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19 ABRIL 2018
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>Entrevista a María Elvira Roca

"Los Austrias eran más modernos que Lutero"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  25 votos
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La leyenda negra forma parte de la conciencia de España desde hace mucho tiempo. Es una leyenda negra que han fabricado otros pero que nosotros hemos acabado repitiendo. Es sorprendente la cantidad de tópicos y estereotipos sobre nosotros mismos que hemos aceptado y que prepararon los italianos, los franceses, los alemanes… De estas cosas habla Mª Elvira Roca en su libro titulado “Imperofobia y leyenda negra”.

Los españoles somos judíos y a la vez bárbaros, decían los italianos.

Decían los italianos, sí. El prejuicio antisemita, que realmente hubiera merecido una monografía desde hace ya mucho, ha acompañado la hispanofobia a lo largo del tiempo, por muchos siglos. La vinculación del español con esa especie de pasado extraño con una gran presencia de judíos, que era algo así como público y notorio que en España había muchos y además socialmente muy bien posicionados, horrible palabra, pero que tenían una proyección social incluso en la corte, cerca de los reyes, etc. Cuando empezó a excitarse el prejuicio antiimperial, que es algo casi universal, y se buscan razones para decir que no son tan altos ni tan guapos, ni se merecen para nada el imperio que tienen, los judíos chocaban muchísimo, el prejuicio antisemita estaba arraigadísimo, y era fácil relacionar a los españoles con sus judíos.

Pero se nos acusa por un lado de ser judaizantes y luego de expulsar a los judíos con Isabel la Católica. Se nos acusa de las dos cosas.

Se nos acusa. La cuestión está en entender que hay que acusar. Luego uno ya buscará razones. Uno de los motivos por los que nunca se ha entendido bien la leyenda negra es porque se ha considerado que los pretextos eran causas. Y los pretextos son pretextos, no causas. No aparece la leyenda negra o la hispanofobia en Italia porque los españoles tuvieran un vínculo tradicional con los judíos y aquí hubiera muchos judíos y mezcla de sangre. No. Es que los italianos buscan razones en las que cimentar ese enorme malestar, esa especie de mezcla virulenta de envidia y admiración que produce quien ocupa un poder hegemónico en una época determinada en un sitio determinado. Si buscas razones las vas a encontrar.

Otra de las fuentes de la leyenda negra es Flandes, la crítica a los Austrias. Hemos interiorizado en gran medida que los Austrias fueron unos reyes un poco raros porque eran muy religiosos, porque quisieron preservar un imperio cuando era poco razonable. ¿Qué parte hay de leyenda negra interiorizada y qué parte hay de historicidad en esa relación tan problemática y crítica que tenemos fundamentalmente con Carlos V y Felipe II?

No hay una parte interiorizada sino un todo interiorizado. No es una parte. Hay un momento en que todo lo que fueron pretextos en el contexto italiano, pretextos en el contexto de la rebelión orangista, en el contexto anglicano, en el del sacro imperio, con los príncipes luteranos, buscando problemas de lugar, etc. Todos esos pretextos hubo un momento en que dejaron de serlo y se convirtieron en el paisaje de la historiografía europea. Me acaba de mandar un embajador español un video de promoción de Nápoles: una ciudad antiquísima, los dioses viven aquí, hemos hablado griego… Todo esto es cierto, y una de las razones por las que se dice que Nápoles es una ciudad maravillosa es porque no consiguió la Inquisición española imponerse allí. La Inquisición española no existió nunca en ese territorio y como gran logro se dice “nosotros fuimos capaces de sobreponernos y derrotar la intolerancia española”, en el video de promoción turística de Nápoles que se pone ahora en las televisiones.

¿Pero no fueron entonces los españoles especialmente crueles en la guerra de Flandes?

