuestiones de sentido (la verdadera religión) y la cultura en estos tiempos se está fracturando. La religiosidad reaparece con fuerza, pero disociada de la cultura que le es propia y, por eso, es utilizada ideológicamente. De este modo desaparece la relación entre racionalidad y religiosidad. En el islamismo el proceso es claro, en el hinduismo político (del que se aprovecha el nacionalismo) también. Y Roy denuncia que ese proceso está presente en ciertas formas evangélicas.

Es verdad, como señalas, que en España sufrimos eso que Victoria Camps llama “una militancia que considera que el hecho religioso es, por sí mismo, perjudicial para la vida en común”. Pero a mí el laicismo me interesa menos porque, como decía el otro, ¡no es mi tarea juzgar de las cosas de fuera! Ese laicismo probablemente tiene algo que ver con cierta incapacidad católica para aceptar la revolución liberal del XIX. Sí me interesa secundar, por el contrario, la invitación a “traducir” en “razón pública”, es decir en argumentaciones antropológicas compartibles o comprensibles por todos, la experiencia cristiana. Por dos razones. Porque este sano ejercicio que va de la cultura a la fe y de la fe a la cultura refuerza una verdadera religiosidad –sin racionalidad no hay auténtica experiencia cristiana (al menos como la entiende la tradición católica)– y el peligro señalado por Roy es muy real. Y porque este trabajo es una de las grandes aportaciones que se pueden hacer al bien común.

Y aquí volvemos al lugar donde habíamos dejado la cosa antes de que Habermas nos entretuviera un par de semanas. Comentabas tú que es difícil en este momento, para el fin que nos ocupa –una política no ideológica– hablar del bien común. El proyecto de una ética que nos aúne a todos ha fracasado. Ha fracasado la Ilustración. Dándole vueltas me he dado cuenta de que cuando te escribía del bien común como posible criterio no me refería al trabajo para reconstruir un consenso ético. Me refería más bien a un modo de estar y de pensar en el espacio público que no asuma necesariamente ciertos esquemas. Esos esquemas para los que la vida democrática se limita a amarrar y poner orden en los intereses privados (y en las diversas orientaciones ideológicas) y a garantizar los derechos subjetivos de los ciudadanos frente al Estado. Esta mentalidad suele buscar ser-para o con un partido, ocupar espacios. ¿No te parece que, de hecho, nos movemos de otro modo? ¿Que, de hecho, nuestros “deseos socializadores”, la recíproca dependencia que tenemos unos de los otros, tienen más peso que la concepción “liberal” con la que interpretamos lo que sucede? No estoy hablando, ojo, del debe ser. Estoy hablando de la vida real, tal como es, en la que te mueves no solo por intereses.

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Me das mucha envidia, mi querido Fernando, tú en China con tus documentales y yo aquí, sin haberme jamás merecido un viaje a esas tierras por las que tanto hice en mi infancia, desde peticiones para el Domund hasta montones de padrenuestros rezados por los chinitos, para que se salvaran. ¡Manda huevos... y yo necesitándolos tanto ahora (los padrenuestros, no los chinitos)!

De tu polifacética carta de hoy subrayaré su final, algo muy concreto y muy razonable. Y lo trataré de comentar rumiando de paso su relación con el pensamiento de Habermas.

Me gustaría apostillar algo a lo que dices de Olivier Roy y la “nueva religiosidad” actual pero iba a ser muy largo. Lo dejaremos para otra, si insistes.

[1] Me avengo a tu idea de que para encaminar nuestra sociedad hacia el bien común no deberíamos perder el tiempo buscando un consenso ético (hoy por hoy imposible en el terreno de la deontología y los valores). Lo mejor sería saber estar de otra manera en el espacio público proponiendo cosas nuevas más allá de regular el conflicto entre intereses (incluidos los intereses ideológicos) y de asegurar los derechos de la ciudadanía. Si te entiendo bien, a esto llamas “mentalidad”, la que hoy domina entre nosotros de considerar lo público como un asunto de “ocupar espacios” {i} como fuere, ocuparlos desde mi ideología o partido político. Es decir, acceder al poder en las instancias que fuere: en escuelas, barrios, ayuntamientos, parlamentos, gobiernos y donde hubiere cualquier resquicio de poder. Ese es justamente el sentido común dentro de nuestra cultura; nuestro “modo de estar” en la ciudad política o habitus ciudadano consiste en que “los nuestros puedan doblegar a los contrarios”

