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19 JULIO 2018
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Qué futuro para los huérfanos de la yihad

Claudio Fontana | 0 comentarios valoración: 2  17 votos
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Alepo, la ciudad siria más poblada, capital económica del país antes de la guerra, lleva cuatro años dividida en dos: la parte occidental, controlada por las fuerzas gubernamentales y las milicias aliadas a Damasco, y la oriental, bajo control de la galaxia de fuerzas opositoras al presidente Bashar al-Assad.

Con el decisivo y controvertido papel de las fuerzas rusas e iraníes, la batalla de Alepo terminó a finales de 2016 con el abandono de la zona oriental por parte de los rebeldes y de las milicias yihadistas.

Más de dos mil huérfanos

Pero una ciudad destruida por los bombardeos y miles de muertos no son la única herencia del conflicto en esta zona de Siria. En los años de la ocupación de parte del centro urbano, a los milicianos de Jabhat al-Nusra, grupo yihadista originariamente ligado a Al-Qaeda, y del Estado islámico se sumaron sus esposas, pues se casaron con mujeres del lugar y secuestraron a las jóvenes que pertenecían a minorías religiosas para convertirlas en esclavas sexuales.

De estas uniones han nacido miles de niños que hoy, muertos o huidos sus padres, han quedado huérfanos y sin reconocimiento por parte del Estado. Algunos de ellos ya tienen seis o siete años. “Es una parte de la sociedad a la que nadie quiere mirar, un problema que se suele esconder para no crear escándalo”, afirma un documento de la Asociación Pro Terra Sancta.

“Un nombre y un futuro”

Para hacer frente a esta emergencia la Iglesia ha puesto en marcha un proyecto con este nombre dedicado enteramente a estos niños y a sus madres y hermanas. De momento ya atiende a casi 200 niños abandonados que, después de haber sufrido los traumas de la guerra y de los bombardeos, corren el riesgo de ser víctimas de redes criminales o terroristas. Son niños que no reciben ningún tipo de asistencia, el Estado no se hace cargo de ellos y además se les suele “mirar con hostilidad porque son considerados hijos del pecado”, según narran los dos sacerdotes responsables de esta iniciativa, fray Firas Lutfi y monseñor Abou Khazen, vicario apostólico latino de Alepo.

El primer punto de este proyecto pide modificar la legislación siria y promover la aprobación de una norma que permita “censar” a estos niños, sin que se les endose la culpa de sus padres. Actualmente, la ley se está discutiendo en el Parlamento. Paralelamente a esta primera fase, gracias a la estructura organizativa puesta a disposición de la asociación Pro Terra Sancta, encargada de la recogida de fondos, se quiere atender las necesidades esenciales de 500 familias, en términos de alimentación, ropa y otros bienes de primera necesidad.

Pero el proyecto, a cargo conjuntamente de las comunidades católicas locales –que según monseñor Abou Khazen tienen un papel de “puente”– y de las autoridades musulmanas, va más allá de la asistencia básica. Mediante el apoyo a nivel psicológico, pedagógico y con la participación en proyectos educativos específicos, esta iniciativa quiere permitir que cada niño pueda integrarse totalmente en la sociedad, favoreciendo la superación de los traumas causados por la guerra.

El acceso al sistema escolar es un problema añadido. Cuando los niños estén registrados, deberían poder ir a clase pero muchas veces los efectos de los traumas sufridos hacen muy difícil su aprendizaje y abren una brecha creciente entre ellos y sus compañeros, que normalmente han vivido situaciones relativamente menos duras.

Precisamente por ello, el paso siguiente al registro censal debe ser la asistencia legal y la preparación de cursos intensivos que permitan a los niños de las zonas más golpeadas por la batalla y los bombardeos alcanzar el nivel de sus compañeros para poder empezar con ellos el itinerario escolar oficial.

Este proyecto es el primero que se dedica a esta emergencia a 360 grados, y por eso no puede dejar a un lado la situación de las madres de estos niños que, según monseñor Abou Khazen y fray Firas, por miedo suelen ocultar su situación de madres, fingiendo ser hermanas de estos niños. Para ellas se han previsto una serie de actividades específicas, como asistencia médica, legal y psicológica, cursos de alfabetización y programas de formación profesional que las ayuden, según las habilidades y preferencias de cada una, a encontrar un trabajo legal con el que mantener a sus hijos.

Esperanza de paz

Mientras los turcos siguen avanzando en las zonas controladas por los kurdos, el régimen y los rusos aliados del régimen bombardean la región del Ghouta oriental, de la que suelen proceder los ataques a Damasco. Parece que la guerra en Siria no se va a detener. “La esperanza de paz –afirma monseñor Abou Khazen– nos viene de la población, que ya está cansada” del conflicto.

Por eso ha nacido este proyecto de la mano de las autoridades islámicas de Alepo, explica el vicario apostólico, porque así muestra el valor de “una forma práctica de diálogo interreligioso que quiere construir una sociedad mejor para todos”. Las relaciones surgidas durante el periodo de la guerra, afirma fray Firas, son necesariamente auténticas. “En el momento en que ambos nos ponemos delante de la necesidad concreta, hay que quitarse la máscara y responder. Por eso en el equipo del proyecto hay tanto cristianos como musulmanes”.

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