No más que otros. La guerra era cruel en todas partes. Un imperio que dura tanto tiempo no se sostiene a base de hacer barbaridades, en líneas generales. Un imperio es una estructura política de una complejidad extraordinaria y si consigue mantenerse en el tiempo es porque sabe aplicar políticas que a medio y largo plazo son beneficiosas. Puede perjudicar en momentos concretos en territorios concretos y en hechos concretos, pero en general o esas políticas son beneficiosas o no se consigue integrar poblaciones tan diversas y mantenerse tanto tiempo.

Entonces Carlos V, Felipe II ¿no son líderes de un oscurantismo medieval que se prolonga en España?

De ninguna manera. El oscurantismo medieval es luterano, todo él.

Pero la imagen que hemos es que el catolicismo español era antimoderno y que lo moderno era Lutero y su reforma.

Lutero es un salto atrás en la evolución de Europa. Es una revolución feudalizante, absolutamente. En dos frentes. Lutero dice cosas que hace ya mucho tiempo que en el Occidente católico, porque todo era católico en ese momento, estaban ya muy superadas. Los dos derechos, canónico y civil, ya venían de muy largo tiempo. En la discusión tremenda del responsio entre Tomás Moro y Martín Lutero, lo que le discute Moro, que es abogado, no teólogo, a Lutero son las barbaridades que está diciendo poniendo en tela de juicio la existencia de las leyes civiles y diciendo que hay que gobernar según la inspiración del Espíritu Santo. Desde las doce tablas para acá, le dice Tomás Moro, propones retrotraernos.

Se había avanzado en la separación Iglesia-Estado y Lutero da marcha atrás.

Absolutamente. Lutero se pone a cuestionar que las leyes civiles no hacen falta porque, una vez que uno está inspirado por el Espíritu Santo, gobierna automáticamente. Moro es quien le dice que no, que sin leyes no se puede gobernar, sin leyes estamos a merced de los gobernantes. Supone volver a un periodo romano ya superado.

Este libro dice cosas tremendas sobre Lutero. Que siembra el germen del antisemitismo.

No lo siembra pero lo excita extraordinariamente, y sobre todo le da un aval teológico del que carecía, que es lo que sucede por ejemplo con el poder de los príncipes alemanes. La refeudalización de Alemania que sucede en la época luterana es sencilla y llanamente porque Martín Lutero da un aval teológico al poder de los príncipes. En Alemania, los regímenes de servidumbre en determinados territorios, en muchos de lo que fue el sacro imperio, duraron hasta el siglo XIX.

O sea, que los Austrias son más modernos que Lutero.

Dónde va a parar, no hay comparación posible entre las políticas, entre ese renacimiento, esa apertura de fronteras que supuso Carlos V con el apoyo de los españoles. Es que Carlos V es alguien en Europa, lo era hace cinco siglos, y su figura no ha sufrido merma, en el sentido de que una generación tras otra todos los europeos saben quién fue ese emperador y lo que pretendió. ¿Y quién fue el apoyo principal de ese emperador? Este país, que fue prácticamente el único territorio de Europa que realmente se creyó aquello de la universitas cristiana, de hablar latín para entendernos los sabios de arriba con los de abajo, mover a la gente de un sitio a otro… La idea de que hay una contrarreforma que cierra las fronteras de Europa es una barbaridad. Las fronteras de Europa se cierran como consecuencia de las guerras de religión, y las cierran los católicos, pero las cierran los protestantes tanto o más.

Inquisición. La imagen de una España que crea una Inquisición con un poder eclesiástico muy potente utilizado por el poder civil y que es una anomalía dentro de Europa, si uno sale a la calle eso es lo primero que le dicen.

Y hay exposiciones de instrumentos de tortura de la Inquisición, fíjese que nunca estuvo permitida la utilización de instrumentos de tortura. El uso de la tortura era una práctica generalizada en todas partes en aquella época. Donde más reglamentada y restringida estaba era justamente en los tribunales de la Inquisición. La tuvieron limitada siempre solo al uso del látigo y el agua. Los estudios de Henningsen y Contreras o de Haliczer demuestran que apenas un 1% de los encausados por la Inquisición sufrió tortura durante 15 minutos.

