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19 ABRIL 2018
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PP y Ciudadanos: la derecha bicéfala

José Ignacio Wert Moreno | 0 comentarios valoración: 2  13 votos
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El pasado 15 de enero, el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, dijo que su partido tenía que “aglutinar todo ese voto de izquierdas en torno a la única fuerza que puede ganar a la derecha bicéfala”. Como toda expresión surgida del argumentario de una formación política, tiende a la simplificación. Pero da una idea muy gráfica –esa era, nos tememos, la intención- del nuevo escenario que la irrupción de Ciudadanos ha traído consigo. La frenética sucesión de elecciones del período 2014-2016 ha hecho difícil encontrar el reposo necesario para hacer la digestión de tanta novedad. Ya con cierta perspectiva, unos y otros van asimilando la realidad: el centro-derecha ha dejado de ser propiedad exclusiva del Partido Popular (PP).

En 2015, Ciudadanos obtuvo, con 40 diputados, el mejor resultado de una cuarta fuerza política en el presente período democrático. Los ocho escaños perdidos en junio de 2016 han podido desenfocar un poco la importancia de su entrada en escena. Como veremos ahora mismo, no es ni mucho menos la primera vez que el centro-derecha estatal se divide, pero nunca antes la porción del “pez chico” había sido tan importante.

El centro-derecha español entre 1977 y 2015

En los primeros compases de la Transición, la derecha sociológica obtiene representación parlamentaria a través de dos partidos. Uno es el ganador de las elecciones de 1977, la Unión de Centro Democrático (UCD). Surgida de la suma de familias políticas bastante heterogéneas –de aperturistas del tardofranquismo a socialdemócratas, pasando por la democracia cristiana- obtiene 165 diputados gracias al carisma de su líder, Adolfo Suárez, auténtico icono de aquel proceso desde que asumiera la presidencia del Gobierno, todavía por el mecanismo previsto en la ley franquista, tras el cese de Carlos Arias Navarro en julio de 1976.

El otro es Alianza Popular (AP), el vehículo elegido por Manuel Fraga para encontrar un papel en el nuevo escenario. Plagada de rostros ligados al franquismo –con el propio Arias Navarro encabezando la candidatura al Senado por Madrid después de que Juan Carlos I le definiera como un “desastre sin paliativos”– la formación conservadora apenas consiguió convencer a millón y medio de votantes, que se tradujeron en 16 diputados. En 1979 el escenario quedó todavía más fracturado, al irrumpir con un escaño por Madrid el ultraderechista Blas Piñar. (UCD revalidó mayoría con 168 diputados y AP, que se presentó como Coalición Democrática, se derrumbó hasta los 10 representantes).

Todo da un vuelco en 1982. La gobernante UCD se desploma después de dos años de luchas internas a múltiples bandas y se queda con 11 diputados. No lo resiste y opta por disolverse en enero de 1983. Su legado es paradójicamente recogido por AP, que en coalición con los democristianos huidos de UCD llega a obtener 106 actas. Al mismo tiempo, el nuevo partido de Suárez, el Centro Democrático y Social (CDS), consigue un diputado para su líder en Madrid y otro por su provincia natal, Ávila, para su fiel lugarteniente Agustín Rodríguez-Sahagún. Es cierto que el PSOE obtuvo un resultado tan histórico como meritorio (202 diputados), pero conviene tener en cuenta que lo hizo con el centro-derecha dividido en tres partidos de considerable peso específico.

AP no digiere el éxito y choca con un frustrante resultado en 1986, en el que no sólo no rentabiliza el pequeño desgaste experimentado por el PSOE, sino que además pierde ella misma un escaño. Uno de los motivos está en el auge de un resucitado Adolfo Suárez, traducido en un gran éxito en aquellas elecciones (19 diputados) y en las municipales, autonómicas y europeas de 1987. Su efervescencia coincide con un periodo especialmente agitado en AP –congreso desgarrador en el que Antonio Hernández Mancha le gana la presidencia a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, y posterior liderazgo convulso del primero-, lo que hace pensar durante algún tiempo en que el CDS protagonice su propio “sorpasso”.