Ese es nuestro fondo cultural que la ideología ha dibujado desde hace más de una centuria. Así lo hace entre nosotros la ideología liberal desde la Transición democrática, pero con mucha más hondura lo hizo la ideología comunista en los regímenes comunistas* y acaso también la hindú gubernamental –como apuntas tú, que de eso sabes de primera mano. Este es el auténtico sentido común o la racionalidad del estado de cosas democrático-liberal actual. El ethos que encierra esta concepción de la vida cívica es el combate (aplastar al otro de otro partido político) aunque en los manuales de politología aparezca ser como un mercado (al que acuden ofertas de partidos políticos y gana la mejor oferta). La verdad es que nunca gana la mejor oferta sino la más votada (y no hace falta irse al caso de Hitler elegido democráticamente para mostrar su debilidad conceptual). Tras ese ethos hay un valor ético: el utilitarismo (el otro es un medio para los fines de otros) asumido por el Estado democrático para su funcionamiento, pese a sostener que es neutro ante cualquier supuesto normativo y de cosmovisión.

[2] En cambio, juraría que no es así eso otro que expresas de los “deseos socializadores” provenientes de nuestro sentimiento de dependencia mutua {ii}. Vaya si existen y son fuertes estos sentimientos en nuestra sociedad española (y no tanto en la francesa o alemana) pero no se refieren al espacio público sino al privado. Tomo “privado” en su sentido no sólo íntimo y familiar de las decisiones personales sino abarcando incluso niveles de pueblo y comarca (último ejemplo: toda la comarca del Campo de Níjar buscando en tromba al desaparecido niño Gabriel de 8 años). Cuando se trata de hacer algo humanitario como ayudar a los hijos o nietos o algo humanitariamente intempestivo a favor de los desamparados por catástrofes, los españoles se vuelcan. Pero si a esa gente que buscaba al niño Gabriel le dijesen que quien canaliza toda la búsqueda era el PP, más de la mitad de los 500 buscadores cejaría en el empeño. O sea, podrían más sus intereses de espacio público que los del humanitarismo (esto se vio en los atentados de Atocha del 11-M, se ha visto en el atentado de las Ramblas de Barcelona y se seguirá viendo).

[3] Corolarios:

a) El sentido común de nuestra cultura {i} está refigurado/formateado por la ideología pero todavía nos quedan arrestos de sentimientos altruistas, huellas de concepciones de fraternidad y hálitos de una consternación humanitaria que provienen de viejas herencias culturales cristianas {ii}. En muchas personas mayores todavía suelen poder más éstas {ii} que aquello {i}. Y, en general, es el enclenque peso social de {ii} el que llega a amansar la potente sustancia ética utilitarista de la sociedad, produciendo el bien que se precisa para mantener en pie a la sociedad democrática.

b) Hay una dualidad de ámbitos de la acción personal (público/privado) que, de momento, nos obligan a dividir en dos nuestra identidad. Cuando {ii} desaparezcan del todo, ya no nos partirán en dos a nadie: la sociedad democrática será entonces el reino del utilitarismo puro, o sea, una nueva forma de totalitarismo y pensamiento único.

Una característica también esencial de nuestra cultura es que lo público aparece como lo “racional” en tanto que gestión de los asuntos de todos (la ley) y salvaguarda de los derechos de cada uno. El ámbito privado es considerado exclusivamente “emocional” y subjetivo: haga usted lo que guste en su vida íntima con la cosmovisión y valores por los que opte usted. En cambio, lo Público/Estatal se autodefine como objetivo por su pretensión de neutralidad ante los valores y las cosmovisiones.

c) Si esto es así, seguramente hacer política sin ideología consista entre otras cosas en romper este dicotómico espacio “público/privado”, haciendo que {ii} vuelva a resetear a {i}, o sea posibilitando que los intereses de acercamiento al otro y ayuda mutua de la ciudadanía sean los que dirijan el espacio público. Pero ¿cómo se logra eso? ¿Es posible una representación cívica en los asuntos de Estado de manera aparte de la encuadrada en partidos políticos? ¿Pueden ofrecer alguna experiencia de ello los cristianos?

d) A la cuestión, para mí abierta, “¿puede inscribirse en lo público alguna identidad colectiva religiosa?”, los politólogos te dirán que estamos en un Estado laico donde lo religioso debe quedar en el ámbito privado. Habermas dirá que toda religión debe renunciar a la pretensión de estructurar una forma de vida en su totalidad: que las creencias religiosas deben quedar en la privacidad, y dentro de la libertad de cultos.

