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16 JULIO 2018
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Benedicto XVI y el "necio prejuicio" sobre Francisco

Massimo Borghesi | 0 comentarios valoración: 3  30 votos
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Benedicto XVI nunca se había lanzado tanto en un juicio referente a la figura de su sucesor, Francisco. Ratzinger, agradecido por haber recibido los once libros de “La teología del Papa Francisco” publicados por la Librería Editora Vaticana, ha escrito una carta al prefecto de la Secretaría de Comunicación, Dario Edoardo Viganò, que ha leído algunos párrafos durante la presentación de esta obra en Roma. El Papa emérito escribe: “Reverendísimo monseñor, muchas gracias por su amable carta del 12 de enero y por el regalo de los once pequeños libros realizados por Roberto Lepore. Celebro esta iniciativa que quiere oponerse y reaccionar al necio prejuicio, según el cual el Papa Francisco sería sólo un hombre práctico, que carece de particular formación teológica o filosófica, al tiempo, que yo habría sido únicamente un teórico de la teología, que hubiera comprendido poco sobre la vida concreta de un cristiano de hoy. Estos pequeños volúmenes muestran con razón que el Papa Francisco es un hombre de profunda formación filosófica y ayudan, por lo tanto, a ver la continuidad interior entre los dos pontificados, si bien con todas las diferencias de estilo y temperamento”.

Se trata de una valoración muy significativa. En otras ocasiones, Benedicto había expresado públicamente su estima y sintonía con Francisco. En su entrevista con el jesuita Jacques Servais, en marzo de 2016, señaló el hilo rojo que unía los últimos pontificados, incluido el de Juan Pablo II, ese hilo tejido por Dios que se llama Misericordia. “El Papa Francisco –afirmaba Benedicto– se encuentra completamente de acuerdo con esta línea. Su práctica pastoral se expresa precisamente en el hecho de que él nos habla continuamente de la misericordia de Dios. Es la misericordia lo que nos mueve hacia Dios, mientras que la justicia nos asusta”.

Ya entonces la continuidad manifiesta trataba de desautorizar a aquellos que, dentro de la Iglesia, intentaban poner en contraposición al Papa Wojtyla, y a él mismo, con el nuevo pontífice. Una línea que ha visto cómo el tradicionalismo católico pasaba con mucho el Rubicón, con acusaciones desprovistas de toda medida e inteligencia. Ahora, con su carta a Viganò, Benedicto vuelve a apoyar públicamente a su sucesor de un modo más claro imposible. Frente a las acusaciones, difundidas en los círculos de denigración de Bergoglio, según los cuales el Papa “argentino” carecería de una preparación intelectual adecuada, el Papa emérito desautoriza radicalmente esta posición declarando que “el Papa Francisco es un hombre de profunda formación filosófica y teológica”. A alguien, como el que firma, que ha publicado hace poco una investigación titulada “Jorge Mario Bergoglio. Una biografía intelectual”, esta declaración de Benedicto no puede sonar más que como una confirmación al máximo nivel. Los maestros del papa, europeos y no solo “argentinos”, son Gaston Fessard, Henri de Lubac, Hans Urs von Balthasar, Romano Guardini. Lo mejor del pensamiento católico del siglo XX. Los que critican a Francisco acusándolo de ignorancia solo demuestran la ignorancia “propia” y su ineptitud para la investigación.

Un “necio prejuicio” lo llama, con dureza, el Papa Ratzinger. Un prejuicio no solo con Bergoglio sino –como evidencia la declaración del Papa emérito– también con Benedicto, quien observa con cierta amargura en su carta: “al tiempo que yo habría sido únicamente un teórico de la teología, que hubiera comprendido poco sobre la vida concreta de un cristiano de hoy”. Francisco el Papa “práctico” y Benedicto el Papa “teórico”. Dos estereotipos con un solo objetivo: la deslegitimación. En realidad, Francisco también es “teólogo” en su concepción de una Iglesia “pastoral”, tal como Benedicto también ha sido “pastor” con su discreción, sus homilías sencillas, su tono evangélico, su afecto a Cristo.

Es una suerte que Benedicto haya podido de nuevo hacer oír su voz. Su autoridad, moral-eclesial-teológica, no puede ser contestada con ningún género de duda. Por eso su apoyo a Francisco, sin cálculos, tiene un valor simbólico enorme. Después de la carta a Viganò será difícil, para los detractores del Papa, utilizar los pontificados precedentes contra el presente. Sobre todo si se trata del pontificado del Papa Ratzinger. Benedicto habla explícitamente de “continuidad interior entre los dos pontificados, si bien con todas las diferencias de estilo y temperamento”. Las diferencias se refieren al estilo, no a la doctrina. Aquellos que han construir su fortuna editorial y periodística sobre la antítesis entre Benedicto y Francisco, causando una profunda desorientación, tienen materia sobre la que reflexionar. Una cosa es segura: las construcciones ideológicas saltan y el aire, dentro de la Iglesia, se puede volver más claro.

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