También en 1986 tiene lugar la conocida como Operación Roca, un experimento en el que ex miembros de UCD, la patronal, la banca y los nacionalistas catalanes de Convergencia i Unió (CiU) intentaron una formación estatal de tinte liberal. Aquello se llamó Partido Reformista Democrático (PRD) y hoy es recordado como uno de los mayores fiascos de la democracia.

Fraga vuelve efímeramente al liderazgo de AP y la refunda en el PP. Va delegando progresivamente en el joven presidente de Castilla y León, José María Aznar, que primero concurre como candidato a La Moncloa en 1989 (107 escaños) y luego asume la presidencia del recompuesto partido a partir del X Congreso de abril de 1990. Nunca disimuló su objetivo de acabar con el CDS. Su posición intermedia entre su partido y el PSOE le resultaba un estorbo.

Los centristas habían experimentado un cierto declive en 1989 (14 diputados) que se certifica con un resultado catastrófico en las municipales y autonómicas de 1991. Suárez dimite esa misma noche y el partido no sobrevive a su marcha. En 1993, con Rafael Calvo Ortega como candidato, pierde toda representación parlamentaria.

De este modo, el PP de Aznar consigue aglutinar en torno a sí a todo lo que queda a la derecha del PSOE. De hecho, ningún cuarto partido estatal logra entrar en el Congreso en los siguientes quince años. La irrupción de Unión Progreso y Democracia (UPyD) no parece restar apoyos al PP ni en 2008 ni en 2011. Su disputa a partir de 2014 por el espacio del centro puro con Ciudadanos –una formación de gran éxito en Cataluña pero que había salido escaldada de sus sucesivos escarceos con candidaturas estatales- se salda con una rotunda victoria del segundo. Curiosamente, su líder, Albert Rivera, declara a su formación heredera del CDS suarista en una entrevista con Ana Pastor en La Sexta.

Ciudadanos acaba con el monopolio del PP

Las municipales y autonómicas de 2015 sitúan al PP ante una realidad que hacía alrededor de un cuarto de siglo que le era ajena. Tiene que pactar con otro partido estatal, que se ha hecho con una parte considerable de su electorado, para mantener el gobierno en varias comunidades y alcaldías. El citado retroceso experimentado por Ciudadanos en junio de 2016 respecto a los resultados generales de diciembre de 2015 hace creer a los populares que el éxito de Rivera puede ser flor de un día.

El devenir de la presente legislatura –que sólo arrancó cuando Mariano Rajoy logró ser investido con los votos de Ciudadanos y la abstención de la mayor parte de los diputados del PSOE- parece desmentir esta idea. Queda todavía más de un año para la siguiente cita electoral, que será triple, en la primavera de 2019. Y, por tanto, cualquier análisis demoscópico debe observarse bajo la precaución de que no hay, aún, “tensión electoral”. Pero rara es la semana en la que no vemos una encuesta de intención de voto. Éstas dibujan escenarios dispares –el PP puede seguir siendo el más votado o incluso descender a la tercera posición- pero coinciden en apuntar un papel muy relevante para Ciudadanos. Podría, incluso, ganar las generales en número de votos. Así lo dicen, por ejemplo, la más reciente encuesta elaborada por GAD3 para La Vanguardia y los últimos sondeos que Metroscopia realiza para El País.

No es la primera vez que el partido centrista es impulsado por unas encuestas que luego no tienen reflejo en la urna. Pero ahora, dice Narciso Michavila, presidente de GAD3, le ven “mucho más fuerte” y como el partido con “más opciones de crecer”, si bien presenta el electorado “menos consolidado”. Desde Metroscopia aprecian el apoyo actual más “cristalizado”. Su investigador principal, José Pablo Ferrándiz, apunta un factor clave en el temor disipado a que Podemos alcance el poder. Los trabajos de su instituto arrojan un cambio respecto a los resultados de 2015/2016. Si entonces el PP (33’03%) se destacó sobre unos PSOE y Podemos prácticamente empatados (22’66 y 21’1%, respectivamente) con Ciudadanos detrás (13’05%), ahora se dibuja un escenario en el que este último partido descollaría por encima del 30% mientras que ninguno de los otros tres llegaría al 20%.