El dualismo público/privado tuvo como efecto despojar a la religión de toda función colectivamente identitaria. Entre muchas otras cosas secularización fue también impedir que los cristianos sacasen arrestos de sus símbolos trascendentes o sagrados y los exhibiesen para todo quehacer cotidiano público y reivindicasen desde ellos su relación con el Estado democrático. Como tú dices, Fernando, en España no supieron hacerlo los cristianos porque no aceptaban el canon liberal del XIX y configuraron diferentes alternativas bastante reaccionarias por lo general, seguramente ni eran cristianas. Pero no por ello tenían razón los liberales en su pretensión de ser la única ideología en servir de modelo de la vida política (digo “de la vida política” y no únicamente “de la política”). Habermas argüía en nombre de la racionalidad para inferir la obligación para los creyentes monoteístas de ser constitucionalistas ¿lo recuerdas? Pregunto: ¿son constitucionalistas la ideología neonazi (Alternativa alemana, por ejemplo) y la ideología neocomunista-Podemita? No, no lo son. ¿Y la populista de Bildu, Ezquerra republicana, CUP? No, tampoco lo son. Una buena pregunta a Habermas es si estas formaciones políticas no religiosas pero tampoco constitucionalistas son “racionales” (Recordaré que “racional” era, según Habermas, el proceso democrático mismo –inclusivo, deliberativo– generador del vínculo unificador de la ciudadanía)

Sin embargo, en su discusión con Ratzinger (2004) aceptó Habermas que “la neutralidad cosmovisiva del poder estatal, que garantiza a todo ciudadano las mismas libertades éticas, es incompatible con la generalización política de una visión secularista del mundo”. Para justificarla se basó en que la razón la han originado las grandes religiones y, en particular, el cristianismo. Y así volvemos a aquella pregunta que nos entretuvo a ambos hace casi dos años: por qué expulsar del jardín botánico al jardinero que ha inventado la flor considerada por todos la más hermosa del jardín.

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* Seguramente el momento álgido de la ideología es la guerra, que es la política ejercida por todos los demás medios posibles. En la guerra civil española todo el mundo entendió qué era eso de “ocupar espacios”: era deshacerse del otro para, literalmente, hacerse con más terreno. Hoy, donde más se ve eso es en las tierras del nacionalismo; en ellas la política lo es todo, o sea, la ideología u “ocupar espacios” de poder. Tanto que hasta las familias se rompen porque han de ser territorios de poder: tras el deslinde y posesión.

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Cartas para una política no ideológica (4)

Fernando de Haro

Alberto López Basaguren es catedrático de Derecho Constitucional y se mueve en el entorno de los socialistas del País Vasco. Conversa con paginasdigital.es sobre el 40 aniversario de la Constitución y defiende una reforma de la Carta Magna. Se muestra convencido de la posibilidad de fraguar una mayoría no independentista en Cataluña y de un federalismo que, por fuerza, tiene que ser asimétrico.

¿Hemos conmemorado de modo adecuado los 40 años de la Constitución? ¿Qué es lo que debe quedar tras esta conmemoración?

La conmemoración del aniversario de la Constitución debía tener, necesariamente, un amplio aspecto de celebración, de reconocimiento laudatorio de su significado absolutamente excepcional en nuestra historia como sistema político democrático. Los elogios a la Constitución son absolutamente merecidos y es difícil excederse al hacerlos. Nada que objetar a ello. Es la primera Constitución plenamente democrática, en total sintonía con las de los sistemas democráticos más sólidos de Europa, que es integradora –y no de un partido– y que pervive durante cuarenta años. La combinación de estas características es única en nuestra historia, por lo que los elogios son merecidos. Pero he tenido la impresión de que, en muchos casos, los elogios eran una forma de auto-convencimiento, de encerramiento, de tratar de alejar cualquier otra consideración que no fuese la simplemente adulatoria, de tratar de que no se escuchase ninguna otra consideración. En mi opinión, se trata de alabanzas que, en el mejor de los casos, solo miran al pasado, de forma estéril, sin tratar de extraer ninguna enseñanza, sin mirar al futuro. Sin plantearse qué y cómo debemos hacer para que la Constitución, nuestro sistema democrático, tenga una más larga vida. Me gustaría que tras esta conmemoración quedase la convicción de que la Constitución, qué y cómo se hizo, es una fuente de enseñanza para ver cómo somos capaces de que, dentro de diez años, podamos conmemorar los cincuenta años de la Constitución; y de que las generaciones que nos siguen puedan llegar a conmemorar su primer centenario. Y estoy absolutamente convencido de que eso no se logrará sobre la base de declamaciones laudatorias puramente autocomplacientes, defensivas, atrincheradas en el inmovilismo, que se niegan a afrontar los retos que tenemos frente a nosotros, creyendo que esas declamaciones son una concha defensiva inexpugnable.