Entonces, ¿la Inquisición, el tribunal eclesiástico, era más garantista que el tribunal civil?

Muchísimo más, sin comparación. Por ejemplo, fueron los primeros que tuvieron forenses.

Pero se ha dado la imagen de que España persiguió herejes más que en otras partes de Europa, se quemó a más brujas que en otros lugares… La imagen de España está asociada a la Inquisición.

Es que, en realidad, la Inquisición es una fabricación de la propaganda. La imagen que los europeos y españoles tienen de la Inquisición es una fabricación propagandista.

¿Quién la fabrica?

No se puede decir que la Inquisición no existía, claro que existía pero no era exactamente lo que nos han vendido o enseñado. Yo aprendí a respetar un poco la Inquisición a partir de un estudio comparado del derecho procesal realizado por un inglés que nunca vino a España pero estudió la Inquisición desde el punto de vista del derecho procesal y comprendió que una administración de justicia con aquellas características jamás habría podido producir la cantidad de muertes que se le achacaban. En el siglo XIX lo que circulaba eran las cifras de cientos de miles de muertos que Llorente había puesto de moda, que ya venían de muy atrás y que no son ciertas. Qué barbaridad supone haber aceptado como cierto algo que nunca nadie probó, cientos de miles de muertos, hasta los estudios de Henningsen y Contreras.

¿Cuáles son los datos?

El estudio se publica en el 76 y sobre las 44.000 causas aproximadamente que se conservan en los archivos de la Suprema, desde 1550 hasta finales del siglo XVIII, resulta que la totalidad de condenas a muerte están alrededor de 1.300. Solo la noche de San Bartolomé en Francia generó más muertos, las persecuciones de católicos en tiempos de los Tudor en Inglaterra produjeron más muertos.

¿Hay más persecución religiosa en Inglaterra o Alemania que en España?

Hay más y es infinitamente más arbitraria. Si no hay un proceso, no tiene derecho a un abogado… Eso de que en la Inquisición la gente iba a la cárcel sin más, sin saber siquiera de qué los acusaban, es una falsedad absoluta.

La imagen del gran inquisidor llega por ejemplo hasta la novela de Dostoyevski “Los hermanos Karamazov”. ¿De dónde surge esa imagen que tanto se repite?

La imagen del gran inquisidor es sobre todo una obra de teatro subvencionada por un príncipe alemán que crea ese personaje que luego, a lo largo de la historia, ha generado un montón de réplicas. Lo tenemos en Pérez Reverte, en Umberto Eco…

¿Usted no tiene ningún problema en atizar a Pérez Reverte?

Yo no le atizo, me limito a contar el hecho de que su personaje tiene una tradición literaria muy antigua que es exactamente el mismo personaje, el mismo inquisidor terrible, con esos ojos, aterrador siempre, casi nos lo hemos encontrado en la serie de “La peste”. La aparición de un eclesiástico que da pánico y que siempre está en la sombra de tremendas conspiraciones y que provoca caos y desesperación, que persigue a gentes inocentes que no se pueden defender, es un arquetipo literario que merecería más estudios, yo me he limitado a citar tres o cuatro apariciones gloriosas. Se nos ha olvidado que Cisneros fue inquisidor. Se nos ha olvidado un personaje que si queremos conocer inquisidores deberíamos conocer, como es Salazar y Frías, el inquisidor principal en el único proceso que tuvo una cierta entidad en España, el de las brujas de Zugarramurdi. Nadie se ha planteado por qué en España y en los territorios católicos apenas hay persecuciones de brujas.

¿Hay más en Europa?

A miles, no hay ni comparación, sobre todo en la cantidad de muertos por linchamiento. En determinados territorios alemanes e ingleses se sabe que aproximadamente porque se queman equis personas en tal sitio, pero no se conserva documentación. El asunto nuestro es muy curioso. Casado Soto, con el tema de la Invencible, decía que uno de los problemas que tenemos en España es la costumbre de andar levantando acta de cada cosa que pasa. Si queremos saber por ejemplo qué pasó con la Gran Armada de Felipe II, hay que ir a los archivos españoles porque los ingleses no conservan ningún papel. No sabemos cuántos barcos se perdieron en el otro lado.