Más allá de quién quede por encima, los sondeos coinciden en asignar una representación muy equitativa entre el PP y Ciudadanos. Como hemos visto anteriormente, no es esa la tónica del presente período democrático. ¿Podría mantenerse ese escenario durante mucho tiempo? ¿O uno de los dos terminaría por adoptar un papel preponderante sobre el otro? Ferrándiz habla sin tapujos de una “sustitución” en el centro-derecha español. Y a las últimas elecciones catalanas –aún teniendo en cuenta la fortaleza de Ciudadanos en su territorio de origen- se remite. Michavila cree que no necesariamente será así. “Si la sociedad es cada vez más compleja y fragmentada es lógico que el panorama político también lo sea, como sucede, por ejemplo en el mediático. En los años 80 sólo había una televisión, ¿y ahora?”

Ciudadanos contaría con una ventaja en su posicionamiento en el eje izquierda/derecha. En la famosa escala –manejada especialmente por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS)- en la que el “0” es la extrema izquierda y el “10” la extrema derecha, la ubicación de su votante es idéntica a la del conjunto de la población. Así lo percibe José Pablo Ferrándiz, que señala que hemos pasado de un “bipartidismo imperfecto” a un “cuatripartidismo competitivo”. En ese estado de cosas, Ciudadanos sería el único capaz de atraerse votantes centristas de todos sus competidores. “Lo más fiel es que hubiera 32 millones de partidos porque no hay dos votantes iguales”, bromea a este respecto Narciso Michavila.

Rompiendo brechas, derribando muros

En 2015/2016, los dos nuevos partidos estatales, Podemos y Ciudadanos, chocaron con la realidad demográfica española. La sociedad rural y de mayor edad siguió apostando por las formaciones tradicionales. Ciudadanos estaría rompiendo esa brecha. GAD3 observa que ahora consigue llegar al electorado mayor que se informa por la televisión.  Metroscopia considera que el partido de Rivera está derribando esos muros, atrayéndose voto en todos los grupos de edad y hábitats, y quitándoselo fundamentalmente al PP, pero también al PSOE.

Tras estas décadas englobando todo el voto a la derecha del PSOE, el PP ha tenido su única fuga relevante por el centro. Vox, surgido a su derecha en 2014, no ha obtenido nunca representación, quedándose cerca únicamente en su primera comparecencia, en las europeas de ese año. Ahora, alguna que otra encuesta le otorga presencia parlamentaria. ¿Derecha tricéfala? “Mientras España siga teniendo de las tasas de delincuencia violenta más bajas de Europa, los partidos de extrema derecha tendrán complicado lograr apoyo”, cree Narciso Michavila. Además, la masa de votantes situados más a la derecha del espectro “es muy poca”, recuerda José Pablo Ferrándiz. Michavila subraya que “mantener el equilibrio” será la clave para que Ciudadanos acabe transformando en votos reales el apoyo que a día de hoy le dan los sondeos. Ferrándiz cree que, incluso por una cuestión meramente práctica, el partido de Rivera no gana nada yendo a por el votante situado entre el 8 y el 10 de la escala, mientras que puede resultar enormemente competitivo si seduce a los que están entre el 4 y el 6.

Si algo hemos aprendido estos últimos años es que todo puede ocurrir. Lo inamovible ya no se lleva en política. Por eso, la evolución de la “derecha bicéfala” se presume un asunto del mayor interés. No parece que la cirugía separadora sirva aquí de algo. Si esto fuera alguna comedia de serie B, PP y Ciudadanos son esos inquilinos obligados a habitar el mismo piso por el engaño de algún malvado casero o por el capricho de una herencia. Cada uno intentará echar al otro. O al menos confinarle al rincón más lóbrego. Pero puede que tengan que dividirse las estancias de un modo que no sea el deseado. Porque eso lo decidirá el votante español. Eso es el mercado (electoral), amigo.