'Hay que advertir a los políticos de que es urgente la reforma de la Constitución'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  11 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

Cartas para una política no ideológica (4)

P.D.

paginasdigital.es conversa con Andrea Levy, vicesecretaria de Estudios y Programas del Partido Popular, sobre los retos de fondo que emergen en la campaña electoral. Levy responde a preguntas que no se le plantean habitualmente.

En las campañas electorales se produce una situación polarización, pero parece que desde diciembre de 2015 estamos en un escenario nuevo. La polarización ha aumentado tanto que parece haberse disuelto el “nosotros” de un país compartido.

Tenemos que asumir que España ha pasado de apostar por un sistema bipartidista que, a pesar de sus imperfecciones, otorgaba una estabilidad evidente al país, a un sistema pluripartidista con múltiples actores políticos donde se dificulta la posibilidad de alcanzar acuerdos y llegar a consensos debido a la multiplicidad de vetos cruzados.

Esto, además, es un balón de oxígeno para la izquierda, puesto que la dispersión del voto del centro derecha minimiza las opciones de gobierno. Lo vimos en 2015 en la ciudad de Madrid donde, a pesar de que el Partido Popular fue la fuerza más votada y preferida por los madrileños, los votos a VOX impidieron que tuviésemos la mayoría. Ahora, en el escenario electoral en el que nos encontramos, muchos advierten de la posibilidad de volver a vivir un escenario en el que el centro derecha tenga mayoría en votos pero cuya fragmentación disminuiría las opciones de una clara mayoría.

¿La opción por un determinado partido a la hora de votar tiene que ver más con opciones ideológicas o con pulsiones de última hora que con experiencias concretas de implicación social?

Las campañas electorales son más importantes que nunca. El ciudadano cada vez elige más tarde su voto por lo que los partidos nos vemos obligados a presentar los mejores proyectos posibles, los más viables y los más beneficiosos. Si algo ha cambiado en las últimas décadas es la infinidad de canales de comunicación existentes a través de los cuales cualquier ciudadano, con independencia de donde viva, puede tener acceso a toda la información sobre qué pensamos cada uno. En ese sentido, el Partido Popular tiene una clara ventaja: somos conocidos, reconocibles y previsibles. El ciudadano sabe que cuando gobierna el Partido Popular se crea empleo, se mejoran las condiciones de vida de la gente y se aumentan las oportunidades. Nos presentamos a las elecciones con un programa electoral atractivo para cumplirlo. Que nadie busque frases grandilocuentes disfrazadas de propuestas, porque lo que van a encontrar es soluciones reales a los problemas y preocupaciones de los ciudadanos, no eslóganes vacíos.

'Hay que huir del enfrentamiento y del revanchismo'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  14 votos
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>Reconectar el voto y la experiencia social

Cartas para una política no ideológica (4)

P.D.

La Casa Estela de Cometa nació hace dos años, creada por un grupo de personas que hacen voluntariado de acompañamiento a niños y jóvenes tutelados que viven en residencias de la Comunidad de Madrid. La Casa se ocupa de acoger a jóvenes que han finalizado la tutela. Su directora, Meri Gómez, reflexiona con paginasdigital.es sobre el valor político de esta experiencia.

¿Qué experiencia de construcción social y de participación ciudadana habéis hecho desde que se fundara vuestra casa?