Sobre el imperio español se ha construido una gran leyenda negra. Genocidio de los indios, expropiación de tierras… ¿Quién desarrolla esa leyenda negra, qué parte tiene de verdad?

No use más la palabra “genocidio”. No hay que usarla más. Cada vez que se usa se hace real. Esas cosas se convirtieron en un tópico de la leyenda negra a partir de la propaganda orangista. ¿Por qué cada vez que hablamos de América hablamos de fray Bartolomé?

¿Exageró?

Por supuesto. Pero él escribe un texto literario que requiere la exageración, que es el de la polémica religiosa.

¿No es un texto histórico, no es un informe?

No, en absoluto. Esa formación de los sacerdotes basada en las llamadas disputaciones, que eran dos discutiendo a partir de una tesis, en su puesta en escena exigía la exageración, la hipérbole, y él pertenece a esa tradición en la que se ha educado. Si leemos el texto, que ya llevaba 25 años publicado en Sevilla y que aquí no había provocado más que lo que él quería, que era polémica y airear el asunto. Eso lo hizo bien. Pero en un momento determinado se firma en los Países Bajos la pacificación de Gante y el bando luterano está buscando algo que lanzar como una nueva excusa de agitación propagandística para provocar una nueva rebelión, y entonces encuentra el texto de fray Bartolomé, lo traducen a varias lenguas, se le colocan esos grabados de Bry que todos tenemos incrustados en el cerebro, y a partir de ahí fray Bartolomé se transforma en la piedra angular de prácticamente todo lo que España ha hecho por esos mundos de una punta a otra del continente. ¿Por qué todos conocemos a fray Bartolomé de las Casas y su brevísima relación, y nadie conoce por ejemplo la relación de avisos del virrey de la Nueva España, que fue Antonio de Mendoza y que es un texto precioso?

Porque no lo utilizan los orangistas.

Porque no lo utilizan los orangistas, porque probablemente no ha tenido más que dos ediciones desde que se escribió, en 1550-51. Antonio de Mendoza es uno de estos hombres completos del renacimiento, un personaje extraordinario.

¿Es ejemplar la actuación de los españoles con los indios?

En muchos sentidos sí. A ver, ejemplar el ser humano, tanta gente tanto tiempo, no es la correcta la palabra “ejemplar”. Pero sí fueron políticas muy razonables en la medida en que lo que se busca es integrar esas poblaciones en un imperio, provocar o ayudar a la convivencia de gentes que se habían estado haciendo la guerra unos a otros y que no tenían el menor sentido de afinidad entre ellos. Esa idea de que los españoles y los indios… ¿pero qué indios? Había muchos y no precisamente unidos entre ellos.

Por poner un ejemplo, ¿qué políticas hubo en Nueva España?

Para entenderlas, hay que leer la relación del virrey Mendoza, que son los consejos que él le da al segundo virrey que va a venir, Velasco. Son poco más de cuarenta páginas. Como no puede esperarlo, se lo escribe. Porque Mendoza está haciendo algo inédito, está creando un virreinato, organizando, estructurando políticamente aquel territorio. ¿Qué hace Mendoza? Desde ocuparse del empedrado a la traída de aguas, los herbajes que hay que intentar que existan alrededor de cada una de las ciudades y poblaciones para que los cuadrúpedos puedan comer y prosperar, y acabar con la tradición indígena de cargar sobre los lomos humanos. También hace administración de justicia, le explica cuidadosamente a su sucesor cómo tiene que arreglárselas para impartir justicia, con un paciencia infinita, que hay que sentarse a escuchar a los indios el tiempo que haga falta, porque ellos son lentos en el hablar, tardan mucho en llegar al asunto… hay que leerlo.