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Chacras para lo humano

Fernando de Haro, Lima

Cerro Esmeralda, en Lima, está a menos de una hora en carro del centro de la ciudad donde se celebra la VIII Conferencia de las Américas. Pero parece que un abismo separa el barrio de Huachipa del Gran Teatro Nacional, en San Borja, donde las calles están bien asfaltadas y limpias. En el Cerro Esmeralda la tierra tiene color arcilla, la arcilla que sirve para hacer ladrillos y que ha dado de comer ya a varias generaciones desde que llegaron los primeros desde el Perú más pobre hasta este asentamiento informal donde han sido tanto o más pobres de lo que lo eran antes. La tierra de Cerro Esmeralda es polvo porque rara vez cae la garua, la lluvia escasa de Lima que moja poco. Y el polvo es duro, como la vida en el cerro. Los jóvenes se juntan pronto, que no se casan. Las chicas se suelen quedar embarazadas antes de los 17 años y se unen a los padres de sus hijos sin que muchas veces haya amor. Las parejas no suelen compartir lo poco que tienen y los hombres a menudo se buscan a otra mujer. Los jóvenes padres trabajan haciendo ladrillos, de taxistas, vendiendo algo en los mercados de la ciudad. No les gusta que las jóvenes madres estén fuera de casa. A menudo hay violencia doméstica y mucho alcohol para acompañar la miseria. Y los niños en Cerro Esmeralda crecen sin afecto. Al volver a casa desde el colegio no hay ni tiempo ni sitio ni ganas para estudiar. Y sin estudiar no hay futuro.

No hay mucho verde en los ojos de los niños de Cerro Esmeralda porque el polvo lo llena todo. Las chacras, los pequeños campos de cultivo que se abastecían del agua del río, se han ido abandonado. La fiebre del ladrillo lo llenó todo, cambió el terreno. El superciclo de las materias primas que, gracias a la explotación de la minería, dejó tasas de crecimiento en Perú del 7% anual provocó una intensa actividad ladrillera en Huachipa. Pero la lluvia de millones que cayó entre 2003 y 2013 en una buena parte de América Latina sorprendió a muchas zonas sin capacidad ni voluntad de diversificar económicamente, sin instituciones democráticas consolidadas, sin buena gobernanza como la llaman ahora. Y se acabó el dinero, ya no hay garua de millones, y muchas cosas han seguido igual en Huachipa.

Chacras para lo humano

Fernando de Haro, Lima | 0 comentarios valoración: 4  22 votos
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Liberación: ninguna pulsión antimoderna

Fernando de Haro

No hay por qué negarlo. Han vuelto las viejas cadenas. Cadenas gastadas, simples. 50 años después de que el deseo de liberación se impusiera como criterio único (68), la fuerza de múltiples poderes se ha incrementado. Un buen ejemplo es la guerra comercial entre Estados Unidos y China, episodio de rancio nacionalismo. Lo extraño es que el fracaso del deseo de liberación sirva para descalificar, como si fueran lo mismo, la aspiración de mayor libertad con los métodos utilizados para conseguirla y los resultados obtenidos. La pulsión antimoderna no distingue.

La insistencia, el tiempo y la energía que se dedican a analizar y denostar los rasgos de la cultura de la post-liberación (género, liquidez, etc.) son inversamente proporcionales a la capacidad de rescatar el deseo de libertad que renace una y otra vez, y de emprender caminos nuevos. La pulsión antimoderna, blandiendo los fracasos de la Ilustración y del 68, quiere rescatar el viejo temor al deseo (la hibris tiene que ser conjurada). Quiere hacernos creer que hay algo de peligroso en convertir la libertad -la crítica subjetiva, la satisfacción, el camino de cada uno- en criterio. El nuevo miedo a la libertad y al sujeto es parte de la crisis, del problema, no de la solución.