Construcción social se podría llamar a todo lo que hacemos. La casa se crea con la idea de construir un entorno en el que las chicas extuteladas puedan disfrutar de un lugar que les permita crecer como personas, formarse y poder participar de una vida activa dentro de la sociedad. Entendemos que para construir la sociedad hacen falta sujetos con una base firme en la vida y creemos que la casa es una experiencia de construcción social muy potente. Personas firmes en la vida son las que son capaces de construir dentro de la sociedad. En cuanto a participación ciudadana, en la casa hemos visto cómo hay un lenguaje que todo el mundo entiende y sabe hablar, basta tener un interlocutor, es el lenguaje de la caridad, hemos visto cómo gente, amigos cercanos, familiares, amigos de amigos, incluso desconocidos que han oído la existencia de la casa, nos han ayudado y nos ayudan diariamente, de muchas formas: con el mantenimiento de la casa, económicamente, con gestiones de cualquier índole y sobre todo siendo nuestros amigos. Hemos visto así que hay un punto común en el hombre más allá de condiciones sociales e ideologías en el que es posible el diálogo.

'Necesitamos un Gobierno que piense un futuro común para todos'

P.D. | 0 comentarios valoración: 2  15 votos
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>Entrevista a Francisco Igea

Cartas para una política no ideológica (4)

F.H.

Francisco Igea es médico, entró en política como diputado nacional de Ciudadanos tras las elecciones que hubo que repetir. Acaba de ganar las primarias de su partido en Castilla y León.

La polarización ha aumentado mucho en el último tiempo y parece que se ha disuelto la percepción del “nosotros” como país.

En los tiempos del miedo y la incertidumbre en que vivimos, que son tiempos de incertidumbre económica y política, lo que está triunfando en gran parte es el mensaje del egoísmo. El mensaje nacionalista no es más que un mensaje egoísta, es el egoísmo elevado a categoría política. Siempre he dicho que es un mensaje egoísta y adolescente que se mira a sí mismo. Y el mensaje populista también es un mensaje egoísta, de que el culpable es otro, hay un enemigo responsable, se huye de la responsabilidad. Y todo eso hace que se diluya el “nosotros”, que se diluya la capacidad de pensar que nosotros somos responsables, que todos y cada uno somos responsables de las cosas, que todos y cada uno participamos de esto, pues siempre es más fácil buscar un enemigo que buscar una solución o asumir una responsabilidad.

Tenemos una participación electoral en torno al 70%, pero la participación ciudadana en España es del 20%. ¿Hay desconexión entre la vida política y la actividad social?

Hay mucha desconexión porque los partidos son estructuras muy cerradas y la gente piensa que el mundo es lo que pasa en twitter. Nos pasa a todos que se nos olvida llegar a casa y abrir la ventana, salir y hablar con la gente, y ver que a la mayoría de la población la política no le ocupa casi nada de su tiempo, le ocupa su familia, la enfermedad, el trabajo, las cosas importantes. A veces los políticos somos incapaces de hablarle a la gente de esas cosas, de escucharles y dejar un rato de hablar de política, de ser humanos, que es una de las cosas que a veces uno pierde cuando se mete en esa burbuja.

¿Cree que hay una burbuja, que la vida social va por otro lado, que las relaciones interpersonales son más sanas que las que se viven en el ámbito de los partidos?

Creo que afortunadamente sí, aunque hay sitios de España donde desafortunadamente eso no es real y donde se vive una polarización social potente, por ejemplo en Cataluña, donde se vive un grado de enfrentamiento civil real, pero la mayoría de la población en España sigue compartiendo amigos de uno y otro lado, tiene una vida normal, y eso es lo que hay que intentar, que la división política no se convierta en división social. Siempre ha sido una de mis obsesiones acabar con el frentismo, luchar contra esa manera de entender la política tan del Madrid y del Barça que a veces tiene este país.

'Es necesaria una política que vuelva a ser servicio al ciudadano'

F.H. | 0 comentarios valoración: 2  21 votos
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>Entrevista a Manuel Reyes Mate, filósofo

Cartas para una política no ideológica (4)

Fernando de Haro

Manuel Reyes Mate posiblemente es el pensador español que más esfuerzo ha dedicado a reflexionar sobre la condición de las víctimas. paginasdigital.es conversa con Reyes Mate sobre el reto de la globalización, la crisis migratoria, las identidades excluyentes, el nacionalismo y otras cuestiones que marcan la actualidad.

Usted ha asegurado que “la pregunta que se hiciera Hannah Arendt en su ensayo de 1943 ‘We refugees’ sobre la significación política del refugiado sigue teniendo actualidad en pleno siglo XXI”. ¿Por qué?