Por no hablar de las reducciones de los jesuitas.

Claro. Luego llegaron los jesuitas y hubo esas políticas fantásticas de integración que uno no sabe cómo consiguieron hacer aquellas cosas que han dejado una huella extraordinaria que aún perdura. Sigue estando ahí, desde la música barroca, que es el patrimonio barroco más grande del mundo, y no sabemos que existió, y ahí está todavía, tenemos los documentos. Me parece admirable hoy día.

¿Cómo hacemos para recuperar un cierto amor por la historia y un orgullo por nuestro país? Porque parece que siempre tenemos una relación conflictiva y de queja con nuestro pasado.

Hay que hacerlo en dos frentes. Uno es el frente realista, comprender que ese paisaje de la historia de Europa y de España, del imperio español en ese contexto de Occidente, ha amueblado la autoestima de varios pueblos occidentales que no van a renunciar a ello para nada, hay que saber que los niños ingleses en cuarto de primaria aprenden la gesta de la Invencible, que sigue siendo útil y hay que asumir que esto lo tenemos enfrente y no va a dejar de existir. La otra parte es del Pirineo para adentro, la nuestra, que de alguna manera debemos darnos cuenta de que ese relato perverso de la historia de España es letal para nosotros mismos y alimenta a todos estos pequeños dragones destructivos que surgen en nuestro país y que a veces se convierten en un peligro para todos. Es necesaria una recuperación de nuestra autoestima y de nuestra estima, las dos cosas.

¿Y eso se hace en las escuelas?

No se hace en las escuelas, no. Nosotros en cuarto de primaria no tenemos ninguna Invencible que estudiar. Estudiamos la flora y fauna del entorno.

¿Pero por qué, a qué se debe esta debilidad a la hora de transmitir la estima por nuestro país?

La debilidad venía de antes, pero la consolidación del sistema autonómico y esta especie de crecimiento exponencial del deseo de construirse un hecho diferencial ha hecho que se construyan muchos hechos diferenciales que, para tener una cierta validez, no tienen más remedio que tener a una especie de España invasora que viene de fuera y parece que está superpuesta a tu auténtica realidad verdadera y genuina, que es la regional. Entonces, evidentemente, nos hemos ido extrañando de la historia de España, y como ya teníamos un problema de antes bastante grave pues se ha multiplicado.

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Chacras para lo humano

Fernando de Haro, Lima

Cerro Esmeralda, en Lima, está a menos de una hora en carro del centro de la ciudad donde se celebra la VIII Conferencia de las Américas. Pero parece que un abismo separa el barrio de Huachipa del Gran Teatro Nacional, en San Borja, donde las calles están bien asfaltadas y limpias. En el Cerro Esmeralda la tierra tiene color arcilla, la arcilla que sirve para hacer ladrillos y que ha dado de comer ya a varias generaciones desde que llegaron los primeros desde el Perú más pobre hasta este asentamiento informal donde han sido tanto o más pobres de lo que lo eran antes. La tierra de Cerro Esmeralda es polvo porque rara vez cae la garua, la lluvia escasa de Lima que moja poco. Y el polvo es duro, como la vida en el cerro. Los jóvenes se juntan pronto, que no se casan. Las chicas se suelen quedar embarazadas antes de los 17 años y se unen a los padres de sus hijos sin que muchas veces haya amor. Las parejas no suelen compartir lo poco que tienen y los hombres a menudo se buscan a otra mujer. Los jóvenes padres trabajan haciendo ladrillos, de taxistas, vendiendo algo en los mercados de la ciudad. No les gusta que las jóvenes madres estén fuera de casa. A menudo hay violencia doméstica y mucho alcohol para acompañar la miseria. Y los niños en Cerro Esmeralda crecen sin afecto. Al volver a casa desde el colegio no hay ni tiempo ni sitio ni ganas para estudiar. Y sin estudiar no hay futuro.