Vamos con el ejemplo de la guerra comercial. Si Estados Unidos y China acaban imponiendo aranceles por valor de 50.000 o 100.000 millones de dólares se produciría un desastre. Se rompería el difícil equilibrio que permite un sistema de colaboración entre las dos principales economías del planeta (China exporta al Tío Sam, Estados Unidos financia al Gigante Asiático). Estamos al borde de una gran catástrofe porque buena parte de los estadounidenses y de los chinos están dispuestos a satisfacer su deseo de liberación en el nacionalismo low cost de Trump y de Xi Jinping. Trump sabe que se juega su futuro en las elecciones de noviembre. Por eso, en contra la de élite republicana, está dispuesto a alimentar esa sustitución de las aspiraciones existenciales de buena parte del electorado estadounidense por un buen chivo expiatorio. Los chinos son los culpables de la decadencia porque venden a los americanos lo que antes les han robado, asegura el karma nacionalista. Del otro lado, lo mismo. Los pasos dados por Xi Jinping para consolidarse como el nuevo Mao hubieran sido imposibles sin la exaltación que habla mañana, tarde y noche de un país fuerte, líder mundial. El verdadero rostro del comunismo-capitalismo también es nacionalista. No habría guerra comercial sin manipulación antropológica, si el nuevo poder no ofreciera libertad a cambio de banderas.

Nadie lo niega ya. La Ilustración ha fracasado. Pero como solución, no como aspiración. Porque el deseo de universalidad es inextirpable. Y porque la laicidad, una vez que entró en la historia, se ha mostrado más conveniente que todas las teologías políticas que confunden Iglesia-Estado. El siglo XXI de momento está siendo un siglo muy religioso y las teologías políticas de la confusión han vuelto con fuerza.

Liberación: ninguna pulsión antimoderna

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 2  27 votos
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Prisión permanente: justicia insuficiente

Fernando de Haro

El debate (en realidad no debate) sobre la ampliación de la llamada prisión permanente revisable, que ocupa a los españoles desde hace unos días, es el mejor reflejo de la dificultad de toda una sociedad por mantener vivo uno de sus principios fundacionales. Se diluye en las conciencias el principio de reinserción, recogido en el texto constitucional como traducción laica y penitenciaria de la misericordia cristiana y de la voluntad de reeducar a los presos (propia de la mejor tradición republicana). Frente al mal sufrido (mal grave), a muchos les parece razonable establecer la máxima distancia: la que proporciona tener al que ha cometido el delito entre rejas toda la vida.

Se le llama prisión permanente revisable, pero se trata de una cadena perpetua. La cadena perpetua siempre ha incluido la posibilidad de poner al reo en libertad pasado cierto tiempo. El Gobierno del PP la introdujo en el Código Penal en 2015 para delitos graves como el asesinato de menores de 16 años o los que se siguen después de un abuso sexual. Fue recurrida ante el Tribunal Constitucional.

Ahora que los populares no tienen mayoría en el Congreso de los Diputados, los grupos de oposición han presentado un proyecto para derogarla. El Gobierno ha respondido con una contrapropuesta para ampliarla a más supuestos. La ampliación no prosperará porque no cuenta con apoyos parlamentarios. No importa: lo que cuenta es mostrar “iniciativa política”. Rajoy, a pesar de la buena marcha de la economía, está bajo en las encuestas: el PP ha caído en el último año 7 puntos en intención de voto. El apoyo de la opinión pública al endurecimiento de las penas tras algunos casos especialmente dolorosos de violencia sexual y contra la infancia –piensan en el Gobierno– puede ser una gran baza.

En realidad, la prisión permanente revisable o cadena perpetua no responde a ningún problema. Su aparente necesidad responde a un claro caso de desinformación, a un espejismo provocado por las grandes cadenas de televisión. En su lucha por un par de puntos de share, las emisoras repiten hasta la saciedad los detalles de los casos más sangrantes de violencia sexual o de violencia contra la infancia.

España es uno de los países con más bajo índice de criminalidad de Europa. Cuenta, además, con uno de los códigos penales más duros de su entorno y con una mayor estancia media de los condenados en prisión. El sistema del cumplimiento íntegro de las penas y las sanciones previstas provocan que se pueda estar hasta 40 años en la cárcel si se han cometido los delitos más graves. Suficiente, en principio, para poner a salvo a la sociedad de aquellos que tuvieran voluntad de reincidir.

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

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