Para Arendt los refugiados son la vanguardia de los pueblos –y no la retaguardia o un efecto secundario– porque lo que se hizo con ellos, el poder lo puede hacer con cualquiera. “Ellos” eran el pueblo judío alemán, alemanes por los cuatro costados, que habían luchado por Alemania en la I Guerra Mundial, que se sentían totalmente asimilados, y que, de repente, son señalados como “otros”, privados de su nacionalidad, es decir, desnaturalizados. Son devueltos a su estado natural de meros seres humanos. Y ellos descubren que eso es ser menos que nada, porque lo importante son los papeles. Bueno, pues su tesis es que lo que el Estado hitleriano ha hecho con ellos, los judíos, porque son de otra sangre aunque compartan la misma tierra, lo pueden hacer mañana con los gitanos, con los enfermos mentales, con los improductivos o con los viejos. De poco sirve decir que “todos nacemos iguales y libres” si el Estado se arroga la facultad de decir quiénes son los sujetos de los derechos políticos y sociales. Ese era un problema que tenía la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789. Hay que tomarse en serio los derechos del hombre. No hay que admitir la distinción entre “nacionales” y “nacionalizados”. Y hay que exigir que el ser humano sea siempre un ciudadano.

¿Qué desvela sobre Occidente la reacción a los refugiados y a las migraciones?

'Nos hemos acostumbrado a marcar nuestras señas de identidad excluyendo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  22 votos
Juan José Laborda saludado por Su Majestad el Rey de España vista rápida >
>Entrevista a Juan José Laborda, expresidente del Senado

Cartas para una política no ideológica (4)

Fernando de Haro

Juan José Laborda, socialista, fue una de las referencias en el Senado, donde tuvo escaño desde 1977 hasta 2004. Miembro del Consejo de Estado, analiza con www.paginasdigital.es los 40 años de la Constitución, el momento por el que pasa España y los retos del independentismo catalán.

Comienza el juicio por el proceso de secesión. ¿Además de una respuesta jurídica habría que dar otra política? ¿En qué términos?

La Justicia actúa de acuerdo con la ley, es independiente. Pero los que no acatan la Constitución dirán que el juicio es político. La respuesta política que los demócratas pueden dar es defender al Tribunal que juzga los delitos que presuntamente cometieron Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y los demás procesados. Sería necesario que en este asunto hubiera una actitud común por parte de los partidos constitucionales, pero me temo que eso será imposible, lo cual me parece estúpido, además de negativo para la calidad de nuestra democracia.

¿Cómo sería posible volver a encuadrar a la mitad de los catalanes que apuestan por la independencia en el marco constitucional? ¿Es posible? ¿Qué sería necesario?

Para integrar a los catalanes que ahora no están dentro del marco constitucional, habrá que pensar primero en los catalanes que sí se sienten dentro de la Constitución Española. Y para eso es necesario argumentar en qué están equivocados los nacionalistas catalanes. Sin complejos, y con la verdad. No se puede ganar el juego de la integración sin rechazar la aceptación resignada de las ideas de los nacionalistas sobre el Estado y España. El Estado constitucional no es una jaula de nacionalidades, sino la norma que las ha reconocido por primera vez. Cataluña votó la Constitución el 6 de diciembre de 1978 con más porcentaje de votos afirmativos que la mayor parte de los territorios de España. El proceso de reintegración mayoritaria de los catalanes en un marco común requiere tiempo, y un consenso entre los constitucionalistas que dure todo ese tiempo. Y cuando hablo de consenso, no me refiero solo a los partidos. Existe una sociedad civil que espera un signo de la política para ponerse en marcha en ese proyecto, que podríamos calificar de patriotismo constitucional.

'La democracia es incompatible con la noción de enemigo'

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  23 votos
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>Entrevista a Joseba Arregi

Cartas para una política no ideológica (4)

Juan Carlos Hernández

Dialogamos con Joseba Arregi sobre los desafíos de la modernidad. “La posmodernidad es el resultado de la acumulación de los efectos colaterales secundarios no queridos pero estructuralmente propios de lo que ha querido la propia modernidad”, afirma exconsejero del Gobierno Vasco.

¿Existe una falta del sentimiento del nosotros que se diluye en los intereses particulares?