No hay mucho verde en los ojos de los niños de Cerro Esmeralda porque el polvo lo llena todo. Las chacras, los pequeños campos de cultivo que se abastecían del agua del río, se han ido abandonado. La fiebre del ladrillo lo llenó todo, cambió el terreno. El superciclo de las materias primas que, gracias a la explotación de la minería, dejó tasas de crecimiento en Perú del 7% anual provocó una intensa actividad ladrillera en Huachipa. Pero la lluvia de millones que cayó entre 2003 y 2013 en una buena parte de América Latina sorprendió a muchas zonas sin capacidad ni voluntad de diversificar económicamente, sin instituciones democráticas consolidadas, sin buena gobernanza como la llaman ahora. Y se acabó el dinero, ya no hay garua de millones, y muchas cosas han seguido igual en Huachipa.

Chacras para lo humano

Fernando de Haro, Lima | 0 comentarios valoración: 4  22 votos
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Liberación: ninguna pulsión antimoderna

Fernando de Haro

No hay por qué negarlo. Han vuelto las viejas cadenas. Cadenas gastadas, simples. 50 años después de que el deseo de liberación se impusiera como criterio único (68), la fuerza de múltiples poderes se ha incrementado. Un buen ejemplo es la guerra comercial entre Estados Unidos y China, episodio de rancio nacionalismo. Lo extraño es que el fracaso del deseo de liberación sirva para descalificar, como si fueran lo mismo, la aspiración de mayor libertad con los métodos utilizados para conseguirla y los resultados obtenidos. La pulsión antimoderna no distingue.

La insistencia, el tiempo y la energía que se dedican a analizar y denostar los rasgos de la cultura de la post-liberación (género, liquidez, etc.) son inversamente proporcionales a la capacidad de rescatar el deseo de libertad que renace una y otra vez, y de emprender caminos nuevos. La pulsión antimoderna, blandiendo los fracasos de la Ilustración y del 68, quiere rescatar el viejo temor al deseo (la hibris tiene que ser conjurada). Quiere hacernos creer que hay algo de peligroso en convertir la libertad -la crítica subjetiva, la satisfacción, el camino de cada uno- en criterio. El nuevo miedo a la libertad y al sujeto es parte de la crisis, del problema, no de la solución.

Vamos con el ejemplo de la guerra comercial. Si Estados Unidos y China acaban imponiendo aranceles por valor de 50.000 o 100.000 millones de dólares se produciría un desastre. Se rompería el difícil equilibrio que permite un sistema de colaboración entre las dos principales economías del planeta (China exporta al Tío Sam, Estados Unidos financia al Gigante Asiático). Estamos al borde de una gran catástrofe porque buena parte de los estadounidenses y de los chinos están dispuestos a satisfacer su deseo de liberación en el nacionalismo low cost de Trump y de Xi Jinping. Trump sabe que se juega su futuro en las elecciones de noviembre. Por eso, en contra la de élite republicana, está dispuesto a alimentar esa sustitución de las aspiraciones existenciales de buena parte del electorado estadounidense por un buen chivo expiatorio. Los chinos son los culpables de la decadencia porque venden a los americanos lo que antes les han robado, asegura el karma nacionalista. Del otro lado, lo mismo. Los pasos dados por Xi Jinping para consolidarse como el nuevo Mao hubieran sido imposibles sin la exaltación que habla mañana, tarde y noche de un país fuerte, líder mundial. El verdadero rostro del comunismo-capitalismo también es nacionalista. No habría guerra comercial sin manipulación antropológica, si el nuevo poder no ofreciera libertad a cambio de banderas.

Nadie lo niega ya. La Ilustración ha fracasado. Pero como solución, no como aspiración. Porque el deseo de universalidad es inextirpable. Y porque la laicidad, una vez que entró en la historia, se ha mostrado más conveniente que todas las teologías políticas que confunden Iglesia-Estado. El siglo XXI de momento está siendo un siglo muy religioso y las teologías políticas de la confusión han vuelto con fuerza.

Liberación: ninguna pulsión antimoderna

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  27 votos
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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

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