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23 FEBRERO 2019
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>Entrevista a Monseñor Georges Abou Khazen

Un puñado de cristianos muestra que un pueblo entero puede renacer

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El 19 de julio de 2012 las milicias rebeldes anti-Assad, gran parte de las cuales se nutre de grupos yihadistas, atacaron la ciudad de Alepo, después de Damasco la más importante y poblada de Siria. El ataque llevó en pocas semanas a su división en dos: la zona este en manos rebeldes y la oeste con tropas gubernamentales. Es el inicio de una de las batallas más sangrientas de la historia moderna, que no terminó oficialmente hasta el 22 de diciembre de 2016, cuando el último convoy de los rebeldes que se habían rendido dejó la ciudad.

El altísimo número de muertes entre combatientes y sobre todo civiles se calcula en torno a las 31.000 víctimas, tanto que a Alepo la llaman “la Stalingrado de Siria”. Al acabar los combates, la ciudad estaba prácticamente a ras del suelo y casi todos los habitantes que no habían muerto habían huido. Monseñor Georges Abou-Khazen, de la Custodia de Tierra Santa y vicario apostólico de Alepo, afirma que la situación ahora es aún más difícil, y que el abandono de los cristianos sigue siendo una triste realidad.

Ha pasado más de un año desde el fin de la batalla, ¿cómo es la situación actual de Alepo?

Gracias a Dios, desde que Alepo fue liberada los combates acabaron, pero todavía estamos en situación de emergencia más de un año después.

¿Por qué?

La gran parte de las viviendas sigue estando destruida. Si queremos que la gente regrese hay que darle una vivienda y un trabajo, que ahora faltan casi por completo.

En Alepo había una de las comunidades cristianas más numerosas, ¿ha vuelto alguien desde que se acabó el conflicto?

Algunas familias han vuelto, pero por desgracia al mismo tiempo otras han querido irse. Aquí no hay trabajo ni casas para tener una existencia digna.

¿Y desde el punto de vista de la ayuda humanitaria?

La ayuda llega gracias a nuestros benefactores y a las organizaciones eclesiásticas. De este modo podemos ayudar a casi toda la gente que lo necesita: un paquete de alimentos al mes, educadores en las escuelas que siguen en pie, y sobre todo medicinas y cuidados para los que sufren. Intentamos por todos los medios salir al encuentro de las necesidades de la gente. Doy gracias a Cáritas Internacional, a Ayuda a la Iglesia Necesitada, y a todos los que nos permiten subsistir.

Después de la Semana Santa hemos llegado a la Pascua, ¿cómo se vive este evento en una ciudad mártir que ha visto tanta muerte y destrucción?

Una Semana Santa que dura desde hace siete años. Alepo es una auténtica ciudad mártir. Ahora el temor es que Siria sea dividida. Hay kurdos, turcos, americanos, iraníes que quieren hacerla pedazos y esto sería un daño gravísimo. Siria es un hermoso mosaico de etnias y religiones distintas que vivían en paz, ahora este mosaico lo están haciendo pedazos y también tienen culpa las potencias occidentales. Tenemos miedo de que en vez del antiguo mosaico Siria quede teñida de un solo color, el negro.

¿Qué significaría esto para los cristianos?

Los cristianos siempre tienen esperanza, sobre todo gracias a la Resurrección de nuestro Señor, que es el centro de nuestra fe. Pero ciertamente quedamos muy pocos, la comunidad cristiana repartida por toda la nación a lo largo de los siglos ha sido la que ha tejido y mantenido las relaciones entre las diversas religiones y ahora corre el riesgo de desaparecer. Nosotros rezamos, sabemos que nuestro destino está en manos de Dios y no de los hombres.

La resurrección es el signo de que esto es posible, ¿no es así?

Por supuesto, esa es nuestra firme esperanza, es nuestra fe. Toda Siria espera la resurrección. Así lo testimonian los cristianos que plena y libremente conscientes han decidido quedarse en Alepo.

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