El nosotros, si tiene que ser un nosotros civilizado, cívico, adaptado al estado de derecho, no puede ser un yo o un nosotros construido fuera de la igualdad de derechos, fuera de la igualdad ante la ley. Tiene que ser contando y partiendo de esa igualdad ante la ley, igualdad en derechos y libertades. Lo que pasa es que los pequeños colectivos que se han constituido después de la crisis del capitalismo, de la cultura moderna, en el posmodernismo y demás, son yoes colectivos particulares pero que se unen en alguna identificación particular, no en la identificación universal de los derechos y de la igualdad ante la ley, sino en sentimientos étnicos, en las políticas de género, que también son identidades particulares que no llegan a ser universales.

En definitiva, no son representantes de un nosotros constituido en base a una conversación y a una negociación permanente de lo que es el bien público, el bien común. Son unidos por intereses o sentimientos particulares, y eso se ha acrecentado tremendamente en lo que se llama la cultura del capitalismo de consumo, que sobrevalora el sujeto, los sentimientos subjetivos, las emociones, los intereses colectivos particulares, sin que haya un horizonte de un nosotros que constituya al conjunto de la comunidad política.

Últimamente se ha hablado mucho de los movimientos feministas. ¿Cuál es su valoración?

'El populismo es peligroso cuando tiende a convertirse en totalitarismo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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>Entrevista a Tulio Álvarez

Cartas para una política no ideológica (4)

Juan Carlos Hernández

Hablamos con Tulio Álvarez, reconocido activista por los derechos humanos en Venezuela. Condenado por el régimen de Maduro, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos suspendió la sentencia condenatoria.

¿Cómo es la situación social hoy en día en Venezuela? Se ha hablado en los últimos días incluso de detenciones masivas y arbitrarias.

El rumor de que están llevándose jóvenes en las calles indiscriminadamente para una especie de reclutamiento forzado es falso. Creo que incluso está sembrado por el propio régimen. Lo que ha pasado es que muchachos jóvenes que han participado, como están participando todos los venezolanos, en la protesta han sido retenidos y detenidos, llevados a tribunales como si fueran adultos y condenados, y en este momento están retenidos varias decenas de niños y con órdenes de tribunales. Tenemos el testimonio de una juez que ha tomado esa decisión porque se ha visto forzado, lo cual no hace que esa decisión siga siendo aberrante, pero es una prueba irrefutable de la manipulación. Yo tengo conocimiento de tres jueces que han dictado medidas de detención de estos niños, son aproximadamente entre 70 y 100 niños. Estamos hablando de niños de 14-15 años, en realidad son niños que tienen conciencia política.

¿Cómo es la situación actual de abastecimiento de productos de primera necesidad?

Es imposible que yo te narre el drama social por el tema de la hambruna y la falta de medicinas que se vive en Venezuela. Si yo tratara de llevar esto al máximo grado de perversión que se pueda narrar, yo no tendría la capacidad de mostrar la situación límite en que está Venezuela. Es una situación de hambruna, donde no hay asistencia social, no hay medicinas. Todo enfermo de cualquier enfermedad que necesite un tratamiento está en riesgo de muerte. Las muertes en los hospitales son constantes. Tenemos una situación en la que no hay equipos médicos. Yo trabajo con empresas de equipos médicos que son las que prestan mantenimiento y no los hay. El 90% de los equipos médicos de los hospitales públicos en Venezuela están paralizados. No hay posibilidad de tratamiento de ningún tipo, no hay posibilidad de hacer exámenes básicos de hemodinamia, rayos X, radioterapia… ninguna posibilidad. Y las medicinas, cualquier ciudadano español que tenga una farmacia sabe que diariamente le llegan personas tratando de comprar medicinas para mandarlas a Venezuela. No hay ni las medicinas más básicas, ni para dolor de cabeza, ni antigripales… Es una situación desesperada.

Con la irrupción de Juan Guaidó, ¿se ha podido conseguir por fin la deseada unidad de la oposición en Venezuela?

En Venezuela no hay oposición. Oposición hay en un país que tiene democracia. En Venezuela hay factores democráticos activados y está unánimemente activado todo el factor democrático en contra de la dictadura.

¿Sería más correcto hablar de disidencia?

'En Venezuela no se enfrentan dos actores políticos, hay un régimen de facto contra un pueblo'

Juan Carlos Hernández | 0 comentarios valoración: 2  17 votos

El otro es un bien, también en política

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

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